1

Maimónides y el COVID19

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE MAIMÓNIDES  

Hay una carta interesantísima que Maimónides escribe para uno de sus alumnos, Shemuel Ibn Tibón, que estaba traduciendo “La Guía de los Perplejos” del árabe al hebreo.  Ibn Tibón vivía en Provenza, Francia, y le escribió a Maimónides en 1199 manifestándole su intención de viajar a Egipto para visitarlo, estudiar con él por unos días y consultarle algunos temas de su guía. Maimonides le respondió con una famosa carta donde deja entrever su compleja vida y su extraordinaria bondad. 

“Vivo en Fostat y el sultán reside en el El Cairo; estos dos lugares están alejados uno del otro [3 o 4 kilómetros]. Mis obligaciones con el Sultán son muchas. Lo visito todos los días, temprano por la mañana; y cuando él o alguno de sus hijos, o cualquiera de las mujeres de su harén están indispuestos … permanezco en el palacio la mayor parte del día. También sucede con frecuencia que uno o dos oficiales de la corte se enferman, y yo los debo atender y curar.  Por lo tanto, por lo general llegó a El Cairo muy temprano por la mañana y no regreso a Fostat hasta avanzada la tarde.

En nuestro último artículo hablamos sobre este aspecto de la vida diaria de Maimonides, su trabajo como médico de la corte del famoso Sultán Saladino. 

MEDICO SIN FRONTERAS

Lo que sigue es menos conocido. Maimónides relata en esta carta lo que él hacia una vez que regresaba a su casa, y después de haber trabajado todo ese día; hoy diríamos:  “en su tiempo libre”.    

[Al llegar a mi casa en Fostat ] casi muerto de hambre … encuentro los pasillos de mi casa llenos de pacientes, tanto judíos como gentiles, nobles y gente común, jueces y alguaciles, amigos y enemigos, una multitud mixta que espera el momento de mi regreso. Desmonto de mi animal, me lavo las manos, me acerco a mis pacientes y les suplico que tengan paciencia conmigo mientras tomo un ligero refrigerio, la única comida que consumo en veinticuatro horas. Luego salgo para atender a mis pacientes y escribo recetas e instrucciones para sus diversas dolencias. Los pacientes entran y salen hasta el anochecer y, a veces, te aseguro solemnemente, hasta dos horas o más una vez entrada la noche. Converso con ellos [sobre sus dolencias] y les prescribo sus medicinas mientras me recuesto por el cansancio y cuando cae la noche, estoy tan agotado que apenas puedo hablar. 

Maimónides estableció en su casa una clínica médica “gratuita” donde atendía a todo tipo de pacientes: judíos, gentiles, amigos y enemigos, pobres y ricos.  

UNA OBRA SIN TERMINAR

Maimónides no contaba con mucho tiempo extra. En realidad su obra literaria –intelectual– estaba aún inconclusa. Entre sus planes estaba dedicarse, por ejemplo, a escribir un comentario sobre el Talmud de Babilonia.   

También quería escribir un libro sobre los Midrashim y las Hagadot del Talmud, donde explicaría la lógica detrás de las metáforas rabínicas y las historias Talmúdicas que parecen irreales (algo que su hijo, Rabbenu Abraham, hizo brevemente en su Ma-amar al Hagadot Jazal) 

Pero lo más urgente era resguardar la credibilidad su obra magna, Mishné Torá, el libro que detalla exhaustivamente toda la ley judía. Algunos rabinos contemporáneos de Europa criticaban esta obra porque si bien formulaba la ley final no hacía referencia a las fuentes específicas de las cuales Maimónides había extraído sus Halajot.   Y aunque dejar las fuentes afuera y formular la ley era la deliberada intención de el libro que el había escrito como un código cuya intención es prestar el verdecito final de la ley, Maimónides pensaba que la aceptación de su libro en Europa dependía de que él escribiera las fuentes de su libro y tenía la intención de hacerlo. 

Ahora podemos apreciar mejor la pregunta anterior: ¿cómo es que con tanto trabajo que le quedaba por hacer, Maimónides dedicó su tiempo libre a curar a los enfermos en lugar escribir sus libros? Porque Maimónides decidió que era hora de poner en práctica todo lo que él había enseñado en sus innumerables escritos.   Su preciosísimo tiempo estaría dedicado ahora a algo que él podía hacer mejor que ningún otro hombre de su época: curar a los enfermos.

¿COMO MURIO MAIMONIDES? 

Maimónides dejó su vida en esta monumental obra de bien. La mayoría de los biógrafos de Maimónides no se extienden demasiado explicar qué causó la muerte de Maimónides y se limitan a indicar la fecha exacta de su partida: el 13 de Diciembre de 1204.  Aunque un historiador de principios del siglo XX , De Goeje, señala que Maimónides murió de “agotamiento físico” (exhaustion). 

El Jajam Yosef Faur z”l en su clase sobre “Los cuatro gigantes de Sefarad» cuenta un detalle muy importante, y que hoy, en tiempos del COVID19, podemos apreciar mejor que nunca: Está documentado que Maimónides falleció como consecuencia de una epidemia. Ya que se negó a dejar de atender a sus pacientes y así se contagió y luego de un tiempo murió por este motivo (escuchar aquí, 1.17m)

Los Jajamim explican que la Torá comienza con Jésed (benevolencia) y termina con Jésed. Y los ejemplos de benevolencia que traen los Sabios no son actos de bondad realizados por seres humanos, sino por el mismo Creador. En su comienzo la Torá nos relata que HaShem proveyó de vestimenta a Adam y Eva, y vestir a los que no tiene lo que ponerse es un acto de Jesed) y la Torá termina contándonos que el Todopoderoso enterró a Moshé Rabbenu, otro acto de beneficencia. 

En los últimos años de su vida, Maimónides se reinventó. Y del estudio pasó a la práctica: a la imitación de Dios.

Presento a continuación la “ORACION PARA UN MEDICO” atribuida a Maimónides (mi traducción). Miles de doctores, judíos y gentiles,  en Israel, Estados Unidos y el resto del mundo , recitan esta oración  todos los días, antes de comenzar su trabajo medico.  

Señor del mundo, antes de comenzar la sagrada tarea de curar a Tus criaturas,  expreso mi ruego delante de Ti, para que me concedas el valor y las fuerzas para hacer mi trabajo médico con integridad, y que el deseo de acumular riquezas o ganar fama no sea lo que guíe mi tarea o enceguezca mis ojos.

Señor del Mundo, es sabido por todos Tus súbditos que Tú eres quien envía el sufrimiento a quienes lo merecen y Tú eres Quien se apiada de los que sufren. Y con Tu infinita Sabiduría, Tú quisiste que yo, Tu humilde servidor de carne y hueso, hecho de polvo y ceniza, con mi limitado saber y mi pobre intelecto, haya aprendido acerca del cuerpo y la mente del ser humano que Tu creaste en este mundo material. 

Y he aquí que yo, siguiendo Tus ordenes y Tus mandamiento y contando con Tu ayuda me preparo a curar, de acuerdo al alcance de mi conocimiento y sabiendo que  en última instancia la vida, la muerte y la curación de las enfermedades están en Tus manos y que eres Tú quien  determina el éxito o el fracaso de mi curación. 

Señor de los Cielos, Rey Eterno, que sea Tu voluntad conceder a Tu servidor la fuerza y la capacidad de seguir aprendiendo el arte de la curación durante el resto de mi vida de boca de aquellos que saben más que yo. 

Concédeme el mérito para que nunca deje de sentir compasión por todos lo que sufren, y concédeme la sabiduría para asistir a quienes vienen a consultar mi consejo, sin diferenciar entre el rico y el pobre, el amigo o el enemigo, el hombre bueno y el hombre malo, para que así, cuando alguien necesita mi ayuda, que yo solo vea al ser humano que sufre la enfermedad y el dolor.   

Que mi amor por el arte de curar me dé el valor para que la verdad sea la luz que me guíe, porque soy consciente que mi negligencia en mi trabajo médico puede resultar en el sufrimiento o en la muerte de la obra de Tus manos. 

Te ruego, Dios, Tú que eres compasivo y misericordioso, que concedas fuerza a mi cuerpo y valor a mi mente, e implantes en mí un espíritu de integridad. 

Bendito eres Tú, Amo de todas las obras, Creador de todos los seres vivos.     

AMEN  

אֵל עֶלְיוֹן, טֶרֶם שֶׁאֲנִי מַתְחִיל בַּעֲבוֹדָתִי הַקְדוֹשָׁה 

לְרַפֵּא אֶת יְצוּרֵי כַּפֶּיךָ, אֲנִי מַפִּיל אֶת תְּחִינָתִי

לִפְנֵי כִּסֵא כְּבוֹדְךָ, שֶתִּתֵּן לִי אֹמֶץ רוּחַ וּמֶרֶץ רַב

לַעֲשׂוֹת אֶת עֲבוֹדָתִי בֶּאֱמוּנָה, וְשְׁהַשְׁאִיפָה לִצְבֹר הוֹן אוֹ

לְשֵׁם טוֹב לֹא תְּעַוִּר אֶת עֵינַי מִלִּרְאוֹת נְכוֹחָה.

אָדוֹן הֲעוֹלָמִים, גֲלוּי וְיָדוּעַ לכֹל בְּנֵי בְּרִיתֶךָ שְׁרָק אָתָה לֶבָד

הוּא מָעָנִישׁ וְמְחַנֶן, מָכֶּה וְמְרָפֶּא. בְּרָם בֶּחֹכְמָתְךָ אֵין

סוֹף רַצִיתָ שְׁאָנִי, עַבְדֶךָ הָאָבְיוֹן, בָּשָׂר וָדָם, עָפָר

וָאֶפֶר בִּיכֹלְתִי הָצָנוֹעַה וּבֶשִׂכְלִי הָקָטָן צָבָרְתִי יֶדָע עָל

גוּף הָאָדָם ועָל רוּחוֹ, שְׁאָתָה בְּרַחֲמֵיךָ הָגָדוֹלִים גִילִיתָ

בֶּעוֹלָמְךָ הָגָשְׁמִי. וְהִנֶה, אָנִי בְּפְּקֻדָתְךָ, בְּמִצְוָתְךָ

וּבְעֶזְרָתֶךָ מַתְחִיל לֶרָפֶּא יְצוּרֵי כַּפֶּיךָ בְּהָבָנָתִי

הָמְלֵיאָה שְׁרָק בִּימִינְךָ הָרָמָה וְהָנִשְׂאֶת הָהָחְלָטוֹת עָל

חָיִים וְעָל מָוֶת, עָל הָבְרָאָה וְעָל חוֹלִי, עָל הָצְלָחָתִי

בְּרִפּוּי הָחוֹלֶה וְעָל כִּשְׁלוֹנִי בְּעָבוֹדָתִי.

שוֹכֵן בִּמְרוֹמָיו, מֶלֶך חַי וְקַיָם, יְהִי רָצוֹן מִלֶפָנֵיךָ שֶתִתֶן לִי,

לֶעַבְדְךָ, לֶבֶּן אֲמָתֶךָ חֶפֶץ, כֹּח וֶיָכוֹלֶת שִׂכְלִית

לֶהַמְשִׁיךְ לִלְמוֹד רַפוּאָה בַּאֵין הָפְסָקָה לֶאוֹרֶךְ כֹּל חָיָי

מִפִי רוֹפְאִים נֶבוּנִים מִמֶנִי.

תְזַכֵּנִי לְהַבִּיט עַל כֹּל סוֹבֵל, הַבָּא לִשְׁאֹל בַּעֲצָתִי, כְּעַל אָדָם,

בְּלִי הֶבְדֵּל בֵּין עָשִׁיר וְעָנִי, יְדִיד וְשׂוֹנֵא, אִישׁ טוֹב

וְרַע, בַּצַר לוֹ הַרְאֵנִי רַק אֶת הָאָדָם, אַהֲבָתִי לְתּוֹרַת

הָרְפוּאָה תְּחַזֵּק אֶת רוּחִי, רַק הָאֶמֶת תִּהְיֶה נֵר לְרַגְלַי,

כִּי כֹל רִפְיוֹן בַּעֲבוֹדָתִי יָכוֹל לְהָבִיא כִּלָּיוֹן וּמַחֲלָה

לִיְצִיר כַּפֶּיךָ. אָנָא ה’ רַחוּם וְחַנוּן, חַזְּקֵנִי וְאַמְּצֵּנִי

בְּגוּפִי וּבְנַפְשִׁי, וְרוּחַ שָלֵם תִּטַּע בְּקִרְבִּי.

