1

¿Qué significa ser judío?

ועתה, אם-שמוע תשמעו בקולי, ושמרתם

את-בריתי – והייתם לי סגולה מכל-העמים

כי-לי כל-הארץ ואתם תהיו-לי ממלכת

כוהנים, וגוי קדוש

“Y ahora, si ustedes escuchan Mis órdenes y mantienen Mi pacto, se convertirán en Mi pueblo atesorado (segulá) entre todos los pueblos … y serán para mí un reino de sacerdotes (mamlekhet kohanim) y una nación santa (Goy Qadosh). «Shemot 19: 5-6

En Shabu’ot celebramos nuestra asignación como el Pueblo Elegido por Dios. Nuestra elección nos llevó al establecimiento de un «pacto» con Dios. El documento que registra la descripción y los términos de ese pacto se llama: LA TORA. Al describir este pacto, en el Pasuq mencionado más arriba, la Torá llama a la nación de Israel  «goy qadosh». La palabra «goy» es muy fácil de entender, significa “pueblo”, ”nación». Pero la siguiente palabra, «qadosh» es muy difícil de traducir . «Qadosh» podría significar, según el contexto: sagrado, santo, especial, separado, consagrado, único, diferente y más.

En el contexto de este “pacto” con Dios  que conmemoramos en Shabu’ot,  «qadosh» significa «elegido. Goy qadosh,  «pueblo elegido”.

¿Elegido para qué?

Fuimos elegidos por Dios para ser los testigos de Dios. En Shabu’ot, cuando recibimos la Tora, HaShem se reveló al pueblo de Israel. No vimos imágenes, pero oímos Su voz. Éramos, y seguimos siendo, los únicos testigos presenciales de la existencia de Dios. La existencia de Dios no puede ser demostrada con evidencias filosóficas o científicas. La evidencia de la existencia es el pueblo judío. Como dijo el profeta Yesha’ayahu : אַתֶּם עֵדַי, נְאֻם ה’, וְעַבְדִּי אֲשֶׁר בָּחָרְתִּי, לְמַעַן תֵּדְעוּ וְתַאֲמִינוּ לִי וְתָבִינוּ, כִּי אֲנִי הוּא, לְפָנַי לֹא נוֹצַר אֵל וְאַחֲרַי לֹא יִהְיֶה “Así dice HaShem [a Israel] Ustedes son mis testigos, Mi siervos, a quien he escogido. Para que sepan, crean fehacientemente y hagan comprender [al resto del mundo] que Yo existo. Y que no existe [otro] dios ni antes ni después de Mí «.

En una de sus cartas (Igueret Temán) Maimónides explica que lo primero que un padre judío debe enseñarle a sus hijos es la historia de Shabu’ot, conocido en hebreo como מעמד הר סיני (la revelación Divina en el Monte de Sinai) , esto es, cuando experimentamos la Presencia Divina y nos convertimos así en los testigos de Su existencia. Esto es la experiencia que nos define como judíos, como pueblo elegido (o mejor dicho: “Pueblo testigo”.

Ser el pueblo elegido no significa que tener más derechos que otras naciones. Por el contrario, significa que, como fuimos y somos los testigos de la existencia de HaShem, HaShem espera de nosotros un comportamiento ejemplar. Dios examina nuestra conducta mucho más estrictamente que el resto de las naciones. Tiene más expectativas y demandas de nosotros. Quizás, nadie formuló este concepto tan importante mejor que el profeta Amós (3: 2). Así dijo HaShem, רק אתכם ידעתי מכל משפחות האדמה על כן אפקד עליכם את כל עונתיכם  “Sólo a Ustedes [el pueblo de Israel] He conocido (= amado, elegido) de entre todas las familias de la tierra; Por tanto, te haré responsable por todas tus iniquidades … »

Ser el pueblo elegido no implica tener más derechos sino más obligaciones y particularmente, más responsabilidad. Si un judío actúa con deshonestidad, se comporta mal, ofende a otros, etc., entonces se descalifica a sí mismo como uno de los testigos de HaShem, causando Jilul HaShem, esto es,  “haciendo que la evidencia de la existencia Divina sea más débil».

Ser judío implica la conciencia permanente de que la prueba de la existencia de Dios depende de nuestro testimonio. Y que este testimonio lo expresamos cada vez que cumplimos con nuestro «Pacto».

שבת שלום




¿Cómo se celebraba Shabuot en el Gran Templo de Jerusalem?

