JANUCÁ: El aborto y el infanticidio en la antigua cultura griega

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¿CONTRA QUIENES LUCHARON NUESTROS ANTEPASADOS?
La fiesta de Janucá celebra el triunfo de nuestros heroicos antepasados, los Jashmonayim (o Macabim) que lucharon contra la civilización griega-helénica, hace más de 2.000 años atrás. Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones acerca de los valores que caracterizaban a esa cultura pagana que buscaba desplazar al judaismo, y así apreciar mejor el heroísmo de nuestros antepasados que sacrificaron sus vidas para evitarlo. Voy a presentar un solo ejemplo basando en un estudio comparativo entre la civilización judía y las principales civilizaciones de la antigüedad que escribió el rabino Ken Spiro en su libro «World Perfect» (ver aquí), cuya lectura recomiendo muchísimo. Advierto seriamente que el tema que exploraremos hoy es sumamente cruel, y puede herir sensibilidades. Como se suele decir hoy: «WARNING, Advertencia: este artículo describe eventos que pueden afectar la sensibilidad a algunos lectores»). Pero es la verdad histórica y nos va a ayudar a apreciar un poco mejor algunos aspectos ignorados de la celebración de nuestro triunfo sobre la civilización griega.
INFANTICIDIO
Si bien en la sociedad gentil moderna todavía existen discusiones y debates acerca del tema del aborto, nadie discute el derecho a la vida de un bebé una vez que este niño o niña ha nacido. ¿De dónde proviene este principio? ¿Es el derecho a la vida un valor universal, innato en la mente y en el corazón de todo ser humano desde los tiempos más remotos? ¿Es parte de la así llamada «ética clásica» que el mundo le debe a la civilización greco-romana? En realidad, históricamente, el derecho a la vida es un valor 100% judío. Veamos un ejemplo: La ley judía permite el aborto cuando está en peligro la vida de la madre. Abortar, entonces «no es un derecho de la madre, a hacer lo que quiera con su cuerpo» como lo presentan algunos legisladores liberales modernos. El «derecho a la vida» de la madre que tiene prioridad sobre la de su bebe, porque este aún no ha nacido. Pero este derecho de la madre es solo prioritario «antes de que el bebé comience a nacer». Una vez que la cabeza del bebé está afuera del cuerpo de la madre, las dos vidas tienen el mismo derecho. Y en ese caso, si por ejemplo el bebé ya tiene su cabeza afuera, y si el parto no se interrumpe la vida de la madre corre peligro, el médico a cargo debería proseguir con el parto, intentando salvar ambas vidas, y no únicamente la vida de la madre. La preservación de la vida fue durante toda la historia del pueblo judío, un principio legal, absoluto y sagrado. Esto incluye también, o quizás por sobre todo, la protección de la vida de un bebé recién nacido (que es el ser humano que menos puede defenderse a sí mismo, y que, por lo tanto, más protección legal necesita), sin importar en qué condiciones físicas haya nacido.
EL HUMANISMO GRIEGO
Lo que es menos conocido es que en la antigua sociedad griega se practicaba el infanticidio con toda naturalidad. Se aceptaba el asesinato de niños recién nacidos como una forma de control de la población, selección de sexo y como la manera habitual de «liberar» a la sociedad de personas con alguna discapacidad física. Así, un bebé que nacía débil o enfermizo o sufría de algún defecto físico de nacimiento, incluso si su labio o su pie estaban levemente hendidos, eran asesinados al nacer. Esta eliminación no era realizada por un escuadrón de eliminación de bebés, sino por un miembro inmediato de la familia, por lo general la madre o el padre. Y por lo general dentro de los tres días después del nacimiento. El método de la «eliminación» variaba. Pero en general se sabe que, en la antigua Grecia, los bebés eran llevados a la selva y se los dejaba morir por abandono (exposición o abandono) o se los tiraba a un río donde morían ahogados, etc.
