sábado, enero 24, 2026
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I ❤️ ISRAEL: “Balagán” en Jerusalem

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JERUSALEM INTRATABLE

Por lo general, no venimos a Israel en enero. Mi esposa y yo solemos llegar en julio y disfrutar del verano. Esta vez vinimos en invierno, a pasar unos días con dos de nuestros hijos que viven en Jerusalem. El frío se siente un poco más —aunque nada comparado con Nueva York— y también hay más lluvia que en julio.

Es normal que cuando uno llega a Jerusalem después de algunos meses, note que la ciudad cambió. Hay nuevas construcciones, nuevos servicios, barrios que se estiran y edificios que crecen. Esta renovación urbana se conoce en Israel como Pinui u’Binui (“demolición y reconstrucción”): los edificios antiguos se tiran abajo dando lugar a construcciones más modernas, con ascensores nuevos, estacionamientos, espacios verdes y áreas comunitarias y residencias más seguras (cada departamento tiene un cuarto construido como “refugio», en caso de necesidad). Barrios tradicionales como Katamon, Arnona, Talpiot y Bak’a —donde estamos ahora— están siendo transformados por completo.

JERUSALEM INTRANSITABLE

Pero la construcción de nuevos edificios no es el factor principal de la Jerusalem imposible de hoy, enero 2026. Esta vez, la situación es exageradamente grave. Jerusalem está imposible. El tráfico es infernal. Un trayecto que debería llevar diez o quince minutos —por ejemplo, de Bak’a a la estación de tren— me llevó más de cuarenta y cinco minutos. Ya no se puede estimar la hora de llegada a destino. Hay cortes por todos lados, desvíos inesperados y calles que se cierran de un día para el otro.

Hasta caminar se vuelve imposible. Las zonas céntricas de King George y Ben Yehuda, por ejemplo, están irreconocibles. En King George no se puede caminar. Hay vallas por todos lados, calles partidas en dos, carriles reducidos: donde había cuatro, ahora quedó uno. Nada fluye con normalidad. No hay un punto de la ciudad donde el movimiento —de autos o de peatones— se sienta natural o continuo.

La pregunta es inevitable: ¿qué le está pasando a Jerusalem?

JERUSALEM IMPOSIBLE

El mayor responsable del nuevo balagán (=caos) en la ciudad es la construcción de tres nuevas líneas del famoso tranvía, el tren ligero (Rakevet Hakala). Lo que comenzó con una sola línea, la Línea Roja, que hoy transporta a más de 170.000 pasajeros diarios, se transformará en una red completa de transporte ferroviario, con tramos subterráneos, que atravesará Jerusalem de norte a sur y de este a oeste. Actualmente, se están construyendo dos nuevas líneas: la Línea Verde, con unas 35 estaciones y 20 kilómetros de extensión, y la más ambiciosa, la Línea Azul, de alrededor de 30 kilómetros y 50 estaciones, que unirá Ramot con Gilo. Y por último se construiría la Línea Violeta. El nuevo sistema será cuatro veces más grande que el actual: más líneas, más estaciones, más conexiones. Es una obra gigantesca, pensada para que millones de personas puedan desplazarse de un punto a otro de la ciudad sin necesidad de usar el auto. Esto explica los trabajos pesados, prolongados y ruidosos que hoy hacen sentir que Jerusalem está “bloqueada”.

Jerusalem no está bloqueada: Jerusalem está en plena transformación.

JERUSALEM EN PREPARACION

¿Para qué se prepara Jerusalem? En primer lugar, Yerushalayim muy pronto se convertirá en la ciudad más poblada de Israel, con más de un millón de habitantes. Pero hay algo más: Jerusalem también se prepara para la Gueulá: para la futura reconstrucción del Bet HaMiqdash, el Mashiaj y el arrivo de millones de judíos de la diáspora a Israel.

Una vez que el Gran Templo esté en funcionamiento y el pueblo judío esté de vuelta en su tierra, Yerushalayim estará lista para recibir cómodamente —al menos tres veces por año— a millones de familias que peregrinarán a esta ciudad en Pésaj, Shabuot y Sucot, como en los tiempos bíblicos.

Y cuando uno lo ve así, el balagán de la construcción, el tráfico infernal y los cortes de calles dejan de ser una molestia y se transforman en una hermosa fuente de inspiración.

Ver a Jerusalem reconstruyéndose, preparándose para funcionar como el centro espiritual del pueblo judío —y del mundo—, es la aspiración nacional más grande, y que durante casi dos mil años fue inalcanzable e inimaginable. Efectivamente, hasta hace muy poco tiempo, la Jerusalem que B”H tenemos hoy era una “Jerusalem utópica, imposible”.

El balagán de Yerushalayim “me encanta”. Me fascina y me emociona hasta las lágrimas. Jerusalem se está reconstruyendo frente a nuestros ojos. Y nos estará esperando.

SHABBAT SHALOM, desde Yerushalayim

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