El Rab Abraham Saba (1440-1508) y la Isla de los Lagartos

El Rab Abraham Saba nació en Castilla, España, en 1440. Cuando los judíos fueron expulsados de España en 1492, no había ningún lugar seguro adonde podían escapar. Ningún país les ofrecía refugio, excepto Turquía, pero era muy difícil y arriesgado llegar allí. Ninguna ruta por mar o tierra estaba libre de piratas, ladrones, cazadores de esclavos, hambre o la amenaza constante de plagas y epidemias. Unos 120.000 judíos huyeron a Portugal, que en ese momento parecía el refugio más confiable: sin mar que cruzar, una lengua similar y la misma cultura ibérica. Entre los judíos que escaparon a Portugal se encontraba el Rab Saba, que buscaba un nuevo comienzo. Pero los pobres refugiados pronto descubrieron que los horrores y tragedias de los exiliados de España estaban lejos de terminar.
El rey portugués Juan II, ansioso por aumentar su tesoro, aprobó la admisión de judíos exigiéndoles pagar una fuerte suma de dinero, 100 cruzados —monedas de oro— por persona para obtener una visa permanente. Quienes no podían pagar esa gran cantidad podían residir en Portugal un máximo de ocho meses por un importe menor, 8 cruzados por cabeza. La mayoría de estos judíos que llegaban a Portugal de manera temporal, incluido el Rab Saba, se trasladaron a la ciudad de Oporto, el principal puerto de Portugal, con la esperanza de zarpar pronto hacia Italia, Turquía, Grecia o el norte de África. Pero la escasez de barcos hizo imposible su salida. Tras cumplirse los ocho meses, el rey proclamó que quienes no pudieran renovar su residencia pagando por otros ocho meses debían convertirse al cristianismo o serían automáticamente considerados esclavos del monarca. Los refugiados habían salido de España con las manos vacías. Nadie tenía dinero para pagar esa suma.
Las familias que se negaron a convertirse sufrieron una de las peores tragedias de la historia sefaradí. El rey, usando su argumento de que ahora eran “esclavos del rey”, ordenó separar a los niños de sus padres —algo que ni siquiera la cruel Inquisición española se había atrevido a hacer—. Miles de niños fueron llevados a conventos para ser criados como católicos. Dos de sus hijos fueron arrebatados de sus manos. Para buscarlos, se disfrazó de gentil y visitó numerosos conventos por toda la península. En cada lugar al que llegaba recitaba en voz alta el Shema Israel. Al oír su voz, atraídos por la dulce y familiar melodía del Shema, los niños judíos se acercaban a él y lloraban inconsolablemente. Nunca más los volvió a ver.

Setecientos adolescentes judíos, varones y mujeres, fueron enviados a São Tomé y Príncipe, una isla remota en África frente a la costa de Guinea, recientemente descubierta por exploradores portugueses y famosa por la abundancia de lagartos y cocodrilos. Según los informes de la época, la mayoría de estos niños judíos murieron mientras trabajaban en los pantanos, devorados por los grandes reptiles y otros por hambre o abandono.
El Rabino Saba describe este terrible acontecimiento en su libro Tseror Hamor, Parashat Ki Tabo:
זאת היא קללה אחרת שקרה לנו בעוונותנו בפורטוגאל, שלקח המלך את הבנים ואת הבנות הקטנים ושלחם בספינות לאיי הנחשים כדי לעשות שם יישוב
“Esta es la gran tragedia que nos ocurrió en Portugal: el rey tomó a los niños y los envió en barcos a las islas de lagartos para poblar aquel lugar”.
En 1495 murió el rey Juan II y subió al trono Manuel I. La situación de los judíos no mejoró. Por el contrario, Manuel se casó con la princesa española Isabel, hija de Fernando e Isabel יש”ו, con la esperanza de unir toda la península bajo una sola monarquía y religión. Los reyes españoles aceptaron el matrimonio con una condición despiadada: Manuel debía expulsar a los judíos de Portugal. El 4 de diciembre de 1496 se estipuló que, para noviembre del año siguiente, ningún judío podría residir en Portugal. Quienes no quisieran convertirse debían abandonar sus bienes y salir del país de inmediato. Cuando Manuel vio que los judíos estaban dispuestos a arriesgar su vida y marcharse, dejando todo atrás antes que convertirse, comprendió que la partida de estos individuos altamente capacitados — artesanos, profesionales, comerciantes — afectaría negativamente la economía de Portugal, como ya había ocurrido en España. Entonces decidió imponer una conversión masiva “por decreto”. Es decir, en lugar de expulsar a los judíos de Portugal, Manuel decidió expulsar el judaísmo de los judíos y declararlos a todos de facto “nuevos cristianos”.
En Lisboa había un grupo de 20.000 judíos, entre ellos el Rab Saba, esperando desesperadamente algún barco que los sacara de Portugal. Pero el rey ordenó bautizarlos por la fuerza. El Rab Saba fue encarcelado por no someterse a la conversión forzada. En la cárcel, cuenta que vio al rabino principal de Portugal, Ribbí Shimón Maimi (o Meimi) זצ”ל. El Rab Maimi, su esposa, sus hijas y sus yernos fueron torturados por la Inquisición para obligarlos a convertirse y así dar ejemplo a los demás judíos. Pero el anciano rabino Maimi y toda su familia eligieron sufrir las terribles torturas y murieron al quiddush haShem, rechazando la conversión.
Después de pasar seis meses en prisión, el Rab Saba fue enviado con un grupo de judíos a la ciudad de Arcila (o Asilah), en Marruecos, una fortaleza-prisión. Tras unos meses escapó milagrosamente y llegó a Fez, una ciudad con una gran comunidad judía. Le tomó algunos años recuperarse de su deterioro físico y emocional. Después de una larga convalecencia, se convirtió en uno de los rabinos de la ciudad y comenzó a reescribir sus libros, algo que no hacía desde 1492.
Seis de sus obras habían quedado en Portugal. Una de sus más famosas, donde se relatan todas las historias presentadas aquí, es Tseror Hamor, un comentario a la Torá. También escribió Eshkol ha-Kofer, un comentario sobre Meguilat Rut y Meguilat Ester. Estos son los dos únicos libros suyos que conservamos hoy. Entre los manuscritos dejados en Portugal estaban Tseror haKesef, responsa rabínicas sobre temas relacionados con Rosh Hashaná y Yom Kipur; Tseror haHayim, comentario sobre Pirqué Abot; un comentario a los Salmos; otro a la Guemará Berajot; y un libro cabalístico en el que explicó las diez Sefirot.
Desde Fez viajó a Adrianópolis (hoy Edirne, en Turquía). Murió el 9 de Tishrí de 5269 (1508) en un barco y fue enterrado en el cementerio judío de Verona, Italia.
La nieta del Rab Abraham Saba se casó con Rab Yosef Caro, autor del Shulján Aruj.




El Rab Ben-Zion Cuenca (1867-1937) y la Masacre de Hebrón en 1929

SU INFANCIA Y EDUCACION
El rabino Ben-Zion Cuenca nació en la ciudad vieja de Jerusalem en 1867. Su apellido, Cuenca, corresponde a una provincia de España en la zona de Castilla-La Mancha. La familia fue parte de los “Expulsados de Castilla” de Castilla y Aragón en 1492. Luego se instalaron en Salónica (Grecia) y vivieron allí durante 3 siglos. El padre, Abraham Cuenca, emigró a Erets Israel alrededor de 1850. Antes de cumplir los diez años, los rabinos y maestros de Jerusalem consideraban al joven Ben-Zion como un ‘iluy (un niño prodigio) y le permitieron vestir los Tefilín a esa edad dado sus conocimientos y su madurez. Consciente de la capacidad de su hijo, su padre dedicó todos sus recursos para contratar los mejores maestros y mentores que también le proporcionaron a su hijo una vasta educación secular, especialmente en los campos de historia judía e idiomas europeos.

MAESTRO DE MAESTROS
Se casó a los 15 años, algo que no era poco común en aquellos tiempos, con Esther, una prima segunda, y vivieron en la ciudad vieja de Jerusalem. Luego se mudaron a Yemín Moshé, el primer barrio judío construido fuera de la ciudad amurallada, obra del famoso filántropo Moisés Montefiore. A los 30 años, el rabino Cuenca estableció una Yeshibá “Tiferet Yerushalaim”. En este Yeshibá, que también incluía estudios generales, fueron educados entre otros el que llegó a ser rabino principal de Israel Ben-Zion Meir Hay Uziel, el famoso escritor hebreo sefardí Yehuda Bourla, y el rabino Moshe Nissim, que fue el padre de otro rabino principal de Israel, rab Isaac Nissim. El rab Cuenca también fue muy activo en el movimiento Sionista religioso Mizraji. Fue el Jefe del Tribunal Rabínico de Jerusalem (ver sello) y en su vocación como líder comunitario fundó y dirigió el primer Hogar de Ancianos Sefaradí de la Jerusalem moderna.

LA MASACRE DE 1929
La segunda ciudad más sagrada de Israel es Hebrón, que fue adquirida por Abraham Abinu 4.000 años atrás y es el lugar de sepultura de nuestros patriarcas y matriarcas. En los años 1920’s vivían en Hebrón unos 800 judíos y unos 20.000 árabes. En agosto de 1929 los árabes difundieron falsos rumores y difamaciones en sus comunidades, diciendo que los judíos estaban llevando a cabo «matanzas masivas de árabes». Hasta ese momento judíos y árabes habían convivido en relativa paz. Los Sefaradim vivieron allí por siglos (ver el testimonio de esta sobreviviente).  Y los judíos Ashkenazim habían llegado recientemente y establecieron la famosa Yeshibá de Slabodka, también conocida como Yeshibat Hebrón. El 23 de agosto de 1929, un viernes a la noche, comenzó una masacre contra los judíos que duró por tres días. Al grito de “Muerte a los judíos” miles de árabes armados con garrotes, cuchillos y hachas saquearon las casas judías, destruyeron los templos y torturaron y asesinaron a sangre fría a 67 judíos: mujeres hombres y niños. Esto incluyó el asesinato de los líderes y los rabinos de las 2 comunidades. Los sobrevivientes fueron trasladados a Jerusalem y Hebrón quedó sin judíos por primera vez en cientos de años.

VOLVER A EMPEZAR
Nueve meses después de la masacre, el rabino principal Ashkenazí Abraham Kook y el rabino principal Sefaradí Yaakov Meir firmaron una declaración pidiendo por voluntarios que regresen a Hebrón: Llamamos «… a todo el pueblo de Israel para apoyar nuestro pedido y reconstruir la gran comunidad judía de Hebrón … Por la santidad de nuestra nación y por nuestro establecimiento en esta tierra, se nos exige no dejar que la sangre de nuestros hermanos haya sido derrama en vano: tenemos el deber como pueblo de Israel de satisfacer este reclamo mediante la reconstrucción y el restablecimiento de la ciudad de los patriarcas». En 1931 se reanudó el asentamiento judío de Hebrón y el rabino que con gran valentía se ofreció a liderar esa comunidad fue el Rab Ben-Zion Cuenca. Vivió en Hebrón hasta 1936. En ese año se renovaron los violentos conflictos y los Yehudim regresamos a Hebrón B»H 31 años después, luego de la guerra de los Seis Días.