«El horror de un padre que es capaz de matar a su hijo es lo suficientemente impactante. Pero que este padre tuviera tan pocos sentimientos hacia sus hijos, y que sin absolutamente nada de piedad los expusiera a morir lenta y dolorosamente, o a ser recogido por alguien que los criaría en la esclavitud o en la prostitución … sugiere un nivel de crueldad más allá de nuestra imaginación moderna.» (Ken Spiro)
BREVE HISTORIA DE LA CRUELDAD HUMANA CON LOS NIÑOS
Lloyd DeMause, quien denuncia que el infanticidio no era un tema que solo afectaba a los griegos, y no terminó con la llegada del cristianismo, escribe lo siguiente en su famoso ensayo «La evolución de la Infancia». Cito: «Al fenómeno del infanticidio en la antigüedad se le ha restado importancia pese a los, literalmente, centenares de claras referencias por parte de los autores antiguos, en el sentido de que era un hecho cotidiano y aceptado. Los niños eran arrojados a los ríos, echados en muladares y zanjas, «envasados» en vasijas para que murieran de hambre y abandonados en cerros y caminos, ‘presas para las aves, y alimento para los animales salvajes’ (Eurípides, Ion, 504). En primer lugar, a todo niño que no fuera perfecto en forma o tamaño, o que llorase demasiado o demasiado poco, o que fuera distinto a los descritos en las obras ginecológicas sobre ‘Cómo reconocer al recién nacido digno de ser criado [=dejarlo vivir YB]’, generalmente se le daba muerte. Aparte de esto, al primogénito se le solía dejar vivir solo si era varón. A las niñas se las valoraba muy poco, y las instrucciones de Hilarión a su esposa Alis (siglo I de la era común) son típicas en cuanto a la franqueza con que se hablaba de estas cosas: ‘Si, como puede suceder, das a luz un hijo, si es varón consérvalo; si es mujer, abandónala’. Hasta el siglo IV, ni la ley ni la opinión pública veían nada malo en el infanticidio en Grecia o en Roma. Los grandes filósofos tampoco. Los autores más antiguos aprobaban abiertamente el infanticidio, diciendo, como Arístopo, que un hombre podía hacer lo que quisiera con sus hijos, pues «¿no nos desprendemos de nuestra saliva, de los piojos y otras cosas que no sirven para nada y que, sin embargo, son engendradas y alimentadas incluso en nuestras propias personas?» O, como dije Séneca, respecto a los niños enfermos: «A los perros locos [rabiosos. YB] les damos un golpe en la cabeza; al buey, fiero y salvaje lo sacrificamos; a la oveja enferma la degollamos para que no contagie al rebaño; matamos a los engendros; y asimismo ahogamos a los niños que nacen débiles y anormales» (Para leer el artículo completo de DeMause en español, que es largo y muy fuerte, pero recomendado para quien quiera profundizar en este tema, ver aquí).
LA GLORIOSA ÉTICA DE LOS ANTIGUOS GRIEGOS
Es cierto que de la antigua Grecia heredamos la arquitectura, las artes, los deportes y la estética. Pero ¿qué pasa con la moralidad y la ética? Si bien la palabra «ética» proviene del griego, muchas de las prácticas éticas de los antiguos griegos, como observamos brevemente hoy, eran aberrantes y totalmente opuestas a los valores que hoy practican las sociedades civilizadas del mundo moderno. La ética moderna, en cuanto al derecho por la vida, por ejemplo, se basa en la ética judía, no en la griega. Recordemos por ejemplo, que fue Filón, un filósofo judío, y no Aristóteles o Platón el único sabio que denunció el infanticidio (ver aquí ) .
La fiesta de Janucá celebra el triunfo de nuestros antepasados, que no lucharon por la preservación de sus vidas, sino por la preservación de sus valores, El mundo moderno ignora cuánto le debe a los Jashmonayim, que estuvieron dispuestos a sacrificar sus vidas para rechazar los valores de la cruel sociedad griega, incluyendo el infanticidio, la tortura, la discriminación, etc. En Janucá celebramos la preservación de nuestra Torá, de la ética judía, que sigue siendo hoy tan necesaria como lo fue en aquellos tiempos.