POST BET-HAMIQDASH: Los romanos descubren la Torá

Explicamos previamente que para los romanos fue muy significativo haber vencido al pueblo judío y destruido su Bet haMiqdash. Una de estas razones, quizás la más poderosa, es que los funcionarios romanos  siempre se sintieron “amenazados» por la religion judía. Temían que muchos ciudadanos del imperio se convirtieran al judaísmo y éste reemplazara a la religión oficial. Y no estuvieron muy equivocados….

LOS PROBLEMAS DEL CULTO ROMANO

La religión romana, explica el historiador Paul Johnson en su libro Historia del Cristianismo (pag.11), “no llegaba al corazón ni imponía obligaciones a las creencias de un hombre. Cicerón y otros intelectuales la defendieron con argumentos que se referían meramente a su carácter de auxiliar del decoro público”. Es decir, la religión romana estaba enfocada casi exclusivamente a mantener la ley y el orden civil, y no proponía un sistema de creencias con contenido espiritual. Así, cuando Calígula quiso erigir su estatua en el Bet haMiqdash, lo hizo más para imponer su autoridad política que la religión del Imperio.   La religión romana se concentraba mucho en el culto a los emperadores, lo cual también le hacia perder credibilidad: “como era una religión oficial, cambiaba a medida que variaban las formas de gobierno. Cuando fracasó la república, el nuevo emperador se convirtió, ex officio, en el pontifex maximus… que gozaba de poderes casi divinos conferidos al gobernante… después de la muerte de César, el Senado romano en general votaba la divinización del emperador… y un testigo juraba que había visto el alma del muerto elevarse hacia el cielo desde la pira funeraria.”  Los romanos no eran muy fanáticos de su propia religión, que consideraban corrupta, politizada y utilitaria.  Y el judaísmo los atraía cada vez mas.   Pero hay que saber que el romance de los romanos con el judaísmo NO fue un amor a primera vista. Les llevó más de un siglo a los romanos entender y admirar al judaísmo. Lo que es más: En un principio, a los Romanos los desconcertaba 2 elementos del monoteísmo judío. 1. La invisibilidad de Dios  y 2. La exclusividad de su servicio.

EL INVISIBLE DIOS DE LOS JUDIOS

El descubrimiento de Abraham Abinu, hace 4000 años atrás, que HaShem / Dios es invisible fue una extraordinaria revolución, que en términos de su audacia creo que superó otros descubrimientos como los de Copérnico, Newton, o Einstein.  Newton, por ejemplo, tuvo que concebir que existe una fuerza invisible y universal, la gravedad,  que determina prácticamente todo lo que ocurre en la física, y esa fuerza no es tangible y no puede ser vista con los ojos. Esta abstracción, o la idea contra-intuitiva de la curvatura del espacio-tiempo de Einstein, representaron increíbles avances en la humanidad.  Pero nunca fueron vistas como “locura” .  Abraham vivía en un mundo donde lo que no se veía no existía, y concebir un Dios invisible, no era sólo algo ridículo sino también un insulto a los dioses, o una idea demencial.  La gente pensaba de Abraham, que le agradecía y le rezaba a un Dios invisible, lo que pensaríamos nosotros de una persona que dice que ve muertos o fantasmas a su lado.

No es de extrañar entonces que los judíos hayan sido considerados como excéntricos o delirantes por los romanos.  La idea de un Dios invisible, que hoy es absolutamente comprensible, resultaba demasiado avanzada para la mayoría de los romanos. El primer funcionario romano que ingresó en el Bet haMiqdash (por la fuerza), fue Pompeyo en el año 66 antes de la era común. Dicen que entró en el Qodesh haQodashim, al recinto más sagrado del Templo, pensando que allí los judíos escondían a sus verdaderos dioses e imágenes. Cuando Pompeyo comprobó la ausencia de ídolos, comenzó a tener más curiosidad y respeto por el judaísmo; no perturbó la paz en el Templo ni tocó sus tesoros.