רֵאשִׁית, בִּכּוּרֵי אַדְמָתְךָ, תָּבִיא בֵּית ה’ אֱלֹקיך
Shabu’ot, el día que celebramos la entrega de la Torá y el comienzo de nuestro pacto con Dios, es también conocido como Jag haQatsir, o la fiesta de la cosecha, y Jag haBikkurim, la fiesta de las primicias. Veamos por qué.
En este periodo, entre la primavera y el verano de Israel, comenzaba la cosecha de las plantas, granos y frutas que ya estaban madurando. Y lo primero que hacíamos los Yehudim era agradecer a HaShem por habernos dado nuestra tierra de Israel y habernos bendecido con sus frutos.
La parte más importante de la celebración de Shabu’ot en los tiempos de nuestro Bet haMiqdash era la ofrenda de los Bikkurim, las primicias, los primeros frutos y granos.
Los Yehudim llegaban desde todos los poblados de Israel y traían unas canastas con los primeros frutos. Pero, ¿cómo sabían cuales habían sido los primeros frutos?
El siguiente fue el método de selección de frutas para la ofrenda: Al visitar su campo y ver un higo, o una uva, o una granada que estaba madura, el propietario ataba una fibra alrededor de la fruta, diciendo: «Esto estará entre los bikkurim «.
La Mishná cuenta que cuando los campesinos iban a inspeccionar sus campos, prestaban mucha atención a los primeros frutos que crecían. Y cuando descubrían un higo, o una uva, o una granada la marcaban haciendo un nudo con una cinta de fibra vegetal alrededor de la fruta.
Luego, cerca de Shabu’ot, cuando llegaba el momento de ir a Yerushalayim, esas frutas ya maduras se recogían y se colocaban en una canasta. En cada ciudad y pueblo se organizaba una caravana de varias familias para ir juntos al Bet haMiqdash. Aparte de las frutas también llevaban palomas y por lo general, un toro, que solía estar adornado. Cuando pasaban por algún pueblo, la gente de esos pueblos salía a recibirlos, homenajearlos y ofrecerles reposo, alojamiento o agua, si era necesario. Cuando se acercaban a la ciudad, mandaban una persona para anunciar su llegada. Una delegación de Cohanim (sacerdotes) del Bet haMiqdash salía a recibirlos con todos los honores y los acompañaban. Por lo general las caravanas llegaban la víspera de Shabu’ot. Pasaban la noche en un lugar especial asignado por los Cohanim fuera de la ciudad. Al amanecer los Cohanim acompañaban a la caravan a ingresar a la ciudad de Yerushalayim, con canciones e instrumentos musicales (flautas).
En Yerushalayim eran recibidos por los dignatarios de la ciudad, quienes los acompañaban hasta el Monte del Templo y el Bet haMiqdash. En este punto la alegría se mezclaba con la emoción de ingresar en el Gran Templo de Yerushalayim, verlo en todo su esplendor y escuchar las hermosas canciones de los Leviim (levitas). Una vez allí, los Yehudim presentaban individualmente sus canastas ante a los Cohanim y mientras mantenían la cesta sobre sus hombros recitaban la siguiente declaración: “Hoy vengo a declarar [en agradecimiento] ante HaShem…, que he llegado a la tierra que Él nos dio, tal como lo juró a nuestros antepasados”. La canasta con frutos era recibida por el Cohen mientras el que que la ofrecía recitaba la siguiente Tefilá de agradecimiento: “Mi padre [Abraham Abinu] fue un arameo nómada, [su descendencia luego] descendió a Egipto con muy poca gente y residió allí hasta llegar a ser una gran nación, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos hicieron sufrir y nos sometieron a trabajos forzados. Y entonces clamamos HaShem, el Dios de nuestros padres. Él escuchó nuestra plegaria y vio nuestra miseria, los trabajos forzados y la opresión que nos habían impuesto. Y HaShem nos sacó de Egipto con milagros y un gran despliegue de Su poder.… Y nos trajo hasta este lugar y nos dio esta tierra, donde abundan la leche y la miel. Y por eso [en señal de agradecimiento] traigo ahora las primicias de la tierra que tu HaShem, mi Dios, me has concedido”.
Quiera HaShem renovar Su Presencia en Yerushalayim, pronto, en nuestros días, AMEN.

MAS SOBRE SHABUOT




¿Cómo comenzó el judaísmo?

Este próximo jueves por la noche es Shabu’ot, la festividad que celebra la entrega de la Torá. Hace 3.500 años el pueblo de Israel en el desierto del Sinaí experimentó el evento más importante de la historia humana: una alianza ; un pacto formal entre una nación y Dios. Los eventos que tuvieron lugar en el Sinaí se conocen en hebreo como «ma’amad har Sinai», la revelación de Dios al pueblo judío en el Monte Sinaí.

Lo que sucedió allí puede describirse en tres actos.

הצעת הברית 1. HaShem nos ofreció convertirnos en Su pueblo elegido, estableciendo un pacto con Él. Los judíos aceptamos y Dios prometió considerarnos como Su pueblo protegido, su segula (ver aquí).

מתן תורה 2. Dios nos dio la Tora, el «documento» que contiene las pautas y condiciones del pacto entre Dios e Israel.

קבלת התורה 3. El pueblo judío acordó acatar las leyes de la Tora. La Tora fue adoptada por nosotros a partir de entonces como nuestra Ley Nacional o «Constitución».

Este pacto entre Dios y un pueblo es único en la historia de la humanidad, y se describe en detalle en el capítulo 20 y el capítulo 24 del libro Shemot (Éxodo). 

הצעתהברית

LA PROPUESTA

En el primer día del mes de Siván, Moshé ascendió al Monte Sinaí y recibió este mensaje Divino: (Éxodo 19: 3-6): “Le dirás esto a la casa de Ya’aqob y así le hablarás a los hijos de Israel: ustedes  han visto lo que hice a los egipcios [las diez plagas, etc.], y [también han visto] cómo los guié [protegiéndolos] como un águila [que protege a sus polluelos] en sus alas, y los he traído hacia Mí. Y ahora, si ustedes [ están dispuestos a] obedecer Mi voz y a cumplir Mi pacto, se convertirán en una posesión preciosa para Mí [segulá] entre todas las naciones, un pueblo especial. …serán para mí un Reino de Sacerdotes y una nación consagrada [a servirme]. «

Dios propuso al pueblo de Israel establecer un pacto con Él. Dios ofreció convertirnos en una nación de sacerdotes (cohanim), es decir, un pueblo consagrado a Dios. Sirviendo a Dios, aprendiendo y enseñando Sus Leyes, y dando testimonio de Su existencia, Su Presencia y Su voluntad revelada. La condición de ser una Nación de Sacerdotes implica el privilegio de la cercanía y la atención Divina. Por otro lado, este privilegio  exige un mayor nivel de moralidad y una gran cantidad de obligaciones que cumplir y preceptos a seguir.  

EL COMPROMISO

Entonces Moshé bajó del monte Sinaí y presentó los términos del pacto al pueblo de Israel. La gente escuchó la propuesta y acordó entrar en un pacto con Dios, y así nos convertimos en «una nación a su servicio» al declarar con una sola voz: (Éxodo 19: 8) «Estamos dispuestos a hacer todo lo que HaShem ha dicho.»    Sin embargo, esta NO fue la aceptación final del Pacto, sino la aceptación de la propuesta de entrar en un pacto con Él. El mejor ejemplo para comprender esta fase es el de «un compromiso» en el marco del casamiento. En el compromiso, la novia y el novio acuerdan avanzar y casarse. El pueblo de Israel declarará su voluntad de entrar en el pacto una vez más, después de escuchar los 10 mandamientos. Y luego, una tercera vez cuando verbalizarán su consentimiento final (el «Sí, quiero” de un casamiento gentil) al decir las famosas palabras: «Todo lo que Dios ha dicho, haremos y escucharemos».  Después de esa tercera y última declaración, el «matrimonio», nuestro pacto con Dios, comenzó formalmente.

