Nosotros y el Shofar

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Aprendimos anteriormente que Rosh haShana es Yom haDin, el día del juicio. Explicamos que en este importante día debemos percibir a la Sinagoga como una corte de Justicia. Saber que cuando escuchamos el Shofar declaramos a HaShem como nuestro Juez, y en ese preciso momento la Corte entra en sesión. HaShem examina los registros de nuestro proceder durante el pasado año, y debe decidir si merecemos o no merecemos una nueva oportunidad.
Lo que nos queda por explicar es ¿qué debemos hacer mientras escuchamos el Shofar y somos juzgados por Dios? ¿Pedir perdón?
La respuesta no es afirmativa. Veamos.
En el proceso de Teshubá, que formalmente dura 10 días, todo tiene su tiempo. Una vez terminando Rosh haShaná comenzamos un periodo intenso de arrepentimiento, reparación y perdón al prójimo y a Dios, que concluye en Yom Kippur, “El Día del Perdón”.
Pero en Rosh haShaná el pedido de perdón es prematuro. Ese día debo concentrarme en juzgarme frente a Dios. Tratar de verme NO como normalmente me veo a mí mismo, sino como me ve Él.
Al escuchar el Shofar me miro al espejo y admito en mi corazón mis errores (מהרהר בתשובה). A este primer paso, esencial para todo el proceso de Teshubá se lo llama hakarat hajet, “admisión de mis errores”. En ese momento me hago cargo de mis acciones y no escapo de la responsabilidad. Este auto diagnóstico es demasiado serio como para tomarlo a la ligera, y es un prerrequisito para lo que vendrá después de Rosh haShaná: confesión, arrepentimiento, pedir disculpas, resolver cambiar, etc.
Voy a ilustrar lo que debemos hacer en Rosh haShana, y particularmente mientras escuchamos el Shofar.
Uno de los valores más importantes en la vida judía es el jesed, la generosidad. Tomemos a la “generosidad” como un ejemplo de cómo juzgarme a mi mismo frente a HaShem. Primero debo pensar qué hice bien y qué hice mal este año que pasó en esta area: ¿He dedicado lo suficiente de mi dinero, de mi tiempo y de mi esfuerzo para ayudar a los demás? ¿Estuve presente cuándo los demás me necesitaban? ¿Cuánta gente me pidió ayuda y los ignoré? Y especialmente ¿Cuánta gente que necesitaba ayuda NO me pidió ayuda, seguramente por vergüenza, y yo me hice el distraído? Cuando me enteré que alguien estaba sin trabajo ¿hice todo lo posible para ayudarlo? Cuando supe que alguien no tenia donde estar ¿abrí las puertas de mi casa para quien lo necesitó? ¿Habré hecho por los demás todo lo que HaShem esperaba de mí, o no llegué a ese nivel? Si HaShem fue generoso conmigo, y me concedió medios, salud, talentos ¿no estará esperando de mí que yo redistribuya lo que Él me dio?
El desafío de este día es juzgarme mientras Dios me juzga. Tratando de verme como Él me ve. Y cuanto más real sea mi percepción de Su percepción de mí, menos espacio habrá para engañarme a mi mismo, más objetivo será mi auto-juicio y más efectiva será mi Teshubá. Y viceversa.

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