1

GENESIS 1:27: Androginia y poligamia en la Torá

ויברא אלוקים את-האדם בצלמו, בצלם אלוקים ברא

אותו, זכר ונקבה, ברא אותם

“Y Dios creó al ser humano a Su imagen. A la imagen de Dios lo creó. Hombre y mujer los creó”.  Génesis 1:27

Explicamos anteriormente la primera parte de este versículo, “la imagen de Dios” en el ser humano.  Continuaremos ahora con la segunda parte de este versículo, donde la Torá relata la creación del hombre y la mujer.  Antes de analizar la parte más relevante de este pasuq, la identidad masculina y femenina,  veremos dos puntos.

1. ¿ANDROGINIA? ¿Cómo fueron creados Adam y Javá (Eva)? ¿En un único y mismo acto de Creación o en dos actos de Creación separados?  Esta pregunta surge porque hay una aparente contradicción entre Génesis capítulo 1 y Génesis capitulo 2.  En el capítulo 1 pareciera que se trata de un solo acto. Lo que llevó a los rabinos del Midrash a suponer que Adam y Eva fueron creados inicialmente como un ser andrógino, hombre y mujer simultáneamente, hasta que el Creador los separó según sus sexos, como dice en el capitulo 2.

El comentarista más famoso de la Torá, Rashí (1040-1105) menciona este Midrash, pero inmediatamente aclara que el sentido literal del texto o peshat es otro.  La lectura literal es que en el capítulo 1, la Torá sólo describe “cuándo” fueron creados el hombre y la mujer y en la capitulo 2 describe “cómo” fueron creados.  En el capitulo 2, la creación de los dos primeros humanos está escrita con mayor detalle: cómo fue el orden de la creación del hombre y de la mujer; si fueron o no creados a partir de la misma materia; cómo Dios los dividió, etc.

2. POLIGAMIA. Ahora que comprendimos que el hombre y la mujer fueron creados separadamente, quisiera que pongamos atención, como se debe hacer cuando uno lee la Torá, a lo que el texto NO dice.    La Torá podría haber dicho que el primer hombre fue creado con varias mujeres ya que la poligamia no era la excepción en muchas civilizaciones de la antigüedad, sino la regla.  Vemos sin embargo que el texto Bíblico nos indica que HaShem concibió al hombre y a la mujer en una relación monógama: un hombre y una mujer.

La poligamia está mencionada en la Torá y en el Tanaj, pero nunca como el ideal sino como la excepción. En el caso de Abraham, por ejemplo, Abraham toma una segunda esposa Hagar, porque Sará no podia tener hijos.

En los tiempos Bíblicos la poligamia era aceptada en el pueblo judío como algo normal sólo en el caso de los Monarcas (aunque también allí de manera limitada, וְלֹא יַרְבֶּה לּוֹ נָשִׁים, Debarim 17:17) ya que los reyes tenían que asegurarse que su descendencia fuera lo más numerosa posible. ¿Por qué? Para garantizar así la continuidad  de su dinastía.  Recordemos que la mortalidad infantil era más común en el pasado y también era esperable que pueblos o bandos rivales trataran de matar a los hijos del rey.

En el período rabínico la poligamia no se practicaba más allá de casos relacionados con la fertilidad; la trágica muerte del marido antes de tener hijos (levirato) u otras situaciones especiales.

Alrededor del año 1000 de la era común el Rab Guershón Meor haGolá (960 -1040) de la ciudad de Metz, Francia, cerca de Alemania, estableció un JEREM, excomulgación, para aquellos que practicasen la poligamia. Desde ese entonces la poligamia fue definitivamente excluida entre los judíos Ashkenazim.  Los Sefaradim, que vivían predominantemente entre musulmanes, para quienes la poligamia es común hasta el día de hoy, no se sometieron a la ley establecida por Rabenu Gershón. Sin embargo en la mayoría de las comunidades Sefaradíes  se incluía en la Ketubá, el contrato matrimonial, una cláusula que prohibía al esposo casarse con una segunda mujer sin el consentimiento de la primera. Esto hacia que la práctica de la poligamia cayera prácticamente en desuso, también entre los Sefaradim y solo se llevara a cabo en casos de fuerza mayor (infertilidad, enfermedad, etc).

En síntesis, vemos que para la Torá el ideal Divino es la monogamia, un hombre y una sola mujer. La poligamia, si bien permitida, era la excepción.




GENESIS 1:27: La imagen Divina en la creación del hombre

Comenzaremos a analizar hoy el texto que trata de la creación del ser humano.  Génesis 1:27 “Y Dios creó al ser humano a Su imagen.… hombre y mujer los creó”

Hay dos conceptos que definen en este pasuq (versículo) las características fundamentales del ser humano.

1. Haber sido creado “a imagen” de Dios.

2. Haber sido creado como hombre y mujer.

Comencemos por el primer punto.  Hay una gran riqueza de interpretaciones respecto a qué significa “la imagen de Dios” (צלם אלוקים). Sin embargo, a pesar de la variedad de opiniones, hay 2 elementos en los que  casi todas las interpretaciones rabínicas coinciden.

(a). No se trata de una imagen o semejanza física, ya que Dios no tiene cuerpo o materialidad. La imagen Divina apunta a un elemento espiritual o intelectual que hace al ser humano semejante a Dios.

