Sucot en una cárcel mexicana

A lo largo de nuestra historia, los Yehudim hemos superado todo tipo de obstáculos para poder observar la Mitzvá de la Sucá. Uno de los ejemplos más hermosos del amor y la determinación del pueblo judío hacia este precepto, es la Sucá construida en la cárcel de la inquisición de la ciudad de México en el año 1603, por un cripto-judío (converso) llamado Sebastián Rodríguez.
Sebastián nació en el año 1573, en San Vicente Davera, Portugal. Abandonó su casa a la edad de siete años, para trasladarse hacia Sevilla (España), donde trabajó en la tienda de su tío Antonio Rodríguez, quien le enseño a leer y escribir.
A los catorce años de edad, en el año 1587, se embarcó hacia Nueva España (México) y se asentó en la ciudad de Puebla, en la casa de un pariente lejano, también portugués, de nombre Guillermo Rodríguez, el cual lo enviaba a los pueblos aledaños a vender la ropa que él mismo fabricaba. A los dieciséis años se independizó y comenzó a trabajar por su cuenta.
A los dieciocho años se casó con su prima Constanza Rodríguez. Previo a la boda, su cuñado Domingo Rodríguez, y Manuel de Lucena, llevaron a Sebastián al campo y le revelaron que él era judío. Le enseñaron muchas de leyes y tradiciones de la Torá, en especial concernientes al matrimonio y las festividades judías.
Sebastián comenzó a aprender más acerca de su religión y de su pueblo. Sus principales maestros de quienes aprendió las leyes de la Torá fueron Luis de Carvajal (El Mozo) y Sebastián de la Peña. Durante largas caminatas en compañía de sus maestros, analizaban juntos los distintos pasajes de la Torá. Luis de Carvajal siempre llevaba oculto entre el forro y el fieltro de su sombrero varios escritos con versículos y leyes de la Torá, y de esa manera le enseñaba Torá a sus alumnos.
En 1596, cuando apenas había cumplido veintitrés años, y por la acusación de un tal Pedro de Reparo, Sebastián Rodríguez fue detenido en la ciudad de México junto con su esposa Constanza. Fue llevado a las cárceles de la inquisición en la plaza Santo Domingo, muy cerca del Zócalo actual, en el Distrito Federal.
Su crimen? «Judaizar», (una palabra acuñada por la inquisición española, y que por eso no existe en otras lenguas), es decir, practicar ritos de la religión judía. Su castigo? Reclusión perpetua y confiscación de todos sus bienes, en beneficio de la iglesia.
Ya en la cárcel y durante los primeros meses de su interrogatorio, Sebastián guardó absoluto silencio, para no involucrar a sus maestros y a otros conversos que él conocía. Luego de tres meses de tortura, donde lo mantuvieron encadenado a unos grilletes de manos y pies, Sebastián confesó que practicaba la Ley de Moisés. Fue entonces que le quitaron los grillos y lo pusieron en una celda junto a Luis Diaz, un seudo-converso que operaba como espía de la inquisición. Luis Diaz, apodado luego como “El Malshín” (el delator), informó a los inquisidores que su compañero de celda, Sebastián, “judaizaba”, esto es: que no consumía la carne que le servían; no barría el piso de su celda los sábados, se lavaba las manos antes de consumir pan, y todos los días se paraba en silencio y con la cabeza cubierta frente a una pared, en dirección al este (Jerusalem).
Como consecuencia de este informe Sebastián fue llevado ante los inquisidores para que declarase la verdad pero como negaba las acusaciones que le imputaban, se procedió nuevamente a la tortura. Esta vez con un instrumento de tortura llamado “el potro” (estiramiento in extremis de las extremidades del cuerpo) . Después la quinta vuelta del cordel, Sebastián declaró que él «judaizaba», pero que “se arrepentía de lo que había hecho”.
Se acercaba Sucot, la fiesta de las cabañas, del año 1603, y Sebastián Rodríguez, su esposa Constanza y su pequeño hijo Domingo, llevaban ya siete años encerrado en la cárcel de la inquisición conocida como “La casa Chata”. El mayor deseo de Sebastián era celebrar la fiesta de Sucot, pero parecía un sueño imposible … Entonces, surgió en su mente plan muy arriesgado pero que podría funcionar: tenía que construir una Sucá (cabaña ritual) en el patio de la propia cárcel.
A principios de septiembre de 1603, el Virrey de Nueva España le otorgó al Capitán Esteban Lemos, un notario de la Inquisición, un importante premio. Sebastián Rodríguez propuso honrar al Capitán Lemos en «La casa Chata» y dedicar una fiesta en su honor. El entusiasta guardia de la prisión le dio permiso a Sebastián para hacerlo. Y también aprobó La fecha elegida por Sebastián: el 21 de Septiembre, y la lista de invitados propuesta por Sebastián, que incluía a varios conversos amigos.
Sebastián también se ofreció para decorar el patio. Pidió una gran cantidad de ramas, que fueron traídas por cuatro nativos, y así comenzó a construir su Sucá. Preparó y decoró el patio abierto, conocido hasta hoy como «patio de los naranjos», colocando las ramas encima de sus cuatro paredes.
Para esta «ocasión especial» se preparó una deliciosa comida, con pollo como plato principal. El pollo era kasher, sacrificado a través de la Shejita (sacrificio ritual), algo que Sebastián organizó con ayuda desde fuera de la prisión.
El 21 de septiembre de 1603, el primer día de Sucot, Sebastián Rodríguez, junto con su esposa Constanza, y otros conversos, invitados y prisioneros, celebraron la fiesta de de Sucot, comiendo bajo el Sucá y regocijándose con canciones, bailes y alegría, frente a los inquisidores Alonso de Peralta y Gutiérrez Bernardo de Quirós, que nunca supieron que los prisioneros judíos estaban celebrando una festividad bíblica frente a sus narices.
El 2 de junio de 1606, la Inquisición decidió que ya se había transformado finalmente en un cristiano rehabilitado y Sebastián Rodríguez, su esposa Constanza Rodríguez y su hijo Domingo fueron liberados.
Hoy, 400 años después, la arriesgada decisión de Sebastián Rodríguez de construir un Sucá dentro de la prisión de la inquisición es un ejemplo inspirador de la determinación del pueblo judío de mantener y cumplir nuestra Torá sin importar las circunstancias. Desafiando incluso a la Inquisición española, una de las instituciones más horribles de persecución religiosa, que persiguió a nuestros hermanos y hermanas incluso en el Nuevo Continente.
Esta historia está registrada en los Archivos Generales de la Nación Mexicana, ubicados en el palacio de Lecumberri. «Proceso contra Sebastián Rodríguez y Constanza Rodríguez como Judaizantes», Inquisición en México, 1595-1596, vol 154, exp.2
(El artículo original fue escrito por el Sr. Eli Suli , México, experto en historia judía sefaradí y amigo personal).