SU OBRA LITERARIA
Una de las contribuciones más importantes del rabino Cuenca fue la creación del extraordinario Jornal de Halajá llamado “haMeasef”, una colección de artículos de estudios halájicos realizados por cientos de rabinos, Sefaradim y Ashquenazim de Israel y de la diáspora. Presentar a tantos rabinos de diferentes orígenes unidos en un mismo jornal era en ese momento una innovación positiva muy importante. El Rab Cuenca se encargaba de todas las etapas de esta publicación que salió a la luz durante 19 años. La primera revista apareció en 1897. El rabino Cuenca fue, por supuesto, uno de los principales contribuyentes. Dos temas resaltan en HaMeasef. El primero, todo lo que se relaciona con los preceptos asociados al trabajo agrícola. Estos mandamientos solo se aplican en la tierra de Israel (terumot, ma’aserot, shemita, etc.) y por lo tanto, este tema permaneció «dormido» durante siglos. Pero ahora, a medida que el establecimiento de los Yehudim en el Yeshub de Israel tomaba fuerza, estas leyes debían ser aplicadas nuevamente. El segundo tema que le interesaba al rab Cuenca era dar una respuesta rabínica a los nuevos inventos (la electricidad, los medios de transporte, etc.) . Un ejemplo que se puede ver en este link es la respuesta del Rabino al uso del tren en Shabbat o Yom Tob. Al principio de cada artículo el Rabino Cuenca introduce una breve biografía de los escritores, que dada la tremenda falta de información de la que sufrimos, especialmente sobre los rabinos sefardíes de fines del siglo XIX, constituye una contribución invaluable a la historia judía moderna.

PALABRAS FINALES

El Rab Yehudá Fishman Maimón escribió sobre él: «El rabino Cuenca era un sionista ferviente, un extraordinario rabino y hombre de fe …un iluminado en Torá y Sabiduría y alquilen que profesó un tremendo amor por el Creador y por la humanidad. Y creo que no sería una exageración afirmar que no queda nadie que lo pueda reemplazar o imitar… «.

El rab Cuenca falleció en Yerushalayim en 1937 y está enterrado en el cementerio judío del monte de los Olivos, Har HaZetim.

 

 

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Ver AQUI el primer volumen del Jornal halájico HAMEASEF del Rab Ben-Zion Cuenca

 

 

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Entrevista a Miriam Sasson , una sobreviviente  de la masacre de Hebrón




El Rab Yehudá Jayat, y la expulsión de los judíos de España

El injustamente desconocido rabino sefaradí Ribbi Yehudá ben Ya’aqob Jayat z»l vivió todas las tribulaciones que conllevó la expulsión de los judíos de España. Su dolorosa historia ejemplifica lo que sufrieron cientos de miles de judíos que fueron expulsados de la Península Ibérica por negarse a abandonar su religión.

En su libro «Minjat Yehudá», el Rab Jayat describe lo que sufrió durante casi 10 años. Después de ser expulsados de España en 1492, aproximadamente 120.000 judíos buscaron refugio en Portugal. El rey portugués Juan II aceptó a los judíos con la condición de que pagaran una exorbitante suma de dinero para poder quedarse allí. Al año siguiente, en 1493, el rey decidió que los judíos no podían permanecer en su reino a menos que se convirtieran al catolicismo o volvieran a pagar esa misma suma. Los judíos eran refugiados que habían sido despojados de todos sus bienes al ser expulsados de España y se les prohibió llevar consigo plata, oro o cualquier otra cosa de valor. Vivían en condiciones de extrema pobreza en Portugal y no podían pagar lo que el rey exigía.

Junto con otros 250 refugiados judíos, el Rab Jayat abandonó Portugal y partió desde el puerto de Lisboa en una embarcación muy precaria hacia la costa de Marruecos. Las condiciones a bordo eran tan insalubres que, a los pocos días en el mar, se desató una epidemia en el barco y no les estaba permitido desembarcar en ningún puerto. Finalmente, la precaria embarcación llegó al puerto de Málaga. Allí, cuenta el Rab Jayat, varios curas los esperaban para intentar convertirlos. Los desesperados pasajeros judíos les suplicaban que les dieran agua y pan, pero los caritativos curas se negaron a proporcionarles cualquier alimento si no aceptaban el bautismo. Durante aproximadamente cinco días, estos refugiados judíos sufrieron hambre y sed, y cerca de 50, incluyendo a la esposa del Rab Jayat, fallecieron.

Al pisar tierra firme en Marruecos, el Rab Jayat fue inmediatamente encarcelado y condenado a muerte por fanáticos musulmanes, quienes argumentaban que las creencias y prácticas religiosas de un rabino ofendían al Islam. Para salvar su vida, le dijeron que debía convertirse al Islam. Durante 40 días, el Rab Jayat estuvo tirado en un pozo en condiciones inhumanas, rodeado de roedores, víboras y escorpiones. Al final, algunos refugiados judíos extremadamente pobres lograron reunir algo de dinero y así salvaron al Rab Jayat de una muerte segura. Él logró escapar a la ciudad de Fez, un poco más al sur, donde se estableció.

En Fez, el hambre era terrible y la gente se veía obligada a comer pasto para sobrevivir. El Rab Jayat trabajaba diariamente moliendo granos de trigo con sus propias manos en la casa de una familia musulmana para ganar un pequeño pedazo de pan. Él y otros judíos que habían escapado de España no tenían casa ni refugio. Por las noches, tenían que cavar pozos en las afueras de la ciudad para poder dormir.

Después de estar en Fez durante 8 meses, un gran incendio estalló en la ciudad y mucha gente murió en las llamas. Como consecuencia de las posteriores sequías, más de 20.000 (sic.) judíos murieron de hambre y epidemias. Al presenciar esto, muchos de los que habían llegado de España y Portugal decidieron regresar a sus lugares de origen para evitar una muerte segura en Fez, tanto para ellos como para sus hijos.

Según el historiador español contemporáneo Andrés Bernáldez (1450-1513) en su libro «Historia de los reyes católicos», los judíos que abandonaban Fez eran víctimas de todo tipo de abusos. En los caminos que dejaban la ciudad, eran atacados por moros que secuestraban y violaban a sus mujeres e hijas, y abrían los cuerpos de los hombres para ver si habían escondido plata u oro en sus estómagos.

El Rab Jayat logró escapar de Marruecos y embarcar hacia Italia. Llegó al puerto de Venecia solo, semidesnudo y habiendo perdido a toda su familia . Cuando los judíos españoles que vivían en Venecia lo reconocieron, se ocuparon de él. Luego, lo llevaron a la ciudad de Mantova, donde se estableció hasta sus últimos días. Allí conoció a un rabino sefaradí llamado Rabbi Yosef Ya’abets, quien lo convenció de escribir un comentario sobre el famoso y enigmático libro místico «Ma’arajot Eloquim». El Rab Jayat llamó a su libro «Minjat Yehudá» (La ofrenda de Yehudá), ya que era una ofrenda que él, Rabbi Yehudá Jayat, ofrecía a Hashem por haberle salvado la vida.

Este libro es considerado una obra fundamental, ya que explica los principios más complejos de la Kabbalá y contribuyó a la difusión de la sabiduría de la mística judía, que alcanzó su punto máximo en el siglo XVI.

Aunque no se conocen los detalles exactos, se estima que el Rab Jayat falleció en Mantova, Italia, alrededor del año 1510




Rab Shaul haLevi Mortera (1596-1660) fundador de la comunidad Sefaradí de Ámsterdam

Ribbí Shaul Leví Mortera nació en Venecia, Italia, en el año 1596, en el seno de una familia de judíos sefaradíes descendientes de anusim portugueses. Desde su juventud mostró una inclinación natural hacia el estudio profundo, la filosofía y la tradición.

El evento que marcó el inicio de su carrera rabínica tuvo lugar en el año 1616. Mortera fue quien escoltó el cuerpo del célebre médico judío Eliahu de Luna Montalto —médico personal de la reina María de Médicis— desde París hasta Ámsterdam. Este acto de lealtad y respeto hacia un sabio tan respetado dejó una profunda impresión en la comunidad sefaradí de la ciudad, y fue tal la impresión que causó que le ofrecieron el cargo de liderazgo rabínico en la comunidad sefaradí de Ámsterdam.

Formación y primeras responsabilidades

Ya en Ámsterdam, el rab Shaul prosiguió sus estudios bajo la dirección del jajam Yitsjaq Uziel, un rabino originario de Marruecos. Estudió con él Talmud, filosofía judía, exégesis bíblica y pensamiento medieval, en especial el legado de Maimónides. En poco tiempo fundó una institución de estudios avanzados, un Bet Midrash llamado Kéter Torá, donde él mismo enseñaba. Mencionemos que el rab Mortera brillaba en una generación donde había luminarias como el rab David Pardo, el rab Jacob Sasportas y Menashé ben Israel.

Gracias a su prestigio creciente, fue nombrado presidente de la corte rabínica de la comunidad portuguesa de Ámsterdam. Este cargo no solo implicaba dictaminar halajá, sino también actuar como líder comunitario en una ciudad donde el judaísmo, aunque tolerado, vivía bajo vigilancia y presión de las autoridades calvinistas.

La fundación de la Yeshivá Ets HaJayim

Uno de los grandes logros de Mortera fue la fundación y dirección de la famosa Yeshivá Ets HaJayim, institución que se convirtió en el centro del renacimiento espiritual sefaradí en los Países Bajos. Allí enseñó durante décadas a cientos de alumnos, muchos de ellos descendientes de familias marranas que apenas estaban redescubriendo el judaísmo que sus antepasados habían practicado en secreto.

Entre sus alumnos más destacados se cuentan figuras como el rabino Moshe Zacuto y el rabino Abraham HaCohen Pimentel (autor de Minjat Cohen). Su mayor frustración fue que uno de esos alumnos fue también el famoso hereje Baruj Spinoza, a quien él mismo tuvo que excomulgar.

Espinoza fue su alumno directo en Talmud, Torá y filosofía, pero con el tiempo adoptó posturas cada vez más radicales que desafiaban los principios fundamentales del judaísmo tradicional. Cuando finalmente la comunidad sefaradí decidió emitir el jérem (excomunión) contra Spinoza, el 27 de julio de 1656, Mortera fue uno de los tres dayanim que firmaron la sentencia, redactada en términos inusualmente severos. La decisión fue dolorosa, pero necesaria para proteger la cohesión interna de una comunidad en reconstrucción.

