martes, febrero 27, 2024
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PARASHAT BO: El Faraón y la adicción al juego

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Cada vez que leo esta Parashá, quedo perplejo y fascinado por la conducta del Faraón. Nuestra Parashá comienza con la octava plaga: las langostas. Por primera vez, el Faraón admite que se ha equivocado. Permítanme leerles la declaración del Faraón: «He pecado ante HaShem, vuestro Dios… y ahora, por favor, perdonad mi pecado solo esta vez y rezad a HaShem, vuestro Dios, para que quite de mí esta plaga mortal». Moshé rezó a HaShem y la plaga terminó inmediatamente. Pero, increíblemente, una vez libre de las langostas, el Faraón cambia de opinión nuevamente y se niega a dejar salir a Am Israel de Egipto.

¿Qué está pasando? ¿Por qué el Faraón se comporta de manera tan irracional?

Hay dos explicaciones.

La primera, explícita en la Torá, es un razonamiento teológico. «HaShem interviene en el ‘corazón’ del Faraón. Lo endurece. No para coartar su libre albedrío, sino para preservarlo». Me explico: Si Dios se revelara ante nosotros y pudiéramos, de alguna manera, ver y sentir su Presencia más allá de cualquier duda, ¿podríamos atrevernos a no observar el Shabbat? ¿Podríamos no ponernos el Tefilín o comer algún alimento no Kasher? Si nuestra fe en Dios fuera «absoluta», no podríamos «elegir» entre hacer o no hacer Su voluntad. La certeza total en Su existencia nos convertiría en robots (o en «ángeles», pero esto es para otra discusión) incapaces de desobedecer una orden divina. En este sentido, la invisibilidad de HaShem, Su ocultamiento, es lo que permite que uno mantenga su capacidad de desobedecer y, consecuentemente, conserve el mérito de obedecer. Volvamos al Faraón. El Faraón fue la única persona a la que Moshé informó cuándo iba a comenzar cada plaga y cuándo terminaría. Las evidencias de la intervención Divina eran abrumadoras e innegables para el Faraón. Técnicamente, el Faraón debería haberse convertido en un robot-humano privado de libre albedrío, imposibilitado de desobedecer y, por lo tanto, «libre de responsabilidad». Por lo tanto, para que el Faraón pudiera preservar su capacidad de elección y seguir siendo capaz de decir SÍ o NO, HaShem endurece su corazón. Es decir, Di-s interviene en sus pensamientos y lo hace más testarudo e intransigente. Y así, su capacidad de elección regresa a un balanceado 50/50, y el Faraón es nuevamente responsable de lo que elige. Maimónides explica que este tipo de intervención en el pensamiento humano no es la regla. El caso del Faraón fue excepcional.

La segunda explicación tiene que ver con un patrón de conducta humana. Yo lo compararía con la conducta típica de un adicto al juego que alcanza un punto sin retorno. Y cuando llega a ese punto, exhibe un comportamiento auto-destructivo, prácticamente suicida. Ejemplo: Un hombre va al casino, apuesta y pierde todo lo que llevó, digamos, 1000 pesos, la totalidad del sueldo que recién cobró. ¿Qué puede hacer ahora este individuo? ¿Puede volver a su casa y explicarle a su esposa que su sueldo para el mes entero desapareció? En lugar de eso, elige otra posibilidad y así se encamina hacia un punto sin retorno. La otra posibilidad es pedir un préstamo, jugar nuevamente y así recuperar aunque sea algo de su sueldo. El hombre empeña su coche. Pero esa noche la suerte no lo acompaña. Y ahora, aparte de su sueldo, también perdió su coche. Ahora sí que no puede regresar a su casa y enfrentar a su esposa sin sueldo ni coche. No puede rendirse y desandar sus pasos. Se siente obligado a recuperar su sueldo y su auto o perderlo todo. Está en un punto sin retorno. Lo único que le queda es empeñar su casa. Y pide otro préstamo, etcétera.

Creo que de esta manera también se puede explicar el comportamiento del Faraón. Después de la quinta plaga, después de que el Faraón apostó y perdió contra HaShem, ya no podía retroceder y decir: «Bueno, ahora los dejo ir». ¿Por qué? Porque cinco plagas significaron ya mucho sufrimiento y enormes pérdidas materiales para sus súbditos. No puede salir al balcón de su palacio y decirle a su pueblo: «Me equivoqué» y perder así lo que le queda de prestigio y credibilidad. El Faraón está ahora «jugado». Está en un punto sin retorno y decide seguir apostando, aunque sabe que lleva las de perder. Así, es posible que, sumado a la intervención Divina, este factor humano también haya influido en el comportamiento del Faraón.

De cualquier manera, creo que es una gran lección para todos nosotros:

  1. Debemos identificar cuáles son los puntos sin retorno en cualquier área de nuestras vidas.
  2. Debemos, obviamente, evitar llegar a esos puntos sin retorno.
  3. Y si alguna vez imprudentemente llegamos, saber que es mejor volver atrás de un punto sin retorno que seguir corriendo hacia el precipicio.
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