(b). La Creación del hombre esta aquí narrada en el contexto de la creación de otros seres vivos.   La “imagen Divina” en el hombre aparece en oposición a la ausencia de esa imagen Divina en los animales.  Es como si el texto dijera: “A diferencia de los animales, el ser humano fuer creado a imagen de Dios. “

Veamos otras interpretaciones sobre lo que significa la Imagen Divina en el ser humano.

DISEÑO: Para Rashí, la imagen Divina en el hombre debe ser entendida como el sello del Creador en el hombre ( דיוקן יוצרו).  En otras palabras, cuando vemos el cuerpo y especialmente la inteligencia humana, vemos un reflejo del Creador. El ser humano lleva un sello invisible que dice  “Diseño Divino” or «Made by God» , que revela a su Creador.

INMORTALIDAD: Para Eben Ezra la imagen Divina se refiere al alma humana, que a diferencia de todas las otras creaciones terrenales, es inmortal.

LIBRE ALBEDRIO: Para Maimonides y otros rabinos como el Meshej Jojmá, la imagen Divina en el ser humano es su capacidad intelectual y su posibilidad de pensar lingüísticamente. “Pensar” le permite al hombre, entre otras cosas, tener conciencia de sí mismo. Y también le permite concebir la existencia de Dios.   A diferencia de los seres humanos, los animales no piensan. Los animales perciben imágenes, estímulos o sensaciones asociadas a la supervivencia y a la procreación y reaccionan.  Al no tener conciencia de sí mismos y no entender lo que les sucede no pueden controlar esta reacción.  El hombre, gracias a su capacidad racional, si bien está expuesto a estímulos externos similares, puede crear un espacio entre el estímulo y la respuesta  a este estímulo. Este espacio, es lo que llamamos “libre albedrío”, y sólo es posible gracias a la capacidad de “pensar”.

La paradoja de la creación del hombre, y su lugar entre lo animal y lo Divino, fue analizada por los Jajamim . Por una lado, dijeron, el hombre ha sido creado con los mismos elementos que los otros seres inferiores (min hatajtonim). Es decir, su cuerpo, sus instintos y sus estímulos son terrenales y mundanos.  Por otro lado, el ser humano fue dotado de un elemento “superior” (min ha‘eliyonim), algo “Divino”  que le permite reaccionar de una forma elevada, y controlar sus impulsos “inferiores”.

La sexualidad es una buena ilustración. Si no ejercemos el dominio de nuestros apetitos y nos dejamos llevar por ellos; si no creamos un espacio para la intervención de la instrucción Divina entre el estímulo y la reacción al estimulo, renunciamos a nuestra capacidad Divina interior (neshamá), y a nuestra guía Divina (la Torá) y nos convertimos en un elemento más del reino animal.

Nótese que a diferencia de otras religiones, el judaísmo no ve como un ideal renunciar a los impulsos como la sexualidad.  La Torá le enseña al hombre a educar a sus impulsos.  A esta “educación” se la conoce en la Torá como Quedushá, una palabra hebrea muy importante que suele traducirse como “santidad”.   La Quedushá se pone de manifiesto cuando la imagen Divina en el hombre es el elemento dominante.  Ejerciendo nuestro libre albedrío y teniendo como guía a la Torá,  determinamos cuándo, cómo y en qué medida satisfacemos nuestros impulsos terrenales. Cuando el hombre encauza a través de lo Divino a sus impulsos inferiores, el resultado de esos impulsos, en el caso de la sexualidad, es elevadísimo: la generación de la vida, deja de ser un acto natural y se transforma en un acto Divino.




GENESIS 1:21: Creación, mortalidad y reproducción

INTRODUCCION:

El tema sexualidad y judaísmo es delicado y complejo. Generalmente se reserva para discusiones privadas.  Todo joven judío observante, hombre o mujer, pasa antes de casarse por un intenso curso de educación sexual judía (Taharat haMishpajá), donde aprende la relación entre la sexualidad y la qedushá, esto es, nuestra conducta moral y nuestro acercamiento e imitación a Dios. Ese es el ámbito reservado y natural para la discusión de estos temas.   Lo que me lleva a escribir las presentes reflexiones fuera de ese marco tradicional es que en la actualidad, muchos Yehudim se están educando, voluntaria o subliminalmente,  acerca de un tópico tan delicado por lo que se ve y se escucha en los medios de comunicación.   En muchos casos, los temas referidos a la sexualidad se han transformado hoy en asuntos de orden “político”, o son parte de una discusión mayor entre visiones filosóficas opuestas: una que afirma la existencia de Dios y que ve al hombre como un ser capaz de tomar decisiones morales, frente a otra que ve al ser humano como un integrante evolucionado del reino animal, donde la atención a sus instintos primarios es más importante, y hasta más noble, que su control. Como el tema es  tan amplio, voy a dedicarle algunos días o semanas (no estoy seguro, ya que no me estoy basando en un libro o un texto ya escrito). Y me gustaría que los lectores contribuyan con sus preguntas y comentarios (escriban sus emails a : [email protected] )

Comenzaremos hoy, literalmente, por el principio.

La primera vez que la Torá se refiere a la sexualidad (actividad sexual) lo hace en relación a los animales y en referencia exclusiva al marco de la reproducción. Veamos. Luego de la creación de los primeros animales, en el Quinto Día de la Creación, la Torá dice:  (Génesis 1:22):

“Y Dios bendijo a los animales, diciendo: ‘Que sean fructíferos y se multipliquen; que llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra’.”