בָּרוּך אַתָה, אָדוֹן כֹּל הֲמָעָשִׁים וּבוֹרֵא כֹּל הֲהָבְרָאוֹת




Maimónides (1135 -1204), médico del Sultán Saladino

Aparte de ser uno de los Talmudistas y juristas más importantes en la historia del pueblo judío Maimónides fue también un famoso médico.  Su padre, Ribbí Maimón, fue quien seguramente le inició en la medicina, que era una profesión muy común entre los judíos españoles hasta la época de la expulsión en 1492.  A una edad temprana Maimónides tuvo que abandonar Córdoba, España, debido a las persecuciones  religiosas  de un grupo musulmán fundamentalista: los almohades.  La familia de Maimónides llegó a la ciudad de Fez, Marruecos y permaneció allí durante 7 años. Es en Fez donde se presume que Maimónides tuvo la oportunidad de profundizar sus estudios de medicina asistiendo a médicos judíos muy conocidos Abu Yusef ben Muhalem.  En 1165 llegó a Egipto.  Maimónides siempre se opuso a ejercer profesionalmente el rabinato, y por muchos años se mantuvo de una sociedad comercial que tenía con su hermano David, quien se dedicaba a viajar por el mundo para este propósito. Pero luego de que su hermano falleciera trágicamente cuando su barco se hundió, Maimónides  se dedicó a ejercer la medicina profesionalmente.  

En Egipto fue llamado a ejercer como el médico de la corte del Sultán Saladino el Grande (1138-1193), famoso por su lucha contra los cruzados y por haber reconquistado Jerusalem.  Esta era una difícil profesión ya que además de examinar y curar al Sultán también tenía que ocuparse de toda su familia -sus esposas y sus hijos- y los funcionarios de la corte real.    

Maimónides era el médico más respetado de todo Egipto. Y eso le costó los celos y la rivalidad de los otros sabios y consejeros de la corte de Saladino quienes siempre conspiraban para tratar de desprestigiarlo. Recuerdo que cuando yo era chico mi tío Jajam Yosef Faur z”l, me contaba historias de Maimónides y el permanente acoso que sufría de parte de los envidiosos sabios de la corte. Recuerdo 5 cuentos. Uno de ellos es el siguiente: “En sus libros de medicina Maimónides afirmaba que la ceguera de nacimiento no podía ser curada. Los sabios de la corte lo desafiaron y dijeron que ellos habían desarrollado una operación quirúrgica que podía devolver la vista a los ciegos y que estaban dispuestos a hacer una demostración en una sesión especial donde estuvieran presentes el Sultán y Maimónides. Llegado el día los sabios de la corte trajeron a un paciente con la cara y los ojos vendados y lo presentaron como un individuo ciego de nacimiento que recién habían operado. Le sacaron el vendaje y el hombre comenzó a gritar: “¡Puedo ver, puedo ver! Estos sabios me han curado!”  Acto seguido los sabios le demandaron al rey que expulsara a Maimónides de la corte por su ignorancia y tozudez. Maimónides le pidió al Sultán permiso para examinar al paciente. Y le preguntó: “¿Es verdad que eres ciego de nacimiento?”. Y el hombre contestó: “¡Sí! Nunca pude ver, desde que nací hasta este momento que los sabios me han curado “. Entonces Maimónides tomó un pañuelo rojo que traía en su bolsillo y le preguntó: “Si realmente puedes ver, ¿me podrías decir de qué color es este paño?” .  “¡Rojo!” dijo el paciente con mucho entusiasmo. “¡Este pañuelo es rojo!”. Maimónides se dirigió al Sultán y le dijo: “Su Señoría, una persona que ve por primera vez, no conoce los colores, no los puede describir. Este hombre es un impostor.”    

Lista de las obras médicas de Maimónides

1. “Extractos de Galeno o el arte de la curación”, un resumen de los extensos escritos del famoso médico griego.

2. “Comentario de los Aforismos de Hipócrates”,que Maimónides combina con sus propios puntos de vista.

3. “Aforismos Médicos de Moisés”, 1.500 instrucciones en los que se describen varias condiciones médicas.

4. “Tratado sobre las hemorroides”, discute también el mecanismo de la digestión.

5. “Tratado sobre la cohabitación”, contiene recomendaciones para una vida sexual sana.

6. “Tratado sobre el asma”, discute los diversos climas y dietas y su efecto sobre el asma. Hace hincapié en la necesidad de aire limpio.

7. “Tratado sobre los venenos y sus antídotos”, este libro de toxicología siguió siendo popular durante siglos.

8. “Régimen de la salud” , es un discurso sobre la vida sana y la conexión mente-cuerpo.

9. “Discurso y explicación de la moderación”, aboga por una vida saludable y enseña que uno de los principios fundamentales de la medicina preventiva es evitar los excesos.

10. “Glosario de nombres de medicamentos”, presenta una farmacopea con los nombres de un gran número de medicamentos en árabe, griego, sirio, persa, bereber (dialecto marroquí) y español.




¿Era Maimónides (1135 -1204) elitista y racionalista?

Como muchos de mis lectores habrán notado, en estos últimos días estoy escribiendo en honor a mi tío el Jajam Yosef Faur haLevi z”l refriéndome a una de sus clases sobre “4 gigantes de Sefarad”. Hasta ahora mencionamos al rab Ibn Paquda, al Rab Yehuda haLevi y al Rab Abraham Eben Ezra. Y ahora, en esta última presentación, nos referiremos al “gigante de los gigantes”: Maimónides.

Ribbí Moshé ben Maimón, también conocido como HaRambam o Maimónides, nació en la ciudad de Cordoba, España , en 1135 y falleció en Egipto en 1204.   

Es imposible y absolutamente injusto dedicar un simple email para describir la vida y obra de uno de los rabinos más importantes de todos los tiempos.   Aparte de ser un gran Rabino y líder comunitario, Maimónides fue también un eximio filosofo, un gran médico -el precursor de la  medicina preventiva –  y un gran conocedor de la matemática y la astronomía. Pero el tema que nos va ocupar hoy es Maimonides como jurista, legislador.  

No es posible apreciar la monumentalidad de la obra de Maimónides si uno no tiene una idea clara de lo que es el Talmud (y viceversa). 

EL OCEANO TALMUDICO

El Talmud, sus 60 tratados y 2.711 paginas, cubre la tradición oral judía y es la base de la jurisprudencia bíblica y rabínica. El Talmud o Guemará, cita a la Mishna, las mas antigua edición de la ley oral judía, y luego registra un gran número de debates en los cuales esa Mishná se analiza exhaustivamente, en términos de su autoría , su lenguaje, su alcance, su aplicación, sus excepciones, etc..  Hace falta una forma especial de razonar (que se va adquiriendo en la medida que uno se adentra en el Talmud) parea comprender el Talmud. Y si bien. hoy tenemos una gran cantidad de traducciones y explicaciones, hace falta mucho entrenamiento para seguir el ritmo de la discusión talmúdica.    Aparte de eso, un tema que tiene que ver, por ejemplo, con Shabbat, puede encontrarse o redefinirse cuando el Talmud analiza una Mishná que trata sobre daños y perjuicios (neziquín). Y para determinar la ley o Halajá uno no solo tiene que comprender el Talmud sino conocerlo en forma exhaustiva, porque como explicamos, las referencias son cruzadas.  Maimonides, que tenia un condimento total del talmud ( y del Yerushalmí, Toseftá, Baraytot, Midrashé Halajá, Geonim, etc.) identificó todas las leyes, las formuló en un perfecto y clarísimo hebreo y las reorganizó en 14 tratados, con 1.000 capítulos con un promedio de 16 Halajot, or artículos de ley cada uno.     

¿MAIMONIDES ELITISTA? 

En mis propias palabras, el Talmud es como un vasto mar con decenas de miles de perlas muy difíciles de recoger . Las perlas, que están en el fondo del mar, se encuentran diseminadas a muchos kilómetros de distancia una de otra.   Maimónides hizo lo imposible e inimaginable. Dedicó su vida a bucear en el fondo del vastísimo océano del Talmud y fue recogiendo una por una “todas las perlas del mar talmúdico”. Las subió a la superficie, las depuró, las examinó y las clasificó con exquisitez por colores, tamaño, forma, peso, etc. Y finalmente nos presentó un perfecto catalogo con 1.000 categorías de perlas y más de 16.000 especimeins de perlas preciosas.  (he hecho un esfuerzo por describir el Talmud y la monumentalidad de la obra de Maimonides, pero releo lo que escribí y creo que no es suficiente para apreciar el talmud o el Mishné Torá…) .

Uno de los aspectos que discute el Jajam Faur es el supuesto “elitismo” de Maimónides. Cuando en realidad fue todo lo contrario.   Por siglos el judío común no tenia acceso a la ley judía. No había forma que supiera la ley que tanto quería cumplir porque no tenia acceso al Talmud! De hecho, la ley, era determinada por los Rabinos,  en base a lo que comprendían del Talmud.  Lejos de perpetrar lo que se podría percibir como elitismo, Maimónides presentó la ley en un estilo y en un lenguaje que era accesible para el pueblo, para el judío promedio.  Esta fue su gran genialidad.  

¿QUE ES EL RACIONALISMO?

El Jajam Faur también demuestra la verdad sobre el supuesto “racionalismo” de Maimónides.   

¡Nada más lejos de la verdad!. En su libro “Homo Mysticus”, donde el Jajam Faur expone las ideas de su “Guía para los perplejos”,  explica esta tema a la perfección. 

Hay 3 niveles de intelectualidad. 

1. La gran mayoría del mundo se deja llevar por su imaginación. impresiones, sentimientos, impulsos, opiniones populares, lo que hacen los demás. Muy pocas personas se detienen a pensar y se rigen estrictamente por su intelecto.  ¿Cuánta gente, por ejemplo, come y consume solo aquello qule hace bien y deja de comer lo que no le favorece? 

2. En un segundo nivel, superior la primero,  están las personas inteligentes, racionales, que solo hace, dicen, consumen, y llevan a la práctica lo que está bien. Y no solo saben lo que está bien: también adquieren la disciplina para perfeccionar su carácter, controlar sus impulsos, y guiarse por su razonamiento.  Una persona que se guía por la razón es un “racionalista”. 

3. Pero para Maimónides si bien la razón es un nivel superior al de la imaginación, no es la maxima aspiración de un ser humano. Hay algo más allá de la razón:  la Revelación. La Sabiduría Divina revelada en la Torá. La Sabiduría divina no esta limitada a la razón. Prueba de ello es que los judíos nos guiamos por preceptos que entendemos y también por preceptos que están más allá de nuestro limitado razonamiento.  Maimonides no era racionalista, era revelacionista (¡acabo de inventar una palabra!) o “Toraní”  

Es muy posible que quienes imaginan a Maimónides como racionalista se basan en que Maimónides rechazaba enérgicamente todo tipo de “supersticiones”  incluyendo supersticiones religiosas muy de moda en su tiempo (algunas de las cuales, increíblemente, persisten en nuestros días). Para Maimonides, la astrología, la necromancia, la adivinación, por ejemplo,  eran vestigios de ‘abodá Zara (idolatría) y representaban al entorno del hombre primitivo, pre-racional.




Ribbí Abraham Eben Ezra (1089 -1164), Torá y Matemáticas

Continuamos con la presentación de la clase «4 Gigantes de Sefarad» sobre 4 rabinos nacidos en España que impactaron profundamente en el carácter y el contenido de la tradición Sefaradí.

SU VIDA

Ribbí Abraham Eben Ezra nació en la ciudad de Tudela, en Navarro, al norte de España, en 1089.   Ibn Ezra era un muy cercano a Ribbí Yehuda Halevi, que era unos 14 años mayor que él, y su hijo Isaac se casó con la hija de Yehudá haLevi  (o según otros, el propio Ribbí Abraham fue quien se casó con su hija). Ibn Ezra se mudó a Córdoba cuando era joven y siempre fue materialmente muy pobre. Se negaba a aceptar dinero de otros. Trató de dedicarse al comercio pero nunca tuvo éxito en sus negocios. Una vez escuché (pero no pude encontrar la fuente) que él dijo de sei mismo que era tan desafortunado en sus negocios que si “comenzará a vender mortajas, la gente dejaría de morirse” . El Rab Eben Ezra viajó por todo el mundo durante más de tres décadas. Primero visitó el norte de África: Marruecos, Algeria, Tunes. Luego visitó Europa: Italia, Francia e Inglaterra. Luego el medio oriente, Egipto, Persia, Baghdad. Durante sus múltiples viajes siempre visitaba y se alojaba en las comunidades judías locales, que cuando reconocían su gran conocimiento de Torá, lo atendían con mucha estima. Ribbí Abraham escribía especialmente durante sus viajes, y más de una vez dedicó sus obras a las comunidades locales o a sus mecenas.   Dicen que en Francia se encontró con Rabbenu tam (1100 – 1171) y en Egipto con Maimónides (1135 -1204).  Falleció en 1164 y según el rab Abraham Zakuto en su Sefer haYojasín fue enterrado en la tierra de Israel. 

