El primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu, pronunció hace un par de días un discurso significativo durante la graduación de nuevos oficiales del ejército israelí. Además de reafirmar los objetivos militares de Israel —entre ellos impedir que Hamás continúe operando como entidad militar o política en Gaza—, Netanyahu destacó otro compromiso menos conocido y particularmente dramático: Israel protegerá a las comunidades drusas del sur de Siria y garantizará que no sufran amenazas ni ataques por parte del régimen sirio u otros actores de la región.
Este gesto refleja la relación especial entre Israel y el pueblo druso, una alianza que se mantiene desde la fundación del Estado de Israel. En un Medio Oriente donde las lealtades suelen ser temporales o meramente estratégicas, los drusos han demostrado ser aliados incondicionales. Aproximadamente 150.000 drusos viven en Israel, principalmente en la Galilea y en los Altos del Golán. A diferencia de otras minorías, realizan el servicio militar de manera obligatoria y ocupan posiciones clave en las Fuerzas de Defensa de Israel, gracias a su conocimiento del idioma árabe y su comprensión de la cultura y la mentalidad de los países vecinos. Los soldados drusos luchan codo a codo junto a los judíos y han demostrado estar dispuestos a dar la vida por el país. Esta alianza se basa en valores compartidos y en una historia común que se remonta a miles de años.
¿Cuál es el secreto de esta relación tan especial entre los drusos y los judíos?
Los drusos, aunque hablan árabe, no se consideran musulmanes y su religión es distinta del islam. Su fe, conocida como al-Muwahhidun (“Los Monoteístas”), es de carácter esotérico, y sus enseñanzas están reservadas únicamente para los miembros religiosos de la comunidad. No aceptan conversiones —lo que hace que los matrimonios mixtos sean casi inexistentes— y mantienen sus creencias con gran devoción.
El secreto de la relación entre drusos y judíos es Yitró, el suegro de Moshé. Los drusos lo consideran su profeta y afirman ser descendientes directos de él. La tumba de Yitró, conocida como Nabi Shu’ayb, se encuentra en la Galilea, cerca de Tiberíades, y es el sitio religioso más importante para los drusos. Cada año, miles de miembros de esta comunidad visitan este santuario en una muestra de respeto y devoción. Desde la creación del Estado de Israel, la comunidad drusa ha sido reconocida como custodia oficial de este lugar sagrado.
La Torá relata que Yitró, líder espiritual del pueblo de Midián, se unió al pueblo de Israel durante su travesía por el desierto. No solo reconoció el poder de Dios y bendijo al Creador por la liberación de los israelitas de Egipto, sino que también brindó consejos cruciales para organizar la justicia y el liderazgo del pueblo. Dos o tres siglos después, una mujer descendiente de Yitró, Yael, desempeñó un papel clave en la historia de Israel al matar al general cananeo Siserá, consolidando así una victoria militar decisiva para el pueblo judío. Este episodio refleja cómo el compromiso de los descendientes de Yitró con la causa de Israel ha perdurado a lo largo del tiempo.
¿Una nueva alianza con los drusos del sur de Siria?
Actualmente, esta alianza parece estar a punto de dar un nuevo paso adelante. El compromiso de Netanyahu de proteger a las comunidades drusas en Siria es, en esencia, una extensión moderna de ese pacto milenario.
La mayor población drusa del mundo se encuentra en el sur de Siria. Cerca de un millón de drusos habitan en ciudades como Quneitra, Dar‘a o Suwaida, ubicadas cerca de la frontera con Israel, en los Altos del Golán. Las perspectivas a futuro son diversas, y considero que todas son prometedoras. Una de las posibilidades es que los drusos —quizás junto con los kurdos— logren establecer su propio Estado o, al menos, una zona autónoma con su propia fuerza militar, que ya está activa, y que cuente con el apoyo de Israel.
Si este escenario llegara a concretarse, sería altamente beneficioso para los drusos, que por fin tendrían su propio Estado con el beneplácito de Israel. Y también sería extraordinario para Israel, ya que se crearía una “zona de seguridad” que protegería al Estado judío de ataques potenciales desde esas regiones. Israelíes y drusos comparten intereses comunes en la lucha contra los grupos extremistas sunitas de Siria e Irak.
Y hay más en el horizonte. El periodista de Abu Ali Express informó recientemente sobre un nuevo proyecto piloto de cooperación. Como es sabido, los palestinos de Judea y Samaria suelen ocupar trabajos de baja remuneración en Israel, lo cual, aunque es necesario para la economía israelí, también plantea desafíos de seguridad, como el reciente y frustrado atentado con bombas en autobuses que, B”H, no prosperó. El nuevo plan consiste en que, de manera progresiva, los drusos del sur de Siria reciban permisos de trabajo en Israel y reemplacen a trabajadores palestinos en sectores como la construcción y otros rubros similares. Estos trabajadores recibirían un salario de aproximadamente 100 dólares diarios, una cifra exorbitante si se considera que los sueldos en esa zona suelen ser inferiores a 100 dólares mensuales.
Un tuit publicado ayer señala que este plan piloto ya es un hecho consumado.
Ver aquí:
https://x.com/MiraMedusa/status/1894485167764295956
Tres mil quinientos años después de aquel primer encuentro en el desierto del Sinaí, los descendientes de Yitró y de Moshé Rabenu vuelven a aliarse, esta vez con el objetivo de construir un Medio Oriente más estable y próspero.