En este breve texto, de lo que dice, de cómo lo dice y de lo que NO dice, aprendemos los primeros elementos de la vision de la Torá sobre la sexualidad.

1.  REPRODUCCIÓN vs MORTALIDAD:

A diferencia de cualquier otra función fisiológica, como la respiración o la circulación de la sangre, la Torá destaca por separado la función reproductiva. Si bien la Torá no se ha referido aún a la muerte de los seres vivos, la bendición de la reproducción nos invita a entender que los seres vivos, individualmente, estarán sujetos a la mortalidad, pero como especie, seguirán sobreviviendo. Esto nos recuerda en algunos aspectos a algunos actos creativos anteriores . (a) Cuando HaShem crea la transición entre el día y la noche, de acuerdo a Seforno, el Creador en realidad “establece” la rotación de la tierra sobre su eje, es decir, el mecanismo que “perpetúa” esta transición. (b)En el Segundo Día de la Creación, HaShem “divide” las aguas. De acuerdo al Rab Moshé Hefets, fue en ese momento que HaShem estableció el mecanismo de evaporación > precipitación (=lluvia),  que garantiza la “perpetua” producción de agua dulce.  Asimismo, en este versículo, la reproducción sexual animal está presentada como el mecanismo que el Creador establece para la perpetuación de los seres vivos

2. ¿QUE TIPO DE BENDICIÓN?

La bendición de la reproducción animal, por lo tanto, no se puede entender como otras bendiciones formales. Por lo general, una bendición expresa un deseo: “Que HaShem te bendiga» significa más o menos: “Te deseo que HaShem te cure, o te facilite tu trabajo, tu éxito , etc.”  O a veces, cuando la bendición viene directamente de HaShem y en lenguaje imperativo, manifiesta una orden de HaShem. Como si HaShem nos dijera: “Esto es lo que Yo te ordeno hacer, POR TU BIEN (=bendición)”.    En nuestro texto, cuando Dios bendice a los animales, ni les está deseando que se reproduzcan ni les está ordenando que se reproduzcan. Como en los actos creativos anteriores HaShem está estableciendo la reproducción sexual como parte de la biología animal.  La bendición que HaShem concede a los animales, si bien está expresada con un lenguaje imperativo, es completamente diferente a la bendición que HaShem le concede a Adam y Javá (Eva) cuando se refiere a la reproducción sexual humana (como lo veremos en mayor profundidad BH mañana). En nuestro texto, HaShem no se “dirige” a los animes; no les ordena reproducirse. Esto se ve claramente en la utilización de la palabra hebrea “lemor” que significa “diciendo” (a diferencia de “diciéndoles”, que SÍ aparece cuando HaShem bendice a Adam y Javá). HaShem «establece» la bendición de la reproducción animal; no la ordena. ¿Por qué? Porque sólo se le puede dar una orden a un ser que puede obedecerla o desobedecerla, aceptarla o rechazarla. Aprendemos entonces, que los animales, a diferencia de las personas, no tienen control sobre su sexualidad o conducta sexual.

3. IDENTIDAD SEXUAL:

En este versículo que habla de la reproducción animal NO se habla de género. No aparecen las palabras hebreas zajar  o nequebá (masculino/ femenino).  Los animales son creados según sus especies (Gen. 1:21): “Y Dios creó los grandes reptiles…   y todos los seres vivientes… según su especie”.  La diferenciación de géneros, sin embargo,  como un anticipo de la bendición de la reproducción sexual, SÍ se menciona en los seres humanos, como parte integral de su identidad (Genesis 1:27).




GENESIS 1: 6 ¿Qué ocurrió el segundo día de la Creación?

Uno de los temas menos entendidos en la historia Bíblica de la creación del mundo es qué ocurrió en el segundo día de la Creación. El texto dice que en ese día Dios separó «las aguas de arriba de las aguas de abajo», lo cual alude claramente a la creación de la lluvia . Pero por diferentes motivos, especialmente por la interpretación (equivocada!) de un Midrash que relata la plegaria de Adam por la lluvia luego de los seis días de la Creación, el importantísimo acto del segundo día de la creación fue reinterpretado de distintas maneras: separación de entes metafísicos; agua que existe más allá de nuestro planeta, etc. Increíblemente, estas interpretaciones se trasformaron en la  explicación convencional de la obra del segundo día; algo que puede ser confirmado simplemente preguntándole lo siguiente a cualquier alumno de cualquier escuela judía del mundo: «¿Qué hizo Dios el Segundo día de la Creación?». Yo hice esta pequeña prueba y ningún alumno (ni sus maestras!) contestó: «La lluvia».

Como explicamos ayer, también según Maimónides (Moré Nebujim  2:30) el mecanismo del ciclo del agua, que permite la producción de la lluvia, fue establecido por el Creador en el segundo día de la Creación, al dividir las aguas superiores (nubes) de las aguas inferiores (océanos).  Así también lo explica , pero con mucho mas detalle, el Rab Moshé Jefets en su libro Melejet Majashebet pgs. 10-11, edición Viena, y el rab Menashé ben Israel en su libro «El Conciliador».

