YONA 1:4-5: Yoná toca fondo

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 וה‘ הֵטִ֤יל רֽוּחַ־גְּדוֹלָה֙ אֶל־הַיָּ֔ם וַיְהִ֥י סַֽעַר־גָּד֖וֹל בַּיָּ֑ם וְהָ֣אֳנִיָּ֔ה חִשְּׁבָ֖ה לְהִשָּׁבֵֽר׃
Versículo 4: Y Dios envió un poderoso viento al mar, y se transformó en una gran tormenta, y la embarcación estaba por colapsar.
Previamente, explicamos que Yoná trató de escapar del llamado Divino (profecía), huyendo de la tierra de Israel, el único lugar donde Dios se comunica con Sus profetas. Yoná se hace a la mar, pero Dios, aunque ya no se revela a Yoná con palabras, no deja que Yoná escape de su misión. Los Sabios notaron que uno de los instrumentos más comunes con los cuales Dios intervine en la naturaleza es el viento. El viento sirvió como instrumento de Dios en la Creación, en las plagas, y en la apertura del mar Suf. Como dijo el Rey David: “El poderoso viento, que obedece la palabra e Dios”. Y así lo reconocemos en la Amidá cuando alabamos a HaShem que hace soplar el viento para producir la lluvia. En nuestro caso, HaShem envía Su viento, que se produce una tormenta que azota al barco en el que está Yoná. La pregunta es: ¿Cómo reacciona Yoná ante la insistencia, la urgencia, del llamado Divino? ¿Retomará su misión? ¿Intentará Yoná alguna otra forma de escapar?
וַיִּֽירְא֣וּ הַמַּלָּחִ֗ים וַֽיִּזְעֲקוּ֮ אִ֣ישׁ אֶל־אֱלֹהָיו֒ וַיָּטִ֨לוּ אֶת־הַכֵּלִ֜ים אֲשֶׁ֤ר בָּֽאֳנִיָּה֙ אֶל־הַיָּ֔ם לְהָקֵ֖ל מֵֽעֲלֵיהֶ֑ם וְיוֹנָ֗ה יָרַד֙ אֶל־יַרְכְּתֵ֣י הַסְּפִינָ֔ה וַיִּשְׁכַּ֖ב וַיֵּרָדַֽם׃
Versículo 5: Los marineros temieron [por sus vidas]. Cada uno le rogaba a sus dioses y arrojaban la carga al mar para aliviar el peso del barco. Yoná, sin embargo, descendió al fondo de la nave, se acostó y se sumió en un profundo sueño.
Los marineros reconocen inmediatamente la intervención Divina. Y actúan perfectamente bien: rezan y hacen lo humanamente posible para salvar el barco, arrojando el valioso cargamento al mar. Algo que se hacía solo cuando ya no quedaba otra opción. El mayor peligro para el barco en una tormenta es que se hundiera por el peso del agua de lluvia y especialmente el agua de mar que llega de las feroces olas.
¿Y que hizo Yoná mientras todos rezaban?
Increíblemente, mientras cundía el pánico, Yoná descendió al fondo del barco, ahora vacío de mercancía, se acostó ¡y se quedó profundamente dormido!
La reacción de Yoná ¡da para escribir todo un libro de psicología! Digamos brevemente que Yoná no reacciona con indiferencia hacia la tormenta. Sabe que Dios lo está «llamando» y buscando. La acción de Yoná es deliberada: intenta una vez más, y ahora de una forma desesperada, escapar de la misión Divina. ¿Y cómo lo hace? Los Sabios observaron que el texto bíblico usa tres veces seguidas la palabra vayered, que significa “y descendió”. Este descenso no es sólo físico: es un descenso mental. No es un descenso que lleva un pensamiento más profundo. Es un descenso que lleva a “dejar de pensar”. Un perfecto escape mental.
De una manera brillante, y bellísima por el juego de palabras en hebreo, el texto Bíblico lo describe así:  וירד וירד וירד וירדם “Y Yoná descendió, …y descendió …y descendió… [hasta que] se quedó profundamente dormido”. Esta ultima palabra hebrea vayradem  describe un estado profundo de sueño (en psicología “ondas cerebrales delta”. En hebreo moderno se usa la palabra “hardamá” para decir anestesia) en el cual “perdemos” la conciencia. A diferencia de la palabra hebrea “vayshán” que es un estado de sueño más superficial. Para Yoná, en medio del mar, la única manera de alejarse de Dios es dejar de pensar en Él y en Su llamado. Desactivar la mente, entregándose al sueño. Creo que todos tenemos algo de Yoná. A veces por innumerables motivos, nos escapamos de la misión divina. Huimos de la búsqueda del sentido de nuestra vida, como dice Viktor Frankl. Ponerse a dormir es la forma más inocente de escapar de la realidad, de la responsabilidad, y de Dios. Hay formas más profundas, o más modernas, de escapar de la pregunta existencial: emborracharse, drogarse, o entregarse a un sinnúmero de entretenimientos y distracciones modernas para mantener nuestra mente en blanco y escapar así la pregunta más importante. Hacemos muchos esfuerzos inconscientes para ignorar el llamado de Dios (Su Torá). Cuando hacemos esto repetimos en cierta manera esta conducta de Yoná.
 Al llegar al fondo del barco, Yoná también arriba al final de su escape. Al parecer, más bajo ya no se puede llegar… ¿o sí?
Continuará
Rab Yosef Bitton
Manhattan Beach, NY

 

 

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