SUCOT en el BET HAMIQDASH

Los días de Sucot eran días de una alegría especial en el Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem). Además del mandamiento bíblico de tomar las cuatro especies de plantas (ארבעת המינים), había otras dos Mitsvot que se cumplían en el Templo. Una de estas Mitsvot era nisuj hamayim, la ceremonia del  «agua sobre el altar» y la otra era la «Mitsvá de la ‘arabá».
NISUJ HAMAYIM
Los rabinos describen la gran alegría de la ceremonia de la libación del agua:
“Quien no ha visto la celebración de la libación del agua nunca ha experimentado la verdadera alegría. Grandes lámparas de oro eran erigidas, con cuatro tazas de oro en la parte superior de cada lámpara. Cuatro jóvenes sacerdotes, subían a la cima, llevando grandes jarras de aceite con las que se llenaban las lámparas. Una vez encendidas, no había un patio en toda Jerusalem que no brillara con la luz que emanaba desde el Templo. Se construían unos palcos especiales para permitir a las mujeres de Israel ver a los Sabios del Sanhedrín mientras bailaban. La gente cantaba, los hombres justos y piadosos bailaban delante de ellos, mientras hacían malabarismos con antorchas encendidas. Los Levitas permanecían de pie en los quince escalones que descendían desde la corte de Israel hasta la corte de las mujeres, tocando música con liras, arpas, trompetas y muchos otros instrumentos. Dos sacerdotes se paraban en la parte superior de las escaleras, a cada lado de la entrada de la gran puerta de la Corte y hacían sonar las trompetas de plata [estas eran trompetas reales, no shofarot Y.B.]. Todo esto se hacía para honrar el mandamiento de la libación del agua. Al amanecer, la gente procedía con melodías y cantos hacia la fuente del Shiloaj, al pie de las murallas de Jerusalén. Un Cohé llevaba consigo una jarra de oro especial y la llenaba con el agua de ese manantial. Entonces la congregación ascendía de nuevo al Templo, encabezada por el sacerdote que llevaba el agua. Al llegar al Templo, el Cohén traía la vasija hasta el altar, y derramaba el agua en una vasija de plata, en una esquina del altar». (Tratado Sucá, Capítulo 5)
Esta ceremonia festiva, conocida en hebreo como Simjat bet haShoebá, estaba conectada obviamente a las plegarias por la lluvia y era acompañada por Tefilot y oraciones de alabanza, confiando que HaShem bendecirá con lluvia a la tierra y a sus productos durante el año entrante.
MITSVAT ‘ARABÁ
La otra Mitsvá especial que se celebraba en el Bet haMiqdash era mitsvat ‘araba, “El mandamiento de las ramas de sauce”. Esta Mitsvá era independiente de la Mitsvá de las dos ramitas de sauce en las cuatro especies de plantas, que están atadas junto al lulab y al hadás.
¿En qué consistía la Mitsvá de la ‘arabá en el Bet haMiqdash? Había un lugar en las afueras de Jerusalem llamado Motsa (que existe hasta nuestros días) a las orillas del río “Soreq”. Cada día de Sucot, la gente descendía a Motsa y cortaban grandes ramas de sauce, de aproximadamente 6 metros de altura. Estas ramas se colocaban a los pies del altar (mizbeaj), con la parte superior inclinada sobre el altar. El altar media 5 metros de alto, de manera que las ramas sobresalían un metro sobre la parte superior del altar, en sus cuatro costados.
Cada día de Sucot, los Cohanim (y según otras opiniones, también los ancianos de la ciudad) daban vuelta al altar una vez, marchando con sus lulabim en la mano, y rezando al Todopoderoso “Ana haShem hoshi’a na; Ana haShem hatzlijá na (Dios, sálvanos; Dios, haznos prosperar)”. En el séptimo y último día de Sucot, Hosha’na Rabbá, daban siete vueltas alrededor del altar.
En nuestros días tenemos la costumbre de dar la vuelta (haqafa) con nuestros lulabim y etroguim a la plataforma sobre la cual se coloca el Sefer Torá (bimá) todos los días de Sucot en recuerdo a la mitsvat ‘araba que se celebraba en el Bet haMiqdash. En Hosha’na Rabbá, este próximo domingo por la mañana, rodearemos la bimá siete veces.
Hay un ritual adicional que pertenece a la Mitsvá de ‘arabá. Una tradición establecida por los últimos profetas de Israel, Jagai, Malají y Zejariá, después de la destrucción de nuestro primer Templo. Al final de la Tefilá de Hoshaná Rabbá tomamos unas cuantas ramitas de ‘araba—la tradición es tomar cinco ramitas, que no pueden ser las que utilizamos con el Lulab—y, sin recitar ninguna bendición, golpeamos estas ramas contra la tierra. Esta antiquísima tradición se llama jabatat (o jibut) ‘arabá.
¿Por qué tanto énfasis en la ‘araba?
Nuestros rabinos explican que hacia al final de Sucot, el Tribunal Celestial emite el veredicto sobre la lluvia que caerá durante el próximo año (bajag niddonim ‘al hamayim). Esta es la razón principal por la cual, siguiendo una costumbre cabalística, se acostumbra a permanecer despierto durante toda la noche de Hoshaná Rabá, este sábado por la noche, estudiando Torá.
Aunque no siempre lo tengamos presente, la lluvia es el elemento más crítico para nuestra supervivencia. La ‘araba nos recuerda nuestra vulnerabilidad y nuestra dependencia de la lluvia que HaShem generosamente nos envía. Por otro lado, al golpear las ramas de ‘arabá contra el suelo y ver como la ‘arabá se va deshojando con cada golpe, también nos damos cuenta de nuestra fragilidad y nuestra total dependencia de HaShem, no sólo para nuestra  prosperidad sino también para nuestra supervivencia.