Al ignorar la creación de la lluvia (y del sistema climático) se presentan nuevos interrogantes que le quitan al relato de la Creación su deliberado realismo y la posiblidad de ser entendido de una manera lógica y no metafísica (דברה תורה כלשון בני אדם).  Por ejemplo: ¿Cómo pudo existir la vegetación –creada durante el tercer día– sin que existiera la lluvia?. Hay otros puntos que también resultan más claros cuando no pasamos por alto la creación de la lluvia, como por ejemplo, el concepto de «creación progresiva», es decir, la noción de que los elementos creados el día 1 son necesarios para el día 2 –y los siguientes días– y los elementos creados el día 2 son necesarios para el día 3, etc.   Veamos por ejemplo lo que explica Rashbam, el nieto de Rashí  (Francia, 1085-1158) . Para Rashbam el viento mencionado en el segundo versículo de la Torá fue utilizado por Dios para separar el mar de los continentes en el día 3.  Luego, las plantas son necesarias para la producción de oxigeno libre y para la alimentación de los seres vivos creados durante el día quinto.     Dicho sea de paso, Rashbam confirma que las palabras «Ruaj Eloquim» del segundo versículo de la Torá no significan «espíritu Divino» (un concepto demasiado cercano a la idea no judía de «espíritu santo») sino que significan:  «un viento poderoso», como lo explican Eben Ezra y Radaq, o «un viento [que sirve como instrumento de creación] Divino» que es la explicación del Targum Onquelos, Maimónides, etc.   Para Rashbam el Creador utilizó un poderosísimo viento para secar los continentes y crear la tierra firme de la misma manera que Dios utilizó un poderoso viento para abrir el mar rojo cuando salmos de Egipto. La única diferencia es que el viento de la creación se llama ruaj eloquim («eloquim» es entendido como superlativo de «poderoso») y el de la apertura del mar, mucho más limitado en su espectro, fue llamado Ruaj (qadim) azá, «un viento fuerte».

Para la creación de la lluvia y del sistema climático hacia falta otro elemento: el sol.  Dejando de lado la interpretación de la mayoría de los sabios (Ribbi Aqibá, Rashí, Maimonides, etc.) en las escuelas judía también enseñan (equivocadamente) que el sol fue creado el cuarto día de la creación.  Lo cual también, obviamente, despierta un sinnúmero de preguntas de física o biología elemental: ¿Cómo podia existir la lluvia, o las plantas, sin que existiera el sol? ¿Cómo podía existir el día y la noche sin el sol?  Estas preguntas desaparecen por completo cuando seguimos la explicación de Ribbí Aqibá, ampliamente aceptada por los Rabinos del Talmud y más adelante por rashi (Gen 1: 14, etc) pero por alguna razón ignorada por los docentes judíos modernos, de que el sol fue creado en el primer acto de Creación: Genesis 1, Versículo 1.

El tema de la creación del sol durante el primer día (que resulta en la pregunta:  ¿qué fue creado entonces en el cuarto día de la creación?) da para mucho más.

A los lectores que quieren aprender más acerca del relato Biblico de la Creación del mundo desde un punto de vista judío y rabinico les sugiero leer mi libro Awesome Creation. En Español: «Creación».

(Ver Aquí:   https://nagrelaeditores.es/publicaciones/creacion/)




GENESIS 1:2. Lo que el viento se llevó. 

ורוח אלוקים מרחפת על פני המים

«Y un viento Divino soplaba sobre la faz de las aguas»

La traducción correcta de estas dos palabras, Ruaj Eloqim es clave para entender toda la secuencia del proceso creativo.  En hebreo bíblico ruaj originalmente significa ‘viento’.

Pero en un sentido metafórico la palabra ruaj también puede referirse al alma, la respiración o inspiración Divina: un estado intelectual o psíquico invisible que mueve a los seres humanos, en especial a los profetas.    En dos ocasiones la Torá usa la palabra ruaj Eloqim en este sentido,  refiriéndose a un tipo especial de sabiduría concedida por Dios. 1). Cuando el Faraón se maravilló de la sabiduría de Yosef  (Gn 41, 38) dijo que Yosef es «un hombre que posee ruaj Eloqim [‘una sabiduría divina especial’]». 2). Cuando Dios le ordena a Moisés designar a Betzalel (Éxodo 31, 3) para ser el arquitecto del Tabernáculo le dice que Él le concedió a Betzalel  ruaj Eloqim, una sabiduría divina, que más tarde se denominó ruaj jojma, ‘un espíritu de sabiduría’.    A lo largo del Tanaj, ruaj Eloqim conserva la misma connotación: una forma extraordinaria de sabiduría o inspiración Divina que por lo general se le concede a un profeta. De esta misma manera los Sabios han utilizado el término ruaj haqodesh para referirse a la inspiración divina. 

El sentido de esta y otras formas metafóricas de la palabra ruaj apuntan a una fuerza invisible que mueve o traslada por mandato Divino (Los sefaradim decimos en las hashkabot ruaj hashem tenijenu began eden, refiriéndonos -metafóricamente – a un viento enviado por Dios que eleva el alma del difunto al gan Eden).

Pero ¿qué puede significar ruaj Eloqim en nuestro versículo?  La ausencia de algún ser humano que pueda ser el sujeto o receptor de una sabiduría Divina especial, no nos permite entender estas palabras en su sentido metafórico como inspiración divina, o como alma. 