Con el paso del tiempo y con las explicaciones de los Sabios judíos los romanos más inteligentes y sensibles comenzaron a entender la idea de la invisibilidad de Dios. Los Sabios dijeron por ejemplo que “Dios es al mundo lo que el alma es al cuerpo”. En las palabras mi estimado amigo, el  Juez Ezra Goldstein de Sudáfrica, en su libro The Veredict: “Ninguna búsqueda que se realice en el cuerpo humano, por más minuciosa o invasiva que sea, llegará a aislar o identificar al ‘yo’ [=el alma].  Todo lo que nuestra búsqueda producirá será físico, perceptible y medible. Y sin embargo, cada uno de nosotros sabe que el ‘yo’ está allí. De hecho, el ‘yo’ es el componente más importante de cualquiera de nosotros. Es el ‘yo’ que nos hace a cada uno de nosotros individualmente irremplazable. Es el ‘yo’ que lloramos cuando ocurre la muerte, y el ‘yo’ lo que honramos cuando enterramos a los muertos. El universo también está infundido con un ‘Yo’ invisible, no físico [Dios].”

Al entender el alma, los romanos llegaron a descubrir al “invisible” Dios de Israel.  Y quedaron fascinados con esta idea….

(Continuará…)




Judea se libera de Roma (años 66-68 de la era común)

Si bien la rebelión judía contra Roma culminó con la destrucción de nuestro Bet haMiqdash, también demostró el coraje y la determinación de los Yehudim para luchar por obtener un estado judío independiente.

La rebelión, llamada en hebreo HAMERED HAGADOL comenzó en el año 66. Los judíos se atrincheraron en la ciudad de Yerushalayim, que estaba protegida por muros muy poderosos.

Los Yehudim, sin embargo, no tenían un frente unido. Y al mismo tiempo que se enfrentaban al ejercito romano, también se peleaban entre sí: los que querían rebelarse contra Roma, liderados por Menajem haGuelilí, contra el ejercito judío de Agripas II junto a los saduceos, que se negaban a rebelarse contra Roma.

Menajem había atacado la famosa fortaleza de Metsadá (Masada) y se había hecho con muchas armas capturadas de los romanos.  Ahora Menajem utilizaba estas armas contra el ejercito de Agripas que contaba con unos 2.000 soldados. Estas batallas civiles duraron una semana, con la victoria de Menajem. Menajem también derrotó al ejercito Romano y mató a todos los soldados apostados en Jerusalem.

Por el otro lado, se organizó un nuevo comando judío liderado por El’azar hijo del gran sacerdote Jananyiá. El’azar ordenó que no se ofrecieran más sacrificios en el Bet haMiqdash en honor al emperador romano. Esta era una clara señal de que los judíos ya no aceptaban la autoridad de los romanos y se estaban declarando como un estado independiente de Roma.

 

En Yerushalayim la situación era muy tensa. El’azar se enfrentó con Menajem, diciendo que  Menajem se comportaba como un tirano. “No queremos cambiar a un tirano [el emperador de roma] por otro tirano {Menajem]”, dijo El’azar.  El’azar se enfrentó al ejercito de Menajem y ejecutó a su líder.

Mientras tanto, los romanos que estaban perdiendo la guerra en Yerushalayim, decidieron vengarse de los Yehudim que vivían en otras ciudades de Israel: Acco, Ashquelón, Cesárea, etc.  Flavio Josefo reporta que decenas de miles de judíos fueron masacrados por los romanos en este periodo. Roma envío un gran ejercito con un total de 40.000 soldados al mando de Casius Galus para sofocar la rebelión en Jerusalem. Mientras avanzaba desde el norte, Casius arrasaba y hacia incendiar toda ciudad y pueblo judío que encontraba en su camino.  Esto también hizo que la rebelión judía contra Roma se expandiera fuera de Yerushalayim y contará con más apoyo interno.

