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TEHILIM 120: Los enemigos de Israel ayer, hoy y mañana

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ESCRITO EN 2021

א שִׁיר, הַמַּעֲלוֹת: אֶל-ה’, בַּצָּרָתָה לִּי– קָרָאתִי, וַיַּעֲנֵנִי.
ב ה’–הַצִּילָה נַפְשִׁי, מִשְּׂפַת-שֶׁקֶר: מִלָּשׁוֹן רְמִיָּה.
ג מַה-יִּתֵּן לְךָ, וּמַה-יֹּסִיף לָךְ– לָשׁוֹן רְמִיָּה.
ד חִצֵּי גִבּוֹר שְׁנוּנִים; עִם, גַּחֲלֵי רְתָמִים.
ה אוֹיָה-לִי, כִּי-גַרְתִּי מֶשֶׁךְ; שָׁכַנְתִּי, עִם-אָהֳלֵי קֵדָר.
ו רַבַּת, שָׁכְנָה-לָּהּ נַפְשִׁי– עִם, שׂוֹנֵא שָׁלוֹם.
ז אֲנִי-שָׁלוֹם, וְכִי אֲדַבֵּר; הֵמָּה, לַמִּלְחָמָה.

1. Canto de Maalot. Clamo a Dios desde mi angustia, sabiendo que Él me responderá. 2 HaShem, libérame de los labios de la mentira, de la lengua de los embusteros. 3 ¿Qué [paz] se logrará [con este enemigo]? ¿Qué [otras mentiras] habrán de sumar [para engañar los pueblos de] la lengua embustera? 4  [Sus promesas de paz] son como las flechas venenosas de sus guerreros, o las brasas de retama [que no parecen ardientes] que simulan [la paz] 5 ¡Ay de mí que tengo que vivir entre los habitantes de Méshej [=pueblos del Levante, como Turquía] , y que tengo que residir junto a los pueblos de Quedar [los Ismaelitas, o árabes]! 6 Ya he pasado mucho tiempo al lado de estos pueblos [y he aprendido] que no quieren la paz [y solo piensan en destruirme].7 ¡Yo quiero la paz,[y busco la paz]!. Pero cuando les hablo de paz, mis enemigos piensan en [cómo destruirme con] la guerra

Este es un “extraordinario” Salmo, porque creo que a pesar de haber sido escrito hace 3000 años, hoy no es difícil identificarnos con él.

1-2  Clamo a Dios desde mi angustia, sabiendo que Él me responderá.
HaShem, libérame de los labios de la mentira, de la lengua de los embusteros.

El rey David comienza rogando a Dios que lo salve de estos inusuales enemigos. A diferencia de otras ocasiones en las cuales el rival es caracterizado por su poder militar que pone en peligro la vida de David (por ejemplo, Tehilim 144) en este Salmo la amenaza no llega desde el campo de batalla: este enemigo es peligroso porque traiciona y miente cuando parece que procura la paz, y no es posible confiar en sus promesas de no agresión

3 ¿Qué [paz] se podría logrará [con este enemigo]? ¿Qué [otras mentiras] habrán de sumar [para engañar, estos pueblos] de lengua embustera? 4  [Sus promesas de paz] son [tan engañosas] como las flechas venenosas de sus guerreros; o como las brasas de retama [que no parecen ardientes] con las que simulan [la paz]

Sus mortales flechas no solo dañan la parte del cuerpo herida, porque están envenenadas y así matan. Igualmente,  las palabras de este enemigo están envenenadas de odio y muerte, no de armonía y convivencia. En tiempos de paz, la estrategia del enemigo se compara con las brasas de la “retama” (¡me costó mucho encontrar esta palabra, que seguramente tiene su origen en el hebreo “rotem”): las brasas ardientes de este arbusto salvaje se ven grises, apagadas, y parecen inocuas, como la ceniza. Y cuando uno piensa que la brasa está fría la toca, y ¡se quema! y ya es demasiado tarde para darse cuenta. El enemigo del rey David se muestra pacífico e inofensivo, como las brasas de la retama: pero eso es sólo apariencias y promesas vacías. Cuando le acercas tu mano extendida pensando que su odio está apagado, ¡te quemas!

5 ¡Ay de mí que tengo que vivir entre los habitantes de Méshej [=pueblos del Levante, como Turquía] , y que tengo que residir junto a los pueblos de Quedar [los Ishmaelitas y árabes]!

David expresa la angustia de vivir rodeado de pueblos traicioneros. Y finalmente rebela la identidad de estos inusuales rivales sin palabra y honor. Son los propios vecinos de Israel: Méshej, al norte —en el Levante o lo que hoy sería : Líbano, Siria, Turquía— y Kedar al sur— Egipto y Gaza. Un poco de contexto nos va a ayudar a comprender mejor este Salmo. En los tiempos de Rey David y su hijo Shelomó, el reinado de Israel florecía y había alcanzado su apogeo económico. El rey David también había firmado la paz con otros pueblos, como los Fenicios, con quienes estableció tratados comerciales que eran beneficiosos para ambos. La región entera, el Medio Oriente de aquel entonces, se beneficiaba enormemente con la prosperidad y estabilidad de Israel. Era una situación de “win/win”, como dicen hoy, donde todos podían prosperar. Pero para Méshej y Quedar la “prosperidad y la estabilidad” de Israel era insufrible ¡No podían soportar que Israel triunfase y estuviera en paz! Y aunque parezca absolutamente descabellado, para los líderes de estos pueblos era más importante destruir a Israel que beneficiarse de la prosperidad que Israel generosamente compartía con toda la región.

6 Ya he pasado demasiado tiempo al lado de estos pueblos que odian la paz [y solo piensan en destruirme]. 7 Yo quiero la paz,[y busco la paz]. Pero mientras les hablo de paz, mis enemigos [a mis espaldas] piensan en [cómo destruirme con] la guerra.

David los conoce. Vivió mucho tiempo junto a ellos. A estos pueblos, en realidad, no les importa la paz. Su objetivo principal es la destrucción de Israel. Para los enemigos de Israel un tratado de paz no es un objetivo en sí mismo: es solamente un medio para que Israel —confiando ingenuamente en promesas huecas— baje su guardia, se debilite y se exponga más fácilmente a los ataques de sus vecinos. Pero después de haberse quemado repetidas veces con las brasas de retama, David superó su ingenuidad. Y expresó aquí sus palabras de dolor: Debo aceptar que nuestros vecinos — los Ishmaelitas, los antiguos pueblos árabes, que supuestamente son “nuestros primos”— se han contagiado del odio existencial que Amaleq tiene por los judíos

Creo que David finalmente reconoce que este enemigo es como un tigre salvaje y hambriento, que se acerca a uno con un solo objetivo en mente ¡comernos!  Imaginemos lo peligroso, ingenuo y suicida que sería extender al tigre mi mano de paz, y con una sonrisa ofrecerle ir a cenar juntos al mejor restaurante (¡y hacerme cargo de la cuenta!). No hay nada más peligroso que imaginar que el tigre “comprende mi idioma”,  y que iremos juntos a cenar en paz. El tigre NO entiende mi lenguaje. Y su hambre no puede esperar. Su olfato y sus instintos, lo controlan. Y cuando me descuido y le extiendo mi mano, voy a terminar siendo su cena.

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