LA TRADUCCION CRISTIANA 

Las traducciones cristianas no dudan en traducir ruaj eloqim  como “espíritu divino”.  ¿Por qué? Porque uno de los principios fundamentales de la doctrina cristiana es la trinidad, es decir, la unidad del padre, el hijo y el espíritu divino (o santo).  El “espíritu divino” flotando sobre las aguas en el momento de la creación del mundo, es una confirmación de esta doctrina católica. Esta traducción “ideológica” no nos debería sorprender ya que, como alguna vez explicaremos, la interpretación cristiana de la Biblia tiene un objetivo fundamental: desmentir al judaísmo y afirmar las doctrinas de la iglesia.     

LA TRADUCCION JUDIA

La idea de ruaj Eloqim como ‘el espíritu de Dios’ es un concepto totalmente extraño al judaísmo y ofensivo para la normativa judía. Es una concepción que —entre otras cosas— cuestionaría el principio judío del monoteísmo y se acercaría peligrosamente al antropomorfismo, es decir, a la personificación de Dios. 

La traducción oficial judía, el Targum, que toda traducción vernácula debería tomar como referencia,   entiende que ruaj Eloqim se refiere a el VIENTO, aclarando que no es “una fuerza natural ciega y caprichosa” sino que está siendo dirigido por Dios. 

UN VIENTO GUIADO POR DIOS 

En  este versículo que describe el inventario del planeta tierra la Torá  menciona el segundo elemento físico presente en el planeta Tierra al momento de su creación: el viento. Y este viento, nos indica este texto, está guiado por Dios. Y si bien la Torá no lo menciona explícitamente,  ben Ezra y Radaq explican que el viento será un elemento auxiliar Divino en la creación y será utilizado por Dios en el tercer día para “secar” la tierra que emerge desde la profundidad del océano.  El viento como auxiliar divino aparece muchas veces en el texto bíblico y en la literatura  rabínica. La Torá menciona explícitamente que Dios hizo llegar la plaga de la langosta a Egipto a través de un viento que soplaba desde el este. Y que Dios abrió el mar, secándolo con Sus vientos, para que los judíos escapen de los egipcios.  Esto es ruaj Eloqim, un viento que Dios utiliza como uno de sus agentes en la “naturaleza”. Todos los días en nuestras plegarias mencionamos que Dios “hace soplar el viento para producir la lluvia”. En las hermosas palabras del  Rey David en Tehilim ruaj se’ara osa debaro, “el poderoso viento que obedece Sus ordenes” .   




GENESIS 1:2. Sobre oscuridad y abismos  

 והארץ היתה תוהו ובוהו וחושך על פני תהום

La tierra no tenia vida, la oscuridad prevalecía sobre las faz del océano  

OSCURIDAD  

Luego de explicar que al momento de su creación el planeta tierra no poseía ningún tipo de vida, el texto pasa a describir la atmósfera terrestre.  Nuestra atmósfera actual es clara y luminosa,  compuesta en un 78% por nitrógeno y 21 % de oxigeno. Pero la atmósfera  primitiva con la que el planeta tierra fue creado era diferente.  

La Torá la describe con la palabra joshej” , que normalmente se traduce por oscuridad. 

La gran mayoría de los comentaristas bíblicos clásicos están de acuerdo que aquí oscuridad no puede significar  “ausencia de luz”,  ya que como en la famosa historia de la cueva de Platón,  recién se puede hablar de la ausencia de luz una vez que la luz es creada.  Najmánides (Rambán) y Eben Ezra, por separado, proponen que aquí oscuridad sea entendido como algo tangible.  Najmánides lo compara con la novena plaga de Egipto, una especie de “gas” que previene la llegada de la luz. Para Eben Ezra es algo tóxico, con menos oxigeno.

Basado en estas y otras opiniones  podríamos comparar a la atmósfera terrestre con la atmósfera actual de Venus:  formada por 3 capas espesas de nubes oscuras, que no permiten que la luz solar llegue a la superficie,  y están compuestas  de ácido sulfúrico y dióxido de carbono. 

Esta indicación de la Torá acerca de la primitiva atmósfera terrestre quizás redefine un poco más las palabras anteriores tohu vabohu, que significan: deshabitada.  La Torá explica que no hay vida en la tierra y que todavía no están dadas la condiciones para que haya vida. en otras palabras, la tierra no solo esta deshabitada sino que en este punto inicial es también inhabitable.  

ABISMO 

Casi todas las traducciones bíblicas vierten la palabra tehom como abismo. Esto podría ser un segundo ejemplo de las influencias no-judías en las traducciones bíblicas.  La palabra “abismo” se relaciona con la mitología pagana de la Mesopotamia.  En los mitos de creación Sumerios como Enuma Elish, cuando los dioses / monstruos pelean entre sí hasta la muerte por poder o venganza el dios vencido o muerto “caía al abismo”,  un lugar legendario sin fondo (que puede ser un precipicio o el fondo del mar)  del cual no se puede regresar.  También en la tradición cristiana el abismo es un lugar donde se encuentran los espíritus malvados y donde luego de ser derrotado será arrojado Sátanas. 