Cuando llegaron a Jerusalem, los romanos sitiaron la ciudad y los soldados se organizaron en formación de ataque. Los Yehudim estaban preparados para defender la ciudad con sus vidas.  Los romanos atacaron durante seis días consecutivos. Trataban de escalar el muro con unas torres especiales, pero los Yehudim resistieron y repelieron el ataque.  Josefo cuenta que los romanos hacían una formación militar llama “la tortuga”: se protegían con sus escudos de cualquier ataque desde arriba de la muralla, mientras azotaban con terribles golpes la puerta de la ciudad tratado de derribarla o incendiarla. Casius también intentó con arqueros, para debilitar las defensas judías apostadas en las altas torres de la muralla, pero los Yehudim también resistieron.

Durante seis días el ejercito de Casius lo intentó todo, pero no pudieron quebrar las defensas judías.  Y entonces, ocurrió lo que nadie esperaba: Casius sorpresivamente emprendió la retirada. Los historiadores no están seguros si esto se debió a que Casius subestimó la capacidad de los Yehudim para seguir adelante con su rebelión, o si su ejercito no estaba lo suficientemente organizado, o si no contaba con los suministros necesarios para su ejercito, ya que las milicias judías comandadas por otro líder, Shimón ben Guiorá, se encargaban de emboscar y destruir a las caravanas que traían refuerzos y suministros para Casius.  Esta retirada fue un verdadero milagro. Y si hubiéramos permanecido unidos, dijeron nuestros Sabios, con la ayuda de HaShem, nunca nos habrían vencido.

Mientras los Yehudim celebrábamos esta milagrosa victoria, el emperador Nerón preparaba una nueva ofensiva contra la ciudad, esta vez al mando del experimentado comandante Vespasiano.

Es muy interesante ver como la victoria de los Yehudim se reflejaba en la vida diaria. Cuando derrotaron a Casius Galus los Yehudim recuperaron su libertad y como parte del celebración de esta victoria acuñaron su propia moneda, el shequel, símbolo de la nueva autonomía judía.

Las monedas romanas estaban ilustradas con una imagen de Hércules u otros dioses paganos. Las monedas judías se ilustraban con una copa (moneda del lado izquierdo), que representaba al Brt hMiqdash y sus objetos sagrados, o un Lulab, un Etrog, o una granada (lado derecho) , uno de los frutos especiales de la tierra de Israel.

El texto, escrito en hebreo antiguo, decía por ejemplo: ALEF LEJERUT TSION , es decir, “Año 1 de la independencia de Zion”.

En la moneda que presentamos en la imagen arriba dice, del lado derecho, AÑO 4, SHEQUEL ISRAEL, y del lado izquierdo se menciona el lugar donde estas monedas fueron acuñadas YERUSHALAYIM QUEDOSHA, “Jerusalem, la [ciudad] santa”.

(Continuará….)




Tisha beAb y la gran rebelión del año 66

Ayer explicamos que hacia la mitad del primer siglo de la era común, los judíos vivíamos bajo el imperio romano.  Los romanos trataban incesantemente de eliminar el judaísmo y trasformar a Judea en una provincia “normal” pagana del imperio romano.

La agresión de los romanos contra los judíos llegó a su pico en los tiempos del procurador Florus,    que gobernó Judea desde el año 64 hasta el año 66.  Florus había sido designado por el extravagante y tirano emperador romano Nerón, que reinó desde el año 54 hasta el 68 de la era común. El plan maestro de Florus era saquear el Bet haMiqdash y robar todos sus tesoros: es decir, los objetos sagrados del Templo de Jerusalem que estaban hechos de oro puro.  Florus quería debilitar a los judíos y así quebrar su resistencia. Y no tuvo escrúpulos para lograr sus objetivos.

En el año 66 Florus llegó a Yerushalayim y se llevó 12 talentos de plata del Bet haMiqdash,  con la excusa que lo hacia bajo las ordenes del emperador.  También demandó a todos los judíos de la ciudad que salieran a bendecirlo y alabarlo.  Muchos lo hicieron por miedo a la impredecible reacción de Florus. Al otro día, Florus demandó que todos los líderes judíos que no estuvieron presentes en su recepción se presentaran para ser castigados por haberle faltado el respeto. Como nadie se presentó Florus ordenó a sus soldados atacar a cualquier judío que encontraran en las calles de Jerusalem. En un solo día Florus hizo asesinar a 3.600 judíos: hombres, mujeres y niños y ordenó que los líderes judíos fueran crucificados vivos.