COMENTARIO A LA TORA 

El Rab Eben Ezra escribió más de 60 libros sobre muy diversos temas. Su obra más conocida es su comentario a la Torá (el Pentateuco). Esta obra fue innovadora por su metodología: analizar el “peshat», es decir, el sentido literal, del texto basándose en un riguroso análisis lingüístico de las palabras. El Rab Eben Ezra evitaba la permanente referencia a los Midrashim en sus explicaciones, como hace Rashí cuando explica la Torá, ya que consideraba que no hacía falta repetir lo que el lector puede encontrar en el Midrash.  También criticaba algunos comentarios alegóricos que según su opinión “dan vueltas en círculos alrededor del punto en lugar de enfocarse en el punto», esto es, en el sentido literal y gramatical de cada palabra. Este sentido debe considerarse cuidadosamente y debe ser examinado no solo analizando la raíz de la palabra sino también el contexto, la ubicación del término en el versículo y las otras instancias en las que esa palabra aparece en la Biblia.  Esta interpretación literal era una innovación, pero para no dejar dudas el Rab aclaró que su metodología no se aplicaba a las palabras de la Torá que aluden a algún precepto o mandamiento, ya que la interpretación en estos casos es «exclusivamente» aquella que recibimos en la Torá oral y que está registrada en el Talmud. 

ASTRONOMIA

Lo que es menos conocido es que el rab Eben Ezra también escribió decenas de libros sobre temas científicos. Por ejemplo,  “El libro de los fundamentos de las tablas astronómicas” una obra que el Rab Abraham redactó originalmente en Latín. Lo que nos indica que tenía conocimiento muy profundo de este idioma en el cual se transmitían los conocimientos científicos en esa época.  El Rab Eben Ezra era un rabino que tambien pertenecía a la comunidad científica de su época.

NAVEGACION

También escribió un tratado sobre el astrolabio, un instrumento que permite usar la posición de las estrellas para la orientación , y que era esencial para la navegación. El astrolabio era en la edad media lo que el GPS es en nuestros días. La foto que publicamos arriba es una ilustración en la que se lo ve al Rab Eben Ezra (en el medio) con un astrolabio en sus manos. El libro se llamó en hebreo: Keli HaNejoshet, “el instrumento de cobre”, que era el metal utilizado para construir el astrolabio.  

MATEMATICA.

También escribió varios libros sobre matemática, como por ejemplo, “El libro de los números”, que trata de aritmética. En esta obra presenta el sistema decimal y la forma en que se usa, adelantándose por varias décadas al famoso matemático italiano Fibonacci (1170 -1240). Cabe destacar que gracias a sus numerosos viajes por el mundo el rab Eben Ezra se transformó en uno de los principales contribuyentes a la popularización del sistema decimal en las comunidades judías y en el mundo occidental. También fue uno de los primeros en presentar y explicar el número “cero”, al que lo dibujaba con un circulo y lo llamó en hebreo “galgal” (círculo o rueda).

En su clase sobre los gigantes de Sefarad el Jajam Faur z”l explicó que para Eben Ezra la Torá y el conocimiento científico no se contradicen: todo lo contrario, se complementan y «se necesitan uno a otro» para observar y valorar la Sabiduría del Creador. El hecho que el universo puede ser entendido y explicado matemáticamente con fórmulas y leyes predecibles e inalterables revela la existencia del Creador Inteligente del Cosmos (Maimonides exploró esta idea en profundidad en Yesodé HaTorá, capítulo 2. Para más información sobre este tema sugiero leer con atención el libro “Seis números nada más» de Martin Rees, uno de los astrofísicos más reconocidos del mundo). 

POESIA
Finalmente, digamos que el rab Eben Ezra también se destacó como un gran poeta. Algunos de los poemas que compuso hace 800 años atrás son muy conocidos y los seguimos cantando hasta el día de hoy. Por ejemplo, AGADELJA ELOQUE KOL NESHAMA, KI ESHMERA SHABBAT y el profundísimo poema con el cual inauguramos el servicio litúrgico de Yom Kippur: LEJA ELI TESHUKATI. 




Ribbí Yehudá haLeví (1075 -1141) filósofo, poeta y pionero del sionismo

Continúo compartiendo uno de los shiurim (clases) de mi querido tío, el Jajam Yosef Faur, z”l, recientemente fallecido. El Rab Faur era un apasionado por la historia y particularmente por la historia de los judíos de España. En esta clase se refirió a “Cuatro gigantes de Sefarad”. Ayer vimos al primero, Rabbenu Bajiyá. Hoy hablaremos de Ribbí Yehudá haLeví, nacido en Toledo (o Tudela) España en 1075. 

EL CUZARI

Ribbí Yehudá fue un prominente filósofo y su libro más famoso es el Cuzarí. Una obra escrita en forma de diálogo, preguntas y respuestas, entre el Rey Bulán, del imperio de los Jazares y un rabino, Rab Isaac haSangari. El rey Bulán, que no practicaba ninguna religión, convocó a un imán, a un sacerdote cristiano, a un rabino y a un filosofo (lo que hoy sería: un individuo ateo) y le pidió a cada uno que presentara sus argumentos. Al final, el Rey Bulán decidió que los argumentos del rabino eran los más convincentes y decidió convertirse y convertir a todos los habitantes de su gran imperio al judaísmo. Todos los principios básicos, históricos y filosóficos judíos que el Sabio judío transmitió al rey Bulán constituyen el contenido de el libro de “El Cuzarí”. Este evento,  ampliamente documentado, ocurrió en el siglo VIII de la era común. Y el imperio de los Jázaros o Jazares (el primer “estado judío independiente” luego de la destrucción del segundo Bet haMiqdash. ¡sic.!) continuó por alrededor de 200 años después de este evento (ver aquí ).

 POESIA Y TEOLOGIA 

Aparte de su obra filosófica, Ribbí Yehudá haLeví se destacó también por su obra poética. Para comprender la importancia de la poesía en la España del siglo XI necesitamos una breve introducción. Para los árabes el Qorán es el libro más venerado. Y para ellos, la prueba de la superioridad del Qorán (y del islam sobre otras religiones) es la perfección del idioma árabe.  “No hay árabe más perfecto que el árabe del Qorán, y no hay lengua más perfecta que la lengua árabe”. Pero ¿cómo se puede demostrar que una lengua es superior a otra? En la edad media la respuesta era “la poesía”. El idioma árabe tiene cierta plasticidad, que no tienen, por ejemplo, las lenguas occidentales. Esto permite crear un tipo de poesía “métrica”, donde los versos se escriben de una manera especial, organizados con precisión matemática. 

Un verso de este tipo puede estar escrito, por ejemplo , así: 

PRIMERA PALABRA (dos sílabas):  1. Media vocal, sílaba abierta. 2. Vocal larga, terminando en consonante.

SEGUNDA PALABRA  (dos sílabas): 1. Sílaba abierta, vocal larga. 2. Sílaba cerrada, vocal larga.    

TERCERA PALABRA  (dos sílabas): 1. Media vocal, sílaba abierta. 2. Vocal corta, sílaba cerrada.

CUARTA PALABRA  (dos sílabas).  1. Vocal larga, sílaba abierta. 2. Vocal corta, sílaba cerrada. 

En la poesía árabe, TODOS LOS VERSOS de un determinado poema van a conservar la misma estructura matemática. Pero para preservar esta sofisticada estructura métrica, que entre otras cosas facilita la adaptación de esos poemas a una gran variedad de melodías, había que sacrificar algo: el contenido de la poesía. De cualquier manera, esta métrica, imposible en otras lenguas como español, latín o griego, demostraba la superioridad teológica del islam.  

DUELO DE POETAS

El Rab Faur explica que los Rabinos de España, en ese entonces bajo el dominio musulmán, no podían no hacer nada frente a este desafío que representaba una amenaza a la continuidad de muchos judíos. Los famosos sabios Yoná Ibn J’annaj, Jasday Ibn Shaprut, y muchos otros gramáticos de la escuela Hebrea de Córdoba (siglo X y XI), comenzaron por formular, por primera, vez las reglas gramaticales del hebreo bíblico, haciendo posible entonces componer poesía en hebreo, algo que hasta ese momento no era muy común. Los Sabios judíos compusieron poemas «métricos» que eran tan elaborados como los poemas en árabe.    Pero con una ventaja: la poesía árabe sonaba muy bien, pero no decía nada, ya que era extremadamente difícil forzar contenido en esas estructuras tan cerradas. La poesía hebrea, sin embargo, además de preservar la sofisticada estructura métrica, era extremadamente rica en contenido. De hecho, el ejemplo de poesía métrica que mencioné más arriba corresponde a la primera estrofa de “A-don o-lam a-sher ma-laj,” un poema absolutamente «métrico», adaptable a una gran variedad de melodías, con un contenido teológico profundísimo (fue compuesto, según algunas opiniones por el famoso poeta Ribbí Shelomó Ibn Gabirol 1028 -1051) .

VIAJE AL CORAZON DE RIBBI YEHUDA HALEVI

El rab Faur termina su exposición sobre Yehudá haLevi explicando que desarrolló un nuevo genero de poesía que en español se llama: el género sionida, esto es,  la poesía que expresa el amor del pueblo judío por Sión, y el anhelo de regresar a Yerushalayim.  El Rab Faur dice que de esta manera Ribbí Yehudá haLeví fue también el precursor del sionismo moderno.   

Uno de los poemas más celebrados de Ribbí Yehudá haLevi es “Mi corazón está en el oriente”   

Veamos una estrofa de este hermoso poema. 

לִבִּי בְמִזְרָח וְאָנֹכִי בְּסוֹף מַעֲרָב אֵיךְ אֶטְעֲמָה אֵת אֲשֶׁר אֹכַל וְאֵיךְ יֶעֱרָב אֵיכָה אֲשַׁלֵּם נְדָרַי וֶאֱסָרַי, בְּעוֹד צִיּוֹן בְּחֶבֶל אֱדוֹם וַאֲנִי בְּכֶבֶל עֲרָב יֵקַל בְּעֵינַי עֲזֹב כָּל טוּב סְפָרַד, כְּמוֹ יֵקַר בְּעֵינַי רְאוֹת עַפְרוֹת דְּבִיר נֶחֱרָב

«Mi corazón está en el oriente [Israel]; mientras yo me encuentro en el fin de occidente [España].

¿Cómo habré de encontrarle gusto a lo que como, cómo habré de disfrutar la dulzura [en mi paladar mientras no estoy en la Tierra de Israel]?

¿Cómo habré de cumplir mis promesas y votos [en el Bet haMiqdash], mientras Sión se encuentra bajo el yugo de Edom [=la cristiandad, durante la primera cruzada en 1099 los cristianos conquistaron Jerusalem], y yo estoy aquí, atrapado en las ataduras de Arabia?

¡Con cuánta facilidad abandonaría todos los placeres de España, para que mis ojos se deleiten viendo el polvo de las ruinas del Santuario destruido…”. 

Al final de sus días, y luego de una complicadísima travesía, el Rab Yehudá haLevi cumplió su sueño llegó a Jerusalem.  Dicen que cuando por fin sus ojos vieron las ruinas del Bet haMiqdash, murió atacado por un jinete árabe, cerca del Muro de los lamentos.  Es por esta razón que las escaleras que bajan desde la ciudad vieja hacia el Kotel se llaman en su honor “ Ma’alot Ribbí Yehudá haLeví” (Las escaleras donde murió Rabbí Yehudá haLevi, z»l). 




Rabbenu Bajiyá (1045 – 1120) y los deberes del corazón

Quiero compartir con ustedes una clase del Jajam Yosef Faur z”l que escuché recientemente titulada “4 gigantes de Sefarad”. La clase fue dictada en inglés, en Miami, 1998. El Rab Faur menciona en orden cronológico a 4 rabinos que vivieron en la era de oro del judaísmo Sefaradí, entre los siglos IX y XIII de la era común.  Cada uno de estos rabinos introdujo una innovación que forjó la milenaria tradición de los judíos de España y sus descendientes. .  

El primer Jajam que menciona es Rabbenu Bajiyá Ibn Paquda.  Nació en Zaragoza, España, alrededor del año 1045.  No tenemos mucha información sobre su vida, pero sí sabemos que fue Dayán, un juez en la corte rabínica comunitaria; cargo que en esos tiempos se ejercía voluntariamente.

Su obra principal es el libro Jobot haLebabot, “Los deberes del corazón”, en el cual formula sistemáticamente los principios de la ética judía. El libro fue escrito en árabe y traducido al hebreo por el famoso Rab Yehudá Ibn Tibón.  

¿De qué se trata este libro? 

Como sabemos, la Torá contiene 613 mandamientos. 

El Rab Ibn Paquda divide los mandamientos en dos categorías: 1. Los preceptos que realizamos de una manera física, con nuestro cuerpo, nuestros bienes, etc (חובות האברים). 

 2. Los mandamientos que realizamos con nuestro corazón ( חובות הלבבות). 

Era la primera vez que un rabino hacía notar esta diferenciación 

Comenzaremos por la segunda categoría . 

LOS DEBERES DEL CORAZON 

El autor afirma que los mandamientos más importantes de la Torá se cumplen con “el corazón”, esto es, nuestro aparato psicológico, emocional e intelectual ( hoy diríamos “cerebro ” o “mente”). 

Algunos ejemplos. 