Pero en hebreo la palabra abismo en este sentido NO existe  (no confundir con sheol que significa “sepultura”) .  En hebreo bíblico la palabra  tehom es un término “geológico” que está asociado con fuentes de agua. Puede significar el mar, sus profundidades o por lo general las reservas naturales de aguas subterráneas.  Rashí explica que aquí la palabra tehom significa el océano.  Pero debemos aclarar lo que dicen los Sabios:  En el momento de ser creada la tierra consistía principalmente de “agua”. La tierra firme recién surge el Tercer Día de la creación (todas las mañanas, cuando pisamos tierra firme, los Yehudim decimos una berajá que alude a este fenómeno: רוקע הארץ על המים) .  Los Sabios (ver Radaq abajo) dicen que en su fase inicial el planeta estaba completamente cubierto de agua. Esto es lo que causaba el tohu vabohu, la ausencia de vida.    Dios no creo nuestro planeta con vida, pero sí lo creo con agua.  Mucha agua. 

CIENCIA Y TORA:

Una vez que traducimos las palabras hebreas según su sentido original vemos las increíbles coincidencias entre lo que este versículo describe en 2 o 3 palabras y lo que la ciencia moderna especula que ocurrió en los inicios de nuestro planeta.   

DE acuerdo a la ciencia moderna 

√ La atmósfera primitiva no permitía la vida. Era oscura, carecía de oxigeno libre, y contenía amoníaco, metano y dióxido de carbono. 

√ En el principio el planeta tierra estaba compuesto de un enorme océano llamado Panthalassa. Los continentes tal y como los conocemos hoy, surgieron en una etapa posterior. 

√ ¿Y el agua? La Torá explica que nuestro planeta fue creado como un planeta de agua.  La ciencia moderna, especulaciones aparte, al presente no tiene una explicación demostrable o convincente de cómo nuestro planeta posee tanta agua.   

רד“ק בראשית 1:2

והארץ בתחילת בריאתה לא היתה בשלימותה, כי היתה תהו ובהו – כלומר: ריקה מכל בריאה שלא היתה לא בה ולא עליה, כי היתה כולה מכוסה במים




GENESIS 1:2. La breve historia del caos bíblico

El primer versículo de la Torá describe la creación del universo a partir de la nada. La creación es una obra Divina, no un evento cuántico como el Big-Bang. Algo inexplicable de acuerdo a las leyes físicas que ocurre sin la intervención de un Creador. Como si fuera un “milagro” sin Dios. 

Una vez que concluye con la descripción del primer acto de Creación, la Torá se concentrará, de ahora en más exclusivamente en lo concerniente a nuestro planeta. 

 והארץ, הייתה תוהו ובוהו, וחושך, על-פני תהום; ורוח אלוקים, מרחפת על-פני המים

VEHAARETS HAYETA TOHU VABOHU  

Estas palabras se suelen traducir por: “Y la tierra era informe y desordenada”. 

Hay algunas palabras en la Torá que por pertenecer a textos muy conocidos por toda la humanidad, como el relato de la creación y los 10 mandamientos,  han sufrido ciertas modificaciones y han perdido su sentido hebreo original.   Las palabras hebreas “tohu vabohu” son uno de los mejores ejemplos que puedo presentar de esta “contaminación” textual. Más del 99% de las traducciones que yo conozco interpretan las palabras tohu vabohu como “caos”, “sin forma”, “informe”,  probablemente basados en que la Septuaginta  introduce la palabra “desordenada”  o “sin forma”. La Septuaginta es una traducción hecha por Sabios judíos y publicada el día 8 de Tebet en el tercer siglo antes de la era común. Fue demandada por el rey griego Ptolomeo y los Sabios judíos la escribieron estrictamente con fines diplomáticos, adaptándola a la cultura griega. Vale recordar que los judíos no solamente rechazamos el valor de la Septuaginta sino que el día 10 de Tebet ayunamos, entre otros motivos,  en recuerdo al trágico impacto que esta traducción trajo para el pueblo judío y la Torá. Ver aquí. 

Esta interpretación de tohu vabohu como desorden, informe etc. dio pie a las traducciones que posteriormente vertieron estas palabras como “caos”. E irónicamente tal ha sido la popularidad de esta traducción no judía que hasta el día de hoy en hebreo moderno se usa la expresión tohu vabohu para hablar de “una situación caótica”. 

¿POR QUÉ RECHAZAR ESTA TRADUCCION?

Este concepto de “caos” no es una idea judía. Pero tampoco es una idea neutral. En realidad la idea de caos expresa un principio fundamental de la filosofía griega platónica.  Los griegos no creían en la creación del universo. Para Aristóteles el Mundo no fue creado, es eterno, y siempre existió. Para Platón, ;por otro lado,  el universo siempre existió, pero al principio estaba en un estado de “caos” y “desorden”. Hasta que, según Platón, el “Demiurgo” un genio/dios mitológico griego ordenó la materia prima y dio origen así al increíblemente sofisticado universo que conocemos. Cito a Wikipedia (“Demiurgo”): para Platón “en el principio había una masa caótica, desordenada, informe, indeterminada,” y el Demiurgo modificó este estado caótico y así “creo” (=ordenó) el universo.

Probablemente sin saberlo, cientos de “teorías” teológicas, no judías y judías,  se han desarrollado basadas en el supuesto «caos primitivo que imperaba en el mundo al momento de su creación».  Existe un sinnúmero de teorías «bíblicas» acerca de cómo Dios trae el orden a partir del caos, la supuesta compatibilidad entre la creación bíblica y el elemento de entropía en el Big Bang.  

