lunes, febrero 26, 2024
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Conociendo mejor a Ribbí Aquibá

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Estamos a unos pocos días de Lag la’omer,  el día 33 de la cuenta del Omer en que honramos la memoria de nuestros sabios de la época de la Mishná, y muy especialmente Ribbi Shimón Bar Yojai, y Ribbí Aquibá.

Años pasados escribí sobre los inicios de la vida de Ribbí Aquibá, que podria considerarse como el rabino más importante en la historia del pueblo judío,  y hoy le dedicaré una edición especial para ilustrar un poco los comienzos de su carrera rabínica.

LA ADMISIÓN A LA ACADEMIA DE YABNE
Si bien recién a los 40 años aprendió a leer (ver aquí ), una vez que comenzó su meteórico ascenso intelectual y espiritual, Ribbí Aquibá nunca se detuvo. Pero tuvo que tener paciencia. Luego de seis años de constante esfuerzo, y permanente motivación por parte de Rajel, su esposa, Aquibá (lo llamamos así porque todavía no tenía la ordenación rabínica o semijá) estaba preparado para los estudios rabínicos superiores. En esos tiempos, alrededor del año 80 o 90 de la era común, la academia rabínica más prestigiosa se encontraba en Yabne. Esta ciudad había sido designada como refugio para los judíos después de que se destruyera el Bet Hamiqdash. Fue fundada en el año 67 de la era común por Rabbán Yojanán ben Zakai, y sirvió para continuar la vida judía después de la trágica destrucción de Jerusalem. Aparte de ser una Academia, Yabne era también la sede del nuevo Sanhedrín, la corte Suprema de Justicia, la autoridad máxima en términos de ley judía. Después de que su fundador falleciera, Yabne fue dirigida por dos respetables rabinos, discípulos de Rabbán Yojanan Ben Zakai:  Ribbí Eliezer ben Hurqenos y Ribbí Yehoshua ben Jananyá. Las puertas de la Yeshibá estaban abiertas para todos y no había que pagar por los estudios. Sin embargo, cuando Aquibá quiso inscribirse se presentó un inconveniente: era muy pobre y tenía que mantener una familia —su esposa y un hijo varón, Yehoshua— y para estudiar formalmente, no como oyente, en la Yeshibá había que ser pudiente. ¿Por qué? Porque la Academia rabínica más ilustre del pueblo judío demandaba de sus alumnos una dedicación total, y una falta de preocupación por necesidades materiales. Y no podría esperarse este nivel de dedicación de quien tuviera a su cargo la responsabilidad de mantener a su familia. Rajel, su esposa, la que había descubierto su genio y sus extraordinarios talentos intelectuales, la mujer que había abandonado todo y se había casado con él para que se convirtiese en un Sabio de la Torá, tomo la decisión de trasladarse con su hijo por unos años a otra ciudad, para que su esposo pudiera dedicarse de lleno al estudio. Fue un gran sacrifico para la pareja, pero ambos sabían que era la única manera. Aquibá finamente fue admitido en Yabne. Pero cuando intentó estudiar directamente con los grandes maestros, no lo aceptaron porque, aunque era brillante, todavía no estaba preparado en cuanto a sus conocimientos. Muy generosamente Ribbí Eliezer le ofreció que estudiara con uno de sus prestigiosos alumnos: Ribbí Tarfón, quién con el tiempo se convirtió en colega de Ribbí Aquibá.

¿DE QUÉ SE MANTENÍA RIBBI AQUIBA?
Al igual que Hilel haZaquenRibbí Aquibá se mantenía cortando leña. La mitad la vendía y la otra mitad la utilizaba para cocinar su comida, protegerse del frío, y según sus propias palabras, «como iluminación» para estudiar Torá por la noche, usando la luz del fuego. Ribbí Tarfón, que era muy pudiente y valoraba cada vez más a su prodigioso alumno, le ofreció muchas veces mantenerlo económicamente para que dejara de trabajar y se dedicara aún más al estudio. Pero Aquibá rechazó la oferta, quizás para no beneficiarse materialmente del estudio de la Torá. Finalmente, Ribbí Tardón le ofreció dinero para que lo invirtiera. Ribbí Aquibá aceptó. Pero en lugar de hacer lo convencional en esa época, es decir, comprar un terreno y poner alguien a trabajarlo, para luego dividir los frutos entre terrateniente y empleado, Ribbí Aquibá repartió el dinero entre aquellos alumnos que eran más pobres que él. Cuando unos meses más tarde Ribbí Tarfón le preguntó si ya había invertido el dinero, Ribbí Aquibá le dijo que sí. Ribbí Tarfón le preguntó: “¿Me puedes mostrar la escritura?”, y Ribbí Aquibá le respondió: «Sí, aquí está». Abrió entonces el libro de los Salmos y le mostró a Ribbí Tarfón la “escritura”, el Salmo 112:9 que describe su gran inversión: «Cuando uno distribuye [sus posesiones] y las comparte con los pobres, el metro de este acto de caridad le será guardado para la eternidad».

