En 2025, Israel consolidó nuevamente su control sobre Rejes a-Hermón (Kéter HaHermón), el lado sirio del monte Hermón, el punto estratégico más alto del Levante. No se trató de una maniobra simbólica ni coyuntural, sino de una decisión de seguridad nacional tomada tras el 7 de octubre, cuando quedó claro que ningún punto dominante puede quedar fuera del control israelí. Desde el Hermón se observa y se controla el sur del Líbano, Siria –Damasco– e incluso rutas estratégicas que llegan desde Irak. Quien domina el Hermón domina el norte de Israel y esa parte tan sensible del Medio Oriente.
Lo que se conoce menos es que la conquista del Hermón tiene una base histórica y jurídica que es previa incluso al establecimiento del Estado de Israel.
A fines del siglo XIX y comienzos del XX, organizaciones sionistas adquirieron legalmente extensas tierras en el Jorán , el sur de Siria, y el Golán, que en ese entonces estaban registradas como propiedad privada bajo la legislación otomana. Estas adquisiciones fueron luego centralizadas por el Barón Edmond de Rothschild y administradas por su compañía PICA, que mantuvo la titularidad, pagó impuestos y registró la propiedad tanto bajo el mandato francés como posteriormente ante las autoridades sirias.
Documentos de la época —como este afiche publicado en Tel Aviv en 1935 que anunciaba excursiones al Golán, el Bashán y el Hermón— demuestran que el Yishuv, es decir, los israelíes que vivían en ese momento, consideraba esta región parte integral de su geografía nacional mucho antes de 1967.
Entre 1944 y 1948, la recién creada Siria confiscó alrededor de 100.000 dunas en el Jorán y unos 6.000 dunam en el Golán, en tiempo de paz y sin compensación. Se trató de una expropiación ilegal de propiedad civil judía, no de una medida derivada de un conflicto armado, la cual le daría a Siria la autoridad legal de conquista .
Hoy, la presencia israelí en Rejes a-Hermón protege tanto a Israel como a decenas de miles de drusos que viven en esta franja explosiva del sur de Siria. Israel está allí para quedarse. No es una ocupación temporal: es control estratégico y una restitución histórica.