¿QUÉ SIGNIFICA ENTONCES TOHU VABOHU?

Primero, cabe destacar que en el pensamiento judío no existe la noción teológica de “caos”, ya que parte de nuestra fe es que  Dios es omnisciente y omnipresente, y nada escapa a Su control. 

En general cuando buscamos el significado literal de una palabra hebrea lo primero que debemos hacer es recurrir a la traducción rabínica oficial de la Torá, llamada Targum Unquelós, la traducción aramea escrita a principios del segundo siglo de la era común. Esta traducción lleva “el sello de aprobación de los grandes sabios de Israel”  (Targum Didán). 

Siguiendo la traducción del Targum las palabras “tohu vabohu” significan algo muy simple y completamente diferente a “caos”. Tohu vabohu significa que la tierra al ser creada “estaba desolada y deshabitada”, es decir, no tenia vida.  La segunda traducción rabínica más reconocida, atribuida a Ribbí Yonatán ben Uziel, amplia nuestro entendimiento del Targum Unquelós y traduce “la tierra estaba desolada de vida animal y deshabitada de vida humana”. Lo primero que un científico moderno observaría al explorar un planeta sería la existencia de seres vivos en el mismo. tohu vabohu serían las palabras que podría emplear un científico para afirmar que no hay vida en el planeta Marte. 

 NUESTRO PROPIO CAOS 

Cómo ocurrió que se pasó por alto la traducción del Targum Unquelós y se filtró una idea mitológica y pagana en todas las traducciones judías a la Torá es una pregunta que me supera…. supongo que, como ocurre pradójicamente no pocas veces,  nuestra ignorancia de las ideas paganas a veces contribuye a la adopción de las mismas “disfrazadas” de judaísmo. De cualquier manera, la traducción mitológica de tohu vabohu,  si bien es un impresionante ejemplo de contaminación textual, no es el caso más grave,  ya que para la mayoría de los despreocupados lectores pasa desapercibido…  

והארץ היתה תוהו ובהו

GENESIS 1:2 . ”Y LA TIERRA, AL MOMENTO DE SER CREADA, ESTABA DESHABITADA: NO POSEIA NI VIDA HUMANA NI VIDA ANIMAL….”  




GENESIS 1:1 El primer versículo de la Torá 

DIA CERO 

Uno de los detalles menos observados del relato de la creación es que el primer día de la creación, cronológicamente hablando,  no comienza en el primer versículo de la Torá. Si bien desde el punto de vista del texto bíblico el primer día de la creación incluye los versículos 1 y 2,  el DIA UNO  comienza con la aparición de la luz en el versículo 3.  ¿Por qué? Porque el DIA UNO está determinado por la transición día/noche.  

Por lo tanto, los dos primeros versículos de la Torá corresponden al DIA CERO de la Creación.  Esta primera reflexión nos puede ayudar entre otras cosas,  a comprender mejor la complejidad del tema tiempo. El tiempo que transcurrió desde el DIA UNO excluye el tiempo que pasó, que no ha sido definido,  desde el primer acto de creación (versículo 1) hasta la aparición de la luz (versículo 3). 

Veamos ahora las palabras del primer versículo. 

BERESHIT (En el principio…):

Esta palabra no quiere decir “En el principio”  sino que literalmente significa: “En el principio de….”. Pero en lugar de estar seguida por un sustantivo (En el principio del tiempo, etc.)  está seguida de un verbo, “creó”, el pretérito perfecto del verbo crear.  Lo que hace a esta palabra más compleja es que la palabra hebrea BERESHIT está también señalizada por un signo que representa una coma (el ta’am tarjá). La combinación del genitivo y una coma, algo no solo inusual sino contradictorio, me llevó a explicar que la palabra BERESHIT debería ser traducida de un modo reflexivo. Algo así como “En el  principio del….principio”. Es decir,  cuando nada más que Dios existía, ni siquiera átomos o alguna materia prima en estado caótico, como sugirió el filosofo griego Platón.  

BARA (creó):

La segunda palabra, BARA, confirma la explicación de la primera. BARA se utiliza para indicar una creación exclusivamente Divina; la creación ex-nihilo, a partir de la nada.  Hay que notar que si bien comprendemos en general las dos ideas expresadas en estas dos palabras: “En el principio…”, antes que exista la materia o el tiempo ; y “crear” traer a la existencia algo a partir de la nada, son absolutamente incomprensibles para nuestro limitado entendimiento. Este  es el aspecto esotérico o místico del relato de la creación, inalcanzable para el ser humano.  

ELOQIM (Dios):

Esta es la palabra clave de este versículo. El mensaje principal de la Torá es que el mundo no se creo solo, como un acto cuántico casual.  Dios es el Creador del Universo. Esto es fundamental porque si el mundo tiene un Creador, la creación tiene un propósito, y viceversa.

 

ET HASHAMAYIM (Los cielos): 

Maimónides explica que las palabras de la Torá no son complicadas respecto a su significado literal. La dificultad está en que el sentido semántico de la palabra cambia según el contexto en el cual ésta aparece. En el relato de la creación, la palabra shamayim, literalmente “cielos”  aparece en contextos diferentes. Generalmente se refiere a cielo visible, iluminado u oscuro. También puede referirse al sistema solar: el sol, la luna y los planetas que mantienen a la tierra en su privilegiada ubicación que permite la existencia del agua líquida. En nuestro caso, primer versículo de la Torá, el sentido de esta palabra cubre al universo de una manera exhaustiva. Con una sola excepción:  la tierra. 

