De la libertad a los impuestos. De los impuestos a la esclavitud.

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Creo que la mayoría de nosotros preservamos una imagen superficial, infantil o en el mejor de los casos incompleta de lo que nuestros padres sufrieron en Egipto; imágenes –que no supimos desarrollar– de los dibujos que pintábamos en el jardín de infantes. Y esto sucede a pesar de la obligación explícita de recordar, lo más sería y fielmente posible, lo que experimentaron nuestros padres en Egipto. Durante Seder de Pésaj debemos recrear y visualizar los detalles de la redención hasta sentir que nosotros mismos estamos saliendo de Egipto. Parte de esta experiencia es rememorar el sufrimiento de la esclavitud y así poder valorar más plenamente el placer de la libertad e incrementar nuestro agradecimiento a Dios. 
 
Los Sabios, los grandes maestros del Talmud, agregaron lo suyo para hacer más real, y especialmente más visual, la experiencia del Seder. Dijeron por ejemplo, que en el Seder debemos sentarnos reclinados como los nobles; que debemos continuar comiendo el maror , a pesar de que estas hierbas amargas eran dependientes del sacrifico de Pésaj, y al no haber ya sacrificio, dejan de ser obligatorias. Y también agregaron un precepto enteramente nuevo: el Jaroset, con el propósito de representar más vivencialmente la esclavitud.
 
Soy muy consciente de que casi nadie se pone a pensar de una forma seria lo que este alimento representa, es decir, qué memorias se supone que debe despertar. Hasta este año, que me forcé a estudiar un poco más sobre este tema, yo también pensaba que el Jaroset era solo una cuestión de recetas y que todo lo que se podia decir del mismo era cuanta canela o nueces o vino le agregamos….
 
Pero estudiar sobre el inocente Jaroset me ha llevado a valorar mucho más allá de mis expectativas originales su valor educativo y admirar, una vez más, la sofisticación de nuestros sabios, de bendita memoria.  
 
Lo más importante que he aprendido es que el Jaroset abre una ventana al aspecto más terrible de la esclavitud en Egipto. Nos permite (o nos obliga a) ver la característica de los trabajos forzados a los cuales estaban sometidos nuestros ancestros.
 
La palabra clave para entender la naturaleza de esclavitud de los judíos, y comprender por qué fue diferente, por ejemplo, de la servidumbre de los esclavos griegos, o romanos o incluso de los esclavos africanos en Estados Unidos hasta 1865, es “parej” (פרך), un término que curiosamente se repite dos veces en dos versículos seguidos: el pasuq 13 y 14 del primer capítulo de Shemot, el libro de Éxodo.  
 
Comenzaremos por explicar que la esclavitud a la que sometió el Faraón a los judíos tuvo dos fases, con dos propósitos distintos. 
 
Entonces impusieron sobre ellos capataces para debilitarlos con duros trabajos. Y los judíos edificaron para Faraón las ciudades fortificadas de Pitom y Ramsés.
Exodo 1:11
 
En la primera fase de la esclavitud el Faraón hace trabajar a los hijos de Israel para construir Pitom y Ramses. Los judíos trabajaban “para el gobierno”. Esta esclavitud era un procedimiento “legal”. El monarca egipcio –irónicamente desde el tiempo de Yosef –era también el “Amo y Señor” de todos los egipcios. Los egipcios eran sus súbditos y el Faraón podía demandar de ellos cualquier tipo de servicio: sumarse a su ejercito para defender su territorio o trabajar en los proyectos de construcción que el soberano consideraba necesario.
 
En esta primera fase, el trabajo de los judíos consistía en construir las ciudades de Pitom y Ramses, que según la interpretación más aceptada, eran fortificaciones posiblemente de uso militar. Este dato no es superfluo. Estas fortificaciones no eran construidas con ladrillos comunes (adobe, ver  aquí  ) como las casas o templos, sino con piedras talladas. Podemos suponer que los judíos trabajaban en las canteras extrayendo la roca, tallándolas (“los egipcios fueron los primeros en emplear la piedra tallada para erigir templos, pirámides y otras edificaciones monumentales” idem) y cargando las pesadísimas piedras, que a veces, como en el caso de las pirámides, pesaban varias toneladas, y montarlas una encima de la otra.
 