La Mitsvá del Lulab

«Y tomaréis en el primer día [de Sucot] un fruto de árbol cítrico (etrog), ramas de palmeras (lulab), rama de mirto (hadas) y sauces de los arroyos (‘araba). Y te alegrarás delante de HaShem, tu Dios, durante siete días « (Lev. 23).

La Torá nos ordena tomar cuatro especies de plantas, tres ramas y un fruto. Tomamos un lulab, un etrog, dos ‘arabot, y tres hadasim. Esta Mitsvá es llamada «las cuatro especies» (arba’at haminim) o simplemente, la Mitsvá del lulab.   Debemos tomar el lulab, los hadasim, y las ‘arabot en nuestra mano derecha y el etrog en la mano izquierda. A continuación, y luego de recitar la bendición correspondiente, realizamos la Mitsvá de netilat lulab, que literalmente significa «levantar o elevar» el lulab. Las cuatro especies deben mantenerse en la dirección que crecen.

LOS NA’ANU’IM:La costumbre Ashkenazi es ‘sacudir’ el lulab (=las cuatro especies) hacia seis direcciones, mientras que la costumbre sefardí es ‘moverlo’ (lena’anea’) en seis direcciones diferentes . La costumbre sefardí es mover las cuatro especies en el siguiente orden: al sur, al norte, al este, arriba, abajo y finalmente al oeste. Esta orden fue establecida por Jajmé haQabbalá.

Este video nos muestra al Rab Mordejay Eliyahu, z»l, realizando los na’anu’im de acerdo a la tradicion sefaradi.

Cuando decimos Hodu (=gracias) en el Halel y movemos el Lulab, tenemos que pensar que estamos expresando nuestra gratitud a quien gobierna los cielos, la tierra y los cuatro rincones del mundo.

EL SIMBOLISMO: Uno de los simbolismos de las cuatro especies es el siguiente: el etrog o «cidra» se asemeja en su forma al corazón, la fuerza que impulsa todas nuestras acciones. El lulab, que es una rama de palma, se asemeja a la columna vertebral, que permite que nos movamos. Las hojas de los hadasim (ramas de mirto), se asemejan en su forma a nuestros ojos, con los que contemplamos el mundo de HaShem. Y las hojas de las ‘arabot, las ramas de sauce, se asemejan a los labios, que dan expresión a nuestros pensamientos y sentimientos. «Tomamaos control» de nuestro corazón, nuestro cuerpo, nuestros ojos, nuestros pensamientos y nuestras  palabras, y elevamos todo nuestro cuerpo y nuestra mente, dirigiendonos hacia HaShem, omnipresente en los cuatro puntos cardinales del mundo, en la tierra y en los cielos .

BERAJÁ: Dos bendiciones se recitan el primer día de Sucot al tomar el lulab: 1. ‘al netilat lulab 2. shehejeyanu. La berajá  ‘al netilat lulab  se repite durante todos los otros días de Sucot.

Cuando decimos la bendición sobre cualquier Mitsvá, la bendición debe ser recitada «antes» de realizar la Mitsvá . Por eso,  algunas personas primero toman el lulab en su mano derecha y el etrog en la izquierda, pero con su florecilla (pitam) hacia abajo, al revés de como se debe tomar. Una vez que  se recita la berajá,  dan vuelta el etrog a su posición adecuada. Otros toman el lulab en su mano derecha y solo toman el etrog en la mano izquierda una vez que han recitado la berajá.

Las mujeres están técnicamente exentas de la Mitsvá del lulab. En la mayoría de las comunidades, sin embargo, las mujeres también realizan esta hermosa Mitsvá, lo cual, de acuerdo a todas la opiniones rabínicas, es muy meritorio. Los Rabinos están divididos en un detalle de este tema:  si la mujer debe o no debe recitar la berajá, tal como lo hace el hombre.  La costumbre Sefaradí es que las mujeres no recitan esta berajá, mientras que de acuerdo a la costumbre Ashkenazi, las mujeres dicen esta berajá.

Cada persona debe seguir las tradiciones de su comunidad.

Las cuatro especies, en Yerushalayim (Ingles, hebreo)

Sucot y las cuatro especies en Majane Yehudá, Jerusalem




La fragilidad de la ‘arabá

Ayer, explicamos que hay dos Mitsvot especiales (de la categoria:halajá leMoshé MiSinai) que se celebraban en Sucot en el Bet haMiqdash. Una de ellas era nisuj hamayim (verter agua sobre el altar, simjat bet hashoeba).

La otra Mitsvá especial era mitsvat ‘araba, «El mandamiento de las ramas de sauce». Esta Mitsvá era independiente de la Mitsvá de las dos ramitas de sauce en las cuatro especies (ארבעת המינים), que están atadas junto al lulab y al mirto.

¿En qué consistía la Mitsvá de la ‘arabá en el Bet haMiqdash? La Mishná dice que había un lugar en las afueras de Jerusalem llamado Motza (que existe hasta nuestros días. Motza se encuentra a las orillas del río «Soreq»). Cada día de Sucot, la gente descendía a Motza y cortaban grandes ramas de sauce (de aproximadamente 6 metros de altura). Estas ramas  se colocaban a los pies del altar (mizbeaj), con la parte superior inclinada sobre el altar. Siendo que el altar media 5 metros de alto, las ramas sobresalían un metro sobre la parte superior del altar, en sus cuatro costados .