Su obra central: Giv’at Shaul

El legado escrito más famoso de Mortera es sin duda Giv’at Shaul, publicado en hebreo en Ámsterdam en 1645. Esta obra recoge 50 derashot (sermones) seleccionadas de entre más de 500 pronunciadas durante su carrera. Los sermones están basados en las secciones semanales de la Torá y combinan conocimiento rabínico, rigor filosófico y profundidad emocional.

Giv’at Shaul refleja la preocupación constante del rabino por guiar espiritualmente a una generación cuyos miembros habían sido educados en conventos o colegios cristianos, sin conocimiento previo de la Torá ni de la tradición judía. En cada discurso, el rab Mortera utiliza la parashá para hablar sobre Emuná, fe judía, justicia, providencia, mesianismo y libre albedrío, todo con un tono didáctico y comparando la visión judía con la cristiana que sus alumnos conocían. Para la mayoría de ellos era la primera vez que escuchaban la versión judía de los principios de fe.

Maestro de los “nuevos judíos”

Ribbí Shaul Leví Mortera entendía que su principal tarea no era solo enseñar Torá a los sabios, sino reeducar a los “nuevos judíos”, es decir, a aquellos descendientes de marranos que, tras generaciones de adoctrinamiento y conversión forzada, retornaban públicamente al judaísmo. A muchos de ellos, la sinagoga les era tan ajena como lo era una iglesia para un judío tradicional.

Por esta razón, escribió varios libros en portugués y en español, dedicados específicamente a esta población. En ellos abordaba los fundamentos del judaísmo, la inmortalidad del alma, el Mesías, la revelación, la unicidad de Dios y —sobre todo— las diferencias entre el judaísmo y el cristianismo.

Uno de los más significativos es El Tratado de la Verdad de la Ley de Moisés, en el cual Mortera defiende el judaísmo frente a los dogmas cristianos. Explica el entendimiento judío de los versículos bíblicos que la Iglesia había apropiado para justificar doctrinas como la Trinidad, la encarnación o la abolición de la Torá. Lo hace con claridad, lógica y sin tono provocador, manteniéndose fiel a una línea apologética judía que se remonta a Saadia Gaón y a Maimónides.

Otros escritos y tratados apologéticos

Además del Giv’at Shaul y del Tratado de la Verdad, Mortera escribió numerosas obras de polémica religiosa y filosofía popular, entre ellas:

  • Preguntas que hizo un clérigo de Ruan de Francia: una respuesta puntual a los ataques de un sacerdote católico contra el Talmud.

  • Providencia de Dios con Israel: reflexión sobre la elección del pueblo judío y su rol en la historia sagrada.

  • Relación memorable para confusión de aquellos que niegan la providencia divina: exposición de la fe judía en la supervisión activa de Dios (hashgajá).

  • Obstáculos y oposiciones contra la religión cristiana: crítica racional a los principios básicos del cristianismo.

  • Varios tratados relativos a la religión judía: compendio de temas introductorios para el aprendizaje de los nuevos judíos.

  • La eternidad de la Ley de Mosheh: defensa enfática del carácter eterno e irremplazable de la Torá frente a la noción del “Nuevo Pacto”.

Estos escritos circularon en manuscritos o impresos de edición limitada, y fueron preservados en bibliotecas de Londres, Ámsterdam y Hamburgo. Algunos de ellos fueron utilizados por generaciones posteriores de rabinos para enfrentar las dudas de conversos, misioneros y cristianos interesados en el judaísmo.

Su pensamiento: entre Maimónides y el exilio

Mortera fue un hombre profundamente influenciado por el judaísmo inteligente de Maimónides, un modelo ideal para una comunidad judía que, si bien acababa de salir del trauma de la Inquisición, estaba compuesta por individuos altamente educados. Al enseñar la filosofía de Maimónides, Mortera les ofrecía a los exconversos un lenguaje que ellos comprendían, y a través de él podía transmitir los principios de fe judía claramente diferenciados de los preceptos cristianos.

Incluso citando a Maimónides podía enseñarles —a esos exconversos que habían asistido a universidades— que la ciencia no está en contradicción con la fe, como sucedía con frecuencia en el mundo cristiano.

El rab Shaul entendía que el retorno al judaísmo no se lograba mediante imposiciones, sino con paciencia y claridad.

Se dice sobre Maimónides y su actitud hacia aquellos judíos yemenitas que sufrieron la conversión forzosa en el siglo XII, que para Maimónides la crisis espiritual no es un delito: es una enfermedad. Y por lo tanto, no necesita de un juez que venga a sentenciarla, sino de un médico que venga a curarla.

Legado

Ribbí Shaul Leví Mortera falleció en 1660, dejando un legado que perduró mucho más allá de su tiempo. Fue el símbolo de una generación que reconstruyó el judaísmo sefaradí desde las cenizas del exilio y la persecución.

Su obra, tanto oral como escrita, consolidó a Ámsterdam como el centro intelectual y espiritual del judaísmo sefaradí en Europa occidental durante el siglo XVII. Sus discípulos continuaron su labor en Europa y en el Imperio Otomano, y su influencia aún se percibe en el pensamiento judío moderno, especialmente en los debates entre tradición y modernidad, fe y razón, memoria y libertad.

Como todos los Gigantes Olvidados, el rab Mortera merece ser recordado no solo por su erudición, sino por su misión: reconstruir la identidad judía de quienes la habían perdido… sin haberla olvidado nunca.




4 DE JULIO: Gershom Mendes Seixas (1745-1816), el primer rabino norteamericano


Nacimiento y origen familiar
Gershom Mendes Seixas nació en Nueva York el 15 de enero de 1745. Fue hijo de Isaac Mendes Seixas y Rachel Levy, ambos descendientes de familias sefardíes que emigraron de Portugal y España al Nuevo Mundo, estableciéndose en la pequeña pero influyente comunidad judía de Nueva York. Su padre, Isaac, era comerciante y uno de los fundadores de la sinagoga Shearith Israel, la más antigua de América del Norte.

Desde joven, Gershom se dedicó al estudio de la Tora. En esa época no había yeshivot ni centros rabínicos en América, pero estudió Tora, Tanaj y tradición judía con maestros locales y libros traídos de Europa. Aunque careció de estudios rabínicos formales, por su conocimiento, su fluidez en hebreo y su liderazgo, fue designado como jazán (oficiante), predicador y guía religioso en Shearith Israel, cargo que en las comunidades sefardíes equivalía al de rabino o jajam.

Educación y liderazgo religioso
Dominaba inglés y hebreo, y poseía conocimientos de castellano y portugués, reflejo de su herencia sefardí. En 1768, con apenas 23 años, fue designado jazán de Shearith Israel. Durante la Guerra de Independencia, su liderazgo se puso a prueba. La comunidad judía estaba dividida entre leales a la Corona británica y patriotas. Gershom apoyó firmemente la independencia. Cuando las tropas británicas ocuparon Nueva York en 1776, abandonó la ciudad junto con otros patriotas, trasladándose a Filadelfia.

Patriotismo y servicio en Filadelfia
En 1780, dejó Stratford y se estableció en Filadelfia, la capital revolucionaria. Allí fue nombrado jazán de Mikveh Israel, la segunda congregación más antigua de Estados Unidos. Durante los años críticos de la guerra, ofició, predicó y mantuvo viva la vida religiosa judía. Cuando terminó la guerra y los neoyorquinos comenzaron a regresar, Mikveh Israel no quería dejarlo ir, pero Seixas volvió a Nueva York, donde residiría el resto de su vida.

Familia y vida personal
Con su primera esposa, Elkaleh Cohen, tuvo dos hijos. Tras su fallecimiento, se casó con Hannah Manuel, con quien tuvo diez hijos. Su descendencia continuó siendo influyente en la vida judía americana, manteniendo el apellido Seixas como símbolo de orgullo sefardí.

Funciones comunitarias y cívicas
Sus deberes como jazán no se limitaban a dirigir los rezos. También era responsable de la educación, la circuncisión, el shejitá (faena ritual), y era la principal autoridad religiosa y comunitaria de los judíos neoyorquinos, una comunidad pequeña y unida.

Seixas también representaba a los judíos ante la sociedad general. Entre 1784 y 1815, fue miembro del consejo directivo (Regent) de Columbia College junto a personalidades como Alexander Hamilton y John Jay, siendo el primer judío en ocupar tal cargo en una universidad americana. Este puesto lo ejerció durante más de tres décadas, reflejando la integración de los judíos en la vida cívica estadounidense.

Predicaciones y estilo religioso
Característico de su servicio en Shearith Israel fue la costumbre de pronunciar sermones en inglés, algo inusual en un jazán tradicional. Este cambio reflejaba la influencia del protestantismo americano, así como los ideales liberales de la Ilustración. Sus contemporáneos lo llamaban “minister” o “reverend”, títulos más comunes entre cristianos, pero que reflejaban su nuevo rol como guía espiritual integral.

Aunque no publicó libros de halajá, sus sermones fueron transcritos y conservados por miembros de la congregación. Entre ellos destacan:

  • Su oración en el Día de Acción de Gracias proclamado por Washington en 1789, donde habló del deber de los judíos de agradecer a Dios por vivir en un país de libertad.

  • Sus mensajes de Rosh Hashana y Yom Kipur, insistiendo en la responsabilidad moral y en la importancia de las mitsvot como garantía de continuidad judía.

Cambio lingüístico y legado histórico
Durante su liderazgo, el español –lengua tradicional de los sefardíes– comenzó a ceder lugar al inglés, dado el crecimiento de los judíos ashkenazíes y la integración de la comunidad judía en la sociedad americana. Este proceso marcó el surgimiento de formas propias de judaísmo americano, donde la identidad sefardí y el idioma inglés se fusionaban en un mismo liderazgo.

Últimos años y legado
Falleció el 2 de julio de 1816 en Nueva York, a los 71 años, y fue sepultado en el cementerio antiguo de Shearith Israel. Hoy se le recuerda como el primer líder judío americano en apoyar abiertamente la independencia, un patriota que confió en que Estados Unidos sería un lugar donde los judíos pudieran practicar su religión con libertad y dignidad.

En palabras de los historiadores: “Seixas fue para el judaísmo americano lo que George Washington fue para Estados Unidos: un padre fundador”. Su vida y obra simbolizan la integración de los judíos en América sin renunciar a su fe y tradiciones.