SHEMA ISRAEL: “Escucha Israel, el Eterno es nuestro Dios (y) es único”. 
Este versículo nos demanda “saber” que Dios existe y que solo Él existe.  Este mandamiento no nos ordena nada especifico que debemos hacer. Sin embargo, es un mandamiento absolutamente transformativo.  

Veamos. El hombre antiguo percibía que las fuerzas naturales eran independientes una de otra y se enfrentaban una con la otra: la oscuridad se enfrentaba a la luz; la enfermedad a la salud; el mal al bien, la guerra a la paz, la muerte al nacimiento.   Para el hombre pagano era absolutamente evidente que estas fuerzas provenían de orígenes diferentes. Imaginaban que los “dioses”  estaban enfrentados en un conflicto cósmico eterno. En este universo politeísta los seres humanos son meros espectadores, involuntarios, de estas guerras mitológicas, sobre las cuales no tienen control.   El mundo no fue creado, sino que apareció accidentalmente, producto de las batallas entre los dioses. La vida del hombre pagano no tenía ningún sentido trascendental. El objetivo era satisfacer los bajos instintos y evitar que los dioses desaten su ira contra los humanos. 

El monoteísmo de la Torá es contra-intuitivo. Para el hombre antiguo era imposible percibir el poder de UN CREADOR único que también está a cargo de este mundo. El saber que hay un sólo Dios Creador lleva al individuo a un nivel diferente de comprensión: el Creador estableció un diseño inteligente, donde (deliberadamente) opera un patrón de fuerzas opuestas que mantienen al mundo en un permanente equilibrio.  Saber que un Creador inteligente nos creó, le da propósito a la vida. Y nos empuja a encontrarlo y tratar de alcanzarlo.  El monoteísmo es evolución. O revolución. El “Shema Israel” como mandamiento exige una transformación total de nuestro “corazón”, de nuestro pensamiento.

VEAHABTA ET HASHEM ELOQEJA: “Y amaras al Eterno tu Dios”.

Uno no puede amar a Dios si vive amargado. Si no valora todo lo que tiene. El Rab Faur explica que  esta Mitzvá, “amar a Dios”,  no se puede cumplir a menos que uno sea feliz.  Y ser feliz requiere una transformación existencial. Ser feliz no consiste en tener todo lo que quiero sino en apreciar todo lo que tengo. Hay personas que tienen dinero, familia, salud y son infelices, porque no han desarrollado la inteligencia necesaria para apreciar.  Este mandamiento no se cumple de una manera física, pero al igual que el anterior, es absolutamente transformativo. Más que los mandamientos que cumplimos con nuestro cuerpo.

VEHAHABTA LEREAJA CAMOJA, “Amarás a tu prójimo como te amas a ti mismo”.  Amar en este sentido es aceptar.  Este mandamiento me dice que así como yo me amo a mí mismo a pesar de mis múltiples defectos, debo aprender amar al prójimo, a pesar de sus defectos. 

LOS DEBERES DEL CUERPO

En la primera parte del libro, la que se refiere a los mandamientos “físicos”, el autor señala que también estos preceptos tienen como objetivo, directo o indirecto, la transformación del corazón. Uno no puede observar los preceptos de la Torá de una forma mecánica y fría. Debe hacerlo con su mente y su corazón abierto. Como explicaron los sabios: “el corazón crece y se nutre de nuestras buenas acciones”.    



Quiero terminar presentando mi texto favorito del libro Jobot HaLebabot. Es una breve Tefilá, una plegaria, muy original. Normalmente, cuando uno reza le pide a Dios que cumpla sus deseos. Por ejemplo, si yo voy a tener una entrevista de trabajo, cuando rezo le pediré a Dios  que me ayude para que me acepten en ese trabajo, porque pienso que es para mí es beneficioso. Uno asume que sabe qué es bueno y qué es malo para uno mismo.  Esta plegaria, que solía estar impresa en los Sidurim Sefaradim como “Bet ‘Obed”  y (creo que) Tefilat haJodesh, nos enseña que la forma correcta de rezar es pedirle a HaShem que “por nuestro propio bien” Él tome la última decisión. Que si por ejemplo, yo le pido a Dios que me ayude a ser aceptado en ese trabajo, soy consciente que uno no siempre que es lo mejor para uno. Y entonces en esta oración le pedimos a Dios que sólo escuche mi ruego si lo que pido será beneficioso y que ignore mi solicitud si lo que le estoy pidiendo no me va a beneficiar. Y termina declarando: Tú me conoces mejor de lo que yo me conozco a mí mismo. Tu decision, HaShem, es mejor que la mía. Lo que Tú decidas yo con humildad aceptaré. 

“Dios mío, me presento ante de Ti sin ignorar mi pequeñez y mi conocimiento insuficiente de Tu grandeza y Tu trascendencia. Sé que Tú eres infinito y exaltado, y yo una criatura de muy poca importancia. Soy demasiado insignificante para alabarte y cantar o bendecir Tu Nombre,  que es santificado por los ángeles más altos y elevados. Lo único que me da el valor para dirigirme a Ti, es que Tú me has ordenado rezar, y así me has permitido alabar Tu exaltado nombre de acuerdo con mi limitada comprensión de Ti y de Tu gloria. Y por eso aclaro que me dirijo a Ti con toda humildad.

Y reconozco que cuando rezo y Te ruego que escuches mis pedidos, yo sé que Tú sabes mejor que yo lo qué es mejor para mí y cuáles son los caminos adecuados para mi vida. Por lo tanto, cuando expresó mis necesidades, no lo hago para que Tú las conozcas, ya que todo es sabido por Ti,  sino para que yo tome conciencia de mi permanente necesidad de Tu asistencia y de mi confianza en Ti.  Entonces, declaro que si por ignorancia, solicito algo que no es bueno para mí o que no me beneficia, acepto Tu elección en lugar de mi elección. Y dejo en Tus manos la decisión de escuchar (o ignorar) lo que mi corazón te pide. Porque Tu determinación es (sabia,) duradera y suprema . Como dijo David: «Dios, mi corazón no es arrogante, mi mirada no se eleva en altanería, no pretendo comprender las cosas que son demasiado grandes y misteriosas para mí”. Por lo tanto, me he entregado a ti, “como un bebé que amamanta y depende completamente de su madre … «(Tehillim 131: 1-2)»




El Rab Moshé Miterani (1500 -1580) y qué hacer en tiempos de epidemia  

LA VIDA DEL RAB MOSHE

El Rab Yosef de Tirani escapó de España en la época de la expulsion, 1492, y llegó hasta Salónica, Grecia. Allí, en el año 1500, nació su hijo Ribbí Moshé.  A los 18 años Ribbí Moshé logró viajar a Israel y se instaló en la ciudad de Tsefat, (Safed) donde se estaba desarrollando una pequeña colonia judía, liderada por el famoso Rab Ya’aqob Berab.  Tsefat llegó a ser el centro judío más importante del mundo en el siglo XVI. Y la influencia de los Rabinos que allí se formaron continúa hasta hoy en día.   El Rab Miterani, también conocido como Mabbit (מבי»ט) fue uno de ellos.  Alrededor del año 1530 el Rab Miterani recibió su Semijá, junto con Ribbí Yosef Caro, el famosísimo autor del Shulján Aruj.  El rab Yosef Caro y el Rab Miterani fueron compañeros inseparables y sirvieron juntos en la Corte Rabínica, Bet Din de Tsefat, este último por 54 años. El rab Miterani sucedió al rab Yosef Caro como jefe del Bet Din cuando éste falleció en 1575.  El Rab Miterani vivió hasta los 80 años.  Dejó hijos que siguieron su vocación rabínica y escribió varios libros. Sus más famosos libro de Halajá fueron Quiriat Sefer y Sheelot UtShubot Hamabit. También escribió un libro muy importnate llamado BET ELOQUIM, del cual les quiero contar hoy. 

BET ELOQUIM

El libro está dividido en 3 partes: la primera habla sobre Tefilá la plegaria. La segunda parte sobre la Teshubá, el arrepentimiento. Y la tercera parte, Yesodot, sobre las ideas, las creencias y los fundamentos filosóficos del judaísmo. En la primera parte, capítulo 16 el rab Miterani se refiere al «déber», es decir las epidemias mortales que de vez en cuando se presentan en el mundo y azotan ciudades, pueblos, países, o en tiempos de globalización, al mundo entero.  Primero describe las epidemias más famosas mencionadas en el Tanaj. El evento de Pinejás, cuando en un día murieron 24.000 personas.  El de Qoraj, donde fallecieron 14.700. Y finalmente la epidemia que azotó a Israel en los tiempos del rey David, donde fallecieron 70.000 personas. 

ADULTOS O NIÑOS ?
El Rab Miterani menciona las epidemias que afectaban al mundo en su propio tiempo y señala las diferencias con las bíblicas. Según leemos en el texto, afectaban más que nada a los adultos, particularmente hombres. Un castigo divino para aquellos que obraron mal.  La muerte en esas plagas era inmediata, súbita y la plaga era de corto alcance. Podía terminar en un día.  Las plagas en los tiempos del Rab Miterani no eran súbitas, sino que como en nuestros días, podían prolongarse por semanas o meses. Se cobraban víctimas diariamente y algunos de los que se enferman, se recuperaban.   Lo más dramático que escribe el Rab Miterani es que las plagas y epidemias de su tiempo afectaban en su mayoría: “a los niños y niñas inocentes תינוקות של בן רבן.  Algo similar ocurría en los tiempos de la influenza en 1918, que afectaba a jóvenes adultos y mujeres embarazadas.    Cuando leí esto me puse a pensar que dentro de toda la locura que estamos viviendo tenemos que apreciar que Baruj Hashem este virus no está afectando a niños y adolescentes, es decir, los niños pueden contraer  el virus y tener síntomas de un resfrío común, pero a diferencia de lo que ocurre con los más ancianos, el joven sistema inmunológico de los niños y adolescentes es efectivo y logra superar al virus.  

NO ARRIESGARSE INNECESARIAMENTE

El Rab Miterani dice que a diferencia de las plagas divinas citadas en la Torá, las epidemias  contemporáneas  pueden parecernos un fenómeno “natural” . El Rab cita a los doctores de su época que explicaban que “el aire enrarecido que uno respira lo hace morir”. De todas maneras, explica el rab, en nuestros tiempos el Creador actúa «undercover», y el veredicto final es el veredicto Divino.  Él decide en última instancia y por vías misteriosas quién vive y quién no, como decimos en las Tefilot de Rosh haShana. Pero el rab menciona una excepción: aquellos individuos que se arriesgan innecesariamente y se exponen negligentemente al contagio. וקצתם שאינם מחויבים אז בעונש ההוא אלא שהם מסתכנים בעצמם לעמוד במקום הסכנה ואינם ראויים לשיעשה להם נס ונדבק  בהם החולי ההוא במדינה, ואם טבעם מוכן להסתכן בחולי ההוא הם מסתכנים, והוא יתברך יודע בחירתם וחותמם למיתה  “Incluso si alguien no estaba destinado a morir, pero se expuso y fue o se quedo en un lugar peligroso, donde no debería estar,  es posible que eso lo condene a morir.”  Debemos tener en cuenta las palabras del Rab Miterani y no arriesgarnos. Y recordar además que si bien los mas jóvenes no corren peligro de muerte al estar infectados, pueden ser portadores de este virus y contagiar a los mayores al estar en contacto con ellos o con alguien que esté en contacto con ellos.  TODOS PODEMOS CONVERTIRNOS EN PORTADORES INVOLUNTARIOS. Y los abuelos son los que más expuestos están a esta pandemia. ¡Debemos protegernos para protegerlos a ellos!.

¿QUE HACER AHORA?

Si bien el Rab deja abierta la difícil pregunta de por qué le pasan cosas malas a la gente buena o inocente, nos explica cómo reaccionamos los Yehudim en tiempos de tragedias. 

 וירבה בתפילה וצדקה ותחנונים לפני הא-ל יתברך בתשובה ומעשים טובים  

Tefila, rezándole a Dios,  pidiendo que sane a los que están enfermos y rogándole que proteja a los que están sanos.  

Tsedaqa, ayudando y asistiendo con recursos a los que están siendo más afectados por esta epidemia. 

Teshubá, arrepintiéndonos de nuestras malas acciones. Tratando de mejorar la observancia de Su Torá. 

Ma’asim Tobim, convirtiéndonos en mejores personas. Mejores padres, mejores hijos, mejores esposos.   

Rezamos para que pronto, B’H,  esta epidemia termine y volvamos a la normalidad, que seguramente ahora valoraremos más que nunca! 