Cada día de Sucot, los Cohanim (y según otras opiniones, también los ancianos de la ciudad) daban la vuelta al altar una vez, marchando con sus lulabim en la mano, y rogando al Todopoderoso «Te suplicamos, Señor, por favor, sálvanos ! Te suplicamos, oh Eterno, por favor concédenos el triunfo! «(Ana haShem hoshi’a na; Ana haShem hatzlijá na). En el séptimo y último día de Sucot, Hosha’na Rabba, se daban siete vueltas alrededor del altar.

En nuestros días tenemos la costumbre de dar la vuelta (haqafa) a la ‘bimá’ (la plataforma alta sobre la cual se coloca el Sefer Torá)  todos los días de Sucot, con nuestros lulabim y etrogim, en recuerdo a la Mitsvat ‘araba  que se celebraba en el Bet haMiqdash. En Hosha’na Rabbá, mañana por la mañana, rodearemos la bimá siete veces.

Hay un ritual adicional que pertenece a la Mitsva de ‘arabá.  Una tradición establecida por los ultimos profetas de Israel, Jagai, Malají y Zejariá, después de la destrucción de nuestro primer Templo. Al final de la Tefilá de Hoshaná Rabbá, mañana por la mañana, tomamos unas cuantas ramitas de ‘araba (la tradición es tomar cinco ramitas, que no pueden ser las que utilizamos con el Lulab) y, sin recitar ninguna bendición, golpeamos estas ramas contra la tierra. Esta antiquísima tradición se llama jabatat (o jibut) ‘arabá.

¿Por qué tanto énfasis en la ‘araba?

Si usted observa las cuatro plantas que tomamos en Sucot, verá que una de las diferencias entre ellas es el tiempo que duran, hasta que se secan o se descomponen.

El Etrog es lo que dura más tiempo; se encoge, pero prácticamente puede durar años sin descomponerse. Le sigue el Lulab, la rama de palmera, que tarda unos meses en secarse (por eso, cuando se horneaban las Matsot en la propia casa se acostumbraba a usar las ramas secas del lulab, agregandolas al horno donde se hacian las Matsot). Y luego están las ramas de mirto o hadasim, que pueden durar unas semanas sin descomponerse. De las cuatro especies, la más frágil  y la que más rápido se descompone es la ‘arabá. La hojas de sauce duran sólo por unos días fuera de sus árboles, con suerte , una semana …

Nuestros rabinos explican que al final de Sucot, el Tribunal Celestial emite el veredicto sobre la lluvia que caerá durante este próximo año (bajag niddonim ‘al hamayim, esta es la razón principal por la cual, siguiendo una costumbre cabalística,  se acostumbra a permanecer despierto durante toda la noche en Hoshaná Rabá estudiando Torá).

«La lluvia» es el elemento más crítico para nuestro sustento. E inmediatamente después de la finalización de Sucot, comienza la época de lluvias.

Es posible entonces que la ‘araba viene también a recordarnos nuestra propia vulnerabilidad y nuestra dependencia en la lluvia que HaShem nos envía. Más aún, al golpear las ramas de ‘araba contra el suelo y ver como la ‘arabá se va deshojando con cada golpe, internalizamos nuestra fragilidad. Así, nos damos cuenta que dependemos totalmente de HaShem para nuestro sustento y prosperidad.




La ceremonia de nisuj hamayim

Los días de Sucot eran días de una alegría especial en el Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem). Además del mandamiento bíblico de tomar las cuatro especies (ארבעת המינים), habian otras dos Mitsvot que se cumplian en el Templo. Estas dos prácticas son parte de lo que se llama «Halajá leMoshe MiSinai»,  tradiciones religiosas enseñadas a Moisés en el Monte Sinaí, que no cuentan con una fuente bíblica explícita. Uno de ellas era nisuj hamayim(la libación del agua) también conocida como la ceremonia de verter agua sobre el altar.

Los rabinos describen la gran alegría de esta ceremonia:

«Quien no ha visto la celebración de la libación del agua nunca ha experimentado la verdadera alegría. Grandes lámparas de oro eran izadas, con cuatro tazas de oro en la parte superior de cada lámpara. Cuatro jóvenes sacerdotes-aprendices subían a la cima, llevando inmensas jarras de aceite con las que se llenaban las lámparas. Una vez encendidas, no había un patio en toda Jerusalén que no brillara con la luz que emanaba desde el Templo. Se construían unos palcos especiales para permitir a las mujeres de Israel ver los sabios del Sanhedrín mientras bailaban. La gente cantaba, los hombres justos y piadosos bailaban delante de ellos, mientras hacían malabarismos con antorchas encendidas. Los levitas permanecían de pie en los quince escalones que descendían desde la corte de Israel hasta la corte de las mujeres, interpretado música con liras, arpas, trompetas y muchos otros instrumentos. Dos sacerdotes se paraban en la parte superior de las escaleras, a cada lado de la entrada de la gran puerta de la Corte tocaban trompetas de plata [estas eran trompetas reales,  no shofarot, como se puede ver en el vídeo que se presenta a continuación].

Todo esto se hacía para honrar el mandamiento de la libación del agua. Al amanecer, la gente procedía con melodías y cantos hacia la fuente del Shiloaj, al pie de las murallas de Jerusalén. Un Cohen llevaba consigo una jarra de oro especial y la llenaba con el agua de ese manantial. Entonces la congregación ascendía de nuevo al Templo, encabezada por el sacerdote que llevaba el agua. Al llegar al templo, él traía la botella hasta el altar, y derramaba el agua en una vasija de plata en una esquina del altar.

(Tratado Sucá, Capítulo 5)

Esta ceremonia estaba conectada a la lluvia y era acompañada por Tefilot y oraciones de alabanza,  confiando que HaShem bendecirá con la lluvia a la tierra y a sus productos en año entrante.