Oración de Gershom Mendes Seixas en la inauguración de George Washington

30 de abril de 1789 | Congregación Shearith Israel, Nueva York

“Dios nuestro y Dios de nuestros padres:
Te suplicamos que derrames Tus bendiciones sobre el Presidente de los Estados Unidos y sobre todos aquellos que tienen autoridad bajo su mando. Que sean fortalecidos con Tu poder para cumplir los deberes de sus respectivos cargos con honestidad e integridad. Que sean guiados por la sabiduría, aconsejados por la comprensión y sostenidos por Tu fuerza.
Que este gobierno sea una bendición para todos los habitantes de esta tierra; que promueva el honor de Tu santo Nombre y el conocimiento de Ti y de Tu ley, para que la justicia y la paz prevalezcan, la verdad florezca en los días de nuestra vida, y se nos permita ver la venida del Redentor en paz. Amén.”


 




Ribbi Eliyahu de Luna Montalto (1567-1616), médico del Rey de Francia

DE PORTUGAL A PISA

Eliyahu de Luna Montalto nació alrededor del año 1567 en la ciudad de Castelo Branco, en el Reino de Portugal. Fue bautizado oficialmente el 6 de octubre de 1567 como Felipe Rodrigues de Castelo Branco. Era hijo de Antonio y Catarina Aires, que eran anusim , judíos forzados a convertirse al cristianismo.
Estudió medicina en la Universidad de Salamanca y, más tarde, en la Universidad de Coímbra, en Portugal. Se estableció como médico en Lisboa, donde se casó con Jerónima de Fonseca, hija de una familia de médicos. El padre de Jerónima, Manuel de Fonseca, había sido forzado a convertirse al cristianismo en Portugal en 1497.
A fines del siglo XVI, el Dr. Montalto se trasladó a Italia. Primero se instaló en Livorno. Desde 1593, gracias al edicto de Ferdinando I de Medici, Livorno ofrecía residencia y libertad profesional a judíos y conversos provenientes de España y Portugal, sin cuestionamientos acerca de su pasado religioso. Allí, Montalto comenzó a ejercer la medicina profesionalmente, y su reputación creció tanto entre cristianos como entre judíos. Poco a poco, y a medida que se reconectaba con sus raíces judías, fue acercándose cada vez más a una vida de observancia religiosa. Su nombre original, Felipe (que significa “amante de los caballos”), lo cambió por Philotheo, que significa “amante de Dios”.

En 1606 publicó su primer tratado médico: Optica intra philosophiae et medicinae aream, una obra científica sobre los procesos visuales en la que combinaba observaciones médicas con referencias filosóficas y bíblicas. Por ejemplo: desarrolló una teoría innovadora sobre la visión, afirmando que esta se genera en el cerebro —y no en los ojos—, basándose en una lectura literal del versículo de Éxodo 20:18: “Todo el pueblo veía las voces”.
Durante ese mismo período enseñó medicina en la Universidad de Pisa, donde fue considerado como candidato para ocupar la cátedra de Girolamo Mercuriali, decano de la facultad, tras su fallecimiento en 1606. Sin embargo, a pesar de su preparación y prestigio, su nombramiento no se concretó.

EN EL GUETO DE VENECIA

En 1607, Montalto tomó la decisión más crítica de sus vida: abandonó Pisa y se trasladó al Gueto de Venecia, donde renunció a su identidad cristiana y comenzó a practicar abiertamente el judaísmo. Allí fue acogido por la comunidad judía, que contaba con unos 6.000 miembros que sufrían la pobreza y necesitaban desesperadamente la asistencia de un ben médico. En Venecia adoptó el nombre hebreo Eliyahu, y su esposa, Jerónima, asumió el nombre hebreo Rajel. A partir de entonces, vivió como judío practicante durante toda su vida. Su primer maestro fue Daniel Franco, quien eventualmente fue quemado en la hoguera en un auto de fe por su fe judía al regresar a Portugal.
Durante su residencia en Venecia, Montalto se dedicó al estudio de la Halajá (ley judía) y también a la filosofía judía, sin dejar de ejercer la medicina. Participó activamente en la vida del gueto, mantuvo relaciones con rabinos e intelectuales, y redactó sus principales escritos en defensa del judaísmo. Según diversas fuentes, formó parte del liderazgo de la comunidad y escribió extensamente tanto sobre temas médicos como religiosos. En su tumba se lo denomina “Rab” (rabino), lo que permite suponer que en algún momento recibió formalmente ese título.
En 1612 representó a la comunidad judía en un debate público en Padua frente a un fraile dominico. El encuentro terminó con la sorpresiva retirada del fraile y consolidó la reputación de Montalto como polemista y defensor del judaísmo. Su alto nivel cultural y profundo conocimiento del cristianismo le permitieron debatir con los no judíos en condiciones de igualdad y con argumentos sólidos.

 

MÉDICO DE LA CORTE EN PARÍS

Años antes, en 1605, Montalto había pasado por París en su camino de regreso desde los Países Bajos. Allí fue convocado por la corte para tratar a Leonora Galigai, dama de compañía y amiga de infancia de María de Médici, esposa del rey Enrique IV. Galigai padecía un cuadro diagnosticado entonces como bulbus hystericus , un trastorno psicosomático. Las enfermedades mentales en esa época solían ser tratadas por religiosos cristianos mediante exorcismos, ya que se creía que la persona afectada estaba “poseída” por un espíritu maligno. El Rab Montalto ordenó que los prelados cesaran con sus exorcismo y procedió a tratar a la paciente con un propio enfoque médico. Le prescribió a Galigai un tratamiento basado en dieta, aire fresco, caminatas, ejercicios y abstinencia durante seis semanas. Según los expertos George M. Weisz y Donatella Lippi este método podría considerarse hoy como una forma temprana de psicoterapia . Con el tiempo, la paciente mejoró significativamente, y la reputación del Dr. Montalto creció aún más. Se difundió su fama y aumentó la expectativa de que fuese designado como médico oficial de la corte parisina.
Sin embargo, el rey Enrique IV se opuso férreamente a su nombramiento formal debido a que Montalto era judío. Aunque lo respetaban por su saber y sus logros, no le permitió permanecer en la corte. Tras el asesinato de Enrique IV en 1610, la reina María de Médici —ahora regente del joven Luis XIII— volvió a convocarlo a París. En una carta fechada el 6 de mayo de 1611, Montalto expresó claramente las condiciones para aceptar ese cargo:
Permiso papal para residir como judío y practicar abiertamente el judaísmo en Francia
Autorización para llevar consigo a diez judíos, a fin de asegurar un minyan diario, incluyendo un shojet
Exención de trabajar en Shabbat
Derecho a practicar libremente su religión y consumir alimentos kasher tanto él como sus acompañantes
Indicó además que ya había rechazado cargos similares en Bolonia, Messina y Pisa, e incluso la oferta de servir como médico personal del Gran Duque de Toscana, porque no se le habían concedido esas condiciones. Era la primera vez que un médico de su prestigio presentaba una solicitud de esta naturaleza, lo cual marcó un precedente histórico respecto a los derechos religiosos de un judío observante en la Europa del Renacimiento.
Estas audaces condiciones —sin precedentes para la época— fueron aceptadas por la reina, y a su pedido el Papa le extendió a Montalto una “dispensación” (heter) para practicar el judaísmo y traer a sus asistentes. Uno de ellos era Shaul HaLevi Mortera, que luego se trasnformó en el rabino principal de Amsterdam . El 19 de septiembre de 1612, Montalto fue nombrado oficialmente Consiliarus et Medicus (consejero y médico de la corte real). Ademas, fue el primer judío en ejercer públicamente —y notoriamente— su fe en París desde la expulsión de los judíos en 1394.

DEFENSOR DE LOS ANUSIM

Durante su tiempo en la corte, Montalto protegió a los conversos judíos, que eran permanentemente atacados y discriminados. En 1615 evitó la disolución de la comunidad de conversos en Burdeos, e intervino también para frenar la expulsión de varios conversos que fueron descubiertos celebrando el Séder de Pésaj en París.
En 1614, publicó en París su segunda obra médica: Archipathologia, dedicada a María de Médici. Este tratado psicológico, de 817 páginas, aborda 18 tipos de trastornos mentales y neurológicos como la melancolía, la epilepsia, el insomnio, el vértigo y el coma.
En esos años de intensa actividad médica y filosófica, Montalto redactó también dos tratados polémicos en defensa del judaísmo, respondiendo a ataques cristianos. El primero fue un tratado escrito en portugués sobre Isaías 53, capítulo que describe al “siervo fiel de Dios” que sufre persecuciones y dolor por su apego a Él. La literatura rabínica siempre enseño que el “Siervo de Dios” se refiere al pueblo de pueblo Israel. Pero la Iglesia lo interpretó como una referencia a Yeshu. Al presentar los argumentos judíos, el rab Montalto no solo buscaba refutar esa lectura cristiana, sino principalmente educar a los conversos —adoctrinados por curas y maestros católicos— que pro primera vez en sus vidas comprender correctamente ese texto fundamental.
Su segundo libro, titulado Proposiciones convenientes e inconcusas, escrito en italiano, rechaza la noción cristiana de redención mediante un sacrificio vicario, es decir, a través del sufrimiento de Yeshu. Montalto explica que, de acuerdo a la Torá, cuando una persona comete una transgresión, es personalmente responsable por su falta, y solo puede ser perdonada si reconoce su error, lo confiesa —no ante un religioso, sino directamente ante Dios— y decide corregir su conducta. De esta manera, el judaísmo subraya la responsabilidad individual del pecado y la esencia de la Teshubá (arrepentimiento) como camino de redención personal.

MUERTE Y ENTIERRO

En noviembre de 1615, Montalto acompañó a la familia real en su viaje a España para la boda de Luis XIII con Ana de Austria, hija del rey Felipe III. De regreso a Francia, al llegar a las cercanías de Tours, Montalto se contagió de una plaga y falleció. Era el 17 de febrero de 1616, correspondiente al 29 de Shebat del año 5376.
En Francia no existía un cementerio judío, y por eso, en su testamento, Montalto dispuso que su cuerpo fuera trasladado a Ámsterdam, donde vivían sus hijos, para ser enterrado en el cementerio judío de Beth Haim. La reina María de Médici ordenó embalsamar su cuerpo —una medida excepcional— y financió personalmente su traslado.
Su hijo Moshé de Luna Montalto y su discípulo, el rabino Shaul Levi Mortera, acompañaron su cuerpo en el trayecto fúnebre hasta Ámsterdam. El lugar de su sepultura aparece representado en una pintura del artista Jacob van Ruisdael, realizada entre 1650 y 1655, en la que su tumba figura en el centro del lienzo.
Las palabras inscritas en su lápida habrían sido redactadas por su maestro principal en Tora, el célebre Rab Yehuda Aryeh de Modena (1571–1648).

