Las últimas palabras de Isaac de Castro Tartas (1623-1647)

Isaac de Castro Tartas (1623–1647) y la libertad de conciencia  

DE FRANCIA A HOLANDA 

Isaac de Castro Tartas nació en la ciudad de Tartas, en el suroeste de Francia, en 1623. Sus padres eran originarios de Portugal y formaban parte de las miles de familias judías que, en 1497, fueron forzadas por decreto real a convertirse al cristianismo. Durante tres, cuatr

o o más generaciones, muchos de estos audios secretos o anusim continuaron practicando el judaísmo en secreto. Para dimensionar el fenómeno, basta recordar que en 1497 había en Portugal no menos de 120.000 judíos.

En Tartas, Isaac se llamaba Tomás Luis. En 1640, su familia se trasladó a Ámsterdam, donde por primera vez pudo practicar el judaísmo de manera abierta. Allí, Tomás y su padre se circuncidaron y adoptaron nombres hebreos; desde entonces pasó a llamarse Isaac de Castro. El apellido Castro —probablemente el apellido original de la familia— era un apellido sefaradí muy difundido. Entre sus portadores más conocidos se encuentra Rabí Ya‘aqob de Castro (1525–1610), de origen portugués, una de las figuras rabínicas más importantes de la comunidad judía de Egipto.

En Holanda, Isaac inició estudios de judaísmo y de medicina. 

RECIFE 

En 1642 se lo encuentra en Brasil. En ese período, y hasta 1654, Brasil estaba dividido en dos territorios: uno bajo dominio holandés y otro bajo dominio portugués. Recife pertenecía a la zona holandesa y en ese territorio se le permita a los julio paartcacr abiertamente su religan . Allí se había establecido una comunidad judía organizada por el tío de Isaac, el rap  Moshe Refael Aguilar, que llegó a Brasil con el objetivo de fundar y fortalecer la vida judía en la ciudad de Recife.

 Isaac vivía plenamente como judío y se dedicaba activamente a reforzar la identidad judía de numerosos conversos residentes en Brasil. Si bien no existían tribunales formales de la Inquisición en Brasil —como los había en Perú o México—, en los territorios portugueses actuaban funcionarios inquisitoriales que vigilaban de cerca a los cristianos nuevos para impedir y castigar su retorno al judaísmo.

No se conoce con certeza el motivo, pero Isaac abandonó Recife y viajó hacia el sur, llegando a Salvador, capital de Bahía, territorio portugués donde estaba prohibidos paratciar el jduioasmo . Allí fue reconocido por las autoridades locales. Y aunque intentó ocultar su identidad , algo lo delató: las auroiddes enocntarioon entre sus oeriebncia c un par de tefilín. Fue arrestado, acusado de judaizar y de hacer proselitismo entre los cristianos nuevos, y posteriormente extraditado en barco a Lisboa.   Entre 1603 y 1748, alrededor de 400 judíos fueron enviados desde Brasil a Lisboa para ser juzgados por la Inquisición.

PORTUGAL

La Inquisición portuguesa intentó inicialmente que renunciara al judaísmo y aceptara el cristianismo. Isaac se negó, defendiendo su fe con argumentos sólidos. Ante su firmeza y erudición —a pesar de su corta edad—, la Inquisición convocó a teólogos y filósofos para refutarlo. Ninguno logró convencerlo.

Por primera vez, un judío formuló de manera explícita el argumento de la libertad de conciencia como derecho humano universal. Isaac declaró:
“Tengo derecho a practicar el judaísmo en función de la libertad de conciencia; un acto realizado conforme a la propia conciencia no puede ser considerado culpable. El acto que realizo y seguiré realizando —profesar la religión judía— responde a los dictados de mi conciencia.”

Isaac declaró repetida y explícitamente que era plenamente consciente de que aceptar el catolicismo le salvaría la vida. Rechazó toda forma de clemencia, perdón o misericordia si ello implicaba abandonar el judaísmo. Afirmó en múltiples ocasiones que estaba determinado a dar su vida por la Ley de Moisés (até dar a vida por ella).  Sostuvo que la creencia religiosa está gobernada por la conciencia, que un acto realizado conforme a la propia conciencia no puede ser considerado culpable y que tenía derecho a practicar el judaísmo precisamente porque respondía a los dictados de esa conciencia. En el curso del proceso, Isaac declaró que observaba los 613 preceptos (mitzvot) y las disposiciones rabínicas, lamentando únicamente no poder cumplirlas “con completa perfección”.

LA SENTENCIA

El tribunal sostuvo que su comportamiento constituía un peligro, capaz de “infectar a otros” con sus creencias. Fue declarado culpable, sus bienes quedaron sujetos a confiscación y, al fracasar todos los intentos de conversión, la Inquisición recurrió a la pena capital.

El 15 de diciembre de 1647, cuando Isaac tenía solo 24 años, fue conducido a la plaza pública junto con otros conversos condenados por judaizar. Los archivos de la Inquisición portuguesa relatan que Isaac fue mantenido de pie durante horas, cerca del fuego, con la intención de que se retractara. No lo hizo. Según los testimonios, mientras era consumido por las llamas, Isaac recitó con voz fuerte:
“Shema Israel, Hashem Elokenu, Hashem Ejad.”

 

Su muerte causó una profunda impresión entre los presentes. Su último grito se convirtió en un símbolo de libertad de conciencia e inspiró a numerosos conversos a retornar al judaísmo. Muchos conversos volvieron  a abrazar su fe judía. De manera inusual, durante años, incluso algunos gentiles repitieron las palabras del Shema , como un llamado o reclamo a la libertad de conciencia, y la Inquisición se vio obligada a imponer severos castigos a quien fuera oído pronunciándolas.