YONA 1:11-15. El día después de la tormenta

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 ויאמר אליהם שאוני והטילני אל הים וישתק הים מעליכם כי יודע אני כי בשלי הסער הגדול הזה עליכם
VERSICULOS 11-15
“[Como la tormenta seguía empeorando los marineros] le preguntaron [a Yoná]: —¿Qué debemos hacer contigo para detener esta tempestad? Échenme al mar —contestó Yoná— y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta que los acecha. Los marineros remaron con fuerza para intentar llevar el barco a tierra firme, pero la tormenta era tan violenta que no lo lograron. Entonces clamaron al HaShem, Dios de Yoná: «Oh HaShem —le rogaron—, no nos dejes morir por el pecado de este hombre, y no nos hagas responsables de su muerte. HaShem, Tu has enviado esta tormenta sobre él y solo tú sabes por qué». Entonces los marineros tomaron a Yoná y lo lanzaron al mar embravecido, ¡y la tormenta [por fin] se detuvo!
LA TORMENTA COMO ENSEÑANZA
Todos los días cuando recitamos el Shema Israel (vehayá im shamoa’…), mencionamos que la lluvia es una bendición de HaShem y que su ausencia, la sequía, es un sinónimo de muerte. Pero hay un interesante estado intermedio en el que la lluvia misma puede no ser una bendición. Y eso sucede irónicamente cuando la lluvia es excesiva, y es acompañada por poderosos vientos. Cuando el agua que llega como una recompensa del cielo se trasforma, por exceso, en una peligrosa tormenta que causa inundaciones y siembra destrucción.  Como la lluvia y la sequía, en la historia de Yoná la tormenta es un medio de intervención Divina, que como vemos en los versículos mencionados más arriba, logra su objetivo pedagógico: enseñarle a Yoná. Transformarlo.
EL ANTES Y EL DESPUES DE YONA
Antes de la tormenta Yoná pensó que podia escaparse de Dios. Que donde no se escucha Su palabra—fuera de Erets Israel-, no se manifiesta su Presencia. Ahora Yoná descubre que Dios es Omnipresente.
Antes, Yoná desoyó el llamado directo de HaShem, ignoró a Dios. Ahora, Yoná es capaz de descifrar Su llamado desde la tempestad.
Antes, Yoná desobedeció a Dios. Ahora está listo para “tirarse al mar” y encomendarse a la misión que Él le asigne.
Y lo que parece más significativo:
Antes de la tormenta, a Yoná no le parece importante salvar la vida de los miles de habitantes paganos de Ninivé. El nuevo Yoná, sin embargo, está dispuesto a sacrificar su propia vida para salvar a un puñado de marineros.
Así, leyendo el texto con mucho cuidado descubrimos que el Yoná que encontramos después de la tormenta no es el mismo Yoná que conocimos antes de la tormenta.
TORMENTAS Y TORMENTOS
Hay varios tipo de tormentas. Hay tormentas climáticas y tormentas de problemas. El rey David en Tehilim (127) utilizó la metáfora de la tormenta y la inundación para describir los problemas cuya solución están más allá de nuestro control.  Las tormentas a veces son causadas por nosotros mismos: nuestros malos hábitos, nuestras malas decisiones o por habernos asociado con quien no debíamos, como le ocurrió a Shimshón con los Filisteos. En algunas ocasiones nuestros tormentos son causados por otras personas, como Yosef que fue vendido como esclavo por sus propios hermanos. Lo que desató una tormenta indescriptible de daños colaterales y dolor no solo a Yosef sino también a su padre y a toda su familia. Y las tormentas, finalmente, pueden ser isurim, sufrimientos providenciales, más allá de la responsabilidad humana.
¿QUE APRENDEMOS DE YONA Y LA TORMENTA?
Primero, que las tormentas y las dificultades que pasamos en nuestras vidas nos enseñan y nos definen. Y a veces nos muestran quién es quién. Un amigo médico aprendió esta lección a partir de una una tormenta real, climática, “Sandy” en Octubre de 2012. La tormenta destruyó su consultorio, y pasarían meses para habilitarlo. En ese momento un doctor de la misma especialidad “aprovechó” la oportunidad para promocionar su práctica y tratar de quitarle a sus pacientes. Por otro lado, otro colega le ofreció acomodarlo en su propio consultorio para que atendiera a sus pacientes hasta que volviera a tener su propia oficina.
Segundo, que las tormentas que vivimos son también oportunidades de cambio. Nos transforman y a veces nos ayudan a reencontrar el llamado divino de Yoná: nuestra posibilidad de ayudar a los demás. Un amigo sufrió una de esas tormentas, cancer de colón, y después de un doloroso periodo de truenos, relámpagos y rayos, la tormenta terminó. Y él BH sobrevivió. Ahora es una persona diferente. Y entre otras cosas se dedica a ayudar a los que pasan por ese tipo de tormentas. Para quien está ahogado en una interminable lluvia de problemas medicos, no hay mejor que ser tomado de la mano por alguien que todavía lleva la ropa mojada.
Y finalmente, aprendemos de la historia de Yoná que hasta las tormentas más destructivas eventualmente se detienen.
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Continuará

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