 

 

לישראל כהריאל והר תלול הלא זה הוא
יהי זכרו ואור שחרו באמרם לו פאר דור הוא
הרק עמו שמו עמו הלא שרים יבקשו הוא
והוא להם בחצריהם בקול יקרא ואלי-יה הוא
ה”ה האלוף הקצין הרב הכולל כמוהרר אליהו מונטאלטו זצוקל
שהיה יועץ ורופא למלך ולמלכת צרפת ויצוו לחנוט אותו
ויישם בארון הזה ויתהלך את האלהים בכ’ט בשבט שנת שלום




Rab Isaac Cardoso (1604-1687) y el antisemitismo europeo

Isaac Cardoso, cuyo nombre original era Fernando Cardoso, nació en el año 1604 en Beira, Portugal, en el seno de una familia de judíos conversos, conocidos como “marranos”. Como muchas otras familias sefardíes en la Península Ibérica, los Cardoso vivieron bajo la presión de la Inquisición y mantuvieron la observancia del judaísmo en secreto durante varias generaciones.

Desde joven, Fernando demostró aptitudes intelectuales notables. Se trasladó a España, donde ingresó a la Universidad de Salamanca, una de las más prestigiosas de Europa en ese entonces. Allí estudió medicina, filosofía y ciencias naturales. Su formación fue rigurosa, y pronto se convirtió en una figura destacada en los círculos médicos e intelectuales de su tiempo.

En 1632, Cardoso fue nombrado médico principal de Madrid, cargo de gran prestigio en la corte de Felipe IV. Su actividad no se limitó a la medicina: publicó un tratado científico sobre el monte Vesubio —un volcán situado en Nápoles— en el cual analizaba las causas geológicas de los terremotos, un tema audaz para la época. También escribió una elegía fúnebre dedicada al célebre poeta Lope de Vega, y un ensayo médico sobre los usos terapéuticos del agua fría, dirigido al propio rey.

A pesar de su éxito profesional, Fernando Cardoso vivía una vida dividida: externamente cristiano, pero interiormente fiel a la tradición judía de sus antepasados. Finalmente, en 1648, decidió abandonar España y buscar un entorno donde pudiera vivir como judío libre. Se instaló en Venecia, una ciudad que ofrecía a los judíos cierta libertad y autonomía comunitaria. Fue allí donde adoptó públicamente la fe judía, cambiando su nombre por Isaac.

En Italia, Cardoso vivió primero en Venecia y luego en Verona. Continuó ejerciendo la medicina, pero dedicó cada vez más tiempo al estudio y a la escritura. En 1673 publicó en latín su obra más extensa y ambiciosa desde el punto de vista científico y filosófico: Philosophia Libera in Septem Libros Distributa (“Filosofía libre dividida en siete libros”), impresa en Venecia. Este tratado abordaba temas de cosmología, física, medicina, teología y ciencias naturales. Allí Cardoso se posiciona frente a corrientes filosóficas como el escepticismo de Gassendi y el racionalismo de Descartes, proponiendo una visión integradora entre ciencia, religión y razón.

Sin embargo, su legado más perdurable se encuentra en un libro que escribió en español, dirigido tanto a los judíos como a los lectores cristianos: Las Excelencias y Calumnias de los Hebreos, publicado en Ámsterdam en 1679.

Este libro está dividido en dos partes: los primeros diez capítulos presentan las “excelencias”, es decir, las virtudes del pueblo judío. Cardoso describe allí la singularidad del judaísmo: su carácter de pueblo elegido, la observancia de leyes específicas que lo distinguen de las demás naciones, su ética de la compasión, la práctica de la filantropía, el recato, la vida familiar, la fe profunda en un Dios único y la transmisión intergeneracional del conocimiento y los valores.

En los diez capítulos siguientes, Cardoso refuta con firmeza y elegancia las “calumnias” que durante siglos fueron dirigidas contra los judíos. Entre ellas: la acusación de idolatría, el prejuicio grotesco de que los judíos tienen cola o mal olor, el mito de que odian a los cristianos o que han alterado las Escrituras, y, especialmente, la infame acusación del llamado “ritual de sangre”, que afirmaba —sin base alguna— que los judíos asesinaban niños cristianos con fines rituales.

Una de las citas más elocuentes de su introducción dice:

“El pueblo de Ysrael, al mismo passo amado de Dios que perseguido de los hombres, ha dos mil años desde el tiempo de Nebuhadnezar que anda esparzido en las naciones…. de unas maltratado, de otras herido, y de todas desespreciado, sin que haya monarquía o reyno que no haya desenvainado contra él la espada…”

Cardoso responde a estos ataques con argumentos racionales, históricos y teológicos, demostrando que no hay base en la realidad para tales acusaciones y que ellas nacen de la ignorancia, la superstición o el fanatismo religioso. Su estilo combina erudición con claridad, ironía con profundidad, y está impregnado de un profundo amor por el pueblo judío.

La obra fue presentada al gran rabino de Venecia, Rabbí Shemuel Abohab, quien elogió calurosamente el texto y agradeció a Cardoso por su defensa brillante y valiente del judaísmo. El libro se convirtió en una referencia para las comunidades sefardíes de Europa occidental, especialmente en Ámsterdam, Londres y Livorno, que vivían entonces un renacimiento cultural y espiritual tras siglos de clandestinidad.

De las calumnias medievales al discurso de odio moderno

La acusación del “ritual de sangre” —una de las más crueles y absurdas jamás formuladas— afirmaba que los judíos mataban niños cristianos para usar su sangre en rituales religiosos. Aunque totalmente infundada, fue repetida por siglos y usada para justificar persecuciones y matanzas. Cardoso la refutó en su época con argumentos tan claros que hoy nos parecen evidentes, pero que entonces eran valientes y necesarios.

Hoy, el antisemitismo ha adoptado formas nuevas. La más reciente y dañina es la acusación de que el Estado de Israel comete “genocidio” en Gaza. Esta acusación, como la del ritual de sangre, ignora los hechos, pervierte el lenguaje moral, y presenta a la víctima como victimario.

Israel, al igual que el pueblo judío en los tiempos de Cardoso, se ve forzado a defenderse de quienes desean su destrucción. En este caso, de la organización terrorista Hamas, que no solo dispara desde zonas civiles, sino que se esconde deliberadamente detrás de civiles —usando hospitales, escuelas y mezquitas como escudos humanos. Israel se esfuerza de forma excepcional por minimizar víctimas inocentes, incluso arriesgando la vida de sus propios soldados. La muerte de civiles —dolorosa y trágica— ocurre precisamente porque Hamas retiene a rehenes, no entrega a los secuestrados, y lanza ataques desde entornos poblados.

Decir que Israel comete genocidio no solo es una calumnia sin base, sino un agravio a la memoria de las verdaderas víctimas del genocidio en la historia. Y al igual que la acusación medieval del ritual de sangre, esta mentira moderna busca deslegitimar al pueblo judío como colectivo moral y político.

Rab Isaac Cardoso, con su voz desde el siglo XVII, nos recuerda que los judíos han sido acusados falsamente por siglos. Pero también nos enseña que la respuesta a la mentira es la palabra, la razón y la verdad. Así como él escribió su obra en español para que también los no judíos pudieran comprender la injusticia de las acusaciones, hoy también se necesita levantar voces que respondan con inteligencia y ética a quienes difaman a Israel.

Cardoso murió en Verona alrededor del año 1683, dejando tras de sí un legado intelectual y espiritual de gran valor. Su figura representa el renacimiento de la identidad judía en tiempos modernos, el coraje de quienes abandonaron posiciones de prestigio para volver a sus raíces, y la dignidad de quienes, como él, decidieron responder al odio con sabiduría.

Hoy, Las Excelencias y Calumnias de los Hebreos está disponible en línea gracias a HebrewBooks.org, junto con más de 52.000 obras judías antiguas. Este texto, escrito en un castellano antiguo pero accesible, es una lectura fundamental para comprender cómo la lucha contra el antisemitismo moderno comenzó —al menos en parte— con la pluma de un judío sefardí que se atrevió a hablar en voz alta cuando otros callaban.




El Rab Shimon Durán (1361-1444) y los judíos de Palma de Mallorca

Ribbí Shimón ben Tsemaj Durán, también conocido como el «RASHBETS», nació en Mallorca, España en 1361. Durante su juventud, estudió con el famoso rabino Efraim Vidal, que era el director de la Yeshibá o academia rabínica de Mallorca. Además de sus profundos estudios de Torá, y siguiendo el método educativo clásico de los judíos españoles, el rabino Durán adquirió un vasto conocimiento de matemáticas, astronomía, filosofía y, en particular, medicina. Por muchos años ejerció como médico y cirujano en la ciudad de Palma de Mallorca.

La comunidad judía de la Isla de Mallorca era muy próspera y, antes de las masacres de 1391, contaba con más de 1.000 familias. En 1391, los disturbios antijudíos que sacudieron España también llegaron a la isla. En la ciudad de Palma, los disturbios estallaron el 10 de julio. La multitud rompió las puertas de la judería (conocida en español como el «Call», que proviene de la palabra «kahal») y masacró a decenas de judíos, invadió sus casas y robó sus pertenencias. Muchos judíos fueron obligados a aceptar el bautismo para salvar sus vidas. Otros judíos fueron torturados hasta la muerte por no aceptar el bautismo, entre ellos el anciano maestro de Rabí Durán, Rabí Efraim Vidal, z»l. Los que se convirtieron por la fuerza («conversos») fueron sujetos al escrutinio de la Inquisición, que los perseguía sistemáticamente. Si se encontraba a un converso practicando el judaísmo («judaizando»), era quemado vivo en los infames «autos de fe». Los descendientes de los conversos mallorquinos mantuvieron el judaísmo en secreto durante siglos, incluso hasta nuestros días. Desde 1391 hasta el final del siglo XV, se llevaron a cabo 346 procesos de Inquisición en Mallorca y 257 «conversos» (popularmente conocidos como «marranos») fueron condenados a la hoguera. La Inquisición siguió en Mallorca y un archivo de 1771 registra que en esa ciudad se había enviado un total de 594 conversos a la hoguera. Los «conversos» mallorquinos son conocidos por un nombre especial: «chuetas» (aparentemente, este nombre proviene de «chuletas»… de cerdo). Estos conversos se veían obligados a comer «chuletas» para simular que no eran judíos. Hay otras opniones Ver aquí.

Volviendo al rabino Durán, en septiembre de 1391 pudo escapar a Argelia, en el norte de África. Pero allí no pudo ganarse la vida con su profesión médica, ya que la población nativa recurría a los curanderos y brujos y no confiaba en los médicos profesionales. Así, se vio obligado a aceptar un cargo público remunerado de rabino, algo que los rabinos de esa época  trataban de evitar. Ribbí Shimon Durán se unió al Bet Din del famoso rabino Isaac bar Sheshat (Ribash). Estos dos rabinos y, más tarde, el hijo de Ribbí Durán, el rabino Shelomó Durán (Rashbash), establecieron las costumbres y tradiciones «sefardíes» para los judíos de Argelia y África del Norte. Después de la muerte del rabino Isaac bar Sheshat (1408), Rabí Durán fue designado como el rabino de Argel. Sus decisiones Halájicas fueron una guía indispensable para los posqim, que a menudo lo citan, incluyendo al rabino Yosef Caro en el Bet Yosef/Shuljan Aruj.