TEFILA COMPANION

estos son algunos audios de Tefilot, plegarias diarias, para los que están en sus casas y tienen que rezar por sí mismos.

https://halakhaoftheday.org/2020/03/16/tefila-companion/

P.D. Tengo muchos pedidos ara hacer clases por Facebook Live. Seguramente pronto lo voy a intentar.  Pueden seguir mi página en español aquí.   https://www.facebook.com/HALAJAOFTHEDAY5778/




LIBRO: Los Gigantes Olvidados

 Los Gigantes Olvidados

Rabinos sefaradíes antes y después de la Expulsión de España

Rabino Yosef Bittón

 Los judíos en España 

Introducción

Los antiguos orígenes

Si bien no se sabe con exactitud cuándo llegaron por primera vez allí, los judíos vivieron en la Península Ibérica durante siglos.

El profeta Obadia (ca. siglo IX a. e. c.) menciona Sefarad: “Los exiliados israelitas que están en Canáan tendrá la tierra hasta Tzarefat; los exiliados de Yerushalayim (Jerusalén), que están en Sefarad, tendrán las ciudades de Negueb”.

En la misma época, el profeta Iona (Jonah) emprendió un viaje en barco, probablemente una embarcación fenicia, desde el puerto de Acco hacia la ciudad de Tarshish. Se ha especulado mucho sobre la identidad de esta antigua ciudad, pero según el historiador Richard Miles: “Ciertamente la afirmación más convincente es que se refiere a Tartessus, el antiguo nombre para dicha región al sur de España que ahora cubre Andalucía aproximadamente”, cerca a la actual Sevilla. Tiene lógica pues que Iona, un profeta que deseaba escapar de su misión divina, se dirigiera hacia el destino más lejano en el mundo en aquel entonces: España, más allá de las Columnas de Hércules, nombre con el que se hacía referencia al Estrecho de Gibraltar en la antigüedad.

El Rab Emanuel Abohab (1555-1628) menciona que los judíos vivieron en España desde la época de la destrucción del Primer Bet Hamikdash (Templo Santo). Nebujadnetzar (Nabucodonosor), el emperador de Babilonia, envió a judíos para que establecieran una colonia en la Península Ibérica, específicamente en la ciudad de Toledo. En la época de la Mishná, antes de que naciera el cristianismo, los judíos vivieron en España de manera pacífica y en colonias organizadas.

A partir del año 587 e. c., cuando el rey visigodo Recaredo I se convirtió al cristianismo, los judíos sufrieron las primeras persecuciones en España, lo que incluyó la promulgación de un decreto de conversión forzosa. El panorama mejoró cuando los musulmanes invadieron el país desde el sur en el año 718. Las áreas que conquistaron recibieron el nombre Al-Andalus (Andalucía) y atrajeron a una nueva afluencia de judíos hacia toda la península.

En Al-Andalus, las comunidades judías florecieron durante siglos y así nació lo que se conoce como la edad de oro de los judíos españoles.

Esta es la época del gran experto en gramática hebrea el Rab Yona Ibn Janaj; los poetas y filósofos Shelomo Ibn Gabirol y Yehuda Halevi; el visir de Granada Shemuel Ibn Nagrela, también conocido como Shemuel Hanaguid; y Rabi Moshé Ben Maimón, Rambam (Maimónides), la figura más famosa e influyente de la época dorada de España.

Entre los siglos XI y XIII, las fuerzas cristianas de España comenzaron la Reconquista; las campañas militares en contra de los musulmanes para obtener la hegemonía de toda la Península Ibérica. Fue un proceso muy extenso que duró varios siglos, 781 años para ser exactos.

       Mientras volvía a afluir lentamente el régimen cristiano al sur de Castilla, los judíos aguardaban para ver cuál sería su destino bajo el nuevo domino. Rápidamente descubrieron que su relación con los cristianos estaría lejos de ser amigable. Los judíos eran vistos por el nuevo régimen como el “pueblo deicida”, es decir los descendientes y responsables de aquellos que mataron a Jesús en la cruz. La Reconquista coincidió con un despertar religioso cristiano y un deseo de erradicar herejes e infieles, los musulmanes y los judíos. La presencia de judíos en  la península ibérica era para la Iglesia una anomalía que precisaba ser rectificada.

El comienzo del fin

Las semillas de la expulsión de los judíos de España fueron sembradas en 1391. El 15 de marzo de ese año, estallaron disturbios anti-judíos en Sevilla. En ese momento los hebreos vivían pacíficamente en esa ciudad y funcionaban allí tres grandes sinagogas y veintiún más pequeñas.

La violencia contra de los judíos comenzó con la incitación de los monjes cristianos, entre ellos Ferrán Martínez, considerado por los historiadores como el promotor principal detrás de las series de pogroms contra los judíos españoles. 

Los discursos de odio hacia los judíos por parte de los sacerdotes católicos elevaban las expectativas públicas de las conversiones en masa del pueblo judío y provocaban disturbios populares. Multitudes furiosas irrumpieron en la Judería (barrio judío), atacaron a sus residentes y saquearon sus negocios. Los intentos para regresar la calma –como el caso del intendente de Sevilla que hizo arrestar a los cabecillas de los pogromos y ordenó su azotamiento– solo contribuyeron a aumentar la retórica de Martínez y los otros instigadores, y la multitud se volvió aún más violenta. 

Tres meses después, el 6 de junio de 1391, los revoltosos volvieron a ingresar a la Judería, bloquearon las dos salidas del barrio y le prendieron fuego. Se estima que cuatro mil judíos fueron asesinados ese día. La mayoría de los sobrevivientes se convirtieron o se fueron de la ciudad.

Los disturbios en Sevilla se propagaron hacia otras partes de España: Castilla, Aragón, Cataluña y Valencia y provocaron una destrucción incalculable de bienes y vidas.

La instigación de la Iglesia, las supersticiones populares y la codicia de las masas por saquear los bienes de los judíos estallaron en una campaña de brutalidad con un impacto que duró un siglo. Luego de la campaña de Martínez, surgió una misión de conversión más amplia encabezada por el carismático predicador Vicente Ferrer.

      La Disputa de Tortosa, entre los años 1412 y 1414, se destaca como un acontecimiento de coerción encubierta: los rabinos que participaron fueron obligados a tomar parte de largos debates con los frailes, mientras sus congregaciones, desprovistas de sus líderes, eran hostigadas y amenazadas por Martínez, Ferrer y otros, hasta que muchos finalmente se convirtieron.

Las comunidades en España comenzaron a transitar su inevitable final.

Moisés Arragel, el primero en traducir el Jumash (los Cinco Libros de Moisés) al español, describió el sufrimiento de la vida judía en España en una carta del año 1422:

En el pasado, los judíos en Castilla prosperaron y fueron la corona y la guirnalda de toda la diáspora judía en relación a la cantidad de hijos, la riqueza, la ciencia y la magnanimidad, lo que estaba en armonía con la naturaleza del rey, sus cualidades y los reinos que dominaba en la gloriosa y espléndida Castilla. Hoy en día, como consecuencia de … todos los disturbios [que sufrimos]– estamos en una situación opuesta: vivimos en la angustia y la carencia. Nuestros mejores y más sabios hijos nos han abandonado. Nada queda de nuestra ciencia… y de las aguas que antes transportaban barcos, hoy ni siquiera quedan pequeños arroyos. Nuestra ciencia ha desaparecido.

Ni siquiera aquellos que se convertían –ya sea de manera aparente o sincera– estaban a salvo de los sufrimientos. La población cristiana no recibía con los brazos abiertos a los judíos conversos. Se decía que muchos sospechaban que estos nuevos conversos no eran sinceros en su devoción cristiana. Pero en muchos casos, los cristianos estaban indignados por el hecho de que los judíos que aceptaban el bautismo (conocidos como “cristianos nuevos”) se convertían ahora en la competencia de los cristianos viejos en las areas del comercio, la política, la medicina, etc.   

Dos instituciones fueron creadas a fin de rectificar esta situación: la Inquisición y la promulgación de los Estatutos de limpieza de sangre.

En 1448, España promulgó los estatutos de “limpieza de sangre” que impedían que todo aquel que tuviera un ancestro judío pudiera ocupar algún cargo público, limitando de este modo el éxito potencial de los conversos o cristianos nuevos. Y en 1478, la monarquía de Castilla y Aragón estableció la infame Inquisición.

La Inquisición y la Expulsión

En el año 1474, con la coronación de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón como la reina y el rey, nació la idea de consolidar el nuevo reino español. El plan consistía en primer lugar, en finalizar la conquista del sur y quitar de las manos de los musulmanes la península de una vez por todas. El segundo paso era consolidar a España como centro del catolicismo.

En el año 1479, la monarquía española instauró los tribunales de la Inquisición con la orden de buscar y castigar a los conversos que continuaban con las costumbres o ritos judíos.

Los inquisidores tenían el poder de retener al acusado por tiempo indefinido, de torturar a las personas acusadas de herejía, de confiscar sus bienes y de forzarlos a confesar prometiéndoles que si denunciaban a otros conversos que practicaban el judaísmo en secreto, podían de ese modo, quizás, evitar su propia muerte.

El Rab Saul Levi Mortera (ca. 1596-1660) escribió lo siguiente sobre la Inquisición:

Deberían saber que la causa es que en España y Portugal hay una bestia tan cruel e injusta, tiránica y sin piedad, que ha transformado aquello que llamamos madre patria en tierra madrastra… y esa [bestia] que llamamos Inquisición, es un hierro inhumano y riguroso, un juicio injusto, y es la causa de todos estos errores que han visto y escuchado, pues está continuamente robando a algunos, hiriendo y matando a otros, quitando los bienes, la vida, el honor y la naturaleza y obligándolos a buscar nuevos mundos en donde vivir y tener libertad”.

Finalmente, el 31 de marzo de 1492, Isabel y Fernando promulgaron el decreto que anunciaba que todos los judíos que vivían en las tierras pertenecientes a la corona española debían convertirse a la fe católica o abandonar España para fines de julio.

¿Cuántos judíos abandonaron España?

Durante siglos, los eruditos han debatido sobre la cantidad de judíos que vivían en España, cuántos de ellos permanecieron y se bautizaron, y cuántos optaron por el exilio. Sería razonable suponer que había entre cuatrocientos y seiscientos mil judíos en España y que la tercera parte o más permanecieron allí como cristianos.

A continuación, presento el resumen de algunas de las diferentes opiniones sobre la cantidad de judíos que había en España en el momento de la Expulsión. Los conversos no están incluidos en esta cifra.

1. Según una carta oficial que llegó desde Castilla en 1487, habían 14.000 familias judías en Castilla.

2. El rabino Isaac ben Faraj, que se fue de España en 1491, escribió que habían 40.000 familias judías en Castilla y Aragón un año antes de la Expulsión.

3. El historiador español Andrés Bernaldez (1450-1513) escribió que habían aproximadamente 41.000 familias judías en Castilla y Aragón.

4. Una fuente anónima del año 1495 hace mención a una cantidad aproximada de 52.000 familias judías.

5. Según el rabino Don Yitzjak Abarbanel, 300.000 judíos abandonaron España.

6. El Rab Emanuel Abohab indica que 420.000 judíos abandonaron España.

7. El Rab David de Modena, discípulo de Rabi Yosef Colón, menciona que abandonaron España 600.000 judíos.

8. El historiador español Juan de Mariana (1536-1624) indica que 800.000 judíos abandonaron España.

¿Hacia dónde se dirigieron?

Portugal

Los judíos expulsados de España no tenían permitido llevarse consigo ni oro, ni plata ni dinero. Y si bien se les otorgó un plazo hasta fin de julio (un día antes de Tishá b´Av, el día nacional de duelo del pueblo judío) para vender sus bienes, los españoles, sabiendo que los judíos no tenían otra alternativa más que malvender sus pertenencias, abusaron de dichas circunstancias y prácticamente, los despojaron de sus bienes. Los judíos se vieron forzados a ridículas transacciones como cambiar una casa por un asno, y otros ni siquiera consiguieron eso y tuvieron que marcharse con las manos vacías abandonando sus casas a la eufórica masa.

Las rutas de escape más seguras eran por tierra, aunque en los cruces fronterizos, la Inquisición había designado guardias disfrazados como locales para revisar que los refugiados judíos no se hubieran llevado monedas de oro o plata.

Los judíos deportados no tenían ningún lugar seguro para ir ni dinero para garantizar su seguridad. Algunos trataron de escaparse hacia países vecinos, unos pocos se dirigieron a Francia o Italia, y la mayoría se marchó hacia Portugal, un reino con una cultura parecida a la ibérica y  donde muchos de los refugiados tenían familiares.

Según ciertas opiniones, un tercio de todos los judíos expulsados de España fue primero a Portugal.

El rey portugués João II, permitía que los judíos permanecieran en Portugal por un ducado per cápita por un periodo de seis meses. Transcurrido ese plazo, como veremos en la historia del rabino Abraham Saba, los judíos debían pagar nuevamente la misma suma o de lo contrario convertirse en esclavos del rey. 