Como si esto fuera poco, y todavía haciéndose el ofendido, Florus demandó a los líderes rabínicos y a los Cohanim que salieran del Bet haMiqdash para bendecirlo a él y a su ejercito. Los líderes religiosos ingenuamente accedieron a la demanda de Florus. Y cuando se acercaron a su ejercito, los soldados de Florus arremetieron contra ellos y los asesinaron, aplastándolos con sus caballos.  En este preciso momento, dicen, se gestó la rebelión de los judíos contra Roma.

Algunos historiadores afirman que Florus provocó a los judíos de Jerusalem deliberadamente, sabiendo que se rebelaran, y así tendría una perfecta excusa  para destruir y saquear el Bet-haMiqdash

 

Flavio Josefo cuenta que el líder judío Agripas II intentó calmar los ánimos de los Yehudim y les explicó que el problema era Florus, y que debían hacer todo lo posible para que éste fuera reemplazado, pero que no podían rebelarse contra el imperio romano, ya que eso era un acto suicida y sin la minima posibilidad de triunfar.  Pero para muchos Yehudim lo que estaba pasando ya era una cuestión de “vida o muerte”: si no se rebelaban, pensaron, estarían destinados a desaparecer.  Habían llegado a un punto sin retorno y la gran rebelión de los Yehudim contra los romanos se puso en marcha.

Cuando comenzó la rebelión de los judíos los romanos mandaron a traer refuerzos desde Siria. Roma envió a la poderosa 12va legión llamada “Fulminata».  Pero antes de que la legión pudiera llegar a Yerushalayim fue emboscada y derrotada en Bet Horón por las milicias judías lideradas por El’azar ben Shimón. Esta humillante derrota, que incluyó la pérdida del águila dorada, sorprendió a los líderes romanos que no pensaron que los Yehudim podían pelear con tanto valor.

Pero a pesar de estos esporádicos triunfos los Yehudim no se pusieron de acuerdo en un liderazgo único y unido, y los bandos no solo que estaban divididos sino que en realidad estaban enemistados unos con otros (sinat jinam), peleaban y se mataban entre sí.  Como ocurrió, por ejemplo, entre los Yehudim y los Tsaduquim.   Esto fue claramente explicado por Ribbí Yojanán en el Talmud de Jerusalem (Sanhedrin, capítulo 10) diciendo que la destrucción de Yerushalayim y el exilio de los Yehudim no ocurrió hasta que los judíos estuvimos divididos en 24 grupos diferenciados . א»ר יוחנן לא גלו ישראלעד שנעשו עשרים וארבע כיתות של מינים.

Con tantas divisiones internas, la derrota se hacía inevitable.




El comienzo de la rebelión contra Roma (años 44-68 de la era común)

Luego de la muerte de Agripas,  el gobernador de Judea (Yehuda, Israel) entre los años 41 y 44 de la era común, comenzó un periodo muy malo para Am Israel, que culminó con la destrucción del Bet haMiqdash en el año 68.

Los Romanos promovían la inmigración de gentiles paganos a Israe a quienes eximían de impuestos y favorecían con sus leyes.  Si un judío, por ejemplo, no pagaba los exhorbitantes impuestos al emperador, sus tierras eran confiscadas y entregadas gratuitamente a los paganos.  La población judía se sentía cada vez más desplazada y despojada de sus tierras.

En el plano religioso la situación no era mejor: Las  provocaciones y humillaciones contra los judíos continuaban creciendo cada vez mas.  Maimónides indica que la ofensa de Apostomus, donde por primera vez los gentiles quemaron públicamente un Sefer Torá, ocurrió en los tiempos del gobernador Cumanus (48-52).  Luego de Cumanus llegó el turno de Felix, que gobernó Judea por 8 terribles años (52-60).  Felix había sido un esclavo en su juventud. Y como gobernador, si bien respondía a las directivas del emperador romano, tenía via libre para poder para hacer todo lo que quisiera en su provincia. Felix abusó de su poder contra los Yehudim. El historiador romano Tácito denunció esta actitud diciendo que Felix: “…practicó toda suerte de crueldad y abusos, usando su poder como rey [de los judíos] para dar rienda suelta a sus instintos de esclavo”.