PREPARACIONES PARA EL GRAN DÍA

Cuando el pueblo de Israel expresó su disposición de entrar en un Pacto con Dios, HaShem anunció entonces que se revelaría a toda la nación dentro de tres días, es decir en Shabu’ot. Dios le dijo a Moshé (Éxodo 19: 10-12): “Ve y consagra a la gente hoy y mañana. Diles que se purifiquen, que laven su ropa y se preparen para el tercer día, porque ese día descenderé al Monte Sinaí a la vista de todos”. Según nuestros Sabios, la purificación y lavado de la ropa mencionada en este versículo se refiere a la inmersión en un Mikvé, el baño ritual judío (lo mismo hace una novia antes de la boda). Los hijos de Israel se purificaron durante esos tres días (3, 4 y 5 de Sivan) y estaban listos para entrar en un Pacto con Dios al día siguiente.

מתןתורה

LOS TÉRMINOS DEL PACTO

En este pacto, Dios se ofreció adoptar al pueblo de Israel como Su pueblo. Esto significa que Él supervisará directamente a Israel; no permitirá que el pueblo de Israel desaparezca y nunca cancelará ni modificará este pacto, ni la condición de Israel como la nación elegida. El pueblo de Israel, por su parte, acepta ser gobernado por la Ley Divina, la Tora, transformándose así en una Nación de Sacerdotes, es decir, consagrada al servicio de Dios. El pueblo judío también es testigo directo «privilegiado» de la existencia de Dios, ya que presenció Su Revelación (ma’amad har Sinai) directa. El judío, entonces, tiene el derecho y el deber de dirigirse a Dios cuando reza sin intermediarios. Los términos de este pacto, que no son pocos, se detallan ampliamente en la Tora, los 5 libros de Moshé, y están organizados en 613 preceptos.

LA NOCHE DEL PACTO

En la noche del 6 de Sivan (entre el 5 y el 6 de Sivan) la ceremonia del pacto continuó con Dios anunciando los 10 Mandamientos. Esta fue la única vez que Dios se reveló a una nación entera. Dios comenzó a enunciar directamente, y sin la mediación de Moisés, los dos primeros mandamientos. La Torá nos cuenta que la gente no pudo tolerar (¿físicamente?) el impacto de la Revelación Divina. Dios no habla con una voz producida por cuerdas vocales. La “voz Divina” y su efecto, es indescriptible. La Torá expresó esta experiencia única con una frase muy singular (¿poética?): «Y la gente veía las voces» … Vieron las «palabras», probablemente en su mente, cuando HaShem se dirigía a ellos. Los Sabios explican que la experiencia de la Revelación de Dios fue tan intensa que se hizo parte de la memoria genética judía, ha moldeado nuestro carácter y a reforzado principalmente nuestra creencia en Dios.

A PEDIDO DEL PUEBLO

Después de escuchar el segundo mandamiento, los judíos piden la mediación de Moshé, para transmitir el resto de los mandamientos. Esa misma noche, después de escuchar todos estos preceptos (Éxodo 21-23), la gente declaró por segunda vez su disposición a celebrar el pacto y comprometerse a obedecer las leyes que se presentaron hasta ese momento. Esto es lo que dice la Tora (Éxodo 24: 3): “Moshé … transmitió al pueblo todas las palabras de Dios y todas las leyes. Y la gente respondió con una sola voz diciendo: Todo lo que HaShem dijo, lo cumpliremos. “Moshe permaneció despierto toda esa noche y escribió lo que Dios le había transmitido en un documento que la Tora llama sugestivamente: Sefer HaBerit, el libro del pacto.

קבלת התורה

EL DIA DEL PACTO

Al día siguiente, el 6 de Sivan al amanecer, Moshé erigió un altar, que representa la Presencia Divina, y 12 pilares, que representan las doce tribus de Israel. Luego, envió a los jóvenes a ofrecer sacrificios. Moshé tomó la sangre de los sacrificios y la dividió en dos. Vertió la primera mitad en los receptáculos de los 12 pilares y la otra mitad en el altar. La Tora describe así la ceremonia de la celebración formal del pacto (Éxodo 24: 7) “Entonces Moshé tomó el libro del pacto y lo leyó en los oídos de la gente. Y la gente declaró: «Todo lo que HaShem ha dicho, lo haremos y obedeceremos». Esto significa, literalmente, que las personas aceptaron obedecer todo lo que ya habían escuchado, y se comprometían a aceptar todas las demás leyes y directrices que escucharían en el futuro. Entonces Moshé tomó la sangre de los sacrificios y la roció sobre el altar, que representa la presencia Divina, y sobre los pilares que representan al pueblo. Moshé dijo entonces (24: 8): “Esta es la sangre del pacto que HaShem estableció con todos ustedes; (el pacto) que consiste en todas estas palabras (leyes, que han escuchado). «

Con esta ceremonia formal se estableció nuestro pacto eterno con Dios.

Desde este momento, los judíos nos comprometimos, para siempre, a obedecer la Ley Divina, la Tora, la Constitución de nuestra nación.




¿Qué celebramos en Shabuot?