LIBROS

Ribbí Shimon Durán escribió 14 libros. Su obra más famosa es, sin duda, la responsa rabínica conocida como TASHBETS, una colección de 802 preguntas y respuestas halájicas.

Sus otros libros son menos conocidos.

En el área de las ideas y creencias, el rabino Durán escribió un libro monumental llamado «Magen Abot», «En defensa de nuestros padres». Este libro consta de cuatro tratados, que a veces se publicaron como obras independientes.

En el primer tratado, חלק א’ ממעל, el rabino Durán trata temas relacionados con la teología, la existencia, unidad e incorporeidad de Dios, etc. Este tratado fue escrito principalmente para refutar la filosofía aristotélica, dominante en sus días, similar a lo que hoy se considera «el pensamiento secular».

En el segundo tratado, חלק שוסינו, explica el concepto de Torá Min haShamayim, es decir, el origen divino de nuestra Torá, la profecía, la Torá oral, etc.

El tercer tratado, חלק יעקב, trata principalmente sobre las creencias judías de la inmortalidad del alma y la resurrección.

En estos tres tratados, Ribbí Durán sigue y defiende sistemáticamente los 13 principios del judaísmo establecidos por Maimónides. Además, dentro de estos libros, el rabino Durán escribió un largo capítulo en el que compara críticamente al judaísmo con el cristianismo y el islam. Aclaro que él escribió este capítulo para que los judíos, que eran constantemente perseguidos por los misioneros de ambas religiones tratando de convencer a los Yehudim de abandonar su fe, supieran cómo defenderse. Este libro no es solo apologético sino también muy crítico de estas dos religiones. Por eso fue censurado durante siglos y publicado como un librito independiente en Livorno, Italia, 1785 bajo el nombre de «Qeshet uMagen» (un arco y las flechas, para atacar; y un escudo, para defenderse).

La cuarta parte de Magen Abot es un comentario sobre Pirqué Abot, que se ocupa principalmente de la ética judía.

 
 
 



El Rab Tam ibn Yejiá (1475-1542) y el incendio de Constantinopla

El rab Tam ibn Yejiá fue uno de los Rabinos más importantes de su generación.  Nació en Lisboa, Portugal,  en 1475. En 1496, cuando los judíos Portugueses tuvieron que decidir entre convertirse al cristianismo o dejar el país, el Rab Tam escapó hacia la ciudad de Constantinopla, hoy en día Istanbul, Turquía.  Allí, por algunos años miembro de la corte rabínica del famoso Rab Eliyahu Mizraji (רא»ם). Después de la muerte del Rab Mizraji, el Rab Tam heredó ese cargo y fue asignado como el líder espiritual de la comunidad judía de Turquía.

Las relaciones del Rab Tam con el gobierno de Turquía eran más que buenas. En primer lugar porque el Rab Tam era también un muy reconocido médico, y llego a ser uno de los doctores de mayor confianza del Sultán Suleimán El Magnífico (1494-1566), que fue el Sultán que permaneció por más tiempo a la cabeza del Imperio Otomano. En segundo lugar, porque el Rab Tam dominaba perfectamente el idioma turco y el árabe, y era un reconocido experto en ley islámica (sic).  Así escribió su hijo, Gedalia ben Tam (Rab de Salónica, Grecia) en su libro de historia judía Shalshelet haQabbalá  «el conocimiento de mi padre en la ley islámica era tan grande que los jueces musulmanes [=Imanes] frecuentemente consultaban con él con respecto a sus decisiones».

En ese entonces, todos los países del Medio Oriente, incluyendo Siria, Egipto y también Israel, estaban bajo el dominio del Imperio Otomano. De manera que ser el rabino principal de Turquía le confería al Rab Tam también la autoridad rabínica sobre todos los rabinos del Medio Oriente. Así, el Rab Tam, no sólo era consultado por individuos sino también por sus colegas de todo Medio Oriente, quienes buscaban su veredicto cuando había algun debate o discusión entre ellos. El veredicto del Rab Tam era aceptado por los Rabinos de su generación como la última palabra.

La importancia del prestigio del Rab Tam en la corte de Suleimán el magnifico no puede ser subestimada tampoco desde el punto de vista politico.  Gracias a las excelentes relaciones del Rab Tam con el Sultán, todas las comunidades judías del Medio Oriente gozaban del favor del Sultán y del imperio Otomano, lo cual muchas veces significaba la diferencia entre la vida y la muerte de judíos, o la destrucción o supervivencia de comunidades judías enteras.

El Rab Tam fue un escritor muy prolífico.  Uno de sus alumnos , el Rab Binyamin Motal, escribió que el Rab Tam compuso:… «El libro Ma’ase Nisim, un comentario sobre el Rif. El libro Al haNisim, un comentario sobre el Ran. También escribió un libro muy extenso con los registros de todos sus veredictos Halájicos. Una recopilación de miles de preguntas Halájicas, que le fueron enviadas desde todas partes del mundo, y sus respuestas que incluyen sus análisis y veredictos.   Escribió ademas decenas de miles de explicaciones de la Gemará, comentarios a la Torá y a los Midrashim, sermones y libros de ciencia, etc.»

El lector se preguntará, ¿Cómo es posible que un Rabino que fue tan famoso y prolífico en su tiempo (en mi opinión un «Maimonides del siglo 16»)  sea tan poco conocido en nuestro tiempo?

Creo que hay dos respuestas posibles para esta pregunta: La primera es que lamentablemente la mayoria de los rabinos Sefaradim son ignorados y desconocidos. Esta injusticia histórica se está revirtiendo y aunque todavía queda mucho por hacer, poco a poco los Jajamim Sefaradim son cada vez más y mejor conocidos. La segunda respuesta es que, en el caso particular del Rab Tam ibn Yejiá, hubo un factor trágico que contribuyó a que su nombre cayera en el olvido. En el año 1541 hubo un terrible incendio en la ciudad de Constantinopla.  Este incendio que se cobró muchas vidas, también consumió virtualmente todos los libros del Rab ibn Yejiá. Tanto fue el dolor que sufrió el Rab Tam al ver la obra de toda su vida consumida por el fuego, que de acuerdo a lo que expresan sus alumnos, su muerte en 1542 se debió en parte a la tristeza y el pesar que sufrió por la perdida de sus manuscritos.

Todo lo que nos quedó de la obra del rab Tam es una pequeña recopilación de algunos de sus comentarios sobre el Rif, Derej Tamim, y una colección de sólo 213 respuestas rabínicas en un libro Ahole Tam, publicado por su nieto, Don Tam ben Gedalia, en Venezia, Italia, 1620 .

Para bajar este libro haga click  aquí




Rab Moshé Alashkar y ¿cómo calcular la puesta del sol?

El Rab Moshé Alashkar (1466-1541 , también conocido como Maharam Alashkar) estudió Torá con su maestro el Rabino Moshé Valenci. Su colega era el Rab Yaakov Ibn Habib. En España además de Torá, estudió ciencias y la lengua árabe. Saber árabe era esencial para aprender y entender los escritos del Rambam, Maimónides, en su idioma original, incluidas sus obras Moré Nebujím; las respuestas rabínicas del Rambam, y la mayoría de los libros escritos por el hijo de Rambam, Rabbenu

Abraham Ben Harambam.

En 1492, cuando los judíos fueron expulsados de España, el Rab Moshé tenía 26 años. No se dirigió a Portugal como la mayoría de los judíos, sino que se embarcó hacia África del Norte. El viaje fue terrible. Sufrió muchas tribulaciones: su barco se hundió; él fue capturado por piratas y estuvo a punto de ser vendido como esclavo. Pero a último momento logró huir y llegó a Túnez. Vivió allí durante 18 años y decidió escapar cuando se enteró que el ejército español planeaba invadir varias áreas de África del Norte, sabiendo que si lo descubrían allí lo iban a tratar de forzar a abandonar su fe judía. En 1522 se mudó de Túnez a Egipto y una vez allí formó parte de la corte rabínica del célebre Rab David Ibn Zimrá.

En una de sus responsas, escribe que desde joven aspiraba a establecerse en Eretz Israel. En 1539 finalmente lo consiguió. Vivió primero en Tzefat y luego en

Jerusalem donde murió y fue enterrado en 1541.

Sus obras e ideas

El Rab Alashkar fue una de las autoridades rabínicas más grandes de su época, y como tal recibía consultas de diversas partes del mundo. Escribió muchos libros — algunos nunca se imprimieron— entre otros una obra sobre los Arba’a Turím, un comentario sobre Pirqué Abot, y un comentario sobre el comentario de Rashí.

Su obra más famosa es Teshubot Maharam Alashkar, 120 preguntas y respuestas rabínicas sobre diversos temas: leyes civiles, comerciales, explicaciones sobre el Tanaj y el Talmud, y otros variados temas como numismática.

A continuación presentamos algunos ejemplos de sus teshubot:

Teshubá 18. Rabi Alashkar era coleccionista de monedas antiguas y en esta respuesta rabínica analiza una moneda antigua que se había encontrado en excavaciones en la tierra de Israel con el diseño de “un lulab, atado [al hadás y ‘arabá] como lo atamos nosotros, y junto a él, un etrog”.

Teshubá 96. Esta pregunta es acerca de la circuncisión de un niño que había nacido media hora después de la puesta del sol del día viernes, justo antes del anochecer. La circuncisión o berit milá debe hacerse a los ochos días del nacimiento, y la pregunta era: ¿cuándo se deben llevar a cabo esta circuncisión: el viernes posterior al parto o al día siguiente, en Shabbat? El rabino comienza por analizar las diferentes opiniones sobre la determinación halájica acerca de cuándo exactamente termina un día y comienza el otro, y cuáles son los diferentes criterios que examinan los rabinos para establecer el comienzo de un nuevo día: ¿la puesta del sol, el crepúsculo o la salida de las estrellas? El Rab Alashkar cita un famoso texto del Talmud en Pesajim 94 donde se registra un debate que tuvo lugar hace 2.000 años atrás entre los sabios judíos y los sabios griegos. Los rabinos opinaban que durante la noche el sol se trasladaba de oeste a este “por encima de la bóveda celeste”, mientras que los griegos creían que por la noche el sol hacia esta trayectoria “por debajo de la tierra”. Finalmente el Talmud concluye con la admisión de los rabinos que un par de siglos luego de este debate deciden que los sabios griegos tenían razón. ¿Y por qué le dieron razón a los sabios de Grecia? Porque las evidencias factuales apuntaban hacia esa dirección: “por la noche el agua de los océanos, los ríos y los lagos esta menos fría que durante el día”, lo que reconocieron como una sólida prueba de que por la noche el sol se trasladaba por debajo de la tierra y no por encima de la bóveda celeste. Este caso —dejando al margen la antigua astronomía Ptolomeica en la cual se basaba— es un ejemplo excepcional de la integridad, la objetividad y la humildad de los Sabios de Israel a quienes les importó más la verdad objetiva, de acuerdo al conocimiento contemporáneo, que ganar un debate.