Por primera vez, desde la destrucción del Segundo Templo, la ceremonia de verter el agua se escenificó en Yerushalayim ayer, 18 de Tishri. La intención de este evento fue practicar la celebración de nisuj hamayim para aprender todos los detalles prácticos de esta ceremonia. Y esperando que BH muy pronto podamos celebrar todos juntos nuestras hermosas fiestas en el Bet haMiqdash  תותבב»י, אמן.




¿Que pasaría si no lloviera?

En el mundo moderno, donde la mayoría de nosotros vivimos en zonas urbanas y no en granjas, es difícil apreciar la importancia de la lluvia… Para nosotros, la lluvia es más una molestia que una bendición …. Hoy, quiero compartir con los lectores algunos datos sobre el agua y la lluvia, que espero nos ayuden a entender por qué alabamos a nuestro Creador por el milagro de la lluvia, cuando decimos la hermosa Tefila: mashib haruaj umorid hagueshem (= Tú eres Quien hace que el viento sople, y que la lluvia descienda [sobre la tierra])
¿Qué es lo que hace que nuestro planeta sea único en el universo? Podrías decir: «la vida». Y eso es cierto. Pero hay un elemento que permite que la vida exista, y que de acuerdo a nuestra Torá, fue creado por HaShem antes que la vida. Es algo que los científicos buscan cuando investigan otros lugares en el universo para encontrar «vida». Probablemente estarás pensando en el «agua». Y estarás parcialmente en lo cierto. Para ser más precisos deberíamos decir que nuestro planeta posee: «agua líquida». ¿Por qué? Porque se han encontrado en otros planetas en nuestro sistema solar que tienen agua , pero en forma de hielo. Nuestro planeta es privilegiado por ser el único pequeño lugar en todo el universo que posee «agua líquida», gracias al Diseño Inteligente y Divino de la masa de la Tierra, la masa del Sol, y en particular la perfectamente ajustada distancia entre nuestro planeta y el sol.
Pero éste no es el final de la historia del agua. El agua normal, es decir, el agua de mar, no es suficiente para sostener la vida humana y animal o las plantas. Todas las criaturas que viven en tierra firme, incluyendo a los humanos, necesitan agua-sin-sal para sobrevivir. Ese precioso líquido se llama «agua dulce». El agua dulce o agua fresca es lo que permite que exista la vida en nuestro planeta. Y la única fuente de agua dulce en todo el universo es la «precipitación». La «precipitación» incluye: nieve, niebla, granizo y principalmente «lluvia». La palabra «precipitación» se utiliza normalmente como sinónimo de «lluvia»). De acuerdo a Maimónides (Moré Nebujim  2:30) y muchos otros Jajamim, el mecanismo de la formación de la lluvia se estableció en el segundo día de la Creación. Cuando HaShem separó las aguas superiores (nubes) de las aguas inferiores (océanos). El científico John Lynch, el autor del libro «El Clima» (p.84, 1996, BBC) describe con sus propias palabras a las nubes como aguas superiores: «Vivimos en un planeta de agua. Los mares dominan el mundo, pero también hay un océano alrededor de nosotros y un océano por encima de nosotros «. El segundo día se dedicó por entero al milagroso mecanismo de la conversión del agua del océano en el líquido más precioso en todo el universo: la lluvia. (Así también lo explica rabbi Moshé Jefets en su libro Melejet Majashebet pgs. 10-11, edición Viena).
De toda el agua que se encuentra en en el planeta Tierra, sólo el 2,75% es agua dulce (que se puede beber). El 2,05%  está congelada en los glaciares. El 0,69% es agua subterránea. Y sólo el 0,0101% de toda el agua del planeta Tierra es agua dulce que se encuentra en la superficie del planeta, esta es el agua potable distribuida en todos los lagos y ríos del planeta. Este 0.0101% de toda el agua del planeta es la que utilizamos todas las criaturas que vivimos en tierra firme, incluyendo los humanos, para nuestra supervivencia. Y su exclusiva fuente es la precipitación. El segundo día de la Creación se dedicó por entero a establecer el proceso de la conversión de agua del océano en el líquido más escaso, exótico y preciado en el universo entero: la lluvia.
Es por eso que nuestros Jajamim consideraron a la lluvia como una de las bendiciones más importantes de Dios a la humanidad. En la segunda berajá de la ‘amida (geburot), cuando decimos mashib haruaj umorid hagueshem, alabamos a HaShem por Su Poder, Su bondad y Su sabiduría para producir la lluvia que sostiene y mantiene la vida.
La única fuente de agua dulce en todo el universo es la lluvia que se produce en la atmósfera de la tierra.
«Imagina un planeta donde se produce el licor más exquisito del universo. Este licor se fermenta, siendo evaporado de los mares, a través de una brillante estrella amarilla, que destila el extravagante licor en los cielos y lo hace llover de nuevo sobre la tierra, formando lagos y ríos de esa bebida embriagante. El planeta, por supuesto, es la Tierra, y el licor, es el agua dulce «. 
Adaptado del libro AWESOME CREATION, del Rab Bittón (VER AQUÍ)Próximamente en español.



Rezar por la lluvia ¿en singular o en plural?

