¿Qué hacer con las Tablas rotas?

0
4079
image_pdfVer en PDFimage_printImprimir
אמר רבי יהושע בן לוי לבניו: הזהרו בזקן ששכח תלמודו מחמת אונסו, שלוחות ושברי לוחות מונחים בארון
ברכות דף ח
En la Parashá de esta semana el pueblo de Israel protagoniza uno de los eventos más estremecedores de su historia.  Me estoy refiriendo a la adoración del becerro de oro. Brevemente, cuando Moshé ascendió al monte Sinaí anunció que volvería en 40 días. En la víspera del día 40, el pueblo pensó que Moshé ya no iba a regresar (¿quién podría sobrevivir sin agua ni comida por tanto tiempo?, pensaron…). Para «sustituir» a Moshe, e imitando a lo que habían visto por siglos, construyeron un ídolo de oro, un becerro, que era uno de los dioses egipcios
Esto fue considerado un enorme pecado. El pueblo de Israel había sido testigo sólo unos días antes de la revelación de HaShem en el Monte Sinaí y unas semanas atrás de la apertura del mar y de las 10 plagas en Egipto.  ¿Cómo pudo ser posible que ahora practicaran la idolatría? Se esperaba mucho más del pueblo elegido…
¿Y cuál fue la reacción de Moshé Rabenu? Moshé bajó del Monte Sinai con las Tablas de la Ley y cuando encontró al pueblo completamente descontrolado y adorando a un ídolo egipcio,  tiró las Tablas de la Ley y las rompió.
La verdad es que hay mucho, muchísimo, para analizar de todo lo que ocurrió alrededor de este desafortunado evento.  Pero permítanme concentrarme en un solo punto, algo que parece secundario, pero que tiene una gran enseñanza moral para todos nosotros.
Como sabemos, más tarde Moshé recibió una «copia» de las Tablas de la Ley, que reemplazo a las originales, y fueron depositadas en el Arca de la Alianza (Arón haBerit). Mi pregunta es: ¿Qué pasó con las primera Tablas, con los pedacitos de la Tablas rotas?  ¿Alguien se ocupó de recoger esos pedacitos de las Tablas orginales o las dejaron allí abandonadas en el suelo del desierto?
Nuestros rabinos explican que los restos de las Tablas rotas fueron recogidos por Moshé y depositados en el Arca de la Alianza, «al lado» de las nuevas tablas.  Un famoso rabino , Rabbí Yehoshua ben Leví (Tiberias, Siglo III de la era común) aprendió de este evento una maravillosa lección. «Esto no enseña –dijo– que a un anciano que ha perdido su memoria le debemos el mismo respeto que le otorgábamos cuando se memoria estaba intacta…».
Imaginemos a un gran estudioso de la Torá, que por años fue honrado polr su sabiduria y se sentaba en la primera fila de la Sinagoga. Enseñó Torá por décadas e inspiró a todos los presentes con sus elocuentes discursos. Pero al llegar a una edad ya avanzada, de a poco fue perdiendo su elocuencia, y su memoria… y por su senilidad (o su Alzheimer) ya ni siquiera pudo hablar coherentemente….
Ahora bien ¿Debemos seguir honrando a esta persona en su estado actual? ¿Lo invitamlos a seguir sentándose en la primera fila una vez que ha perdido su memoria ? Y al respuesta inequívoca de Rabbi Yehoshua ben Leví es: le debemos el mismo honor que antes.  Este hombre sabio, se compara a las Tablas de la Ley que ya no están completas o intactas. Al igual que las Tablas rotas, ya sin contenido, este sabio ha perdido su sabiduría. Su memoria está fragmentada, su razonamiento «hecho pedazos», igual que las primeras Tablas.  No obstante, de la misma manera que los pedacitos de la Tablas rotas fueron depositados en el mismo lugar de honor que las nuevas tablas, a este hombre, le debemos el mismo lugar de honor que antes,  cuando su memoria y su mente estaban intactas.
Este es una hermosa lección de respeto y honor al prójimo que aprendemos de un detalle, aparentemente superfluo de la Torá.
Y quisiera agregar otro mensaje que aprendemos del hecho que las tablas rotas no fueron descartadas ni enterradas, sino atesoradas junto a las nuevas tablas.
Quizás la razón original por la cual las tablas rotas no fueron descartadas fue para que el pueblo judío «nunca olvidara el gran pecado que cometió», y así, las futuras generaciones recuerden que tienen que evitar repetir errores y aprendan de las malas experiencias del pasado.
Todos sufrimos malas experiencias, errores que por diferentes motivos cometemos. Y lo que aprendimos de esas experiencias negativas no debemos enterrarlo o tirarlo sino atesorarlo. Primero, para que al llevar con nosotros esas malas experiencias no las volvamos a repetir. Y también porque muchas veces esas experiencias negativas las podemos transformar en lecciones, no sólo para nosotros mismos, sino también para nuestros amigos, o nuestros hijos, y para otros que lo necesitan.
Un ejemplo. Los rabinos tratamos de ayudar a los miembros de nuestra comunidad. Muchas veces me ha tocado asistir a personas que estaban destruyendo sus vidas por culpa del alcohol.  Por lo general, se resistían a recibir ayuda profesional, y desde mi lugar, traté de ayudar en todo lo que pude… pero confieso que a veces mi ayuda no era suficiente…  Pero tengo un amigo, llamémoslo SHIMON, que siempre se ofreció a colaborar en estos casos, y su ayuda, sin excepciones, resultó ser muy, pero muy efectiva. SHIMON no es un psicólogo profesional. Es un ex-adicto al alcohol. Un hombre que llegó hasta lo más bajo, perdió todo y tuvo que empezar de nuevo desde cero. Y ahora, totalmente recuperado, decidió atesorar sus «Tablas Rotas» –su trágica experiencia– y llevarla con él como un recordatorio permanente de lo que debe evitar. Y también decidió usar esa mala experiencia para ayudar a los demás.
Si enterramos nuestras Tablas rotas, podemos estar a un corto paso de romper otra vez las nuevas tablas.  Pero mientras las llevemos con nosotros, nos cuidaremos de no repetir errores, y también podremos ayudar a quien necesita nuestra guía.