Todo esto era parte de una campaña deliberada y orquestada por los romanos para que Judea dejase de existir como territorio judío y los judíos se trasformen en ciudadanos “normales” del imperio.  La situación era desesperante. Los Yehudim no tenían el poder para cambiar lo que estaba pasando. Y frente a esta angustiante situación, lamentablemente,  los Yehudim estábamos más divididos que nunca.

Si bien la gran mayoría de los Yehudim seguía la tradición de sus padres observando la Torá escrita y la Torá oral (Parushim) también había un importante grupo, relacionado con la aristocracia y el sacerdocio, que se llamaban Saduceos (Tsadoquim), que no aceptaban el liderazgo rabínico tradicional y no les molestaba vivir bajo las ordenes del imperio romano.   Había otro grupo llamado “esenios» que eran ascetas. Se retiraban a vivir en comunidades muy cerradas en el desierto y estaban separados del resto del pueblo.   También había Yehudim influenciados por la cultura y la filosofía greco-romana, que eran menos estrictos en la observancia de la Torá y eran prácticamente aliados de los romanos.  Por otro lado, la desesperada situación de vivir bajo los romanos alentó a muchos Yehudim a albergar esperanzas mesiánicas (como sucedió también en los tiempo de Ribbí Aquibá, Bar Kojba. etc, en el año 135). En estos años, 40-60 de la era común, se formaron varios grupos mesiánicos y algunos terminaron transformándose luego en religiones opuestas al judaísmo (el cristianismo, por ejemplo).

Las divisiones no se limitaban al plano religioso. Muchos Yehudim pensaron que la única forma posible de sobrevivir como pueblo era sublevarse contra Roma, y decidieron tomar las armas, atrincherarse en Jerusalem, resistir y luchar contra el imperio romano hasta derrotarlos y recuperar el estado judío independiente.  Y si bien era cierto que NADIE, ningún pueblo en la antigüedad, había sido capaz de resistir, y mucho menos vencer, al imperio romano, los Yehudim contábamos con dos elementos a nuestro favor. 1. HaShem estaba con nosotros. 2. ¡Ya lo habíamos hecho! En el tiempo de los Jashmonayim, bajo el liderazgo de Matitiyahu y sus hijos peleamos y derrotamos al imperio Griego! La memoria de este épico triunfo, ocurrido sólo 200 años atrás,  estaba muy fresca en la mente del pueblo.

Esta idea dio lugar a lo que se llamó: HAMERED HAGADOL, la “gran rebelión” de los judíos contra el imperio romano.  Pero esta rebelión no tuvo éxito, y culminó con la destrucción de nuestro Bet-haMiqdash. ¿Por qué? Nuestros Sabios lo atribuyeron a un solo factor sinat jinam, los Yehudim estábamos divididos,  e Incluso los que luchaban contra Roma no se ponían de acuerdo en el liderazgo, y de hecho los diferentes bandos e Yehudim llegaron a enfrentarse y atacar unos a otros.   Nuestros Sabios explican que cuando estamos divididos la Presencia Divina se aleja de nosotros.

(Continuará….)

Yosef Bitton (desde Shanghai)

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En honor a Yosef Yehudá ben David Bittón, que tuvo su Berit Milá en Shanghai, China, víspera de Rosh Jodesh Ab.   




Judea, de estado vasallo a provincia romana (63 AEC- 6 EC).

Ayer escribimos sobre el proceso que llevó a Judea (Israel) de ser un estado judío independiente y soberano a convertirse en un estado-vasallo del imperio romano. En esta nueva situación el emperador romano nombraba a un rey judío, que gobernaba Judea bajo sus órdenes. La lealtad de estos reyes vasallos era principalmente con Roma, y no con sus hermanos Yehudim.   El más conocido de estos reyes fue sin dudas Herodes (años 37 al 4, antes de la era común) .