A partir del primer día de Sheminí ‘Atseret (este lunes pasado) comenzamos a recitar en la Amidá la oración mashib haruaj umorid hagueshem. En esta oración expresamos nuestro reconocimiento que es el Creador quien «hace que el viento sople, y que la lluvia descienda [sobre la tierra]». Con estas palabras alabamos a HaShem por el milagroso mecanismo al cual lamamos clima, el cual ente otras cosas, produce la lluvia que tanto necesitamos. 
En esta oración no estamos «pidiendo» a Dios que nos envíe la lluvia. Sólo estamos reconociendo Su poder e intervención para hacer llover. La oración en la que solicitamos la lluvia se llama barej ‘alenu  y se dice más tarde. Pero ¿por qué no pedimos lluvia ahora, cuando en la tierra de Israel esta comenzando el otoño, que es cuando se espera y más se necesita lluvia? 
La respuesta es simple. En el antiguo Israel los judíos llegaban caminando hasta Jerusalén desde lugares muy distantes para celebrar la fiesta de Sucot (o Pesaj o Shabu’ot). Después de Sheminí Atseret, o sea anteayer,  los viajeros regresaban a sus casas a pie. Los rabinos observaron que las ciudades más lejanas de donde llegaban los peregrinos estaban cerca del río Eufrates (hoy entre Siria e Irak) y calcularon que se necesitaban dos semanas para caminar desde Jerusalem de regreso a esas tierras. Los rabinos no vieron con buenos ojos que un judío en Israel estuviese rezando a Dios por lluvia, sabiendo que algunos de sus hermanos todavía estaban caminando de vuelta a sus casas, y para ellos la lluvia no iba a ser una bendición en ese momento. Los rabinos establecieron entonces que la oración por la lluvia se dijera dos semanas después de Sucot. Cuando todos los viajeros ya están de regreso en sus casas, sanos y salvos. 
Por eso, en Erets Israel, incluso en nuestros días, se comienza la oración en la cual se pide por la lluvia , barej ‘alenu, a partir  del 7 de Jeshván, exactamente dos semanas después de Sheminí Atseret (como explicaremos más adelante, fuera de Israel, esta berajá se recita en el mes de Diciembre)    
Esto nos enseña una gran lección que va más allá de la Tefilá por la lluvia.  A veces podemos rezarle a Dios pidiéndole algo que es bueno para nosotros pero malo para otras personas. Como en el caso de la lluvia, que era buena para los campesinos pero mala para los viajeros. Esta es una de las razones por las que siempre oramos en plural. Por ejemplo: en la oración donde le pedimos a HaShem por nuestro sustento (parnasa)  no decimos: «concédeme a mí Tu bendición» sino que decimos «concédenos Tu bendición», incluyendo a todos los demás.   Esto significa que estoy pidiéndole a Dios que me otorgue a mí, y simultáneamente a mi competidor –al comerciante que vende la misma mercancía que yo, a los mismos clientes que yo les vendo–las mismas bendiciones! 
Lógicamente, uno podría pensar que si la HaShem le concede sus deseos a mi vecino/competidor, eso le va a restar a mi propia bendición. Este es el pensamiento negativo que debemos evitar. Pensar que necesariamente alguien tiene que perder para que yo pueda ganar. Nuestros Sabios nos enseñan que la bendición de HaShem alcanza para que todos ganen y nadie pierda, ya que es infinita.  Asi, orar en plural nos entrena a superar nuestro egoísmo, y refuerza nuestra sensibilidad hacia los demás. 
Curiosamente en marketing moderno se habla del pensamiento positivo win/win (donde las dos partes ganan) como el ideal en el mundo comercial, y ya se ve como algo pasado de moda el antiguo modelo win/lose, donde para que uno gane, siempre alguien tiene que salir perdiendo.  



Todo sobre la lluvia

Ayer explicamos que en el mundo moderno, donde la mayoría de nosotros vivimos en zonas urbanas y no en granjas, es difícil apreciar la importancia de la lluvia. Para nosotros, la lluvia es más una molestia que una bendición …. Hoy, quiero compartir con los lectores algunos datos sobre el agua y la lluvia, que espero nos ayuden a entender por qué alabamos a nuestro Creador por el milagro de la lluvia, cuando decimos la hermosa Tefila mashib haruaj umorid hagueshem (= Tú eres Quien hace que el viento sople, y que la lluvia descienda [sobre la tierra])

¿Qué es lo que hace que nuestro planeta sea único en el universo? Usted podría decir «la vida». Y eso es cierto. Pero hay un elemento que permite que la vida exista, y que de acuerdo a nuestra Torá, fue creado por HaShem antes que la vida. Es algo que los científicos buscan cuando investigan otros lugares del universo para encontrar «vida». Usted probablemente dirá «agua». Y usted estará parcialmente en lo cierto. Para ser más precisos deberíamos decir que nuestro planeta posee: «agua líquida». ¿Por qué? Porque el agua (H2O), o los vestigios de la misma, se han encontrado en otros planetas, pero siempre en forma de hielo. Nuestro planeta es privilegiado por ser el único pequeño lugar en todo el universo que posee «agua líquida», gracias al Diseño Inteligente y Divino de la masa de la Tierra, la masa del Sol, y en particular la perfectamente ajustada distancia entre nuestro planeta y el sol.

Pero éste no es el final de la historia del agua. El agua normal, es decir, el agua de mar, no es adecuada para la vida de los seres que viven en tierra firme. Todas las criaturas que viven en tierra firme, incluyendo a los humanos, necesitan agua-sin-sal para sobrevivir. Ese precioso líquido se llama «agua dulce». El agua dulce o agua fresca permite que exista la vida en nuestro planeta. Y la única fuente de agua dulce en todo el universo es la «precipitación». («Precipitación» incluye: nieve, niebla, granizo y principalmente «lluvia». La palabra «precipitación» se utiliza normalmente como sinónimo de «lluvia»). Según Maimónides (Moré Nebujim  2:30) el mecanismo de la formación de la lluvia se estableció en el segundo día de la Creación. Cuando HaShem separó las aguas superiores (nubes) de las aguas inferiores (océanos). John Lynch, el autor del libro de la BBC «El Clima» (p.84, 1996) describe con sus propias palabras las nubes como aguas superiores: «Vivimos en un planeta de agua. Los mares dominan el mundo, pero también hay un océano alrededor de nosotros y un océano por encima de nosotros «. El segundo día se dedicó por entero al milagroso mecanismo de la conversión del agua del océano en el líquido más precioso en todo el universo: la lluvia. (Así también lo explica rabbi Moshé Hefets en su libro Melejet Majashebet pgs. 10-11, edición Viena).

