Arrepentirse antes de morir

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 אפילו עבר כל ימיו, ועשה תשובה ביום מיתתו ומת בתשובתו–כל עוונותיו נמחלין: שנאמר “עד אשר לא תחשך השמש” (קוהלת יב,ב), שהוא יום המיתה–מכלל
שאם זכר בוראו ושב קודם שימות, נסלח לו.
LA CONFESIÓN FINAL
Llegamos al último de los 7 niveles de Teshubá (arrepentimiento) que describe el Rab Isaac Abohab en su libro Menorat haMaor : el arrepentimiento antes de morir. Aclaremos que de acuerdo a nuestros Sabios, la posibilidad de hacer Teshubá, arrepentirse, por las transgresiones cometidas, nunca expira, ni siquiera en los momentos previos a la muerte. La Teshubá ideal, sin embargo, incluye también la resolución de no volver a repetir nuestro error en el futuro (azibat hajet) , lo cual en el momento de la muerte, evidentemente, no es relevante.  Pero de todas maneras, esta Teshubá es aceptada y es absolutamente crítica. Ya que como dicen los Sabios en el texto hebreo que mencionamos arriba, si un individuo se arrepiente sinceramente de sus faltas antes de morir, obtiene el perdón Divino y su alma accede al Mundo por venir (vale aclarar que este “perdón” se refiere a los pecados cometidos contra Dios y los principios de Su Torá, y no incluye los pecados y ofensas cometidas contra el prójimo, que deben ser resueltas primero con el prójimo, para ser perdonadas por Dios). Hay un texto del Viduy (confesión) escrito especialmente para el individuo que sabe que se va a morir. En esa confesión uno articula las transgresiones que cometió y se arrepiente por lo que ha hecho mal.
ARREPENTIRSE MIENTRAS SE PUEDE
Hoy en día poder realizar esta confesión en el lecho de muerte es un poco más inusual que en el pasado. ¿Por qué? Porque en el pasado cuando alguien se enfermaba, tenía fiebre o una simple infección,  su muerte era prácticamente inminente. Y el paciente estaba, que por lo general permanecía consciente hasta el final, consideraba la confesión / arrepentimiento como parte integral de la preparación para morir. Pero hoy en día que B»H tenemos tantos métodos de curación, reanimación y prolongación de la vida, en muchos casos los pacientes están inconscientes en los momentos terminales de sus vidas, entubados y sin poder hablar, o bajo los efectos de morfina u otras drogas muy fuertes que ayudan a no sentir el dolor pero impiden el habla y la comunicación. Por eso, es aconsejable que uno realice este Viduy mientras está consciente. Y no hay que temer a que el Viduy sea un presagio negativo ¡todo lo contrario! Recordemos que en realidad recitamos un Viduy similar todos los días del año….
LAS ROPAS QUE SIEMPRE TIENEN QUE ESTAR LIMPIAS
Nos enseñaron los Jajamim que la mejor manera de vivir nuestra existencia es imaginando que cada día que vivimos puede ser el último. Y cuando vivimos asumiendo plenamente nuestra mortalidad, podemos hacer un balance «real» de nuestras vidas. Debemos arrepentirnos de nuestros errores TODOS LOS DÍAS, ya que nadie está seguro de cuál va ser el último día de su vida. Los Sabios de la Guemará explicaron así este versículo de Kohelet 9:8 “Tus ropas deben estar limpias todos los días”: «Las ropas» representan metafóricamente  “nuestras vidas” y este pasuq nos quiere decir que debemos arrepentirnos y reparar aquello que hicimos mal diariamente, ya que no sabemos cuándo seremos llamados ante el Trono Celestial, y por este motivo debemos «lucir permanentemente presentables y con la ropa limpia», por si debemos presentarnos sorpresivamente ante el Creador.
REFLEXIÓN FINAL
Como le ocurre a cualquier otro rabino, muchas veces me ha tocado estar en el hospital cerca de personas que saben que se están muriendo. Y hay un tema que se repite en casos de pacientes terminales. Al final de sus vidas, la gente no se lamenta tanto por los errores cometidos (hay excepciones). En los últimos momentos de la vida, que es cuando las memorias de todo lo vivido pasan por la mente, las personas se lamentan principalmente de lo que tenían que haber hecho pero NO HICIERON. No haber pedido perdón a un amigo, o no haberse reconciliado con un ser querido. No haberle dedicado más tiempo a sus hijos o a su esposa. Y especialmente, por haber postergado ad infinitum sus proyectos e ideas para ayudar a los demás. En esos momentos sagrados –que es cuando uno tiene plena conciencia de la irrecuperabilidad del tiempo– la gente se arrepiente de haber perdido demasiado tiempo en tratar de “tener más” en lugar de haberse dedicado a dar más, ayudar más, compartir más. En esos momentos, cuando uno hace el último balance de su vida, nadie cuenta entre sus activos lo que le queda en el banco. A la hora de la verdad, lo que importa no es lo que acumulamos durante nuestras vidas sino lo que hicimos.