1.000 años más tarde, en la Edad Media, los rabinos interpretaron de diversas maneras este debate talmúdico y sus conclusiones. Rabbenu Tam (Francia, 1100-1171) decía que en su opinión no era posible que los rabinos estuvieran equivocados, ni siquiera en un tema relacionado con el área de astronomía. Y por lo tanto lo que el Talmud había querido decir es que los rabinos admitieron “el razonamiento” de los sabios griegos y las evidencias para probar su lógica, pero no admitieron su propia equivocación y no aceptaron la conclusión final de los griegos. Rabbenu Tam, por lo tanto, siguió la opinión “original” de los Sabios de Israel: que el sol por la noche se traslada por encima de la bóveda celestial. Según esta postura, existen en realidad “dos” puestas de sol: la primera cuando el sol desaparece de la vista, y la segunda, invisible para el ojo humano, tiene lugar cuando el sol ingresa a la bóveda celestial y se traslada de oeste a este. Entre las dos puestas de sol, hay un lapso de setenta y dos minutos, y mientras esto sucede, todavía se considera que ese día no terminó. Una vez que el sol ingresa a la bóveda celeste y comienza su travesía de oeste a este, pasan trece minutos y medio hasta que cae la noche. Según Rabbenu Tam, por consiguiente, la ceremonia de circuncisión se debía realizar el viernes porque cuando ese niño había nacido no habían pasado todavía 82.5 minutos desde la puesta del sol, y en consecuencia el bebé había nacido un día viernes.

Maimónides (1135 – 1204) por el otro lado, afirmaba que debemos entender la admisión de los rabinos en forma literal: ellos reexaminaron su opinión original basándose en las evidencias presentadas por los sabios griegos y admitieron que durante la noche “el sol se trasladaba por debajo de la tierra”. Y por lo tanto, existe una sola puesta del sol, que es la que presenciamos cuando el sol desparece de la vista. El tiempo entre la puesta del sol y el anochecer es entonces de 13.5 minutos (y no de 82.5) , y por lo tanto el bebe nació en Shabbat y la circuncisión se debía realizar en Shabbat. Para Maimónides, la admisión de los rabinos en relación a la postura de los sabios griegos, lejos de socavar la autoridad rabínica, es una señal de la integridad intelectual de los Sabios de Israel en la búsqueda de la verdad.

El Rab Alashkar optó por la opinión de Maimónides y explicó que los rabinos son la autoridad incuestionable en el área de la Halajá, la ley judía, y en esa arena, tal como sucede con la Corte Suprema de Justicia de cualquier estado soberano moderno, lo que los Sabios consideren que es la ley es la ley. Al establecer una ley lo que cuenta es la autoridad de aquellos que la emiten, o el sistema a través del cual se acepta o se rechaza una ley (como por ejemplo, por mayoría de votos). La validez de una ley no se basa en las evidencias presentadas —aunque estas seguramente se exploren en el proceso— sino en la autoridad del ente que la sanciona. En el área científica, por otro lado, los rabinos nunca han proclamado haber recibido una tradición Divina acerca de los secretos de la naturaleza. Los temas científicos se prueban o se refutan no en base a evidencias y por lo tanto están abiertos al debate objetivo. Lo que prevalece en estos casos son las evidencias, no la autoridad del ente que emite su opinión. Los rabinos nunca presumieron ser “infalibles” en el area del conocimiento general o científico. Ellos mismos dijeron: “Jojmá bagoyim, taamín” Las opiniones de los sabios gentiles hay que tenerlas en cuenta en relación a los asuntos de sabiduría, es decir, ciencia, cuando dichas opiniones se presentan con evidencias.

Teshubá 112. Una de las áreas más importantes sobre las que escribió el Rab Alashkar fue sobre el tema de las agunot. Una aguná es una mujer cuyo marido ha sido dado por “desaparecido”. Si no se encuentra el cuerpo o un testigo que haya visto el cuerpo o lo haya visto morir no se podrá establecer definitivamente su muerte, y su mujer no puede ser declarada viuda. De esta manera, la esposa se considera “aguná” y no puede volver a contraer matrimonio. Esta situación, que no era poco común podía durar por años o décadas. ¿Por qué era tan necesario escribir sobre este tema? Porque en los tiempos de la expulsión de España, miles de familias se habían separado. Muchas veces por la fuerza o incluso por no tener otra alternativa. El esposo, por ejemplo, se quedaba en España o en Portugal y enviaba a su familia a Italia, al Norte de Africa o a Turquía. Y luego podían pasar años hasta que se enteraban del destino de sus seres queridos. Hubo muchos casos, por ejemplo, de refugiados que habían conseguido huir en alguna embarcación precaria y que fueron atacados por piratas que los secuestraban y los vendían como esclavos, cada uno en una ciudad diferente. El Rab Alashkar mostró su gran compasión y su grandeza como autoridad halájica buscando todas las posibilidades dentro de la ley para liberar a las agunot y permitirles rehacer sus vidas.

Teshubá 117. El Rab Shem Tob Ibn Shem Tob (1380-1440) era un polemista que había escrito el Sefer Ha´Emunot, “El libro de las creencias”, en el cual criticaba duramente las posturas filosóficas de Maimónides, acusándolo de sostener opiniones racionalistas, que a su parecer estaban más cerca de la filosofía gentil que de la tradición judía. La respuesta del rabino Alashkar a las acusaciones de este libro tiene una extensión de veintinueve páginas en la edición de Sabbioneta, y es tan extensa e importante que se la conoce también como Sefer Hasagot , “El libro de las refutaciones”. El Rab Alashkar era un gran defensor de Maimónides y del Moré Nebujim, “La guía de los perplejos”, la obra filosófica más importante del sabio español. Y en esta respuesta demuestra que en muchos casos las acusaciones en contra de Maimónides estaban basadas en una comprensión incorrecta de sus palabras, que fueron escritas originalmente en árabe, lo que generaba que algunos críticos le atribuyeran doctrinas que él en realidad no sostenía. Su respuesta también incluye la explicación de la opinión de Maimónides acerca de la inmortalidad del alma, la naturaleza del Mundo Venidero, la doctrina de tejiyat hametim, o resurrección de los muertos, la recompensa y el castigo, la creencia en la creación ex-nihilo y muchos otros tópicos de índole filosófico y teológico que se explican en “La guía de los perplejos”.




El Rabino Benzion Frizzi (1756–1844) y las bacterias en el Talmud

El Rab Benedetto o Benzion haKohen Frizzi fue uno de los pensadores judíos más extraordinarios del judaísmo italiano; también fue médico e ingeniero. Su educación en ciencias, medicina y matemáticas le ayudó a demostrar que la Torá y la ciencia no se contradicen, sino que se complementan en la búsqueda de la verdad y en el acercamiento al Creador.

Nació en Ostiano, Italia, y desde joven mostró una inteligencia fuera de lo común. Sus padres lo enviaron a estudiar Torá, Talmud y gramática hebrea en la escuela rabínica de Fiorenzuola. En 1769 se trasladó a Mantua, donde completó su formación en la academia del rabino Yaakov Saraval (1707 – 1782). Allí cursó también estudios de filosofía, latín y matemáticas.

Increíblemente, a los 16 años ya estaba certificado como agrimensor, experto en ingeniería y topografía. Luego ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pavía, donde se graduó en 1787. Dos años más tarde, en 1789, aceptó una invitación del gobierno imperial y se mudó a Trieste, donde ejerció la medicina con gran prestigio. En 1816 fundó allí un hospital judío que brindaba atención gratuita a los pobres, uno de los primeros de ese tipo en Europa.

El médico del Pentateuco

Su curiosidad científica nunca lo alejó de su amor por la Torá; todo lo contrario. Frizzi veía en la Torá un auténtico código de salud pública. Entre 1787 y 1790 publicó seis volúmenes titulados Dissertazioni di polizia medica sul Pentateuco (Disertaciones sobre las políticas médicas en el Pentateuco), donde explicaba que “los preceptos de la Torá, además de apuntar a la elevación moral y espiritual del hombre, forman un verdadero código de salud”.

En su visión, las leyes divinas no solo purifican el alma, sino que también protegen el cuerpo y la sociedad. Para él, el médico judío debía ser también un filósofo moral, un profesional que entendiera la salud como armonía entre cuerpo, mente y espíritu.

Defensor del pueblo judío

Pero la medicina no era su única especialidad. En 1784 publicó Difesa contro gli attacchi fatti alla nazione ebrea (Defensa contra los ataques a la nación judía), una brillante respuesta a las acusaciones antisemitas de Giovan Battista D’Arco, quien había afirmado que los judíos eran perjudiciales para la economía. Frizzi refutó cada punto con argumentos históricos y económicos, demostrando que los judíos habían contribuido al desarrollo comercial y social de Europa gracias a su honestidad, su trabajo constante y su ética profesional inspirada en la Torá.

Petaj ‘Enayim: abrir los ojos de los perplejos
La obra judía más importante de Frizzi fue Petaj ‘Enayim (Apertura de los ojos), publicada en Livorno entre 1815 y 1825. En este libro, el rab Frizzi cita todas las aggadot del Talmud —las partes no halájicas, recopiladas en el famoso Ayin Ya‘aqob— y demuestra que los sabios judíos de la antigüedad poseían un conocimiento comparable con los descubrimientos científicos modernos.

El rab Frizzi vivió en una época complicada para el pueblo judío. Por un lado, el iluminismo europeo trataba de secularizar a los judíos y, para lograrlo, atacaba y despreciaba el Talmud, presentándolo como un compendio de ideas anticuadas, irracionales y supersticiosas. Así buscaban justificar el abandono de la tradición judía. El rab Frizzi dedicó muchos años de su vida a demostrar que el Talmud no era superstición, sino una forma de sabiduría profunda y anticipatoria.

Esta afirmación fue escrita entre 1815 y 1825, es decir, unos tres años antes de que el famoso químico Christian G. Ehrenberg acuñara el término bacteria en 1828. La descripción de Frizzi anticipa por décadas la teoría microbiana de Pasteur, formulada en 1860. Es decir, mientras la medicina europea aún se aferraba a la teoría de los miasmas —los “aires” o rujot dañinos—, el rab Frizzi percibió en las palabras del Talmud una auténtica anticipación científica.