ויקח ספר הברית ויקרא באזני העם ויאמרו כל אשר דבר יהוה נעשה ונשמע
Exodo 24:7
Explicamos que el judaísmo, la relación entre Dios y el pueblo de Israel, se define a sí mismo como un «pacto» o alianza (berit) entre Dios y el pueblo judío. Ayer comenzamos a explorar los detalles de este pacto (ver aquí).
LOS TERMINOS DEL PACTO
Dios ofrece tomar al pueblo de Israel como SU pueblo. Esto significa que Él supervisará de manera directa al pueblo de Israel, no permitirá que el pueblo de Israel desaparezca, y nunca cancelará o modificará este pacto, ni la condición de Israel como pueblo elegido. Israel, por su parte, se compromete a regirse por la Ley Divina, la Torá, transformándose así en un pueblo de sacerdotes, es decir, individuos consagrados a Dios. El pueblo judío es tambien un privilegiado testigo de la existencia Divina, ya que presenció  Su Revelación (ma’amad har Sinaí) y por eso debe mantenerse completamente alejado  de todas las ciencias y prácticas idolatras, dedicadas a «dioses imaginarios». El judío tiene simultáneamente el  derecho y el deber de acceder a Dios, exclusivamente, sin intermediarios. Los términos de este pacto, que no son pocos, están detallados ampliamente en la Torá, los 5 libros de Moshé, y organizados en 613 preceptos. Continuaremos ahora con el tema de la historia de este pacto, conocido como Ma’amad Har Sinai «La Revelación de la Voz de Dios en el Monte Sinaí».
LA NOCHE DEL PACTO
La noche del 6 de Siván (entre el 5 y el 6 de Siván) la ceremonia del pacto continuó con la enunciación por parte de Dios de los 10 mandamientos. Este fue el evento más importante de nuestra historia, la única vez que HaShem se reveló a todo el pueblo.  Dios comenzó a enunciar directamente, y sin la mediación de Moises, los primeros Mandamientos. La Torá nos cuenta que el pueblo no pudo tolerar (¿físicamente?) el impacto de la revelación divina. Dios no habla con una voz producida por cuerdas vocales. La «voz» Divina es indescriptible y los sentidos de aquellos que la escuchaban se confundían.  La Torá expresa esta experiencia meta sensorial con una frase (¿poética?)  única: y todo el pueblo «veía» las voces… . Los Sabios explican que la experiencia fue tan intensa que los presentes  sintieron que iban a morir.  Esta experiencia, dicen, es parte de la memoria genética de los judíos, y ha condicionado nuestro carácter, nuestros valores y nuestra forma de actuar.
EL PUEBLO LO PIDE 
Luego de escuchar el segundo mandamiento el pueblo pide la intermediación de Moshé, quien transmite el resto de los Mandamientos.
Esa misma noche luego de escuchar todos estos preceptos (Éxodo 21-23) el pueblo declaró por segunda vez su voluntad de celebrar el pacto y comprometerse a obedecer las leyes que habían sido expuestas hasta ese momento (Exodo 24:3). Así lo describe la Torá: ”Moshé…le transmitió al pueblo todas las palabras de Dios y todas las leyes. Y el pueblo respondió a una sola voz diciendo: Todas lo que HaShem ha dicho, lo cumpliremos”.  Moshé permaneció despierto durante toda esa noche y escribió lo que Dios le había transmitido en un documento que la Torá llama : sefer haberit, el libro del pacto.
EL DIA DEL PACTO
Al otro día, en la madrugada del día 6 de Siván, Moshé erigió un altar, representando la Presencia Divina y 12 pilares, representando a las doce tribus de Israel. Luego, envió a los jóvenes del pueblo a hacer sacrificios. Moshé tomó la sangre de los sacrificios y la dividió en dos. Vertió la primera mitad en los receptáculos de los 12 pilares y la otra mitad en el altar. La Torá describe así la ceremonia de la celebración formal del pacto (Exodo 24:7) “Entonces Moshé tomó el libro del pacto y lo leyó a los oídos del pueblo. Y el pueblo declaró: “Todo lo que HaShem ha dicho, haremos y obedeceremos” . Esto significa, literalmente, que el pueblo aceptaba obedecer todo lo que ya había escuchado y se comprometía a aceptar todas las demás leyes y pautas que escucharía en el futuro. Acto seguido, Moshé tomó la sangre de los sacrificios y la roció sobre el altar, que representa la presencia Divina y sobre los pilares que representan al pueblo. Moshé dijo entonces (24:8): “Esta es la sangre del pacto que HaShem estableció con todos ustedes; (el pacto) que consiste en todas esta palabras (leyes, que han escuchado). “
Con esta ceremonia formal se estableció nuestro pacto eterno con Dios.
A partir de este momento el pueblo judío se comprometió voluntariamente, y para siempre, a obedecer la Ley de Dios, la Torá, y la adoptó como su Constitución Nacional.
…Y esto es lo que celebraremos este próximo Shabu’ot!



La Segulá de Shabuot

ועתה, אם-שמוע תשמעו בקולי ושמרתם את-בריתי והייתם לי סגולה מכל-העמים כי-לי כל-הארץ. ואתם תהיו-לי ממלכת כוהנים וגוי קדוש    

Explicamos anteriormente que la entrega de la Torá ocurrió en el marco de un evento más comprensivo: la celebración de un Pacto entre Dios y el pueblo judío. También vimos que los pasos de ese Pacto se pueden comparar con la celebración de un matrimonio: Hay una primera oferta de entrar en el Pacto, proposición; luego la presentación oral de los términos del pacto y la aceptación de estos términos; luego la escritura de los términos y condiciones (sefer haberit, documento del pacto, en nuestro ejemplo esto sería la ketubá) y su lectura pública; y finalmente la aceptación definitiva del pacto (como un «Sí, quiero!») de parte del pueblo judío al decir «naasé venishmaá» .  

AM SEGULÁ

Cuando HaShem ofrece al pueblo de Israel celebrar este pacto le dice lo siguiente (Shemot 19: 5-6) «Y ahora, si Ustedes aceptan escuchar Mis mandamientos y mantener un pacto conmigo, serán para Mí un tesoro (segulá) entre todos los pueblos …»   ¿Qué significa esta palabra «segulá», que aparece muy pocas veces en la Biblia Hebrea?    En Dibré haYamim (I, 29: 3) «segulá» significa tesoro. Dirigiéndose al pueblo de Israel, el rey David dice que él ha asignado las reservas de oro y plata de su reino, el dinero recolectado a través de los impuestos, para construir el Bet-haMiqdash. Y luego agregó:«Además [de las reservas reales asignadas], en mi deseo [de construir] el Templo para HaShem mi Dios, yo voy a donar también mi tesoro personal (=segulatí) de oro y plata para el Templo..».     El rey David llamó a su tesoro personal, su capital privado, «segulá».   Ser el pueblo «segulá» de HaShem significa literalmente ser el bien más precioso de Dios, Su posesión «privada». Con esta hermosa y profunda metáfora la Torá nos quiere indicar que HaShem se compromete a cuidarnos y protegernos de la misma manera que un hombre protege su tesoro, su posesión más valiosa. Nos asegura que el pueblo judío, como nación, nunca desaparecerá. Israel será «atesorado», protegido directamente por Dios. Contra todo pronóstico, y después de haber sido perseguidos desde tiempos inmemoriales por casi todos los pueblos y civilizaciones de la historia, todavía existimos como nación, gracias a la más poderosa Segulá: la supervisión directa de HaShem sobre Su Pueblo, Israel.  