Ahora, vamos a ver algunos números que nos ayudarán a apreciar un poco más el milagro de la lluvia. El agua dulce es agua con bajas concentraciones de sal. De toda el agua que se encuentra en en el planeta Tierra, sólo el 2,75% es agua dulce. El 2,05% es agua dulce que está congelada en los glaciares. El 0,69% es agua subterránea. Y sólo el 0,0101% de toda el agua del planeta Tierraes agua dulce que se encuentra en la superficie del planeta: el agua potable distribuída en todos los lagos y ríos del planeta. Este 0.0101% de toda el agua del planeta es la que utilizamos todas las criaturas que vivimos en tierra firme, incluyendo los humanos, para nuestra supervivencia. Y su exclusiva fuente es la precipitación. El segundo día de la Creación se dedicó por entero a establecer el proceso de la conversión de agua del océano en el líquido más escaso, exótico y preciado en el universo entero: la lluvia.

Es por eso que nuestros Jajamim consideraron a la lluvia como una de las bendiciones más importantes de Dios a la humanidad. En la segunda berajá de la ‘amida (geburot), cuando decimosmashib haruaj umorid hagueshem, alabamos a HaShem por Su Poder Su bondad y Su sabiduría para producir la lluvia que sostiene y mantiene la vida.

La única fuente de agua dulce en todo el universo es la lluvia que se produce en la atmósfera de la tierra.

«Imagina un planeta donde se produce el licor más exquisito del universo. Este licor se fermenta, siendo evaporado de los mares, a través de una brillante estrella amarilla, que destila el extravagante licor en los cielos y lo hace llover de nuevo sobre la tierra, formando lagos y ríos de esa bebida embriagante. El planeta, por supuesto, es la Tierra, y el licor, es el agua dulce «. (L. O’Hanlon, Discovery)




Más sobre la lluvia

Como hemos explicado anteriormente, nuestros rabinos introdujeron dos oraciones por la lluvia en la ‘amida. Una es barej ‘alenu (la novena berajá de la ‘amida), que es la bendición para nuestro sustento (parnasá).  Pedimos a HaShem que nos envíe «el rocío y la lluvia como bendición«. Esto quiere decir, que nos envíe la lluvia en su tiempo y en su justa medida. Como está escrito en el Shema «be’ito yoré umalqosh, «a su debido tiempo, la lluvia fuerte (la primera lluvia, que es muy fuerte y ayuda a ablandar la tierra que necesitamos arar) y más tarde el malqosh que es la lluvia más suave, la cual es necesaria una vez que la vegetación comienza a crecer (si nos llega la lluvia suave al comienzo de la temporada, no será suficiente para ablandar la tierra. Y si nos llega la lluvia fuerte cuando la vegetación están creciendo, la lluvia puede destruir las plantas) .

La lluvia también se menciona en la ‘amida durante la segunda berajá. En esa bendición no pedimos ni solicitamos lluvia ni cualquier otra cosa de Dios. Lo alabamos. Afirmamos que HaShem es Omnipotente (= infinitamente poderoso) y que Él usa Sus poderes para sostener, mantener, ayudar, curar,  nutrir y restaurar la vida, a su Creación y a Sus criaturas.

Este es el contexto en el que se dice la oración de alabanza a HaShem por la lluvia mashib haruaj umorid hagueshem «[HaShem, Tú eres Quien] hace que el viento sople, y que la lluvia caiga». En este contexto, no le estamos pidiendo a Dios que nosenvíe lluvia, estamos expresando nuestro agradecimiento por el hecho de que HaShem creó la lluvia. Percibimos la lluvia como parte de tejiyat hametim, «el poder divino de restaurar la vida», porque gracias a la lluvia, la tierra seca revive, las plantas vuelven a crecer y todas las criaturas del mundo pueden mantenerse con vida.

La lluvia es críticamente importante para nuestra supervivencia. Y alabar a Dios por «la lluvia» debería ser un gesto natural y espontáneo. En nuestros días sin embargo, no apreciamos la «lluvia». Esta mañana, por ejemplo, está lloviendo en la ciudad de Nueva York, y yo no veo que la gente esté más feliz y agradecida a HaShem por ello. Al contrario. Diría yo que el 99% de la gente se pone molesta por la lluvia.

¿Qué tipo de alabanza, entonces, se puede expresar por algo que percibimos más como una molestia que como una bendición?

En los próximos días, BH vamos a explicar algunos datos interesantes sobre el fenomeno de la precipitación que nos ayudará a tener una visón más positiva de la lluvia y nos permitirá alabar a HaShem con más profundidad por uno de Sus principales bendiciones a la humanidad.




Sheminí Atseret y Simjat Torá

SHEMINI ATSERET

El día siguiente al séptimo día de Sucot (también conocido como Hosha’ná Rabbá) celebramos otra festividad: «Sheminí Atseret», que técnicamente, es un día de fiesta diferente e independiente de Sucot.

Durante Sheminí Atseret no tenemos más la mitsva de Lulab y Etrog.

En cuanto a la Sucá, en Israel durante Sheminí Atseret no debe utilizarse la Sucá. Las comidas deben tener lugar en el hogar. Si uno utilizara la Sucá durante Sheminí Atzeret estaría incurriendo en la prohibición de añadir una Mitsvá adicional a la Torá (lo tosif!). En la diáspora, sin embargo, debido al sistema de calendario antiguo, todavía seguimos usando la Sucá  durante el primer día de Sheminí Atseret, pero sin recitar ninguna bendición.

Como explicamos ayer, el final de Sucot indica el comienzo de la nueva temporada de lluvia. Esta es la razón por la cual en la oración de Musaf de Sheminí Atseret, cambiamos las palabrasmorid hatal (HaShem hace que descienda el rocio) por la oraciónmashib haruaj uMorid hagueshem, (HaShem hace que el viento sople, y que descienda la lluvia.