Herodes era originariamente edomita. La historia de este pueblo y su relación con Am Israel es bastante compleja. Sabemos que Edom descendía de Esav, el hermano de Ya’aqob. Esto normalmente significaría una tendencia a ser por lo menos aliados. Sin embargo,  durante mucho tiempo, especialmente en los tiempos del Rey David (año 1.000 AEC)  ocurrió todo lo contrario,) Israel y Edom fueron enemigos. Lo mismo ocurrió en los tiempos de la destrucción del primer Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem, 586 AEC), los edomitas se unieron a nuestros enemigos, los Babilonios. La maldad y crueldad de los edomitas con los Yehudim está explícitamente registrada nada menos que en Tehilim, en el Salmo ‘al neharot Babel (137:7).

En el tiempo de los Jashmonayim (150 AEC) los edomitas se convirtieron al judaísmo, y muchos de ellos se integraron completamente el pueblo judío, lucharon en sus filas y compartieron su destino. En el caso de Herodes, su fidelidad hacia los romanos era de la misma intensidad que su odio hacia los judíos.  Herodes no solo colaboró completamente con los romanos sino que también estableció templos paganos en varias ciudades de Israel, como Cesárea y otras. Su mayor provocación fue instalar un águila de oro, el símbolo religioso y militar de Roma, en las puerta de entrada del Bet-haMiqdash. Se cuenta que los rabinos principales alentaron a los jóvenes judíos a derribar el Idolo romano. Los jóvenes fueron atrapados y llevado ante Herodes. Flavio Josefo registra el dialogo que tuvo lugar en ese momento. Herodes les preguntó: “¿Quién les ordenó que destruyeran el águila?”.  Los jóvenes respondieron: “Las leyes de nuestros padres” .  Herodes les preguntó: “ ¿Y por que se ven ustedes tan animados y sin miedo? ¿No saben que los voy a mandar a ejecutar”  Los jóvenes respondieron: “Lo sabemos, pero también sabemos nos espera la vida eterna en el mundo por venir” (‘olam habá). Herodes ordenó ejecutar a ellos y a sus cómplices, 40 jóvenes judíos, junto con los dos principales rabinos de Israel, quemándolos vivos en una hoguera.

En el año 6 de la era común,10 años luego de la muerte de Herodes, Augusto, el primer emperador romano, abolió la monarquía judía y convirtió a Judea en una provincia romana. Es decir, que desde ese momento, ya no habrían más reyes judíos vasallos sino que Judea estaría bajo las órdenes directas del emperador de Roma. Esto significaba también que la religion oficial de Roma se iría imponiendo cada vez más en Judea. Los romanos, como los griegos 200 años antes, pretendían ahora que los judíos abandonaran su religión y adoptaran las costumbres romanas, “como lo hace el resto del imperio”.   Una de las dificultades más grandes era que muchos judíos de las clases económicas más altas traicionaban y delataban a su pueblo. Estos Yehudim ricos estaban exentos de impuestos y gozaban de muchos beneficios si colaboraban con los Romanos.  Los Romanos llegaron hasta a asignar ellos mismos a los Sacerdotes del Bet haMiqdash a su antojo. Y por supuesto esto significaba que los romanos también tenían mano libre para despojar al Bet haMiqdash de sus valiosos instrumentos (kelé haqodesh). El conocido prefecto romano Poncio Pilatos (26-36 de la era común) , por ejemplo, robó los utensilios del Bet-haMiqdash para construir un acueducto en Jerusalem.

Esta nueva situación, que cada vez se hacia más difícil,  provocó la inquietud de muchos Yehudim y una idea (casi suicida) comenzó a fermentar en el pueblo: debemos rebelarnos contra el imperio Romano y recuperar nuestra autonomía política y religiosa, antes que el judaísmo desaparezca.  Los ecos de una rebelión ya se sentían en el aire de Yerushalayim….

(Continuará)