BESHALAJ: La Poderosa Segula del “Man”. 

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Al salir de Egipto y adentrarse en el desierto el pueblo de Israel comenzó a sufrir la escasez de agua y alimentos. En ese momento se produce uno de los mayores milagros de la historia bíblica.  Dios hace descender el maná (en hebreo «man»), un alimento milagroso con propiedades nutritivas especiales. Dios le explica al pueblo a través de Moshé cómo deben comportarse respecto a este “alimento que llega desde el cielo”.  Estas instrucciones no son técnicas sino esencialmente educativas. Y por siglos los judíos leímos las instrucciones Divinas acerca del “man” y las aplicamos a la forma en que pensamos respecto a nuestra propia manutención y nuestras posesiones materiales.
Hay tres instrucciones fundamentales respecto al Man. Todas relevantes parea el hombre moderno.
¿DE DÓNDE LLEGA MI SUELDO?
En primer lugar el Man nos recuerda que la comida, lo que necesitamos para la satisfacción de nuestras necesidades materiales,  “llega del cielo”. Esto no significa que no debemos trabajar para ganarnos el pan. De hecho, el “Man” no llegaba a la puerta de la casa de los judíos, por Amazon delivery. Había que salir y “trabajar” para recogerlo.  Sin embargo, y a pesar de que uno trabaje,  en última instancia nuestro sustento (parnasá) está determinado desde «los cielos». El campesino puede trabajar de sol a sol sembrando su tierra, pero si Dios no provee la lluvia, no tendrá lo que comer. Un empresario puede ser muy inteligente y trabajador, pero si sufre un accidente, o es víctima de una enfermedad terminal, o si el gobierno toma una medida que lo perjudica, su sustento se verá afectado.
La primera lección del «man» es que el trabajo tiene que estar acompañado de la Emuná, la convicción, de que en última instancia es HaShem quien determina lo que voy a tener para comer. Con Emuná podemos – y debemos- vencer la ansiedad que nos provoca las fluctuaciones y los cambios en nuestro trabajo, negocios, sueldos, etc . Debemos trabajar y salir a buscar el  «Man», sin ignorar que lo que recogemos, mucho o poco, es lo que Dios determinó que debemos tener.
NO ACUMULARÁS:
En el desierto, estaba prohibido acumular el «man». Cada uno tenía que recoger solamente la cantidad de «man» que necesitaría para esa jornada. Si alguien recogía de más, el «man» extra se pudría.
La segunda lección que aprendemos del “Man” tiene que ver con la acumulación compulsiva de bienes materiales. El aprovisionamiento desproporcionado representa una expresión de falta de confianza, falta de aprecio y gratitud hacia la generosidad de HaShem. No tengo necesidad de mirar a mi vecino y pensar que cuanto más tiene él menos tengo yo. Lo más importante no es tener todo que uno quiere, sino querer todo lo que uno tiene.
EN SHABBAT NO
El día viernes se debía recoger una doble porción de Man, para el viernes y para Shabbat. ¿Por qué? Porque el Man no descendía durante Shabbat. No había que salir a trabajar en Shabbat para tener comida.
Todo judío que observa el Shabbat sabe que uno puede perder negocios y ofertas de trabajo por no estar dispuesto a trabajar el séptimo día de la semana. Un comerciante judío debe sacrificar potencialmente un gran porcentaje de ventas o perderse algunas ofertas irrepetibles, porque en Shabbat no puede continuar sus negocios. Cumplir Shabbat, como alguna vez observaron los Romanos, no es una idea comercialmente conveniente. Pero, ¿existe acaso una mejor forma de expresar mi confianza en HaShem? ¿De demostrar mi convicción de que «no por trabajar más voy a tener más de lo que desde los cielos” han determinado para mí y para mi familia?
La poderosa SEGULA del MAN nos enseña a incrementar nuestra fe en HaShem, ser más moderados en nuestro consumismo y evitar los excesos materiales.