Los Sabios habían descrito, con el lenguaje de su tiempo, la existencia de agentes patógenos invisibles. Con esta lectura, el rabino y médico de Trieste transformó una Aggadá en una hipótesis científica, mostrando que la sabiduría rabínica no se oponía a la ciencia, sino que —bien interpretada— la anticipaba.

Su legado
El rab Frizzi demostró así que la Torá no es moderna, sino eterna, y que cada generación debe encontrar la manera de aplicarla y comprenderla sin reformarla, como pretendía el iluminismo secular.

Estudiar Torá, como enseña Maimónides, es también estudiar el mundo y el universo que Dios creó. La mejor defensa del judaísmo no es el aislamiento, sino el “judaísmo inteligente”, donde la Torá y el saber científico no se contradicen, sino que representan dos libros escritos por el mismo Autor.

Rab Benzion Frizzi falleció en 1844. Su Petaj ‘Enayim puede consultarse hoy en HebrewBooks o en este enlace.

 

TRADUCCION / EXPLICACION

GEMARA: Ribbí Levi dijo: “Quien se dedica al estudio de la Torá, los sufrimientos físicos se alejan de él.”

PETAJ ENAYIM: ¿Por qué? Porque quien se entrega al estudio y a la práctica de la Torá no vive persiguiendo sus apetitos: evita comer y beber en exceso y se aleja de los placeres físicos desmedidos. Al hacerlo, naturalmente mantiene un estilo de vida saludable y reduce muchas de las causas de enfermedades y dolores que provienen de satisfacer los instintos sin disciplina.

Además, un verdadero estudiante de la Torá aprende a estar feliz y contento con lo que tiene. Esta satisfacción interior le otorga tranquilidad y paz mental, reduciendo la tensión y la ansiedad —las raíces emocionales de muchos problemas físicos y enfermedades cardiovasculares.

Y si alguien ya está sufriendo una enfermedad física o mental, al estudiar y meditar en las palabras de la Torá encontrará sanación para todo su cuerpo; restaurará su equilibrio cuerpo-mente. Como dijo Shelomó HaMelej:
La Torá “será medicina para tu carne y sanación para tus huesos.” (Mishlé 3:8)

El estudio de la Torá, cuando se realiza con profundidad y reflexión, produce un efecto terapéutico natural que mantiene el cuerpo sano y previene la enfermedad.

Y sobre esto mismo dijo también el sabio rey Shelomó:
“Porque el Eterno al que ama lo corrige, como el padre al hijo a quien quiere.” (Mishlé 3:12). Y lo hace a través de la Torá y su sabiduría: “Feliz [y sano] el hombre que halla sabiduría, y el hombre que adquiere entendimiento.” (Mishlé 3:13)

Estos versículos enseñan que la sabiduría divina contenida en el estudio de la Torá purifica el corazón y sana el cuerpo. Son la verdadera medicina que cura todos los dolores y aflicciones que surgen de la naturaleza humana.




El Rab Portaleone (1542-1612) y el programa de estudios de Torá de 4 horas diarias

SUS PRIMEROS AÑOS
El rabino Abraham Portaleone (אברהם משער אריה, 1542-1612) nació en la ciudad de Mantua (Mantova), Italia. La familia del rabino Abraham se encontraba en una buena posición económica y esto les permitía, entre otras cosas, brindar a los hijos la mejor educación posible, tanto en Torá como en estudios seculares. El joven Abraham comenzó a estudiar Torá con su padre, como era la tradición en esos tiempos. Luego, su padre contrató para él tutores privados que eran grandes luminarias de Torá, como el rabino Moshé Kazés y el rabino Ya’aqob MiPano. También estudió en profundidad los libros e ideas de Maimónides con el rabino Yosef Sinai. Su ordenación rabínica le fue otorgada por su mentor, el rabino Abraham Provenzal, quien fue también su constante fuente de inspiración (רבו המובהק). Con él, subraya el rabino Portaleone, «tuve el mérito de estudiar Guemará», es decir, el Talmud. Aparentemente, esta observación parece ser un énfasis innecesario, a menos que recordemos que las interminables persecuciones que los judíos tuvieron que soportar en la Europa cristiana incluían la confiscación y la quema de cada copia del Talmud que la Iglesia y sus oficiales pudieron encontrar. En 1553, por ejemplo, los inquisidores confiscaron todos los ejemplares del Talmud, y en Rosh HaShanah de ese año (9 de septiembre) el Talmud y muchos otros libros judíos fueron quemados en el Campo dei Fiori. En 1559 por orden de Pablo IV, uno de los Papas más antisemitas de todos los tiempos, los judíos tenían que entregar su Talmud o arriesgarse a ser expulsados ​​y sus propiedades confiscadas. De abril a mayo de ese año, la Iglesia quemó entre diez y doce mil volúmenes del Talmud. Por lo tanto, durante el resto del siglo XVI, no se pudo encontrar una edición completa del Talmud en ninguna parte de Italia.
 
TORA Y MEDICINA
Paralelamente a sus estudios de Torá, el joven rabino Portaleone estudió medicina. Para los rabinos sefaradíes e italianos, el ejercicio de la medicina era una profesión y una fuente de ingresos digna. La familia Portaleone ya contaba con cuatro generaciones de médicos. El propio rabino Provenzal le enseñó al joven Abraham los conceptos básicos: fisiología, ciencias y latín, el idioma de los estudios académicos. Después de tres años de estudios intensivos, el rabino Portaleone recibió su título de Doctor en Medicina de la Universidad de Pavía, una ciudad cercana a Milán, a la edad de 21 años (¡sic!). En su libro Shilté haGuibborim afirma que incluso durante esos años que se dedicó a la medicina intensivamente, nunca dejó pasar un día sin estudiar Tora. Y atribuye su constancia en el estudio de la Torá a la inspiración del rabino Abraham Provenzal. A la edad de 24 años, recibió su licencia para ejercer la medicina de manos de 35 médicos en la ciudad de Mantua. Al principio trabajó a las órdenes de su padre en su consultorio médico y poco a poco lo fue reemplazando, ya que su padre no gozaba de buena salud. En aquellos días, los médicos judíos tenían prohibido tratar a pacientes no judíos, a menos que tuvieran un permiso especial. En 1573, el Papa Gregorio XIV le concedió al Rab Portaleone una dispensación especial para atender pacientes cristianos. También fue nombrado médico de don Guglielmo Gonzaga, duque de Mantua, y a petición suya escribió dos tratados de medicina: el más conocido es un libro sobre las propiedades curativas del oro. A lo largo de su vida, también se desempeñó como Mohel de la comunidad y en su registró menciona la circuncisión de 360 ​​bebés. También era el médico jefe de la comunidad judía y trataba sin cargo a los miembros necesitados de la comunidad.
 
AÑORANDO EL BET HAMIQDASH
A la edad de 62 años, el rabino Portaleone contrajo hemiplejia, la parálisis de medio cuerpo. Pasó nueve meses postrado en la cama. Cuando finalmente se recuperó, comenzó a escribir su obra maestra, el libro “Shilte haGuiborim”. Este texto fue escrito como una guía de oración y estudio de la Torá para sus tres hijos (dos de ellos también fueron médicos), y la mayor parte de los 90 capítulos del libro están dedicados al Bet haMiqdash, el Templo Sagrado de Jerusalem, ya que las oraciones que recitamos diariamente son en realidad en lugar de los sacrificios que se ofrecían en el Templo. El autor describe la construcción y la arquitectura del Templo, los utensilios que allí se usaban, los Servicios Divinos: los sacrificios, el incienso, etc. Shilte haGuibborim es quizás el libro más completo jamás escrito sobre el Gran Templo de Yerushalayim. Es prácticamente una enciclopedia de todo lo que uno necesita saber sobre el Bet HaMiqdash. Además, el autor enriquece nuestro conocimiento comparando cada tema con información científica, técnica e histórica contemporánea, mostrando que la Torá se anticipó al conocimiento de su época por siglos o milenios. El libro describe, por ejemplo, los diferentes cánticos que cantaban los levitas y los instrumentos musicales que se empleaban en el Templo; gemología y mineralogía para identificar las piedras que solía usar el Cohen Gadol. Mi parte favorita son los once capítulos (78-88) que dedica a explorar e identificar una por una todas las plantas y especies utilizadas en el Quetoret (incienso).
 
MAAMADOT
En los tiempos del Bet HaMiqdash, se ofrecían diariamente sacrificios e incienso. Estas tareas eran llevadas a cabo por los Cohanim y los Leviim. Había 24 guardias de Sacerdotes que servían en el Templo por dos semanas cada año. Estas guardias de Cohanim se llamaban Mishmarot. Mientras estos sacrificios se realizaban en el interior del Templo en la parte exterior del Templo (ver imagen principal) y en varios pueblos en todo el territorio de Israel, un grupo selecto de voluntarios (también divididos en 24 guardias), en su mayoría israelitas, pero también Cohanim y Levitas, participaban de un Servicio Divino diferente: dedicando unas horas al día a la oración intensa, al ayuno y al estudio de la Torá: estudiando cada día de la semana en un texto diferente Estos grupos eran conocidos como Ma’amadot (ver más información aquí). La pregunta que queda es: ¿Hay algo que podamos hacer en nuestros días para compensar por las Mishmarot y los Ma’amadot del Bet haMiqdash? Si bien los sacrificios ya no se pueden ofrecer porque el Templo ya no existe, siguiendo la idea de los Rabinos, nuestras oraciones–Shajarit, Minjá, Arbit– “compensan” estos sacrificios. Y por el otro lado los Ma’amadot pueden ser «recreados» a través de un programa de estudio, un curriculum de Tora, con textos que sean recitados y estudiados todos los días. El autor exhorta a sus hijos y a sus lectores a adoptar un régimen de cuatro horas de estudio de la Torá, al que apropiadamente llama: Ma’amadot. Este programa incluye: Versículos bíblicos de la Parashá de la semana con su traducción aramea (שמו»ת), textos de los Profetas, las Escrituras (Ketubim), la Mishná, el Talmud, el Midrash y el Zohar. A diferencia del famoso libro Joq LeIsrael, el programa diario del rabino Portaleone se divide en tres sesiones diarias: la primera sesión, que debe durar unas dos horas, se estudia por la mañana (Shajarit). La segunda sesión, alrededor de treinta minutos, por la tarde (Minjá). Y la sesión nocturna, que debe durar una hora y media, cuando uno dice Arbit. Según el rabino Portaleone, estas cuatro horas –la sexta parte de nuestro día– es el tiempo mínimo que un individuo judío debe dedicar al estudio de la Torá.
 
Presentamos aquí un texto del libro Shilté haGuibborim con el programa de estudio correspondiente al martes de la semana de Parsahat Terumá, sesión nocturna.