1. ALEJANDRO MAGNO: El emperador griego y el sacerdote judío

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Este mosaico descubierto en las ruinas de una antigua sinagoga en Israel puede representar el legendario encuentro entre Shimon haTzadiq y Alejandro Magno.
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¿QUÉ SIGNIFICA JANUCÁ?

En unos días más celebraremos Janucá, la festividad que nos recuerda lo que ocurrió hace un poco más de 2.000 atrás, años cuando el imperio griego-seleucida tenía el control de Israel y decidió poner fin al judaísmo. En lo que se considera la primera vez que un pueblo se rebela, no para preservar su vida sino sus valores religiosos, los judíos se rebelaron contra los griegos, lucharon contra ellos, y milagrosamente los vencieron.  Cuando recuperaron el Bet haMiqdash, (el gran Templo de Jerusalem) que había sido transformando en un santuario pagano para adorar a los dioses griegos.  Los judíos purificaron el Templo y procedieron a su re-inauguración, es decir, a dedicarlo nuevamente al servicio Divino.  La palabra Janucá significa literalmente “inauguración”.

EL ACEITE Y LA ESPADA 

Cuando se inauguró el Templo los judíos solo encontraron una pequeña vasija de aceite puro,  que se necesitaba para encender la Menorá, el candelabro, que indicaba que el tempo estaba funcionando normalmente. Esta pequeña cantidad de aceite duró más de lo normal y alcanzó hasta que se pudo preparar y transportar un nuevo aceite. Y por este motivo, la celebración de Jánuca se hace a través del encendido de 8 velas, una por cada noche de la festividad, como explicaremos más adelante.  Todo esto muy conocido. Pero es solo una parte muy pequeña de la historia completa de Janucá. El significado de este festival es muy profundo y relevante, ya que se relaciona con la lucha de nuestros antepasados por preservar su libertad religiosa y la supervivencia de nuestra Torá en un momento en que el judaísmo estuvo a punto de desaparecer.

OCHO NOCHES 

Por alguna incomprensible razón, la heroica rebelión armada de Matitiyahu y sus hijos, sus triunfos, sus derrotas, cómo renacieron de las cenizas y todos los milagros que experimentó nuestro pueblo en esos tiempos tan difíciles, no se enseña en nuestras comunidades y escuelas. A pesar de que nuestros rabinos, como claramente se puede ver en la oración ‘al hanisim’ que mencionamos en nuestra Tefilá de Janucá, vieron en todas estas victorias militares la intervención Divina de manera directa.  Relataré la historia de Janucá en ocho capítulos, a los que llamaré “Los ocho milagros de Janucá”.  Recomiendo leer un capitulo cada noche después de encender las velas para que nuestros corazones se llenen de orgullo y nos inspiremos para agradecer al Creador ‘al hanisim, por los milagros que hizo a nuestros antepasados y que sigue haciendo por nosotros. 

על הנסים ועל הפורקן ועל הגבורות ועל התשועות
ועל המלחמות שעשית לאבותינו בימים ההם בזמן הזה

ALEJANDRO MAGNO

EL EMPERADOR Y EL SACERDOTE
Cuando tenía poco más de 30 años, Alejandro Magno se convirtió en uno de los más grandes conquistadores en la historia de la humanidad. Alrededor del año 330 a.e.c (antes de la era común), los ejércitos de Grecia y Macedonia bajo su mando derrotaron a las fuerzas del poderoso imperio persa, con el que había estado en guerra desde la época de Ajashverosh (Jerjes, 480 a.e.c).
Los dominios de Alejandro se extendían desde Grecia hasta la India, ocupando todo el Medio Oriente. Cuando Alejandro Magno visitó la tierra de Israel, llegó a Jerusalén y exigió lo que se consideraba en ese entonces un gesto normal de sumisión por parte de los pueblos que ahora formaban parte de su nuevo imperio: erigir la estatua de Zeus, el dios superior de los griegos, en el santuario principal de la ciudad, el Bet HaMiqdash o Gran Templo de Jerusalem. Para los pueblos politeístas, honrar a los dioses que otorgaron el triunfo era un acto de reconocimiento al vencedor. Y negarse a reconocer a esos dioses era un signo de rebelión e insurrección contra el vencedor. Todos los pueblos sometidos al reino de Alejandro habían seguido sin problemas la práctica tradicional: adoptaron los dioses del nuevo emperador sin oponer resistencia. Hubo una sola excepción: los judíos.

