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El Rab Ya’aqob Ibn Habib (1460–1516) y su introducción al Talmud

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Rabbi Ya’aqob ibn Habib nació en Zamora, España, alrededor del año 1460. Fue uno de los grandes talmudistas sefardíes de finales del siglo XV y se desempeñó como Rosh Yeshivá en Salamanca, uno de los centros judíos más importantes de Castilla antes de la expulsión.

Tras el decreto de expulsión de los judíos de España en 1492, Rabbi Ya’aqob y su familia se refugiaron inicialmente en Portugal. Sin embargo, en 1496 los judíos portugueses fueron obligados a elegir entre la conversión al cristianismo o un segundo exilio. Fiel a su Torá y a su Dios, Rabbi Ya’aqob volvió a partir, estableciéndose finalmente en Salónica (hoy Grecia), ciudad que pronto se convertiría en uno de los principales centros del judaísmo sefardí durante varios siglos. Allí fundó la congregación de los Megorashé Castilla (“refugiados españoles”), integrada por judíos expulsados de Castilla, y participó activamente en la reorganización comunitaria y educativa de los exiliados.

En Salónica, Rabbi Ya’aqob encontró el apoyo decisivo de Don Yehuda Benveniste, un destacado mecenas que puso a su disposición una biblioteca excepcional, rica en manuscritos talmúdicos y comentarios clásicos. Este acceso a fuentes rabínicas, poco común en ese entonces, permitió a Rabbi Ya’aqob emprender la obra que lo convertiría en una figura central de la historia intelectual judía: Ein Ya‘aqob (עין יעקב).

Ein Ya‘aqob es una recopilación sistemática de todos los pasajes aggádicos del Talmud, es decir, aquellos textos no halájicos que incluyen relatos, enseñanzas éticas, reflexiones teológicas y material narrativo de los Sabios. La obra incorpora además comentarios del propio autor, conocidos como Pirush ha-Mejabber. La primera edición fue impresa en Salónica en 1516, pocos meses después del fallecimiento de Rabbi Ya’aqob. El autor alcanzó a trabajar solo sobre dos de los seis órdenes del Talmud (Zera‘im y Mo‘ed); el resto fue completado por su hijo, Rabbi Levi ibn Habib (el Ralbaj), una figura rabínica de gran relevancia por mérito propio.


LA IMPORTANCIA DE SU OBRA

La importancia de Ein Ya‘aqob va mucho más allá de su valor como antología. Es un libro concebido con el propósito de responder a las profundas transformaciones que vivía el judaísmo sefardí tras la Expulsión de 1492. Hay tres crisis centrales a las que Rabbi Ya’aqob ibn Habib dio respuesta a través de esta obra.

La primera fue la crisis de autoridad rabínica. La expulsión destruyó instituciones educativas consolidadas, desmanteló yeshivot y fragmentó comunidades. Muchos judíos —especialmente conversos forzados que ahora regresaban al judaísmo— quedaron alejados del estudio formal del Talmud y de sus complejas discusiones legales. Ein Ya‘aqob ofreció una alternativa novedosa: estudiar el Talmud sin exigir dominio halájico avanzado. Al centrarse en la Aggadá, el libro permitió mantener un vínculo directo con el Talmud y con la tradición rabínica, incluso fuera del marco clásico de una academia rabínica formal.

La segunda fue una crisis de fe. Tras la catástrofe de 1492, los judíos se enfrentaban a preguntas teológicas fundamentales: ¿por qué ocurrió esta tragedia?, ¿cómo entender el sufrimiento colectivo?, ¿qué significado tiene seguir viviendo como judíos después de múltiples exilios? Ein Ya‘aqob aborda estas inquietudes al poner en primer plano temas como la justicia divina, el dolor humano, la redención, la teshuvá y la esperanza. La elección de la Aggadá no fue casual: este tipo de discurso permite reflexionar sobre el sufrimiento y la resistencia espiritual de una manera que el lenguaje legal no siempre puede ofrecer.

La tercera fue la crisis de la transmisión educativa. Ein Ya‘aqob fue concebido como una herramienta pedagógica. El libro funcionó históricamente como una “Introducción al Talmud”, enseñando a los principiantes el lenguaje talmúdico, los modos de razonamiento rabínico, el mundo de los Sabios —sus nombres, sus lugares de origen— y la sensibilidad ética de los rabinos del Talmud. Durante siglos, en las comunidades sefardíes, Ein Ya‘aqob fue estudiado por niños antes de comenzar la Guemará, y se convirtió en un texto habitual en hogares, sinagogas y círculos de estudio.

No se trata de una simplificación del Talmud, y mucho menos de un reemplazo, sino de una clara estrategia educativa.

El contexto histórico de la obra incluye también las polémicas de los no judíos contra el Talmud, la censura y la quema pública de estos libros. Al destacar la dimensión ética y espiritual del Talmud, Ein Ya‘aqob ofrecía una defensa implícita frente a acusaciones de blasfemia o inmoralidad.

En 1555, Ein Ya‘aqob fue quemado junto con el Talmud Bavlí y Yerushalmí por orden de la Inquisición, y su reedición fue prohibida. Sin embargo, años más tarde, el libro reapareció bajo el nombre alternativo de Ein Israel.

Cinco siglos después de su composición, Ein Ya‘aqob sigue siendo una fuente fundamental para comprender cómo un rabino sefardí supo reorganizar el estudio, la fe y la educación tras una de las mayores crisis de la historia judía. La vigencia de este hermoso libro demuestra que la tradición rabínica no solo preserva el pasado, sino que también sabe adaptarse creativamente a nuevas realidades históricas.

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