LA OTRA CARA DE AM SEGULA

Esta cercanía con Dios, ser supervisor por El Todopoderoso de manera directa, es una moneda con dos caras. Por un lado, HaShem garantiza la eternidad de este pacto y nuestra existencia como pueblo. Pero por el otro lado, ser el pueblo elegido no significa tener más privilegios que otras naciones. Por el contrario, significa que, como fuimos y somos los testigos de la Revelación Divina, Dios espera de nosotros un comportamiento ejemplar. Dios examina nuestra conducta mucho más estrictamente, más de cerca, que el resto de las naciones. Tiene más expectativas y más demandas de nosotros. Probablemente nadie formuló este concepto tan importante mejor que el profeta Amós (3: 2). Así dijo HaShem, רק אתכם ידעתי מכל משפחות האדמה על כן אפקד עליכם את כל עונתיכם  “Sólo a Ustedes [el pueblo de Israel] He conocido [= amado, elegido] de entre todas las familias de la tierra; y por tanto, los consideraré responsables [y NO negligentes]  de todos vuestros errores [pecados] … »   Ser el pueblo elegido no implica tener más derechos sino más obligaciones. Una mayor responsabilidad por nuestras acciones.

Shabbat Shalom y Jag Shabuot Sameaj!




Todo acerca de Shabuot, en una sola palabra

Este próximo sábado a la noche, 4 de junio, celebraremos la festividad de Shabu’ot, que es el día en el cual recibimos la Torá. Shabuot se festeja por dos días en la diáspora (5 y 6 de junio) y un solo día en Israel. Yom Tob se observa igual que Shabbat, excepto por tareas que tiene que ver con cocina comida, que están permitidas. Por ejemplo, encender un fuego de otro fuego previamente encendido; transportar un objeto de un dominio a otro, etc. Al igual que Pesaj y Sukkot durante Shabuot también tenemos disfrutar una buena comida, vestirnos bien, alegrar a nuestros seres queridos (Simjá) y ayudar a los que no tienen a que puedan disfrutar también de la alegria de Yom Tob. Pero a diferencia de Pesaj y de Sukkot Shabuot no tiene una Mitzva específica indicada por la Torá. Sin embargo hay varias costumbres y tradiciones que se llevan a cabo en Shabuot.

5 de estas costumbres son celebradas por la mayoría de las comunidades judías, Sefaradim y Ashkenazim. Para recordarlas tenemos en cuenta la palabra hebrea אחרית  A / JA / R / I / T, אחרית que es el acróstico de estas 5 tradiciones.

A: Azharot o Aqdamot. Durante Shabu’ot leemos unos hermosos poemas (piyutim) compuestos por Geonim y Rishonim, que describen en forma poética los 248 mandamientos activos y las 365 prohibiciones que figuran el la Torá. A través de la lectura de esta poesías, mencionamos todos los mandamientos que nos fueron encomendados.  La palabra Azharot significa literalmente «advertencias», y alude a las normas y preceptos de la Torá y también suma 613 = אזהרת, que es 365+248.

JA: Jalab (leche), como en cualquier otro Tob Yom, durante Shabu’ot debemos comer carne y tomar vino para cumplir con la Mitsvá de simjá, celebrar o disfrutar en el día de Yom Tob.  Aún así, la costumbre es que alguna de las comidas (por lo general, el almuerzo de mañana) se haga con productos lácteos, lo cual es una tradición particular de Shabu’ot. Hay varias explicaciones acerca de la razón por la cual acostumbramos a tener una comida láctea en Shabuot (el sefer hatoda’a menciona 10!).  Una de estas explicaciones es que la palabra hebrea Jalab חלב suma «40», lo que nos recuerda los días que Moshé estuvo en el monte Sinai para recibir la Torá.

R: Rut. Durante Shabuot estudiamos Meguilat Rut. Una de las razones por las cuales la historia de Rut se lee en Shabuot es que cuando Rut se convirtió al judaísmo aceptó la observancia de toda la Torá. De esa misma manera, en Shabu’ot celebramos nuestra propia «conversión» al judaísmo al haber aceptado la Torá como pueblo.  Otra razón es que a partir de la aceptación de la conversion de Rut, de la cual desciende el rey David, aprendemos la dependencia de la Torá escrita en la Torá oral, ya que de acuerdo al texto literal de la Torá, la conversión de Rut podría no haber sido aceptada. La legalidad de la conversión de una mujer moabita se aprende de la tradición oral (Torá shebe’al pe).

I: Iereq (plantas verdes). Muchas comunidades tienen la costumbre de decorar las sinagogas con plantas y flores para recordar Har Sinaí. Todavía atesoramos en nuestra memoria colectiva que cuando recibimos la Torá era la primavera y el Monte Sinaí estaba lleno de plantas y flores. En la tradición de los judíos de Irán esta costumbre es tan importante que a Shabu’ot se lo conoce como mo’ed ghol (la fiesta de las flores).

T: Tiqun (Reparación). Una de las costumbres más conocidas de Shabu’ot es la de permanecer despiertos durante toda la noche (es decir, desde esta noche hasta mañana a la madrugada) estudiando Torá para «reparar» el error de nuestros antepasados: la noche del 6 de Siván, HaShem entregó al pueblo de Israel los 10 mandamientos. Más tarde, esa misma noche, HaShem le reveló a Moshé todos los mandamientos que se encuentran en la Perashá Mishpatim. Al día siguiente, se celebraba el pacto en el cual el pueblo de Israel aceptaría todos los mandamientos de la Torá: los que ya habían recibido (na’asé) y los que habrían de recibir (nishmá).   En lugar de esperar despiertos y con entusiasmo a este gran evento nuestros antepasados se fueron a dormir…  La costumbre de permanecer despiertos toda la noche de Shabuot estudiando Torá fue formulada originalmente por el Rab Shelomo haLevi Alqabets (1500-1580) –compañero del Rab Yosef Caro, el autor del Shuljan Aruj– quien estableció esta costumbre para “reparar” lo que hicieron nuestros antepasados, y demostrar nuestro amor, devoción y entusiasmo por recibir la Torá.