Es importante notar que en este momento no estamos todavíapidiendo a HaShem que nos mande la lluvia. Primero, comenzamos alabando a Dios por Su sabiduría y Su poder para producir las precipitaciones. Al decir mashib haruaj estamos reconociendo a Dios como la fuente de la lluvia, y por extensión, como la última fuente de nuestro sustento.

SIMJAT TORA

En Israel durante la festividad de Sheminí Atseret se celebra también Simjat Torá.

Fuera de Erets Israel, como en cualquier otro día de fiesta (= Yom Tob), la festividad se celebra durante dos días seguidos. El segundo día de Sheminí Atzeret es también conocido como Simjat Torá, en el que celebramos la finalización del ciclo anual de la lectura de Torá, y el comienzo ininterrumpido del nuevo ciclo de lectura, desde Bereshit.

Cantamos y bailamos alrededor de la Tora, expresando nuestra alegría por ser parte del pueblo elegido por Dios para estudiar y observar Su Tora.

Debemos celebrar Simjat Torá con verdadera felicidad: «Durante Yom Tob una persona no debe beber demasiado … porque la embriaguez y la frivolidad no es parte de la Mitsva de estar felices [durante Yom Tob] …. y HaShem nos mandó a alcanzar un nivel de felicidad que sea parte del servicio a HaShem … y uno no puede servir a HaShem desde la frivolidad y la embriaguez «(MT Yom Tob, 6:19).

Como explicó Harambam, un judío no tiene por qué emborracharse para sentirse feliz o para expresar su felicidad. Las personas que necesitan emborracharse para sentirse felices, lo hacen para «olvidar» quiénes son, desactivando su razonamiento para escapar de la realidad de sus vidas. Nosotros, AM ISRAEL, somos el pueblo elegido. Y aun cuando personalmente podríamos estar viviendo momentos difíciles, todavía derivamos una inmensa felicidad sólo por el privilegio de pertenecer al pueblo de Dios.

Maimónides explica que nuestra mayor alegría se deriva de saber que tenemos el privilegio de servir a Dios, tal como Él quiere ser servido: «La mejor manera de servir a HaShem es estando felices [por el privilegio] de cumplir los mandamientos de Dios, y  porque sentimos un gran amor hacia Él» (MT H. Sucá veLulab, 8:15).

No olvide el ‘erub tabshilin

Este año 5775 Sucot cae durante jueves (comenzando el miércoles 15 de octubre por la noche) y viernes, seguido por Shabbat. Y aunque la mayor parte de la comida para estos tres días festivos se preparará antes del inicio de Sucot, algunos preparativos para la comida de Shabbat también se podrían realizar durante el viernes 17 de octubre, en preparación para el Shabbat 18 de Octubre.

Para poder preparar la comida durante el viernes para Shabbat, hay que establecer un ‘erub tabshilin, como lo explicaremos a continuación. .

Como ya sabemos, a diferencia de Shabbat, en los días festivos  (Yom Tob) está permitido cocinar, como lo aprendemos en Shemot 12:16 «…No haréis ningún trabajo en estos días [= Yom Tob], con excepción de la preparación de alimentos para comer, esto es la única [tarea] que se podrá realizar».  Nuestros Jajamim explicaron que sólo se permite cocinar durante Yom Tob lo que será consumido durante ese Yom Tob, pero no podemos preparar o cocinar en Yom Tob comida que se consumirá después de ese día. Por lo tanto, cuando un día de Yom Tob cae en un viernes no podríamos cocinar ese viernes para Shabbat.

Erub tabshilin consiste en (1). Preparar antes de que comience Yom Tob (el Miercoles 15 de octubre antes de la puesta del sol) algunos alimentos cocidos y horneados. (2) Declarar que estamos preparando esta comida para el Shabbat.  (3). Guardamos esos alimentos hasta Shabbat (4). Durante Shabbat comemos esos alimentos.

Ahora lo explicaremos en términos prácticos: mañana miércoles, antes del comienzo de Yom Tob, preparamos un plato con algunos alimentos. Se acostumbra a usar por lo menos una Jalá (hogaza de pan) y un huevo. Muchas personas también añaden en este plato: carne, arroz u otros tipos de alimentos cocinados. Este plato es lo que llamamos el ‘erub. Este plato de comida lo guardamos hasta Shabbat, y comeremos la comida de ese plato durante Shabbat.

Los Jajamim permitieron cocinar en Yom Tob para Shabbat, cuando estamos agregando más alimentos a una comida que ya está preparada para Shabbat.

La siguiente Berakha se recitará mientras sostenemos el plato con los alimentos (=el ‘erub) en nuestras manos:

«Baruj Ata A-donay E-lohenu Melej Ha’olam Asher Qiddeshanu beMitsvotav veTsivanu ‘al mitsvat ‘erub»

בָּרוּךְ אַתָּה יְ-יָ אֱלֹקנוּ מֶֽלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָֽׁנוּ בְּמִצְוֹתָיו, וְצִוָּֽנוּ עַל מִצְוַת עֵרוּב

Luego leemos el siguiente texto en el que declaramos que  mediante la preparación de este ‘erub nos estará permitido preparar y cocinar todo lo necesario para Shabbat durante Yom Tob.

בַּדֵין עֵרוּבָא יְהֵא שָׁרֵא לָֽנָא לַאֲפוּיֵי וּלְבַשּׁוּלֵי וּלְאַטְמוּנֵי וּלְאַדְלוּקֵי שְׁרָגָא וּלְתַקָּנָא וּלְמֶעְבַּד כָּל צָרְכָּֽנָא, מִיּוֹמָא טָבָא לְשַׁבְּתָא

Luego colocamos el ‘erub en el refrigerador y lo guardamos hasta Shabbat.

De esta manera, siendo que un mínimo de alimentos ya fue preparado para Shabbat antes de Yom Tob, lo que cocinemos o preparemos durante el viernes para Shabbat será considerado una «adición» o en términos más precisos «una extensión» (en este contexto, la palabra ‘erub significa «extensión») de los alimentos que ya se han preparado antes de que comenzara la fiesta.