SUS PRIMEROS MAESTROS
Al principio, como todo joven alumno, Ribbi Aquibá era más «apasionado» que «Sabio», y en todos los casos que había que expresar o apoyar una opinión rabínica, Ribbí Aquibá tomaba la postura más rigurosa, la menos facilista. Pero poco a poco, la genialidad de Ribbí Aquibá se fue desarrollando y su nombre y fama iban creciendo. Además de estudiar con Ribbí TarfónRibbí Aquibá comenzó a acercarse a un importante rabino, Najum de la ciudad de Gimzó (también conoció como Gam Zu )Rab Najum había desarrollado un método de interpretación bíblica muy sofisticado, partiendo de la premisa de que la Torá es un libro infinito, como su Autor. Por lo tanto, sostenía, las preposiciones, los artículos y los pronombres del texto bíblico no pueden ser vistos como meros instrumentos gramaticales, sino que tienen que servir algún propósito más elevado: de esas palabras se debe obtener algún significado. Najum tomó la preposición hebrea «et«, que en hebreo sería equivalente a la preposición «a» o «al», es decir, la más común del lenguaje hebreo, y propuso una teoría muy creativa. Esta preposición viene a sumar significado (ribbui), a expandir y extender el mensaje del texto bíblico.
El Rab Najum se había dedicado por años a analizar una por una todas las veces que esa palabra aparece en la Torá, un total de 9228 veces, para demostrar que su teoría era aplicable (ver ejemplos abajo).

LA INTEGRIDAD INTELECTUAL DEL RAB NAJUM
La metodología de Najum resultó fascinante para Ribbí Aquibá y definió por el resto de su vida su actitud hacia el texto bíblico. Aunque Ribbí Aquibá fue más lejos que Najum. El texto bíblico es, como su Autor,“infinito”, y, por lo tanto, no solo de las preposiciones se debe “extraer significado” (lidrosh), con esta misma lógica, no puede haber nada en el texto que no “produzca” un significado adicional. Así, no solo las palabras pueden / deben ser interpretadas más allá de su semántica convencional, sino también las letras, independientemente de su función en las palabras. Y no solo las letras, sino también los espacios vacíos entre las letras y hasta los adornos caligráficos taguim que ilustran ceirtas letras hebreas. Cada uno de estos signos contiene potencialmente infinitud de significado que debe ser descubierto, y luego validado por los Sabios, como una enseñanza legítima. Fue en este terreno, la teología, que Najum se encontró con un problema que no pudo resolver.

En Debarim 20:10 el texto dice את ה אלקיך תירא “y temerás / respetarás al Eterno tu Dios”. Para ser consistente con su metodología, Najum debía explicar qué agregaba esta vez la preposición ET o “al” la orden de “respetar” a Dios. ¿Acaso nos viene a enseñar que el respeto a Dios debe extender también hacia los ángeles, o hacia fenómenos naturales, misteriosos o de un gran poder? Comparar el respeto a Dios a cualquier otra entidad, sería una herejía, una aproximación a la idolatría, o por lo menos una afrenta a Dios. En una increíble muestra de respeto y amor a Dios, y en una envidiable demostración de honestidad intelectual —luego de haber invertido muchos años de su vida en intentar probar la consistencia de su metodología— Najum declaró más o menos esto: Es imposible ¡y ofensivo!, comparar el honor a Dios con el respeto a cualquier otra entidad natural, física o metafísica. Y, por lo tanto, queda demostrado que mi sistema de interpretación estuvo equivocado, ¡y es por eso que lo doy por terminado!.
El Rab Najum también se dijo a sí mismo que de la misma manera que Dios le reconocerá su mérito por haber tratado de demostrar ese método, también reconocerá su mérito por haberlo abandonado cuando se dio cuenta de que su método puede crear una idea ofensiva hacia Dios.

LA CREATIVIDAD DE RIBBI AQUIBA
Y en ese momento, cuando el Rab Najum propuso abandonar su tesis, apareció su brillante alumno, Ribbí Aquibá, y presentó su propia interpretación a este delicado versículo lerabbot Talmide Jajamim». En este versículo, la preposición “ET” viene a agregar el honor a los estudiosos de la Torá, viene a enseñarnos que honrar a los que honran a Dios con su incansable dedicación a Su enseñanza, es una extensión de su honor y respeto, una forma de honrar al Creador. Para el deleite del Rab NajumRibbí Aquibá demostró así que la metodología de su maestro no debía ser descartada.
Ribbí Aquibá siguió estudiando con el Rab nao por los próximos 22 años. Incluso cuando el Rab Najum era muy anciano y ya no podia caminar a la YeshibáRibbi Aquibá iba a visitarlo periódicamente para contarle todo lo que habían discutido y aprendido en la Academia Rabínica de Yabne.

Hay dos ejemplos muy famosos que ilustran la metodología del Rab Najum (ribbui y miut)

Génesis 1:1. Bereshit para Eloquim ET hashamayim veET haarets , que literalmente se traduce así: “En el principio creó Dios a los cielos y a la tierra”. Najum argumentó que la preposición hebrea“et” tiene un propósito más profundo que simplemente establecer un nexo entre dos palabras. A veces puede indicar una nueva lección o a veces ser una asmajtá, es decir, un apoyo textual para una lección ya formulada por los Sabios(la mayoría de las veces se trata de este último caso). En el ejemplo de BereshitNajum propuso que el primer “et” viene a indicar que en el primer acto de Creación, no solo fue creado el cielo visual, sino también el inmenso universo en el que vivimos, incluido nuestro sistema solar: el sol, la luna, los planetas que nos rodean, etc. Y que el segundo “et” que modifica a la palabra “haarets”, la tierra, indica que la tierra ya contenía en su inventario todos los elementos — átomos— necesarios para su posterior optimización y para la creacion de la vida.
Un segundo ejemplo es el quinto mandamiento que también dice “et” (kabbed et abija veET imeja) dice “Honrarás a tu padre y a tu madre” . La preposición “ET” según Rab Najum viene a indicar que también debemos respetar a otros familiares mayores que nosotros, por ejemplo, los suegros y los hermanos mayores.

Para los lectores que conocen las obras de Jorge Luis Borges, este profundo concepto, la necesaria infinitud de un texto Divino, ha sido introducido al arte de la literatura de una manera magistral por este gran escritor argentino en varios de sus cuentos como: El Alef, El Zahir, La escritura de Dios o la Biblioteca de Babel.
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