חג שמח




Shabuot y la Ketubá escrita en Gaza

En la mayoría de las congregaciones Sefaradíes, antes de la lectura de la Torá del primer día de Shabu’ot se recita un “acta de matrimonio o Ketubá muy especial que compara la relación entre Dios e Israel con un matrimonio. El pacto de amor entre Dios e Israel que recordamos en Shabu’ot fue formalizado con la entrega de la Torá, de la misma manera que un matrimonio se formaliza con la entrega de la Ketubá. Esta comparación entre el pacto Dios – Israel y un matrmonio es muy antigua. Y está mencionada numerosas veces en el Tanaj. Curiosamente,  la Haftara que leímos este último Shabbat (Hoshea 2:21-22) menciona las hermosas palabras que Dios le dice a Israel: “Te tomaré como Mi esposa para siempre. Te desposaré con justicia, derecho, bondad y compasión. Te desposaré y te seré eternamente fiel y así sabrás que Yo soy Tu Dios…”. Estas palabras las repetimos todos los días al vestir el Tefilín, cuando anillamos las tiras de cuero alrededor del dedo mayor, recordando así nuestra alianza matrimonial.

Una Ketubá matrimonial comienza mencionando el día de la semana, luego el día del mes, luego el año, el lugar donde se realiza el matrimonio, los nombres del novio y la novia y luego las obligaciones de los novios. El novio también presenta a la esposa con regalos y le cede a la novia otros generosos presentes como garantía y expresión de su fidelidad. También se habla de la dote, y se establece dónde residirá la pareja.  La novia finalmente acepta todo lo que el esposo le concede y el contrato matrimonial se formaliza ante dos testigos.

EL TEXTO DE LA KETUBA DE SHABUOT

Hoy, viernes, el sexto día del mes de Siván, el día elegido por el Santo Bendito Él para la revelación de la Torá a Su amado pueblo … El invisible pero Omnipresente novio salió hacia el Monte Sinaí, brilló desde Se’ir y apareció desde el Monte Parán ante todos los reyes de la tierra, en el 2448 desde la creación del mundo, …en esta tierra cuyos cimientos fueron sostenidos por Él, .. el Esposo [Dios], Gobernante de los gobernantes, y Rey de Reyes ….declara a la hermosa y virtuosa novia [el pueblo de Israel] que ganó Su favor por encima de todas las otras doncellas, que es hermosa como la luna, radiante como el sol … para siempre serás mía y Yo seré tu redentor.
He aquí, te regalo Mis preceptos preciosos, por medio del legislador Yequtiel [Moisés]. Y tu serás mi esposa de acuerdo con la ley de Moisés e Israel, y Yo te honraré, to sostendré y te mantendré, y seré tu amparo y refugio en todo momento y eternamente. Y he asignado para ti, tu fidelidad y lealtad la Torá, “un manual de vida”, y que al seguirla tanto tú como tus hijos vivirán en paz y tranquilidad. Y la novia [Israel] aceptó y se convirtió en Su esposa. Y así se estableció entre ellos un pacto eterno que los unira para siempre.

Luego, el Novio acordó agregar a lo anterior todas las lecciones de vida en que le futuro se desprendan de las Sagradas Escrituras: incluyendo la Sifrá, el Sifré, la Aggadá y la Toseftá. Y estableció la validez de 248 mandamientos positivos que y les añadió las 365 prohibiciones. La dote que esta novia trae de la casa de sus padres [nuestros antepasados] , consiste en un corazón abierto para comprender [la Torá], oídos que la escuchen y ojos que la estudien. Así, la suma total de la Ketuba y la dote, con la adición de los mandamientos positivos y negativos, equivale a la siguiente [obligación por parte de Israel] : “Respeta a Dios y observa Sus mandamientos; porque este es el propósito de la vida del ser humano”(Kohelet 12:13). El Novio, deseando conferir privilegios a Su pueblo Israel y transmitirles estos valiosos bienes, asumió la responsabilidad de este contrato matrimonial… la herencia que recibiera la novia, será la inmortalidad en el mundo por venir… y la residencia, [aunque no estén en la tierra de Israel], en cada lugar que se estudie la Torá [allí residirá Su Presencia] .  Y la novia ha respondido afectuosamente a todo lo propuesto por el Novio: «Haremos y escucharemos». Todas estas condiciones serán válidas y no podrán ser alteradas por los siglos de los siglos. El Esposo ha hecho su juramento a favor de su pueblo y se compromete a serle fiel y nunca reemplaza por otra mujer. El Novio, siguiendo la formalidad legal hace entrega de este documento [La Torá, que es la Ketubá entre Dios e Israel] … y se invoca al cielo y a la tierra como testigos presenciales [y eternos] de este compromiso. ¡Que el Novio siempre se alegre con la novia a quien ha tomado como Su esposa, y que la esposa se regocije con su Esposo, recitando siempre Su alabanza”.

Esta ha sido una traducción abreviada, pero creo que fiel, del texto de la Ketubá que escribió el Rab Israel Najara z»l (1555-1625. Dicho sea de paso: a que no adivinan en qué ciudad vivió el Rab Najara los últimos años de su vida? Allí también murió y allí fue enterrado.  En la ciudad judía de Gaza.

Ver mas sobre el Rab Israel Najara aquí: https://www.halaja.org/2015/06/el-rab-israel-najara-1555-1625-y-la-sinagoga-mas-antigua-del-mundo/




¿Qué significa ser judío?

ועתה, אם-שמוע תשמעו בקולי, ושמרתם, את-בריתי – והייתם לי סגולה מכל-העמים, כי-לי כל-הארץ. ואתם תהיו-לי ממלכת כוהנים, וגוי קדוש

AM SEGULÁ

Cuando Dios le ofrece al pueblo de Israel celebrar un pacto con Él dice lo siguiente (Shemot 19: 5-6) “Y ahora, si Ustedes aceptan escuchar Mis mandamientos y mantener un pacto conmigo, serán para Mí una ‘segulá’ entre todos los pueblos una nación de sacerdotes” .   Comencemos por el primer concepto. ¿Qué significa la palabra “segulá”?  En Dibré haYamim (I, 29: 3) el rey David, dirigiéndose al pueblo de Israel, les dice que él ha asignado las reservas del tesoro real, el dinero recolectado a través de los impuestos, para construir el Bet-haMiqdash, el gran Templo de Jerusalem.  Y luego dice:”Además [de las riquezas del tesoro real], en mi deseo [de construir] el Templo para HaShem mi Dios,  voy a donar también de mi tesoro personal (=segulatí) oro y plata para el Templo..”.     

