jueves, febrero 5, 2026
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YITRO: La extraordinaria humildad de Moshé

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Yitró, el suegro de Moisés, llega al campamento israelita con su hija Tziporá, la esposa de Moshé, y sus dos nietos, Guereshom y Eliezer. El reencuentro fue muy emotivo. Moshé le contó a Yitró con lujo de detalle todo lo que sucedió en Egipto: la historia de las diez plagas, las interminables negociaciones con Faraón, la apertura del mar y cómo Dios los salvó de la esclavitud. Al día siguiente, dice la Torá, Moisés volvió a sus deberes como el líder indiscutido y más respetado del pueblo. Moisés actuaba como mediador y árbitro, juzgando a su pueblo, y evitando así disputas y conflictos innecesarios. Moshé se ocupaba de este asunto desde la mañana hasta la noche. Al ver esto, y en lugar de elogiarlo, su suegro criticó a Moshé: “¡Lo que estás haciendo está mal! … este trabajo es demasiado pesado para ti. No podrás hacerlo solo”, dijo. Yitro nó se limitó a criticar a Moisés. También le dijo qué hacer: “Delega tu poder y asigna más jueces: un árbitro por cada diez personas, otro por cada 50, otro por cada 100 y otro por cada 1,000”.

Antes de analizar la reacción de Moisés a las críticas de Yitró, recordemos algunos hechos.

1. Moisés ya no es un niño. Tiene más de 80 años. ¡A esa edad, un hombre como Moisés tiene suficiente experiencia como para dar consejos, no para recibir críticas!

2. Moisés es el líder de 3 millones de personas. Yitró, por otro lado, ni siquiera era un líder político. Era sacerdote en Midián, un pueblo con mucha menos gente.

3. Moisés era el hombre del momento. Como confesó el mismo Yitro: ya todas las naciones habían oído hablar de Moisés. E imagino que era más admirado entre los no judíos que entre los judíos. ¿Por qué? Porque los judíos sabían que Dios había hecho todos estos milagros, pero los gentiles seguramente habrían pensado que todo había sido gracias a los poderes de Moisés. Moshé tenía todas las razones del mundo para rechazar el consejo de Yitró y decir: “Querido suegro: aprecio mucho tu preocupación, ¡pero por favor no te metas en lo que no te concierne!”. Moisés podría haber dicho también, en el mejor estilo de la arrogancia de Bil’am. “¡Dios me habla directamente! Soy Su elegido. Su portavoz. ¡No necesito ningún consejo humano!”

Sin embargo, y en una increíble demostración muestra de nobleza, Moisés escuchó el consejo de su suegro y llevó a cabo su recomendación. Esto explica por qué Moisés fue llamado por la Torá “el hombre más humilde sobre la faz de la tierra”. Porque a pesar de ser tan sabio, famoso y conectado con Dios, Moisés tenía la humildad de escuchar a los demás e incluso poner en práctica sus consejos. Como ya explicamos una vez, cuando un ser humano se acerca a Dios, comprende mejor su propia finitud, límites y pequeñez. Como dicen los chinos: “El bambú, cuanto más alto crece, más se dobla”.

La humildad es una cualidad rara y valiosa en nuestro mundo moderno, donde las personas buscan afirmar su dominio y conocimiento precisamente rechazando escuchar las opiniones o las ideas de otras personas. Absurdamente, ignoramos los buenos consejos porque sentimos que equivaldría a admitir que somos inferiores a quien nos quiere guiar. Según los psicólogos modernos (ver este artículo), muchas personas ignoran las buenas recomendaciones porque quieren sentirse en control y demostrar competencia. Aparte, cuanto más sufra un individuo de baja autoestima, más arrogantemente reaccionará hacia los consejos y rechazará la ayuda de otros. Una persona con poca confianza en sí mismo a menudo se niega a aceptar un buen consejo, aunque sabe que esas recomendaciones beneficiarán sus decisiones. Cuando el ego es pequeño, quiere desesperadamente evitar que se perciba que necesita ayuda, incluso al precio de sabotear su propio interés.

El ejemplo de Moshé nos revela que el verdadero poder y la sabiduría provienen de la humildad, que se manifiesta, no pocas veces, en la disposición a escuchar a los demás.

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