jueves, febrero 12, 2026
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MISHPATIM: ¿Cuándo y cómo comenzó el judaísmo?

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ויקח ספר הברית ויקרא באזני העם ויאמרו כל אשר דבר ה’ נעשה ונשמע
(Shemot / Éxodo 24:7)

EL BERIT

Hace tres mil quinientos años, el pueblo de Israel vivió el acontecimiento más decisivo de la historia humana: un pacto, una alianza formal entre una Nación y Dios. Estos hechos, que tuvieron lugar en el Sinaí, se conocen en hebreo como Ma’amad Har Sinai, la revelación de Dios al pueblo judío en el Monte Sinaí.

Lo que ocurrió en ese evento puede describirse en tres actos:

  1. הצעת הברית – La propuesta del Pacto
    HaShem nos ofreció convertirnos en Su pueblo elegido mediante una alianza con Él. Nosotros aceptamos. Dios prometió adoptarnos como Su “tesoro especial”, am segulá.

  2. מתן תורה – La entrega de la Torá
    Dios nos dio la Torá, el “documento” que contiene las directrices y condiciones del Pacto entre Dios e Israel.

  3. קבלת התורה – La aceptación de la Torá
    El pueblo judío aceptó cumplir las leyes de la Torá. Desde ese momento, la Torá se convirtió en nuestra ley nacional, en nuestra constitución.

Este Pacto entre Dios y un pueblo es único en la historia de la humanidad y está descrito en detalle en los capítulos 20 y 24 del libro de Shemot.


הצעת הברית

LA PROPUESTA

El primer día del mes de Siván, Moshé ascendió al Monte Sinaí. Allí recibió un mensaje Divino (Shemot 19:3–6):

“Así hablarás a la casa de Ya’aqob y anunciarás a los hijos de Israel: ‘Ustedes han visto lo que hice a los egipcios [las diez plagas, etc.], y cómo los conduje, protegiéndolos como un águila que lleva a sus crías sobre sus alas, y los traje hacia Mí. Ahora, si obedecen Mi voz y cumplen Mi Pacto, serán para Mí un tesoro especial entre todas las naciones. Serán para Mí un Reino de Sacerdotes y una nación consagrada.’”

Dios ofreció establecer una alianza con el pueblo de Israel. Les propuso convertirse en una nación de sacerdotes (cohanim), un pueblo consagrado a Su servicio: aprender y enseñar Sus leyes, y dar testimonio vivo de Su existencia, Su presencia y Su voluntad revelada.

Ser una Nación de Sacerdotes implica el privilegio de una cercanía especial con Dios, una supervisión Divina directa. Pero ese privilegio exige también un nivel más alto de moralidad, mayores responsabilidades y numerosas obligaciones.


EL “COMPROMISO”

Moshé descendió del Monte Sinaí y presentó al pueblo los términos del Pacto. El pueblo escuchó la propuesta y aceptó entrar en alianza con Dios, declarando al unísono (Shemot 19:8):

“Haremos todo lo que HaShem ha dicho.”

Sin embargo, esta no fue todavía la aceptación final del Pacto, sino la aceptación de la propuesta, algo similar a un “compromiso” previo al matrimonio. En un compromiso matrimonial, los novios acuerdan casarse. Del mismo modo, el pueblo de Israel declaró su disposición a entrar en el Pacto.

Esta declaración se repetiría después de escuchar los Diez Mandamientos y las leyes de Mishpatim. Finalmente, el pueblo expresaría su consentimiento definitivo con las famosas palabras: “Todo lo que HaShem ha dicho, haremos y escucharemos” (Naasé veNishmá). Con esa tercera declaración, el “matrimonio” —nuestro Pacto con Dios— comenzó formalmente.


PREPARACIÓN PARA EL DÍA MÁS GRANDE

Después de la primera aceptación, HaShem anunció que se revelaría ante toda la nación en el plazo de tres días, es decir, en Shavuot. Dios dijo a Moshé (Shemot 19:10–12):

“Ve y consagra al pueblo hoy y mañana. Que se purifiquen, que laven sus vestiduras y que se preparen para el tercer día, porque ese día descenderé sobre el Monte Sinaí ante los ojos de todo el pueblo.”

Nuestros Sabios explican que la purificación y el lavado de las vestiduras implicaban la inmersión en una Mikvé, el baño ritual judío, similar a la preparación de una novia antes de su boda. Durante los días 3, 4 y 5 de Siván, el pueblo se purificó y se preparó para entrar en el Pacto.


מתן תורה

LOS TÉRMINOS DEL PACTO

En esta alianza, Dios tomó al pueblo de Israel como Su pueblo. Esto significa que ejercerá una supervisión directa sobre él, que no permitirá su desaparición y que jamás anulará ni modificará este Pacto ni la condición de Israel como nación elegida.

El pueblo de Israel, por su parte, se comprometió a regirse por la Ley Divina, la Torá. HaShem sería su Rey. Israel sería una Nación de Sacerdotes, consagrada al servicio Divino.

Los términos del Pacto están detallados extensamente en la Torá, los cinco libros de Moshé, y están organizados en 613 preceptos.


LA NOCHE DEL PACTO

En la noche del 6 de Siván (entre el 5 y el 6), la ceremonia continuó con la proclamación de los Diez Mandamientos. Dios comenzó a pronunciar directamente, sin mediación de Moshé, los dos primeros mandamientos.

La Torá relata que el pueblo no pudo soportar el impacto de la revelación Divina. La “voz” de Dios no es una voz física producida por cuerdas vocales; es una experiencia indescriptible. La Torá describe este momento con una expresión única: “Y el pueblo veía las voces”. Vieron las palabras en su mente mientras HaShem hablaba.

Nuestros Sabios explican que la intensidad de la revelación fue tal que quienes estaban presentes sintieron que podían morir. Esta experiencia quedó grabada en la memoria colectiva del pueblo judío, moldeando su carácter, sus valores y su fe.


A PETICIÓN DEL PUEBLO

Después del segundo mandamiento, el pueblo pidió a Moshé que actuara como intermediario para transmitir el resto. Esa misma noche, tras escuchar las leyes de los capítulos 21 al 23, el pueblo declaró por segunda vez su disposición a cumplirlas (Shemot 24:3):

“Moshé transmitió todas las palabras de HaShem y todas las leyes al pueblo, y el pueblo respondió a una voz: Todo lo que HaShem ha dicho, lo cumpliremos.”

Moshé permaneció despierto toda la noche escribiendo lo que Dios le había transmitido, en un documento que la Torá llama Séfer HaBerit, el Libro del Pacto.


קבלת התורה

EL DÍA DEL PACTO

A la mañana siguiente, el 6 de Siván, Moshé erigió un altar que representaba la Presencia Divina y doce pilares que representaban a las doce tribus de Israel. Los jóvenes ofrecieron sacrificios, y Moshé tomó la sangre y la dividió en dos partes: una fue vertida sobre el altar y la otra sobre los pilares.

Luego tomó el Libro del Pacto y lo leyó ante el pueblo. El pueblo proclamó:

“Todo lo que HaShem ha dicho, haremos y obedeceremos.”

Con ello aceptaron cumplir no solo lo ya escuchado, sino también todas las leyes que recibirían en el futuro.

Moshé roció entonces la sangre sobre el altar y sobre los pilares y declaró:

“Esta es la sangre del Pacto que HaShem ha establecido con ustedes, basado en todas estas palabras.”

Con esta ceremonia formal quedó establecido nuestro Pacto eterno con Dios, comprometiéndonos a obedecer la Torá, la Constitución eterna de nuestro pueblo.

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