NO TENDRÁS NINGÚN OTRO DIOS…
Nuestros antepasados ​​se negaron absolutamente a servir y adorar ídolos. Y rechazaron el pedido del joven emperador griego de colocar la estatua de un ídolo pagano en el Bet haMiqdash. El monoteísmo no solo consiste en la afirmación de que creemos en «un Dios». El monoteísmo judío también incluye la negación de otros dioses. Como dice el segundo mandamiento: «No tendrás [no creerás en] ningún otro dios además de mí». Para tratar de convencer al emperador de que la resistencia a adorar a sus ídolos no equivalía al rechazo de su reinado, una delegación de judíos, encabezada por Shimon haTsadiq, el Gran Sacerdote, se organizó para encontrarse con él. Los judíos le explicaron a Alejandro que el monoteísmo judío exige “exclusividad de culto», algo que era difícil de entender para la gente de la antigüedad. Los judíos también le clarificaron a Alejandro que si él no aceptaba su explicación y quisiera tomar medidas contra los judíos, ellos no ofrecerían ninguna resistencia armada. Aceptaban al nuevo emperador y estaban dispuestos a sacrificar sus vidas pacíficamente (‘al Quiddush HaShem) con tal de no llevar a cabo la demanda de adorar otros dioses o introducir un ídolo en el Templo. Además, según una famosa leyenda, los judíos ofrecieron, como signo de sumisión y reconocimiento al emperador, que todos los niños judíos nacidos ese año fuesen nombrados «Alejandro» en honor al nuevo emperador. Alejandro Magno aceptó la explicación de los judíos y renunció a su demanda de erigir un monumento a su dios en Jerusalem.

MONOTEÍSMO Y ANTISEMITISMO
Los generales y los consejeros de Alejandro interpretaron el rechazo de los judíos a los dioses griegos no del punto de vista religioso sino político que demandaba la destrucción de Jerusalem y la aniquilación de los judíos.

Sus argumentos eran los siguientes:

1. A los gentiles les resultaba incomprensible que los judíos no toleraran la coexistencia de su Dios con sus dioses «¿Qué tiene de malo que nuestro dios esté junto con el Dios de los judíos en Su santuario?», razonaban. ¡Ningún otro dios pagano exigía exclusividad! ¿Por qué aceptar que los judíos se comportasen de esa manera? La negativa de los judíos a aceptar a otros dioses era interpretada o como un signo de rebelión o en el mejor de los casos como un gesto de arrogancia. Y esa falsa interpretación generaba odio y resentimiento contra los judíos.

2. También les resultaba imposible concebir que los judíos creyeran en un Dios invisible. ”Lo que no se puede ver, no existe», pensaba el resto del mundo en ese tiempo. Y por más poderoso que fuese el Dios de los judíos, ahora deberían abandonarlo, o por lo menos dejarlo en un segundo plano. ¿Por qué? Porque en la mente pagana, cuando un pueblo era derrotado significaba que sus dioses eran menos poderosos que los dioses de los vencedores. Y después de la batalla, los vencidos debían aceptar la superioridad de los dioses victoriosos. Por lo tanto, pensaban, los judíos rechazan a los dioses griegos porque se niegan a aceptar su derrota.

3. Sin duda, lo que más le molestaba a victoriosos era que los judíos querían seguir obedeciendo las leyes de su invisible Dios y se negaban a obedecer las leyes del soberano y conquistador. En las culturas paganas a los dioses se los consultaba para adivinar el futuro o se le ofrecían sacrificios para apaciguarlos, pero los dioses no revelaban leyes o mandamientos. ¡Dictaminar leyes era la prerrogativa del rey, no del dios! Los judíos, sin embargo, seguimos una Ley que Divina y creemos que Dios es nuestro monarca, la autoridad superior. Por eso la idea de usar la espada para convencer a los judíos a obedecer a los reyes de carne y hueso y abandonar su Ley, como hizo 140 años más tarde Antiojus Epifanes, era lo más razonable.

PROTECTOR DE LOS JUDÍOS
Alejandro Magno, contra toda lógica contemporánea, no escuchó a sus consejeros. Aceptó la explicación de los judíos y no los castigó por su desobediencia. Por el contrario, el monarca griego se interesó por el judaísmo, por la Torá, por el monoteísmo y por el Bet haMiqdash. Y lejos de buscar persuadir a los judíos para que dejaran su religión, les otorgó derechos adicionales para que pudiesen seguir respetando su religión. Alejandro Magno prácticamente se convirtió en el protector de nuestro pueblo.
Algunos ejemplos,
1. Como todo emperador, Alejandro exigía que cada nación sometida a su imperio enviara refuerzos militares para servir en sus ejércitos. Los judíos, que también fueron reclutados, tenían su propio batallón que servía en las filas del ejército griego. Y Alejandro ordenó que se les permitiera a los soldados judíos practicar su religión en términos de su comida (Kashrut) y la observancia del descanso sabático (Shabbat).
2. Se encontró una carta en la que Alejandro solicitaba que se entregue un aceite especial “kosher” a los soldados judíos en Antioquia; ya que no podían consumir el aceite común (considerado en ese entonces impuro o tamé).
3. También se encontró documentación donde Alejandro Magno instruye a sus generales a que eximan a los soldados judíos de participar en la construcción de un templo pagano en Babilonia (Bickerman).

Rab Yosef Bitton