En palabras de un escritor italiano anónimo en el año 1495:

Ciento veinte mil de ellos [refugiado sefaradíes] se dirigieron a Portugal, según un contrato que había establecido un prominente hombre, Don Vidal bar Benveniste de la Cavallería, con el rey de Portugal, y ellos pagaban un ducado por cada alma y la cuarta parte de toda la mercancía que habían traído consigo. De ese modo les permitía permanecer en su país durante seis meses. Pero este rey actuó mucho peor hacia los judíos que el rey de España, y una vez transcurrido el plazo de seis meses, esclavizó a todos los que se quedaron en su país y desterró a setecientos niños a una isla remota para que se establecieran allí, y todos murieron. Algunos declaran que fueron el doble [de niños]. Sobre ellos se cumplió la palabra de la Escritura: [Deuteronomio 28:32]: “Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo”, etc. Asimismo ordenó a la congregación judía de Lisboa, su capital, que no eleven su voz en los rezos, para que el Señor no escuche sus quejas por la violencia ejercida sobre ellos”.

El sucesor de João II, Manuel, se dio cuenta de la conveniencia de tener comerciantes y artesanos judíos en su reino y se comportó de manera más permisiva hacia ellos. No obstante, los monarcas católicos, los principales instigadores de la deportación de judíos, no aprobaban el hecho de que Portugal se volviera el refugio para los judíos y conversos de España. Cuando la realeza española iba a casar a su hija, Isabel de Asturias, con Manuel de Portugal, la primera condición que estipularon fue que Portugal no le diera asilo a los refugiados judíos.

En 1497, el rey de Portugal inició un proceso de “conversión colectiva de facto” mediante el cual todos los judíos presentes en el reino de Portugal eran considerados a partir de ese momento Cristianos Nuevos. Y por supuesto, una vez convertidos, tenían prohibido, bajo pena de muerte, “judaizar”, es decir, practicar cualquier ritual judío.   

En ese momento la mayoría de los judíos comenzaron a vivir en apariencia como cristianos, esperando la oportunidad de marcharse cuanto antes hacia otros destinos. Miles de familias judías convertidas de facto vivieron en esta situación durante años, y algunas de ellas por tres, cuatro o más generaciones.

África del Norte 

Muchos refugiados sefaradíes se dirigieron a Marruecos cruzando el Mediterráneo, y desde allí fueron a otros países de África del Norte como Argelia y Túnez, donde algunos refugiados judíos españoles ya estaban asentados desde las persecuciones de 1391.   

Aquellos deportados que escogieron escapar por mar, se expusieron a toda clase de peligros. Para tener una idea de los riesgos que implicaba viajar por mar, el lector debería recordar lo ocurrido en la expedición de Argel en 1541, cuando el emperador Carlos V reunió una flota de quinientos barcos, de los cuales ciento cuarenta y siete se extraviaron a causa de una inclemencia climatológica. Y estas eran embarcaciones militares, es decir, fortificadas.

  Además de la fragilidad de las naves, cuando los refugiados llegaban al barco, estaban a merced del capitán y de su tripulación. Los refugiados judíos no contaban con nadie que los defendiera y carecían de oro y plata para salvar sus vidas. En muchos casos, cuando los indefensos refugiados judíos embarcaban o una vez que partía el barco, eran saqueados, violados, asesinados o vendidos como esclavos por la tripulación.

Cuando se conoció el edicto de expulsión en los demás países, las embarcaciones venían desde Génova [hacia los puertos de España] para llevar a los judíos. La tripulación de dichas naves actuaba con malicia y mezquindad hacia ellos, les robaban …la crueldad de sus malvados corazones llegó tan lejos que quitaban a los infantes del pecho de su madre [para matarlos y vender a las mujeres como esclavas] . 

Los refugiados judíos que lograban abordar un barco que genuinamente tenía la intención de llevarlos a su destino, no siempre eran bien recibidos por los países a los que se dirigían. En ocasiones las naves no eran autorizadas a ingresar al puerto durante días o incluso semanas, y las personas a bordo no recibían alimento. La hambruna y la falta de condiciones mínimas de salud a bordo provocaban muertes y plagas, otra razón que impedía que los judíos pudieran desembarcar  en las costas de África. Existieron algunas excepciones, como por ejemplo en Tremecén, Argelia, gracias a las nobles acciones de una persona judía muy influyente llamada Abraham, consejero del rey local.

Muchos de los exiliados españoles se dirigieron a países mahometanos, a Fez, Tremecén y a las provincias bereberes, bajo el dominio del rey de Túnez. La mayoría de los musulmanes no les permitían el ingreso a sus ciudades y muchos de los refugiados  murieron a causa del hambre y la sed… Los leones y osos, que abundan en dicho país, asesinaban a los que yacían hambrientos en las afueras de las ciudades. Un judío en el reino de Tremecén llamado Abraham, que era el virrey que gobernaba allí, ayudó a que que algunos de ellos llegaran a su reino y dispuso grandes sumas de dinero para asistirlos. Los judíos de África del Norte fueron muy caritativos hacia ellos. Algunos de los que se dirigieron a África del Norte, como no encontraron un lugar que los recibiera, regresaron a España y se convirtieron, y a través de ellos se cumplió la profecía de Jeremías [Lamentaciones 1:13]: “Ha tendido una red a mis pies, me ha hecho regresar atrás” . 

La Inquisición, increíblemente, también envió a sus oficiales a África del Norte para que entregasen a España a los conversos que habían retornado al judaísmo. El gobierno español apoyaba el objetivo de la Inquisición y exigía que los gobernantes de África del Norte les entregaran a los conversos que habían renunciado al cristianismo al llegar a África.

Italia

Algunos refugiados escaparon a Italia:

Muchos barcos con judíos… llegaron a la ciudad de Nápoles en la costa. El rey de allí era amigable hacia los judíos, los recibía a todos, era piadoso con ellos y hasta los ayudaba con dinero. Los judíos que vivían en Nápoles les proveían la máxima cantidad de alimentos posible y los distribuían hacia otras partes de Italia. Los judíos sefaradim que ya vivían en esa ciudad les prestaban dinero sin estipular intereses… Pero todo esto no era suficiente para mantenerlos con vida. Algunos murieron de hambre, otros tuvieron que vender a sus hijos para sustentar sus vidas. Finalmente estalló una plaga entre ellos, se esparció hacia Nápoles y muchísimos perecieron..

Turquía y el Imperio Otomano

El grupo de refugiados que mejor fue recibido fue el que se dirigió a la Turquía otomana. Este país musulmán no tenía prejuicios contra los judíos. Por el contrario, tras la expulsión de los judíos de España y Portugal, el sultán Bayezid II (1481-1512) emitió una invitación formal a los judíos para que fuesen a su reino, y estos comenzaron a llegar al imperio en grandes cantidades.

La buena voluntad con la que eran recibidos en Turquía se puede apreciar en la historia que cuenta lo que dijo el sultán Bayezid, que permitió el establecimiento de los refugiados españoles en su territorio: “Ellos [loas españoles] dicen que el rey Fernando es un monarca inteligente, pero la verdad es que Fernando ha empobrecido a su país [al echar a los judíos] y ha enriquecido al mío”.

La mayoría de los deportados quería llegar a Turquía, y muchos llegaron al Imperio otomano luego de pasar por Portugal, África del Norte e Italia. Pero no era fácil salir de los puertos de España y Portugal o sobrevivir las maldades de la tripulación, el ataque de piratas, etc.  

Parte de los españoles exiliados fue por mar a Turquía. Algunos fueron arrojados al mar y se ahogaron, pero aquellos que llegaron allí, recibían una cálida bienvenida por parte del rey, pues eran artesanos. Les prestó dinero para que se asentaran en una isla y les entregó campos y fincas.

Los judíos sefaradíes se asentaron en la Turquía otomana principalmente en dos ciudades, que por siglos se mantuvieron como las comunidades sefaradíes más importantes a nivel mundial. Una fue Constantinopla, ahora conocida como Estambul, y la otra Salónica en la actual Grecia, la única ciudad del mundo que en ese entonces contaba con una población mayoritariamente judía.    

Los judíos españoles también tenían permitido asentarse en otras importantes ciudades del imperio, en especial en Sarajevo, Andrianópolis, Nicópolis y Anatolia.

Los judíos prosperaron en Turquía ya que satisfacían varias necesidades en el Imperio otomano: los turcos, culturalmente,  no se interesaban en el comercio y dejaban que dichas actividades las realizaran miembros de religiones minoritarias. Asimismo, desconfiaban de los súbditos cristianos cuyos países habían sido recientemente conquistados por los otomanos, y por lo tanto era natural que prefirieran tratar con los judíos, sobre quienes no regía tal consideración. En el siglo XVI los financieros líderes en Estambul eran griegos o judíos. Muchos de los financieros judíos eran originalmente de España o Portugal y habían escapado durante el periodo que precedió a la expulsión. La familia banquera más destacada en el Imperio otomano del siglo XVI fue la casa bancaria de la famosa mujer judía Doña Gracia Mendes y su sobrino, Don Yosef Nassí, quienes escaparon de Portugal alrededor de 1540, pasaron por Italia y se establecieron en Estambul en 1552, bajo la protección del sultán Suleiman I, el Magnífico.

Con el paso de los años, algunos de los judíos que habían llegado a Turquía se dirigieron desde allí hacia otros territorios bajo el domino del Imperio otomano, zonas levantinas, lo que en la actualidad son Egipto, Siria y en especial Israel. Así se fundaron las colonias judías de Yerushalayim (Jerusalén) y Tzefat (Safed).

Yerushalaim y Tzefat

Durante muchos años a los judíos no se les permitía viajar a la Tierra de Israel. En el segundo cuarto del siglo XV, se emitió un decreto papal que prohibía el tráfico de bienes judíos en el Mediterráneo hacia la Tierra de Israel, lo que en realidad era un decreto que impedía el tránsito de judíos a la Tierra Santa. Tras la caída de Constantinopla en manos del Imperio otomano (1453), la situación geopolítica cambió y algunos judíos comenzaron a restablecerse y reforzar la comunidades existentes en Israel.

Durante el Sultanato mameluco (el régimen que precedió al Imperio otomano), Yerushalayim se encontraba en una situación difícil. La ciudad no tenía murallas y su población sufría permanentes ataques por parte de ladrones. Los judíos de la ciudad se encontraban en una situación económica muy graves. La sinagoga central fue destruida en 1474 y no tenían los medios suficientes para construir una nueva. Muchos judíos desesperados abandonaron la ciudad. En la década de 1480 aumentó la cantidad de inmigrantes a Eretz Israel. En 1488, el Rab Obadiáh de Bertinoro (de Bartenura) llegó a Yerushalayim. Encontró a los habitantes judíos de la ciudad en una situación desesperante, no tenían ni siquiera un sefer Torá. Sus esfuerzos fueron claves para mejorar la situación de la judería de Yerushalayim. El Rab Obadiáh recibió donaciones de Italia, especialmente de su propia familia, y fortaleció el bienestar espiritual y material de la comunidad.

Poco después de que los otomanos conquistaran Yerushalayim en 1517, el gobierno otomano comenzó a reconstruir la ciudad e incluso alentó a que los judíos expulsados de España se asentaran en Eretz Israel en particular. Por lo tanto, la mayoría de los judíos podía visitarla, y el Muro Occidental fue oficialmente reconocido como sitio de rezo judío por parte de las autoridades otomanas.

Muchos deportados sefaradíes se establecieron en la ciudad de Tzefat. Aparentemente ya en el año 1504 los judíos españoles eran la fuerza dominante en dicha ciudad. Recibían una ayuda económica fundamental gracias a los esfuerzos de un importante líder de la afluente comunidad judía en Egipto, Rabi Yitzjak Sholal.

Cuando el Imperio otomano conquistó Israel de las manos de los mamelucos comenzó un nuevo periodo para los judíos que vivían en Tierra Santa, particularmente en Tzefat. Los otomanos invirtieron en construcción, orden y seguridad. La nueva prosperidad era evidente para las comunidades musulmanas y judías por igual. Creció la ola de inmigración, en particular entre los refugiados sefaradíes y sus descendientes. Llegaron muchos judíos –especialmente de Turquía pero también de Italia y de África del Norte– y se unieron a la población local.

Además de la población judía de Tzefat y Yerushalaim, también vivían judíos en Tiberias, Jebrón y Gaza.

Historia de los Rabinos Españoles

Primera Parte

El fin de la era de oro de España

El Rab Jasdai Crescas, 1340-1411

El Rab Jasdai Crescas fue rabino, filósofo y artesano. Fue considerado el líder politico de la comunidad judía de Aragón y de algún modo de toda la judería ibérica durante uno de sus periodos más críticos. Fue una de las autoridades rabínicas líderes de su época y un polemista que debatió las ideas anti judías del cristianismo.

El Rab Crescas fue alumno del famoso Rab Nissim Gerondi, también conocido como el Ran (1320-1376). En la Yeshibá del Ran, aprendió no solo los estudios tradicionales de la Biblia, el Talmud y demás secciones de la Ley Oral, sino también ciencia, filosofía judía –en particular las obras filosóficas de Rambam– y filosofía clásica.

