Las tres vidas de un ser humano

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YO SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA

Vivimos 3 veces. Esta es la vida número “2”: la vida después del nacimiento y antes de la muerte. Esta es la vida con un cuerpo ya formado y con un alma en proceso de formación.  La vida número “1” es la que vivimos en el vientre materno, con un cuerpo en proceso de formación. La vida número “3” es la que accederemos después de esta vida.  La muerte es el final de la vida “2” y si bien significa el final de nuestro cuerpo, no marca nuestra desaparición total.  La muerte es vista por nuestra Torá como una transición entre dos vidas: una noche entre dos días.

La transición y la diferencia entre la vida número 2 y la vida número 3 no es fácil de entender. ¿Por qué? Porque no se trata de «saber más» sino de entender por qué «sabemos tan poco». La mejor forma de comprender esta última idea, que puede sonar absurda, es analizar lo más seriamente posible la vida antes de esta vida, la vida “número 1”.  

¿NACER o MORIR? 

Tratemos de imaginar qué pasa con un bebé en el vientre materno. 

En primer lugar pensemos en términos del conocimiento que un bebé tiene durante la vida “1” acerca de la vida “2”.   

Por ejemplo: Cuando un bebé nace, ¿sabe que está naciendo, o piensa que se está muriendo?  Si de alguna manera pudiéramos “conversar” con un bebé de 9 meses y le pudiésemos explicar que en poco tiempo abandonará su placenta, el bebé pensará que al desconectarse del cordón umbilical morirá .¿Por qué? Porque todo lo que sostiene su vida, oxígeno, alimentación, etc. está allí, en el vientre materno y llega a través del cordón umbilical, sin el cual la vida, tal como el bebé la conoce, no puede ser posible.

LOS LIMITES DEL CONOCIMIENTO 

El bebe en el vientre materno no tiene la menor idea de que existe un mundo fuera del vientre. Todo el universo conocido por él consiste es la placenta. En su mundo prenatal no existe la luz, ni los colores, ni los sabores, ni los aromas, ni el sol, ni el cielo, ni el agua, ni mamá, ni papá, ni los rostros, ni otras personas, ni pensamientos articulados con palabras.   

El bebé ni siquiera sabe cómo es en realidad su propio mundo porque nunca se vio a sí mismo tal como él es. Es decir, tal como se ve desde nuestra perspectiva. Tal como lo vemos nosotros a través de un ultrasound, o en esas fotos de bebés con el dedito en la boca.

Después de esta brevísima introducción a la embriología, traslademos lo que acabamos de aprender a nuestra pregunta. ¿Qué podemos saber a ciencia cierta sobre la vida después de esta vida? 

Muy poco. Porque tal como le sucede al bebé, nosotros también estamos limitados por la realidad física que nos rodea.

EL VIENTRE MATERNO Y EL VIENTRE TERRENAL

Vivimos, como una vez me dijo mi madre, z”l, “en una dimensión que es como una placenta terrenal invisible”. Y si nos comparamos con el bebé en el vientre materno, en el mundo por venir, nos espera una realidad –que siguiendo esta comparación, es infinitamente más extensa, sofisticada y significativa– que no se puede percibir con ojos y que no es conocible desde esta vida. Imaginemos por ejemplo, que en la vida por venir no existe el tiempo, o el tiempo linear. O no se usa el lenguaje y no se piensa con palabras como hacemos las personas, ni con imágenes, como lo hacen los animales. La realidad que se procesa con una capacidad meta-física infinitamente superior a la inteligencia verbal.

De la misma manera que la vida anterior es percibida por el bebé como una vida independiente –como la única vida que existe — en esta vida no hay ninguna evidencia física de que algo continúa. Por el contrario, la fisiología parece indicar que todo termina con la muerte de nuestro cuerpo. Y si bien no podemos saber nada sobre la vida que vendrá, una vez que «nacemos» (de 1 a 2 o de 2 a 3) , finalmente comprendemos acabadamente la vida que pasó.  

La próxima vida ocurre en una dimensión absolutamente desconocida por nosotros, inaccesible desde esta dimensión y también «inimaginable».

Sobre este último punto, en un próximo email.  

Continuará