VEET HAAERETS (y la tierra).

Esta palabra alude obviamente a nuestro planeta y nos ayuda a comprender mejor la extraordinaria magnitud del primer acto de creación. Por el momento se calcula que  el universo incluye más de 100 billones de galaxias. Cada galaxia contiene 100 mil millones de estrellas y cada estrella, un número indeterminado de planetas (nuestra estrella, el sol,  tiene 8 ) y cada planeta, tomando en cuenta nuestro sistema solar puede tener entre 1 y 50 satélites (lunas). 

Todo este inimaginable número de cuerpos celestes está descrito con una sola palabrita “hashamayim”:  el universo. 

Pero lo más interesante, creo es que la Torá destaca a un planeta, cuantitativamente insignificante, que tendrá el privilegio de ser acondicionado por el Creador para albergar la vida y la humanidad. 

A partir del segundo versículo “los cielos” ya no serán más modificados y la Torá se va a concentrar exclusivamente en nuestro planeta, como lo explicaremos BH más adelante. 

Para resumir: el primer versículo de la Torá describe la creación de todo el universo, toda la materia existente ¿Y qué excluye el primer acto de creación?  El planeta tierra será modificado en los próximos 4 días para finalmente albergar los dos elementos no incluidos en el primer acto de creación: la vida, QUINTO DIA,  y la inteligencia humana (nefesh, neshamá), SEXTO DIA.  




VIDEO en inglés: Creation and Big Bang




El libro de Job y la Edad de la Tierra

Otra interesante coincidencia entre ciencia y Torá, que se relaciona con la «evolución» y la «edad» del planeta tierra, se puede ver de un texto del libro de Yiob (Job). Yiob fue un hombre bueno y honesto que sufrió la muerte accidental de todos sus hijos. El libro de Yiob, 42 capítulos, trata sobre el tema de la justicia divina y cuándo le las cosas malas le pasan a las personas buenas. Hacia el final del libro, capítulo 38, HaShem se revela a Yiob y le muestra lo poco que los seres humanos podemos saber sobre la realidad que nos rodea. Y si nuestro conocimiento escapa a la comprensión de la realidad física -material, visible y accesible-, cuánto más remoto es nuestro acceso potencial a la dimensión del Conocimiento Divino, en este caso, la administración de la Justicia Divina. Dios le demuestra a Yiob las limitaciones inescapables del conocimiento humano, y así disuade a Yiob (y al lector) de la comprensión de la Justicia Celestial. En este capítulo, que es un monólogo porque Yiob no tiene respuestas, Dios confronta a Yiob con una serie de preguntas fascinantes sobre cuestiones relacionadas con la Creación, la armonía del cosmos, el misterio de la luz, los secretos de la vida en el fondo marino y mucho, mucho más. Es en este contexto que encontramos un versículo (38:38) donde Dios desafía el conocimiento de Yiob sobre la formación de la tierra. El texto dice: «[¿Dónde estabas …] cuando [el planeta] se fusionó en una masa, y las capas de la tierra se adhirieron entre sí?» Esta última expresión [בְּצֶקֶת עָפָר לַמּוּצָק] llevó a los rabinos a afirmar (Yoma 54b) hace dos mil años que nuestro planeta está compuesto de varios estratos y no, por así decirlo, de una sola pieza. El Beur, un comentario contemporáneo sobre el Bereshit Rabbá escrito por el Rabino Abraham Shteinberger (Midrash Bereshit Raba HaMobar, Jerusalén, Makhon HaMidrash haMeboar, 1980, página 13), indica que «el hecho de que nuestro planeta haya sido creado por estratos y capas, hace que la Tierra parezca más antigua de lo que realmente es, y esa es la razón por la cual algunos hombres de ciencia suponen que deben haber transcurrido millones de años entre estrato y estrato «.

Es interesante saber que esta coincidencia entre el texto bíblico y la geología fue evidente sólo en la modernidad. Durante miles de años los científicos no sospecharon que debajo de la superficie, nuestro planeta está formado por diferentes capas. Solo mucho tiempo después el «uniformismo», un concepto desarrollado por James Hutton (1726-1797), el padre de la geología moderna, «descubrió» que el Planeta Tierra se formó paso a paso y consta de numerosas capas.

Para resumir, el texto bíblico establece que, si bien nuestro planeta fue creado por el Creador en un solo acto, fue creado compuesto por diferentes estratos, desde el centro hasta la superficie de la tierra.
Ahora bien, si un geólogo examina la composición de nuestro planeta y «descubre» sus numerosas capas, seguramente atribuirá esta composición a un proceso evolutivo que demandó millones de años.

Curiosamente, desde el punto de vista bíblico, el geólogo no está descubriendo algo que contradice a la Torá, sino algo que realmente la confirma. El único elemento en conflicto es la «interpretación» de que los estratos terrestres implican un proceso que duró millones de años. Y esta «interpretación» se basa en sacar de la ecuación un acto de Creación inicial.
Sin embargo, cuando examinamos los hechos partiendo de la premisa de un acto inicial de la Creación, el descubrimiento de los estratos de la tierra, ¡es exactamente lo que esperábamos encontrar!

(Continuará)