En el año 1360, Rabi Crescas se desempeñó como uno de los neemaním o secretarios de la comunidad judía. En el año 1370, reconocido como una autoridad de la ley talmúdica, el rey Pedro IV de Aragón lo convocó para que resolviera los casos judiciales relacionados con los judíos. Recibía preguntas halájicas y comunitarias de los judíos de todo el reino de Aragón y otras ciudades del mundo judío. En 1376, tras el fallecimiento del Rab Nissim Gerondi, el Rab Crescas y el Rab Yitzjak bar Sheshat (Ribash 1326-1408) se convirtieron en las autoridades judías principales de Aragón.

En 1387, con la asunción al trono del rey Juan I, “el Cazador”, el Rab Crescas se volvió la persona de confianza del rey y en el año 1389 fue nombrado como el rabino de Zaragoza, la capital de Aragón. En 1390 fue designado por el trono para que se desempeñara como juez de todos los judíos del reino de Aragón.

El declive de la judería española comenzó en el año 1391. Los pogroms de ese año tuvieron una influencia decisiva en la vida del Rab Crescas y de toda la comunidad judía española. En dichas persecuciones miles de judíos fueron asesinados o se convirtieron al cristianismo por la fuerza. Los pogroms comenzaron en Sevilla, Castilla, pero rápidamente cruzaron la frontera de Aragón. Casi la mitad de los judíos de España aceptó alguna forma de conversión al cristianismo. Las comunidades judías más importantes de Aragón desaparecieron. La Yeshibá de Barcelona, una de las academias rabínicas más importantes de la Edad Media también desapareció. El Rab Crescas trabajaba junto al rey de Aragón para proteger a las comunidades judías, pero solo obtuvo un éxito parcial. Las comunidades judías de Valencia, Mallorca y Cataluña fueron completamente destruidas.

A pesar de los esfuerzos desesperados del Rab Crescas para proteger a su propia familia, su único hijo fue asesinado en los disturbios de Barcelona en 1391 por haberse rehusado a convertirse. El Rab Crescas escribió una crónica en hebreo relatando las masacres del 19 de octubre de 1391 llamada Cartas de los judíos a través de los siglos. En el escrito lamenta que las sinagogas, los centros de la devoción y del estudio estén ahora desoladas, al igual que la Yerushalayim de sus días. También hace alusión a la muerte de su hijo que falleció como un mártir para santificar el Nombre de Dios, rehusándose al bautismo.

Luego de los disturbios de 1391, el Rab Crescas, al igual que la mayoría de los rabinos de España, se dedicó a reconstruir las comunidades judías que se encontraban devastadas. Continuó enseñando Torá, Talmud, ciencia y filosofía. Su alumno más importante en filosofía judía fue el el Rab Yosef Albo, mientras que su discípulo más importante en los estudios talmúdicos y en leyes fue el Rab Yosef Ibn Habib, el autor de Nimuké Yosef. Con la ayuda del rey y de la reina de Aragón, el Rab Crescas intentó restaurar la comunidad judía de Barcelona, pero no lo logró. Luego quiso desesperadamente encontrar un lugar más seguro para los judíos españoles, quizás en el reino de Navarra, pero su plan lamentablemente falló. Dedicó sus últimos años a ayudar a los conversos que aceptaron el bautismo por coacción a marcharse de España y establecerse en países musulmanes en África del Norte donde podían practicar el judaísmo abiertamente. Tras el asesinato de su hijo, en 1393 Rabi Crescas se casó en segundas nupcias y tuvo un hijo y tres hijas. Falleció en Zaragoza en 1411.

Sus obras y sus ideas

La intensidad de su vida y la cantidad de tragedias por las que pasó hicieron que el Rab Crescas tuviera un tiempo muy limitado para dedicar a la escritura. Y aún así fue un prolífico escritor.

Su libro más célebre fue Or Hashem. Allí el Rab Crescas elogia la inmensidad del conocimiento de Rambam, Maimónides,  pero disiente con él en muchas áreas. En aquella época existían dos escuelas entre los rabinos: la que apoyaba las posturas filosóficas de Rambam y la que se oponía vehementemente a las mismas. El Rab Crescas, muchas veces, se oponía a las ideas de Maimónides, especialmente aquellas expresadas en el libro de Rambam Moré Nevujím (Guía de los perplejos).

Un ejemplo de la oposición del Rab Crescas respecto a Rambam es su postura sobre la doctrina de bejirá jofshit (el libre albedrío). Según Maimónides, el libre albedrío constituye la base esencial del judaísmo (Mishné Torá, Hiljot Teshuvá 5:1). El Rab Crescas creía en alguna forma de determinismo que limitaba la elección humana. La postura de Rambam dejaba algunos interrogantes sin responder; uno de ellos, la aparente contradicción entre el libre albedrío del hombre y la presciencia de Dios (“si Dios sabe por anticipado lo que yo voy a hacer, entonces, en realidad, no tengo libere albedrío”) . Según el Rab Crescas, el proceso de tomar una decisión es fundamentalmente determinista. En apariencia, el individuo elige voluntariamente sus propias acciones. Pero las causas que lo conducen a tomar tales decisiones, como su lugar de nacimiento, su educación, la sociedad en la que se encuentra y sus valores, entre otras cosas, afectan la voluntad de dicho individuo y determinan parcialmente sus elecciones. Según el Rab Crescas, Dios conoce todas los factores del universo,  incluyendo el total de los factores que provocan las acciones de cada persona, y solo Él puede distinguir entre lo que pertenece a la categoría de “elección” y lo que se considera “predeterminado”. Por lo tanto, el hombre posee una libertad de acción limitada, dentro de un marco predeterminado.

Otro ejemplo de la oposición de Rabi Crescas a la postura de Rambam se relaciona con un debate entre los rabinos de la Edad Media respecto de la naturaleza del primer mandamiento. Según Maimónides, las palabras con las que comienzan los Diez Mandamientos “Yo soy el Señor, tu Dios” (Éxodo 20:2; Deuteronomio 5:6), constituye un precepto positivo: creer en la existencia de Dios. El Rab Crescas, sin embargo, argumentaba que creer en la existencia de Dios no puede ser un precepto en sí mismo. Siguiendo la opinión de Rambán (Najmánides, 1194-1270) y del Rab Nissim Gerondi, maestro del Rab Crescas, el pensaba que el primer  mandamientos era una introducción a los demás mandamientos y no un mandamiento independiente. Antes de hablar de un precepto divino, la persona debe estar convencida de la existencia de un Ser Divino que es también la Autoridad Suprema. El Rab Crescas decía que al individuo solo se le puede ordenar hacer de manera razonable lo que puede elegir hacer, y la creencia no es una cuestión de elección. Por eso, la creencia en la existencia de Dios es un preámbulo para todos los mandamientos, no un mandamiento en sí mismo.

En otro orden dec osas, como parte de sus esfuerzos para combatir la intensa literatura cristianizadora destinada a persuadir a los judíos a convertirse al cristianismo el Rab Crescas escribió un libro llamado La refutación de los principios cristianos. Fue escrito originalmente en catalán, el idioma del reino de Aragón. No fue escrito en hebreo porque estaba dirigido a los que habían sido convertidos por la fuerza, que sabían mejor la lengua nativa, catalán, que el hebreo. El libro original ya no existe, pero sobrevivió en la traducción hebrea de Yosef Ben Shem Tov titulada Bittul Ikarei Hanotzerím (también hay una traducción inglesa llamada The Refutation of the Christian Principles, traducida y editada por uno de mis maestros el profesor Daniel Lasker). En esta obra, el Rab Crescas analiza los diez dogmas del cristianismo y demuestra cómo difieren de manera radical de los principios teológicos originales que se aprenden de la Biblia hebrea. El libro fue escrito para proporcionar a los judíos de Aragón las herramientas intelectuales para debatir a los misioneros cristianos de su época.

El Rab Yitzjak Canpantón, 1360-1463

El Rab Yitzjak Canpantón nació en Zamora, una pequeña ciudad al noroeste de Castilla, España. El Rab Canpantón fue conocido como el Gaón de Castilla. Presenció de primera mano el declive de la judería, en especial luego de las persecuciones, los asesinatos en masa, las conversiones forzadas de 1391 y los ultrajes de los monjes Ferrán Martínez y Vicente Ferrer. Estos dos monjes fueron los principales instigadores de las persecuciones y atrocidades en contra de los judíos hacia el final del siglo XIV.

El Rab Canpantón dirigió la Yeshibá de Zamora durante muchos años. Fue sucedido por uno de sus discípulos, Rabi Shemuel Al-Valensi (“de Valencia”), que encabezó este prestigiosa Yeshibá hasta la época de la expulsión de los judíos de España en 1492. Entre los estudiantes del rab Canpantón se encontraban Rabi Yitzjak de León (ca. 1416-1486), que según Rabi David Conforte fue el autor de Meguilat Esther, el comentario sobre del Sefer Hamitzvot de Rambam; Rabi Yitzjak Abohab segundo (1433-1493), director de la Yeshivá de Toledo; Rabi Shem Tov Ibn Shem Tov (1380-1441); Rabi Yitzjak Caro (1458-1535); y Rabi Yitzjak Arama (1420-1494), y otros.

Los judíos pagaban sus impuestos al rey no como individuos, sino como comunidad. En Navarra y Castilla, el rey designaba a un respetado erudito, habitualmente el líder comunitario más respetado y lo asignaba como el rab (rabino) de la corte. Este rabino era designado por la corona a fin de supervisar el liderazgo comunal judío y el reparto de impuestos entre la comunidad. El rab de la corte presidía las reuniones de los representantes de las comunidades, que eran convocados cuando era necesario, y supervisaba la elaboración de las regulaciones comunales y la distribución de los impuestos. Uno de los rabinos de la corte más famoso fue el Rab Abraham Benveniste (1406-1454). Tras la muerte de Benveniste en 1454, el Rab Canpantón fue designado rab de la corte, responsable de calcular los impuestos entre los judíos de Castilla junto con Yosef Benveniste, el hijo del Rab Abraham.

Rabi Canpantón era muy admirado por sus contemporáneos, tanto por su personalidad como por su rol de maestro, y es extensamente citado por sus alumnos en sus obras. Vivió una larga vida, 103 años. Falleció en Peñafiel, España, en 1463.

Sus obras e ideas

Rabi Canpantón escribió muchas obras, pero en la actualidad conocemos solo una: Darje HaTalmud , La metodología del Talmud.

Darjé HaTalmud es un libro corto que enseña la manera adecuada de estudiar y enseñar el Talmud. Por cierto, este libro también demuestra cómo se estudiaba el Talmud en Sefarad durante siglos. Dicho libro influenció en gran medida la forma en la que las comunidades  sefaradíes estudiaron el Talmud luego de la expulsión de España, en Constantinopla, Salónica, Tzefat y demás ciudades en África del Norte y Medio Oriente.

El Rab Yaakov Berab, por ejemplo, que fue una de las luminarias de Tzefat en el siglo XVI, enseñaba el Talmud en su prestigiosa Yeshibá siguiendo estrictamente la metodología de Darjé HaTalmud. En su obra seminal el Bet Yosef (YD, siman 275), el Rab Yosef Caro menciona a Rabi Canpantón con mucho honor y respeto.

El Rab Canpantón estableció reglas metodológicas muy claras para el estudio del Talmud que tuvieron una profunda influencia en las generaciones posteriores. El Talmud no es un libro simple. Como educador y maestro experto, Rabi Canpantón explicó el método de estudio adecuado del texto talmúdico y los principios pedagógicos que deben aplicarse.

El libro Darkéi Hatalmud contiene quince capítulos, menos de sesenta páginas en la edición más popular y fue escrito en un hebreo claro y sencillo.

La mayoría de los principios del libro se relacionan con reglas metodológicas y están diseñados a entrenar al alumno a que desarrolle un estudio activo y crítico del Talmud.

A continuación se enumeran algunas de las ideas más simples de la obra:

Estructura

El autor enseña al alumno a prestar atención a la estructura de la suguiá, o tzurata dishma’ata. Una suguiá es más o menos el equivalente una unidad temática dentro de un capitulo del Talmud. El estudiante debe descifrar la lógica de la disposición en la que se presenta un tema en el texto talmúdico. Y para descubrir la estructura del texto, deberá leer y releer el texto muchas veces hasta entender de qué manera los diferentes párrafos y debates del texto construyen la estructura de la suguiá.

Terminología

El estudiante precisa prestar atención al lenguaje y a la terminología del texto. Puesto que el Talmud Bablí (el Talmud Babilónico) fue cuidadosamente editado y las palabras que introducen las diferentes lecciones o shemuot difieren unas de las otras. Y cada una de dichas palabras transmite el nivel de autoridad o aceptación conferido al autor de la enseñanza en cuestión.

Protagonistas

El estudiante debe saber cuáles son los protagonistas de la suguiá. ¿Quién es el rabino y quién el alumno? ¿De dónde es el rabino protagonista? ¿Es de Eretz Israel o de Babilonia? Muchos interrogantes que afectan al sentido o al curso de la suguiá, o la aparente contradicción entre la suguiá A y la suguiá B, se resuelven cuando el estudiante conoce la autoría y la jerarquía de los protagonistas de cada debate talmúdico.

