VAYETZE: ¿Por qué soñamos lo que soñamos?

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Nuestra Parashá abarca veinte años de la vida de Ya’aqob Abinu. Veinte años que transcurrieron entre dos sueños. El primer sueño tuvo lugar cuando Ya’aqob salía de la tierra de Israel y se dirigía hacia Jarán, al norte de Siria. Ya’aqob soñó con ángeles que subían y bajaban de la tierra al cielo. Lo que quiero destacar de este sueño, más allá de las diferentes interpretaciones, es que al salir de Israel Ya’aqob soñó con ángeles. Y con una escalera (¡un elemento simbólico no menos relevante!) que le recordó que estamos en este mundo para crecer y elevarnos hacia lo divino. Los sueños no vienen de la nada. Y los sueños no mienten.
¿QUE SON LOS SUEÑOS ?
Primero, entendamos un poco mejor qué son los sueños.
Somos lo que soñamos. Y soñamos lo que somos. El contenido de nuestros sueños refleja nuestras vidas. Las pasiones, deseos, traumas y miedos que experimentamos en nuestra rutina diaria. Si uno sueña que está volando, es probable que esté aspirando avanzar en su vida, tener un mejor trabajo, etc. pero «siente» –aunque quizás no lo exprese–  que está encadenado, atrapado. Soñar que uno «vuela» libera al soñador «virtualmente» de esas cadenas que lo atan: el sueño expresa un deseo muy profundo, a veces reprimido, que hasta puede ser irrealizable.    Si uno sueña que está conduciendo un vehículo y los frenos no funcionan, es posible que uno sienta que no está en control de su vida, y desea recupéralo antes de que sea demasiado tarde. Cuando uno sueña que está en público sin la ropa adecuada, es probablemente un reflejo del miedo a que la gente «vea», descubra, algo vergonzoso que uno desea ocultar.  Los sueños dicen mucho de nosotros, y los miedos y deseos que viven en nuestro subconsciente.
LOS SUEÑOS DE UN PATRIARCA
El sueño de Ya’aqob es profundamente espiritual y positivo. Ya’aqob Abinu vio ángeles en su sueño porque esa era su realidad diaria. ¡Vivía entre ellos! Su madre, Ribka, su padre, Isaac, su abuelo Abraham, sus maestros, Shem y Eber.  Jacob vive entre ángeles humanos.   Ya’aqob se escapa de la tierra de sus padres por miedo a que su hermano Esav lo mate. Huye a la casa de su tío Labán. Y allí tiene que trabajar muy duramente. Labán, por mucho tiempo se abusa de él. Y luego de muchos años Ya’aqob le dice a Laban Gen. 31:38-40 «Durante estos veinte años que he estado contigo, tus ovejas y tus cabras no se han accidentado, nunca he tomado de los carneros de tu rebaño [para mi beneficio personal], nunca te traje un animal despedazado por las fieras [siempre los cuide con mucha atención], y si alguna vez sufrieron algún accidente, yo he asumido las pérdidas, ya que tú siempre lo demandabas de mi mano [aunque no fuera mi culpa], y lo mismo hice cuando un animal era robado… de día o de noche… [trabajé sin parar]: durante el día me consumía el calor y de noche la helada, y así el sueño huía de mis ojos.»
METAMORFOSIS
Al final de esos veinte años Ya’aqob sueña otra vez. Pero esta vez tiene un sueño muy diferente. No hay ángeles subiendo por una escalera, sino animales apareándose, subiendo uno encima del otro. «Los machos se subían a los rebaños, produciendo animales con rayas, con puntos o con manchas» (Gen. 31: 10-11).  Este segundo sueño no es un sueño «espiritual» sino material. Los animales representan los bienes materiales: no hay oposición más grande que: «ángeles» vs. «animales».  En su segundo sueño, un ángel le habla a Ya’aqob, pero solamente para enseñarle a ser más astuto que Labán en los negocios. Este es un sueño 100% materialista, impropio de Ya’aqob.
Y es en ese mismo sueño que Ya’aqob recibe una orden directa de HaShem, y esta orden viene con una explicación:   (31; 11) «ki raiti et asher laban ‘ose imaj. «Porque he visto lo que Labán ha hecho de ti». Es como que HaShem le dice a Ya’aqob: «Veo que trabajar veinte años para Labán te ha afectado profundamente. Has cambiado tu personalidad, y eso se puede observar en tus sueños: hace veinte años soñabas con ángeles y una escalera que unía a la tierra con el cielo. Ahora, tus sueños se han transformado. Son horizontales, «superficiales». Los ángeles fueron reemplazados por ovejas y las escaleras por establos. ¡Estos sueños son dignos de Labán, no de Ya’aqob!»
EL CAMINO DE REGRESO
Ya’aqob entonces recibe una orden directa de HaShem. Es hora de volver a casa (31:11):«Ahora debes salir de esta tierra (Jarán)  y regresar a tu tierra natal, [Israel].» Tienes que regresar para que cambien tus sueños, para que vuelvas a soñar con ángeles y escaleras. Y eso lo lograrás viviendo una vida que promueva constantemente esa conexión entre la tierra y los cielos. Tu destino es ser uno  de esos «ángeles» humanos que suben al cielo y traen la Torá a la tierra. Y así fue.  En el último pasuq de esta Parashá 32:1, tan pronto como Ya’aqob llega a Eretz Israel, nuevamente visualiza a «los ángeles» que vienen a su encuentro en Majanayim. Ya’aqob, y nosotros sus descendientes, aprendimos esta gran lección: Debemos vivir nuestra vida material con la espiritualidad suficiente para soñar con ángeles, y con escaleras que unen el cielo con la tierra. 

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