Cuando un pueblo abandonó su manantial

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LAS TRES HAFTAROT
Las costumbres de duelo que observamos entre el 17 de Tamuz y el 9 de Ab varían de una comunidad a otra. Pero hay una tradición que es la misma para Sefaradim, Ashkenazim y todas las comunidades judías del mundo: la Haftará de «los tres [textos] que predicen tragedias» (en hebreo: תלתא דפורענותא). ¿Qué es el Haftará? En la sinagoga, después de concluir la lectura de la sección semanal de la Torá leemos un texto de los Profetas que se relaciona en su contenido con la sección bíblica que acaba de concluir. Las Haftarot fueron establecidas por nuestros Sabios hace unos 2.000 años — cuando los romanos prohibieron a los judíos leer la Torá—con el propósito de recordar la sección bíblica semanal. Las Haftarot que leemos estos tres Shabbatot, sin embargo, no están relacionadas temáticamente con la porción semanal, sino con la destrucción del Bet haMiqdash y el exilio. Para ser más precisos: estas Haftarot, que no describen los hechos históricos relacionados con estas tragedias, son las palabras de dos profetas, Jeremías e Isaías, cuando advirtieron al pueblo de Israel sobre las consecuencias de abandonar la alianza con Dios, es decir, Su Tora. El mensaje es muy simple: cuando el pueblo judío no sigue los mandamientos de Dios; cuando adoran ídolos y cometen otras abominaciones, el Todopoderoso suspende Su protección y el pueblo judío queda a merced de sus despiadados enemigos y, en consecuencia, sufre invasiones, destrucción y exilio.

¿MANANTIALES O ALJIBES?
La primera de las tres Haftarot, la que leímos la semana pasada, es del primer capítulo del libro de Jeremías (Dibré Yirmiyahu) y trata de su iniciación en la profecía. La Haftará correspondiente a la Perashá de esta semana, Mattot-Mas’e, es la segunda de las tres Haftarot especiales. En este texto, el profeta Jeremías critica a Israel por abandonar a Dios y ser ingrato con Él, olvidando que HaShem los sacó de la esclavitud, los protegió de los peligros del desierto y los condujo a una tierra de bendición y abundancia. Yirmiyahu expresa conmoción e indignación por el comportamiento de Israel y dice con dolor que si uno buscara en todos los rincones del planeta, sería difícil encontrar una nación tan tonta y necia. Para ejemplificar el comportamiento de nuestro pueblo, Jeremías utiliza una hermosa metáfora: un pueblo tiene un manantial de agua fresca y abundante. Este abundante manantial natural produce agua de forma permanente, incesante y ni siquiera necesita mantenimiento. La gente de este pueblo es realmente privilegiada: a diferencia de todas las demás personas, no dependen de la recolección de agua de lluvia para su supervivencia, porque la fuente de agua fresca les proporciona todo lo que necesitan para su bienestar y prosperidad . Yirmiyahu implica que HaShem, Dios, es para Israel lo que la fuente de agua es para ese pueblo privilegiado: su fuente de vida. Pero inexplicablemente la gente de ese pueblo abandona el manantial, le dan la espalda, ¡y para conseguir agua cavan cisternas con sus propias manos! Estos pozos artificiales no tienen agua propia, están completamente secos cuando no llueve, y ni siquiera pueden conservar el agua que absorben de la lluvia, porque están llenos de grietas y se rompen. ¿Quién concebiría abandonar un manantial natural privilegiado y buscar recoger agua en cisternas rotas? El poderoso mensaje de esta metáfora es que abandonar a Dios, la fuente de vida física y espiritual de Israel, no solo es una traición a nuestra alianza con Dios, también es un acto tonto y vergonzoso para los judíos, que supuestamente somos un pueblo inteligente. Y es también «ofensivo» y «humillante» hacia Dios (Jilul HaShem) que ha sido «desplazado» por Su propia nación, y reemplazado por ídolos falsos e inútiles, que ellos mismos hicieron con sus propias manos.

¿Y AHORA, QUIÉN PODRA AYUDARME?
Aunque los rabinos agregaron algunos versículos adicionales —para concluir la Haftará con un mensaje positivo y esperanzador— hacia el final de este texto encontramos un versículo con una lección dura pero muy relevante que, lamentablemente, todavía necesitamos aprender: el pueblo de Israel abandonó a su Dios, lo traicionó, le dio la espalda y buscó congraciarse con dioses falsos. Pero cuando los judíos enfrentan tiempos difíciles y tragedias inminentes, finalmente se dan cuenta de que Egipto, Asiria y sus dioses no los ayudarán … y luego, cuando nadie más puede ayudar, de repente recuerdan a Dios, le oran y le suplican. “¡Por favor, ven y rescátanos! (Jeremías 2:27 כִּֽי־פָנ֥וּ אֵלַ֛י עֹ֖רֶף וְלֹ֣א פָנִ֑ים וּבְעֵ֤ת רָעָתָם֙ יֹֽאמְר֔וּ ק֖וּמָה וְהוֹשִׁיעֵֽנוּ).

Si buscamos en esta Haftará una lección relevante para el presente, quizás esta sea la más adecuada. Muy a menudo caemos en esta trampa: nos olvidamos de nuestro Creador, abandonamos sus mandamientos y ni siquiera le agradecemos sus continuas y abundantes bendiciones. Pero en tiempos difíciles, cuando estamos desesperados porque nadie más nos puede ayudar, ahí nos recordamos de HaShem, le rezamos y le decimos: “Por favor, ven a rescatarme”. Esta poderosa Haftará debe enseñarnos que tenemos que actuar mejor: recordar a HaShem no solo cuando necesitamos Su ayuda, sino también (o principalmente) para agradecerle por todas Sus bendiciones.