El rey David llamó a su tesoro personal —su capital privado— «segulá».   Ser el pueblo “segulá” de HaShem significa literalmente ser Su bien más preciado. Su capital “privado”, el cual uno cuida y protege. Con esta hermosa y profunda metáfora la Torá nos quiere indicar que HaShem se compromete a cuidarnos y protegernos de la misma manera que un hombre protege su posesión más valiosa. Nos asegura que el pueblo judío, como nación, nunca desaparecerá. Israel será «atesorado», protegido directamente por Dios. Contra todo pronóstico, y después de haber sido perseguidos desde tiempos inmemoriales por casi todos los pueblos y civilizaciones de la historia, todavía existimos como nación, gracias a la más poderosa Segulá: la supervisión directa de HaShem sobre Su Pueblo, Israel.  

NACION DE SACERDOTES

Esta cercanía con Dios, ser supervisado por El Todopoderoso de manera directa, es una moneda con dos caras. Por un lado, HaShem garantiza la eternidad de este pacto y nuestra existencia como pueblo. Pero por el otro lado, ser el pueblo elegido no significa tener más privilegios que otras naciones. Por el contrario, significa que, como fuimos y somos los testigos de la Revelación Divina, Dios espera de nosotros un comportamiento ejemplar. Dios examina nuestra conducta mucho más estrictamente, más de cerca, que el resto de las naciones. Tiene más expectativas y más demandas de nosotros. Probablemente nadie formuló este concepto tan importante mejor que el profeta Amós (3: 2). Así dijo HaShem, רק אתכם ידעתי מכל משפחות האדמה על כן אפקד עליכם את כל עונתיכם  “Sólo a Ustedes [el pueblo de Israel] He conocido [= amado, elegido] de entre todas las familias de la tierra; y por tanto, los consideraré responsables [y NO negligentes]  de todos vuestros errores [pecados] … »   Ser el pueblo elegido no implica tener más derechos sino más obligaciones. Una mayor responsabilidad por nuestras acciones.

La Torá también dice que Dios nos consagrará como “una nación de sacerdotes” (Cohanim).

Los Cohanim / sacerdotes son los judíos que solían dedicarse exclusivamente al servicio de Dios. En los tiempos del Bet haMiqdash los Cohanim tenían varias funciones específicas.

1. Antes de la destrucción del segundo Templo no existía el concepto de «rabino» como lo conocemos hoy. Durante siglos, los encargados de preservar y principalmente enseñar la Torá al pueblo de Israel eran los Cohanim.  Como dijo el profeta Malají (2:7)     כי שפתי כהן ישמרו דעת ותורה יבקשו מפיהו  “Los labios del Cohen preservarán la instrucción [religiosa], y de él podrán demandar la [enseñanza de la ] Torá».  Los Cohanim eran los maestros de Am Israel.

2. Los Cohanim también estaban a cargo de las principales operaciones del Bet haMiqdash. Se dividían en 24 guardias (mishmarot), se ocupaban de todas las tareas concernientes a los sacrificios diarios (qorban hatamid) y de las festividades.  Los Cohanim eran los más cercanos a Dios en el ámbito del servicio religioso en el Templo.

Los Cohanim todavía conservan algunos de estas funciones religiosas. Por ejemplo, todos los días (o en la tradición Ashkenazi: cada Yom Tob) recitan la ברכת כהנים o bendición sacerdotal. 

3. Pero por estar más cerca del servicio a Dios, los Cohanim tenían también más responsabilidades y más limitaciones que los judíos comunes. Hay un importante número de restricciones matrimoniales y rituales, relacionadas con el luto, por ejemplo, que aún hoy se aplican exclusivamente a los Cohanim. El privilegio de servir a Dios implica un mayor nivel de obligaciones (“nobleza obliga”).

Ahora podremos entender mejor que el pueblo judío fue elegido para ser respecto al resto del mundo, lo que los Cohanim son respecto al pueblo de Israel.

Comencemos por el final

1. El pueblo judío tiene más obligaciones y restricciones que los gentiles. Mientras que la Torá indica que un Yehudí debe observar 613 preceptos, un gentil sólo tiene 7 leyes a seguir.

2. El pueblo judío fue designado para dedicar su vida el servicio de HaShem. Tan cerca nos sentimos de Dios, que en nuestras Tefilot (plegarias) nos dirigimos a Él en la segunda persona del singular: no usamos el «Usted» sino el “Tú”(Bendito eres Tú, HaShem…. ).

3. Nuestra misión global como pueblo elegido es llegar a ser los “educadores” del resto del mundo.  No con palabras, discursos ni proselitismo sino exclusivamente con nuestro ejemplo. Cada Yehudi debería ser un modelo a imitar, la inspiración para el resto del mundo (=or lagoyim). Cuando lo judíos nos comportamos observando la Torá y los gentiles ven que los judíos procedemos con integridad y decencia, y no abandonamos nuestros principios religiosos, entonces estamos cumpliendo nuestra misión universal en el máximo nivel, este es: “Quiddush haShem”, la santificación del nombre de Dios, cuando nuestro justo proceder inspira al gentil a reconocer la Presencia y voluntad de HaShem en este mundo.




¿Cómo y cuándo comenzó el judaísmo?