Comentarios

El estudiante primero debe enfrentarse con el texto por sí mismo y esforzarse por comprender su lenguaje, las preguntas, las respuestas y las contradicciones textuales aparentes antes de consultar los comentarios. El Rab Canpantón insiste que el estudiante debe leer el texto al menos tres veces, prestando muchísima atención al diyuk (puntos finos de la sintaxis) antes de dedicarse a los comentarios. Al leerlo, debe formularse una serie de preguntas (¡Rabi Canpantón identifica diez!): ¿Quiénes son los protagonistas de la suguiá? ¿Cuál es el objetivo de esta suguiá en particular? ¿Qué nuevo punto viene a enseñar?, etc. Solo después de este proceso el alumno proseguirá con la lectura de los comentarios.

Relectura

Rabi Canpantón recuerda al estudiante que los autores y protagonistas del Talmud fueron grandes genios, y el Talmud en sí mismo fue estrictamente revisado y editado por Rab Ashé y Rabiná, lo que hace virtualmente imposible que el texto talmúdico contenga palabras o letras de más (a menos que sea un error de copiado, o una enmienda de un manuscrito específico). Cada vez que el estudiante tenga una pregunta sobre una palabra que parece ser superflua o estar fuera de lugar, no debe pensar que los autores cometieron un error o que no comprendían el tema en cuestión, sino que él, el alumno, deberá leer el párrafo una y otra vez hasta entender la lógica de dicho término particular.

Anticipación   

Una de las reglas didácticas más importantes que presenta el Rab Canpantón es, en mis propias palabras, el valor de la anticipación. El Rabino Canpantón le enseña al estudiante a leer con sumo detenimiento los debates talmúdicos, a identificar las contradicciones aparentes y las diferencias entre los textos, y luego detenerse antes de seguir leyendo. Una vez que entiende las preguntas, debe intentar llegar por sí mismo a las posibles respuestas y soluciones, anticipándose a las respuestas que posiblemente ofrezca el Talmud. Este método es muy efectivo porque mediante la prueba, el error y la persistencia, el estudiante aprende a desarrollar su propia mente talmúdica y finalmente es capaz de integrar en su propia mente el sofisticado método del pensamiento talmúdico.




El Rab Yaaqob Castro (1525-1612) y la comunidad judía de Egipto

DE SEFARAD A EGIPTO  

El Rab Yaakob Castro fue un erudito en Torá, un juez rabínico y un importante legislador de la ley judía en la comunidad de El Cairo, en Egipto. La familia Castro o “de Castro”era originaria del sur de España. En la época de la expulsión escaparon a Portugal y desde allí, muchos miembros de esa familiallegaron a Turquía, al norte de África, Egipto, etc. El padre del Rab Castro (algunos historiadores dicen que fue su tío) fue el famoso Abraham de Castro (murió en 1520, ver aquí). Abraham de Castro fue uno de los judíos más prominentes de su época. Fue el gerente del tesoro real del Sultán turco Solimán el magnífico (1494-1566), el hombre más poderoso del mundo en esos años. En su honor, el Sultán accedió a reforzar las murallas de Jerusalem agregando a la muralla original varias hileras de roca solida. Esta refacción sigue allí hasta el día de hoy. 

SUS MAESTROS.

El Rab Yaaqob de Castro pertenencia a una familia adinerada. Aparte de su desempeño como rabino el Rab Castro también se dedicaba al comercio, algo que era común entre los rabinos que vivían en Egipto, como el Rab David ben Zimrá o el mismo Rabbi Isaac Luria (el Ari haQadosh) que se dedicaba a la importación y exportación de pimienta y granos.  El Rab Ya’aqob fue alumno de dos grandes luminarias: el ilustre rabino David ben Zimra (Radbaz), y el rab Levi ibn Habib (Ralbah) de Yerushalayim. Al Rab Ya’aqob se lo conoce también por sus siglas Mahariqash ( מהריק“ש), y se lo considera el último “Gran Rabino” de Egipto, es decir, la autoridad rabínica aceptada por todas las comunidades del país, incluyendo las dos más importantes: Cairo y Alejandría. En ese tiempo la mayoría de los judíos de Egipto eran musta’arabim, es decir, nativos de Egipto; mientras que la comunidad de los Sefaradim, esto es, los refugiados de la expulsión de España, recién estaba en sus comienzos.

EL RAB CASTRO Y EL RAB CARO.

En 1570, visitó la ciudad de Sefat en la tierra de Israel, donde fue invitado a la casa del Rab Yosef Caro (1488-1575), el autor del Shulján Aruj. En sus escritos el rabino Castro describe su encuentro con el rabino Caro y relata —me imagino que con mucha emoción— lo que sintió al ver con sus propios ojos al Rab Caro actuando de acuerdo las costumbres que él mismo había establecido en el Shulján Aruj. El rabino Castro escribió varios libros. Mencionaremos dos de ellos. “Erej Lejem”. Glosas y comentarios que el rab Castro escribió en los márgenes del libro Shulján Aruj, donde reflejaba su opinión, y a veces sus objeciones, a algunas determinaciones del rab Yosef Caro. Era tan alta la reputación del rabino Castro que en Egipto su opinión tenia más peso que la del mismo Shulján Aruj. 

LA VIDA EN LA COMUNIDAD JUDIA DE EGIPTO 

Otra de sus obras es «Ahole Ya’aqob«, un libro de responsa rabínica sobre casos reales que sucedieron en su comunidad. En este libro se presentan también los debates Halájicos entre el Rab Castro y algunos de sus contemporáneos, lo cual nos permite tener una mejor visión de su pensamiento jurídico. 
Cabe destacar también que este libro de preguntas y respuestas del Rab Castro es para los historiadores una valiosísima fuente de información para conocer un poco más en detalle la vida social, comunitaria, y las dificultades de la comunidad judía en el Egipto o del siglo 16.
Veamos algunos ejemplos:
Una de las Taqanot, decretos comunitarios, que el rab Castro menciona en una de sus respuestas se relaciona con la ética y la etiqueta que se debe guardar en la celebración de las fiestas de casamientos. Al parecer en algunos casamientos se contrataba bailarinas gentiles que danzaban, como parte de la celebración; esto hizo que más de una vez se produjeran algunos hechos indebidos en esas fiestas. El rab Castro junto con los otros rabinos de la ciudad prohibió este tipo de celebración y alentó a la comunidad a contratar únicamente a músicos, y no bailarinas. 
Otro tema controversial que aparece en las preguntas y respuestas de esa época era la legalidad del reclamo de una esposa que se negaba a vivir en la casa de sus suegros, en una situación donde no había maltrato. El rab Castro debatió con otro rabino muy famoso, el Rab Jayim Kafusi, acerca de la consideración de este reclamo como un causal legal de divorcio. 
Por último, mencionaré un tema un poco más delicado. Al Rab Castro le llegó el caso de dos jóvenes casados, miembros de su comunidad, que salieron en camello a un viaje de negocios y habían desaparecido. Dos hombres egipcios, padre e hijo, testificaron que estos comerciantes habían sido atacados y asesinados por una banda de 12 asaltantes. La pregunta Halájica era si este testimonio era suficiente para declarar a las esposas de estos comerciantes como viudas, y permitirles así que contrajeran nuevamente matrimonio. El rab Castro adoptó una opinión más estricta, ya que las pruebas eran ambiguas, y aparte consideró que los testigos podrían obtener un beneficio personal de su testimonio. El Rab Kafusi se enfrentó con el Rab Castro y presentó una opinión en extremo permisiva para que estas dos jóvenes mujeres no quedaran atrapadas (agunot) en una situación sin otra solución posible.




El Rab Yosef de Terani (1569-1639) y los mecenas de Constantinopla

LA VIDA EN ERETS ISRAEL
El Rabino Yosef de Terani (o “Miterani” רבי יוסף מטראני) nació en Safed, Israel, en 1569 y es considerado uno de los principales talmudistas de su generación. También es más conocido por las iniciales de su nombre “Maharit” (hebreo: מהרי»ט). Su padre fue el famoso rabino Moshé de Terani , autor de Bet Eloqim, que murió cuando Yosef tenía 12 años. Desde esa corta edad el Rab Yosef fue adoptado, y se transformó en el alumno predilecto del gran Sabio Ribbí Shelomó Sagis.  El Rab Yosef se casó en 1586. Ese mismo año se desató una gran plaga en Safed que cobró la vida de miles de Yehudim y entre ellos la de su maestro y padre adoptivo el Rab Sagis.  El Rab Yosef tuvo que abandonar la tierra de Israel y escapó a Egipto, donde vivió con su hermano Shelomó –que era rabino allí– por 15 años.  Durante todo ese tiempo se dedicó al estudio intensivo del Talmud. Cuando regresó a la tierra de Israel vivió en Safed y luego en Yerushalayim donde escribió el libro “Tsurat haBayit”, que describe el diseño y los detalles de la arquitectura del Bet haMiqdash. Este libro, lamentablemente, se ha perdido y solo nos llegaron algunas citas del mismo que fueron copiadas en el libro de uno de sus alumnos, el Rab Jayim Alfandari.  El Rab Yosef en esta época ya era famoso y le llegaban preguntas de todas las comunidades judías del mundo.  Pero la vida en Erets Israel era muy difícil y el Rab Yosef y su familia sufrieron pobreza, enfermedad y persecuciones.
DE SAFED A CONSTANTINOPLA
Al cabo de uno años,  luego de haber servido como Rabino principal de Safed, el rab Yosef se trasladó a la ciudad de Constantinopla, en Turquía, donde había una gran comunidad judía fundada por los judíos expulsados de España, Sefaradim. En Constantinopla el rab Yosef fue recibido con mucho entusiasmo por los hermanos Ben Ya’ish, que eran importantes benefactores y mecenas judíos.  Los hermanos Ben Ya’ish alojaron al Rab Yosef en su hacienda y le ofrecieron mantenerlo a él y a su familia con dignidad mientras se dedicaba a enseñar Torá y escribir sus libros. En la hacienda de los hermanos Ben Ya’ish el Rab estableció su propia Yeshibá o academia rabínica a la cual llamó “Qahal Qadosh Gerush”, la santa congregación de los refugiados de España.  A partir de este momento las penurias el Rab Yosef terminaron y ya sin preocupaciones materiales el rab Yosef se dedicó plenamente a enseñar Torá. Su Yeshibá se convirtió en un semillero de jóvenes rabinos que llegaban de todas partes del mundo a estudiar con el Rab Yosef. Sus hijos cuentan que la Yeshibá tenía más de 80 alumnos que estudiaban directamente con el rab Yosef.
RABINO DE TURQUIA
Luego de 20 años de haber llegado a Turquía el Rab Yosef fue elegido también como el rabino principal de Constantinopla, lo que confería el titulo de Jajam Bashi, rabino principal de Turquía, que en ese entonces era la comunidad judía más próspera del mundo judío. Aparte de seguir al frente de la enseñanza, el Rab Yosef se dedicó a mejorar todo el aspecto de asistencia social comunitaria y entrenó a sus propios alumnos para esta importante tarea. Sus alumnos se ocupaban personalmente de ir a visitar enfermos, consolar a los dolientes, alegrar a los novios y por supuesto, distribuir comida, ropa y todo lo que fuera necesario para los pobres, las viudas y los huérfanos. Entre sus estudiantes se destacan por ejemplo:  Ribbí Aharón DeLapapa, Ribbí Jayim Benveniste, Ribbí Jayim Algazi, y muchos más.
SUS ULTIMOS DESEOS
El Rab Yosef tuvo varios hijos, todos ellos grandes Sabios en Torá.
Antes de morir le encomendó dos cosas a sus hijos. 1. Que publicaran sus libros, que estaban en manuscritos. Y 2. que llevaran sus restos a la tierra de Israel para que pudiera ser enterrado cerca de su padre.  Al poco tiempo de fallecer, en 1639, sus hijos cumplieron fielmente con sus dos deseos.
SUS LIBROS
Entre los libros del Rab Yosef Miterani se destaca su colección de 152 preguntas y respuestas que fueron publicadas en Constantinopla en 1641.
En este link se puede obtener otro libro del Rab Yosef , Tsafnat Pa’aneaj, (Frankfurt, 1694) un comentario sobre la Torá. En las primeras páginas de este libro, por ejemplo, el Rab Yosef explica desde 15 ángulos diferentes cuál fue el pecado del primer hombre, cómo es que este pecado hizo que el hombre descubriera su desnudez, y por qué el Creador lo vistió con una vestimenta de cuero (o “luz”, de acuerdo a Ribbí Meir).
SU TUMBA
Sus hijos llevaron sus restos a Safed y enterraron allí a su padre. Por alguna razón (que desconozco) el lugar de su tumba no se conoció por siglos. Pero fue identificada en  2008 por el Rabino Shelomó Epsteinen en el viejo cementerio de Tsefat, al lado del tumba del rab Moshé Alshej .