lunes, mayo 20, 2024
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La evolución religiosa de Javier Milei

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“El tránsito al judaísmo por parte del presidente [Milei], implica un incomprensible volverse atrás. Es razonable que un judío se haga cristiano, no al revés. …. El judaísmo talmúdico ha aspirado a dominar el mundo: una realización secular y tergiversada de la vocación prometida a Abraham y a su descendencia. …. Con todo respeto, es probable que, así como no comprendió el ser cristiano, tampoco comprenda el ser judío…. me ofrezco para conversar con el presidente sobre el tema religioso. Una persona inteligente como él podría comprender el universo doctrinal del catolicismo y revisar su inclinación al judaísmo.

Extractos del artículo «La apostasia presidencial » por Hector Aguer, ex arzobispo de La Plata, Buenos Aires, ARGENTINA

Ver articulo completo aquí (https://infovaticana.com/blogs/cigona/importante-articulo-del-arzobispo-emerito-aguer/)

ANTISEMITISMO SIN QUERER

Hace unos días, en uno de los numerosos chats en los que participo, recibí un artículo escrito por el ex-arzobispo de La Plata, Héctor Aguer . El arzobispo emerito se refiere allí a la «incomprensible» transición religiosa del presidente argentino Javier Milei desde el catolicismo, la religión de su niñez, hacia el judaísmo.  Mis amigos me lo mandaron como un ejemplo más del antisemtismo en los medios. Yo me niego a catalogarlo así. Para ser más claros: no hay duda de que a este arzobispo no le simpatiza el judaísmo. No hay duda de que repite insensateces antisemitas como que el Talmud aspira que los judíos dominen el mundo, lo cual me hace pensar que Aguer no descree del infame «plan andina”, pero más allá de esas necedades, Aguer se enfoca más en las doctrinas teológicas de su propia fe.

El principio número uno del cristianismo —su razón de existencia— es que la iglesia vino a reemplazar al judaísmo. Que la Torá —que tanto admira Milei—  ya caducó.  La iglesia se proclamó como “el nuevo pueblo de Dios”, literalmente: el nuevo Israel,  y creó un update de la Torá: el Nuevo Testamento, que cancela al antiguo testamento en el plano práctico, y deja sin validez todos sus mandamientos. El plan funcionó. Excepto por un pequeño detalle: los judíos, los supuestamente remplazados, ¡NO desaparecieron del mapa! Se resistían a desaparecer. La iglesia, por su lado, hizo todo lo posible para que esto sucediera: los demonizó, los humilló, los exilió, los persiguió, y trató de convertirlos por la fuerza. Convertir a un judío no era un ejercicio más de misionerismo universal. Convertir a un obstinado judío significaba para la iglesia un desesperado acto que legitimaba sus dogmas más básicos. Porque mientras existiera el judaísmo práctico, no cancelado y relevante, la legitimidad del reemplazante —la iglesia— quedaba en duda.   

Y es por eso que la inclinación judía de Milei, es una terrible pesadilla para Aguer.  Y su resentimiento “teológico” hacia lo  judío, es de alguna manera, indistinguible de su sentimiento antisemita subconsciente.     

MILEI Y LA TORA

El ex arzobispo expresa un «mea culpa», ve con ojos de fracaso que el presidente de su país este considerando “involucionar” hacia el viejo judaísmo. Para el arzobispo, Milei simplemente, ¡se les escapó de las manos!. No estuvo en el radar de la iglesia argentina que no se interesó en Milei, ¡porque no pensó que iba a ganar las elecciones presidenciales!  Fue un error de marketing. Y Aguer sugiere corregir este error y se ofrece gentilmente a hablar con Milei para abrirle los ojos y enseñarle  al presidente que el judaísmo ya pasó.

En ningún momento se le ocurre a Aguer que Milei puede haber descubierto la relevancia de la Torá para su vida y también para su vocación de servicio público. .

¿Qué puede haber encontrado Milei en el viejo testamento?

Veamos.

A lo mejor a Milei le apasiona la historia bíblica del joven Moisés que un buen día la vio: abrió sus ojos, observó la esclavitud de su pueblo y decidió dejar la comodidad del palacio y comenzar su cruzada contra la corrupción del Faraón.

A lo mejor Milei se  identifica con el Moises adulto, el líder que formuló por primera vez  “las ideas de la libertad”,  que llevó a su pueblo hacia su independencia política y religiosa, que enseño al mundo la transparencia en el manejo de los fondos publicos (ver aquí) y le transmitió a su pueblo una constitución Divina con 613 artículos que son la base de la ley y el orden universal, hasta el día de hoy.

Esa Torá de Moisés, que según Aguer caducó, contiene preceptos que impulsan el libre mercado, el respeto irrestricto a la propiedad privada y –un tema menos conocido– la idea de una justicia social que se basa en la solidaridad personal (tsedaká, terumot uma’asrot) sin la intermediación de un estado.  Todo muy relevante para la Argentina con la que sueña Milei en 2024.

A lo mejor Milei descubrió que fueron las leyes bíblicas Noájicas las que por primera vez defendieron el derecho a la vida del feto, equiparando al aborto con el homicidio (Gen 9:6). O que la Torá atribuye el diluvio y la destrucción de la humanidad a la corrupción de los más poderosos —la casta política– que tanto condena el presidente argentino.

A lo mejor Milei admira esas leyes Noájicas que además de promover el monoteísmo, también demandan el respeto supremo a las cortes de justicia, la honestidad a rajatabla (kedé perutá), el rechazo a la inmoralidad sexual y hasta los derechos de los animales  (eber min hajai), un punto que parece ser tan importante para la vida privada de Milei.     

A lo mejor Milei encontró inspiración en la historia del rey Salomón, otro héroe del antiguo testamento. El joven rey rechazó la oferta Divina de riquezas y honores y le pidió al Dios de Israel que le concediera sabiduría para guiar a su pueblo. A lo que Milei, al mejor estilo talmúdico, comenta: “Sabiduría para distinguir entre el bien y el mal,  coraje para elegir el bien, y templanza para persistir en ese camino”, a pesar de que todo el mundo esté en contra.

¿No será que en la antigua Torá de Moises, Milei ha encontrado la sabiduría no solo en la dimensión espiritual sino también política, algo que no abunda en el Nuevo Testamento que delega por completo la administración publica al Cesar de turno?

¿No debería estar usted contento, arzobispo Aguer, como líder espiritual, de que por fin hay un presidente que demuestra una fe inquebrantable en “las fuerzas del cielo” (una expresión no-judía),  que es antiabortista, anti-woke, anticorrupción y que está determinado a eliminar la pobreza combatiendo la emisión monetaria que produce la inflación?   

¿Está seguro que quiere conversar con él y revisar su inclinación al judaísmo? 

¿No será usted el que no la ve?

Rab Yosef Bitton

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