Hace 3.500 años el pueblo de Israel en el desierto del Sinaí experimentó el evento más importante de la historia humana: una alianza ; un pacto formal entre la nación hebrea y Dios. Este pacto es único en la historia de la humanidad, y se describe en detalle en el capítulo 20 y el capítulo 24 del libro Shemot (Éxodo).
הצעת הברית
LA PROPUESTA
En el primer día del mes de Siván, Moshé ascendió al Monte Sinaí y recibió este mensaje Divino: (Éxodo 19: 3-6): “Le dirás esto a la casa de Ya’aqob y así le hablarás a los hijos de Israel: ustedes han visto lo que hice a los egipcios [las diez plagas, etc.], y [también han visto] cómo los he guiado [protegiéndolos] como un águila [que protege a sus polluelos] en sus alas, y los he traído hacia Mí. Y ahora, si ustedes [ están dispuestos a] obedecer Mi voz y a cumplir Mi pacto, se convertirán en una posesión preciosa para Mí [segulá] entre todas las naciones, un pueblo especial. …serán para mí un Reino de Sacerdotes y una nación consagrada [por Mí]. «
Dios propuso al pueblo de Israel establecer un pacto con Él. Ofreció convertirnos en una nación de sacerdotes (cohanim), es decir, un pueblo consagrado a Dios. Sirviendo a Dios, aprendiendo y enseñando Sus Leyes, y dando testimonio de Su existencia, y Su voluntad revelada. La condición de ser una Nación de Sacerdotes implica el privilegio de la cercanía con Dios y gozar de Su «atención». Pero por otro lado, este privilegio exige un mayor nivel de moralidad y un número considerable de obligaciones y preceptos a seguir.
EL COMPROMISO
Moshé descendió del monte Sinaí y presentó los términos del pacto al pueblo de Israel. La gente escuchó la propuesta y acordó entrar en un pacto con Dios, y así nos convertimos en «una nación a Su servicio» al declarar con una sola voz: (Éxodo 19: 8) «Estamos listos para hacer todo lo que Dios ha proclamado»  Sin embargo, esta no fue la aceptación final del Pacto, sino la aceptación de la propuesta de entrar en un pacto con Él. El mejor ejemplo para comprender esta fase de nuestra alianza con Dios es el de «un compromiso» en el marco del casamiento. En el compromiso, la novia y el novio acuerdan casarse. El pueblo de Israel declarará su voluntad de entrar en el pacto. Esto sucederá después de escuchar los 10 mandamientos y finalizará cuando el pueblo verbaliza su consentimiento final (el «Sí, quiero”) al decir las famosas palabras: «Todo lo que Dios ha dicho, haremos y escucharemos». Después de esa tercera y última declaración, el «matrimonio», nuestro pacto con Dios, comenzó formalmente.
LA PREPARACIÓN PARA EL GRAN DÍA
Cuando el pueblo de Israel expresó su disposición de entrar en un Pacto con Dios, HaShem anunció que se revelaría a toda la nación dentro de tres días, es decir en Shabu’ot. Dios le dijo a Moshé (Éxodo 19: 10-12): “Consagra a la gente hoy y mañana. Diles que se purifiquen, que laven su ropa y se preparen para el tercer día, porque ese día descenderé al Monte Sinaí a la vista de todos”. Según nuestros Sabios, la purificación y lavado de la ropa mencionada en este versículo se refiere a la inmersión en un Mikvé, el baño ritual judío (lo mismo que hace una novia antes de la boda). Los hijos de Israel se purificaron durante esos tres días (3, 4 y 5 de Siván) y estaban listos para entrar en un Pacto con Dios al día siguiente.
מתן תורה
LOS TÉRMINOS DEL PACTO
En este pacto, Dios ofreció adoptar al pueblo de Israel como «Su» pueblo. Esto significa que Él supervisará directamente a Israel; no permitirá que el pueblo de Israel desaparezca y nunca cancelará ni modificará este pacto. El pueblo de Israel, por su parte, acepta ser gobernado por la Ley Divina, la Tora, transformándose así en una Nación de Sacerdotes, es decir, consagrada al servicio de Dios. El pueblo judío también es testigo directo, «privilegiado», de la existencia de Dios, ya que experimentó Su Revelación directa en Sinai (ma’amad har Sinai) . El judío, entonces, tiene el derecho y el deber de escuchar a Dios -cuando estudia la Torá- y dirigirse a Dios -cuando reza- sin intermediarios. Los términos de este pacto, que no son pocos, se detallan ampliamente en la Torá, los 5 libros de Moshé, y están organizados en 613 preceptos.
LA NOCHE DEL PACTO
En la noche del 6 de Siván (entre el 5 y el 6 de Sivan) la ceremonia del pacto continuó con Dios anunciando los 10 Mandamientos. Esta fue la única vez que Dios se reveló a una nación entera. Dios comenzó a enunciar directamente, y sin la mediación de Moisés, los dos primeros mandamientos. La Torá nos cuenta que la gente no pudo tolerar (¿físicamente?) el impacto de la Revelación Divina. Dios no habla con una voz producida por cuerdas vocales. La “voz Divina” y su efecto, es indescriptible. La Torá expresó esta experiencia sobrehumana y única con una frase muy singular (¿poética?): «Y la gente veía las voces {de Dios]» … Vieron las «palabras», probablemente en su mente, cuando HaShem se dirigía a ellos. Los Sabios explican que la experiencia de Su Revelación fue tan intensa que se hizo parte de la memoria genética judía, ha moldeado nuestro carácter y a reforzado principalmente nuestra creencia en Dios.
A PEDIDO DEL PUEBLO
Después de escuchar el segundo mandamiento, los judíos piden la mediación de Moshé, para transmitir el resto de los mandamientos. Esa misma noche, después de escuchar todos estos preceptos (Éxodo 21-23), la gente declaró por segunda vez su disposición a celebrar el pacto y comprometerse a obedecer las leyes que se presentaron hasta ese momento. Esto es lo que dice la Tora (Éxodo 24: 3): “Moshé … transmitió al pueblo todas las palabras de Dios y todas las leyes. Y la gente respondió con una sola voz diciendo: Todo lo que HaShem dijo, lo cumpliremos. “Moshé permaneció despierto toda esa noche y escribió lo que Dios le había transmitido en un documento que la Tora llama sugestivamente: Sefer HaBerit, el libro del Pacto.
קבלת התורה
EL DIA DEL PACTO
Al día siguiente, el 6 de Sivan al amanecer, Moshé erigió un altar, que representa la Presencia Divina, y 12 pilares, que representan las doce tribus de Israel. Luego, envió a los jóvenes a ofrecer sacrificios. Moshé tomó la sangre de los sacrificios y la dividió en dos. Vertió la primera mitad en los receptáculos de los 12 pilares y la otra mitad en el altar. La Tora describe así la ceremonia de la celebración formal del pacto (Éxodo 24: 7) “Entonces Moshé tomó el libro del pacto y lo leyó en los oídos de la gente. Y la gente declaró: «Todo lo que HaShem ha dicho, lo haremos y obedeceremos». Esto significa, literalmente, que las personas aceptaron obedecer todo lo que ya habían escuchado, y se comprometían a aceptar todas las demás leyes y directrices que escucharían en el futuro. Entonces Moshé tomó la sangre de los sacrificios y la roció sobre el altar, que representa la presencia Divina, y sobre los pilares que representan al pueblo. Moshé dijo entonces (24: 8): “Esta es la sangre del pacto que HaShem estableció con todos ustedes; (el pacto) que consiste en todas estas palabras (leyes, que han escuchado). «
Con esta ceremonia formal se estableció nuestro pacto eterno con Dios.
Desde este momento, los judíos nos comprometimos, para siempre, a obedecer la Ley Divina, la Torá, la Constitución de nuestra nación.