Por último, debemos comprender cuál era el verdadero propósito de la esclavitud en esta primera fase. Cuando el Faraón pronuncia su famoso discurso de propaganda denunciado el supuesto peligro que los judíos representan para Egipto, propone un plan estratégico para afectar su procreación. Esclavizarlos y hacerlos trabajar en la construcción de día y de noche, era la manera de evitar que cuando regresaban a sus casas no tuvieran ni el tiempo ni la energía de procrear. Así, de una manera sofisticada, legal y no violenta ( הבה נתחכמה לו ) se reduciría significativamente la tasa de natalidad de los judíos. La construcción de estas fortificaciones, por lo tanto, no era el propósito de la esclavitud, sino la excusa para frenar el crecimiento demográfico de judíos. Pero, como la Torá lo dice explícitamente en el próximo versículo, el plan del Faraón no produjo los resultados esperados. 
 
Pero cuanto más oprimían [a los judíos con trabajos forzados, los judíos] más procreaban y más se multiplicaban. Y los egipcios se sintieron amenazados por los hijos de Israel. 
Éxodo 1:12
 
El plan del Faraón falló. El pueblo de Israel no se debilitó sino que por el contrario se fortaleció y siguió creciendo.
En este punto, el Faraón decide comenzar con la fase 2 de la esclavitud de los hebreos, los trabajos forzados que se consideran “parej”.
 
Y entonces los egipcios hicieron trabajar a los hijos de Israel con “párej”.
 
Éxodo 1:13
 

“Y los egipcios, entonces, esclavizaron a los hijos de Israel de manera permanente”

EXODO 1:13

ויעבידו מצריים את-בני ישראל בפרך

LA SEGUNDA FASE DEL CAUTIVERIO 

Explicamos anteriormente que la primera fase del cautiverio egipcio no fue lo que normalmente se conoce como “esclavitud». De hecho en los versículos 11-12 la palabra esclavitud no está mencionada. En esa primera etapa el Faraón demandó de los judíos un tributo, un impuesto, laboral: la construcción de las fortificaciones de Pitom y Ra’amses. Más que «esclavitud», este fue un periodo de “trabajos forzados”. Demandar estos tributos laborales no era poco común. Ni ilegal. Lo que sí era excepcional es el motivo que el Faraón expresó explícitamente para demandar estos trabajos forzados a los judíos: Debilitarlos. Empobrecerlos. Agotarlos mental y físicamente, para que no se pudieran reproducir más y poco a poco desaparezcan de Egipto.  

Pero la Torá dice que el plan del Faraón no funcionó.  Los judíos lejos de debilitarse se fortalecieron (nuestros Sabios lo atribuyen al heroísmo,  la valentía y el sacrificio de las esposas judías. Ver aquí

El Faraón entonces puso en marcha la segunda parte de su plan. Ahora, por primera vez, se menciona la esclavitud, definida con la palabra clave “parej”, que significa esclavitud perpetua. Es decir, el sometimiento incondicional del esclavo al amo (chattel slavery).  

ESCLAVOS y PRISIONEROS

Para comprenderlo mejor, recordemos que en la primera fase,  la de los “trabajos forzados”, los judíos tenían que cumplir con la misión asignada: construir los proyectos del Faraón.  Los judíos debían obtener o pagar por el material de estos proyectos, las piedras , etc. Y podían dedicarse a la construcción personalmente o contratar trabajadores que lo hicieran por ellos. Una vez terminando el proyecto, podían regresar a sus vidas y a su rutina.

En la segunda etapa, “párej” los judíos no tenían asignado un trabajo especifico. Ahora fueron declarados esclavos perpetuos de los egipcios. Su tiempo, las 24 horas de cada día, le correspondía a sus amos. Sus amos disponían totalmente de su tiempo y determinaban el tipo de trabajo que le querían asignar. Este tipo de servidumbre no era la esclavitud clásica de los sirvientes que se compraban y vendían en el mercado de esclavos. Esta terrible esclavitud estaba reservada para los prisioneros de guerra, los del bando enemigo, los individuos hacia los cuales se sentía una gran animosidad. Ahora, los judíos ya no eran tratados como “trabajadores” cuya labor había que aprovechar; sino como enemigos, a los que había que eliminar.    

EL GENOCIDIO

Esta intención del Faraón también se percibe cuando analizamos el contexto en el cual comienza el cautiverio de los judíos. La Torá menciona que al principio el Faraón pretendía frenar la natalidad judía. Ahora, cuando esto falla, el Faraón persigue un objetivo superior: el genocidio de los judíos.  La esclavitud tenía como propósito matar a los judíos y aprovechar la mano de obra gratis en el proceso. 

Tal como ocurrió en los campos concentración, la vida de los prisioneros judíos no tenía ningún valor. Ni siquiera un valor laboral. Pensemos en los millones de esclavos africanos que fueron llevados de África a América, Estados Unidos o Brasil en el siglo 18 y 19.  Estos esclavos se adquirían a un alto precio. Lo amos los explotaban en las plantaciones de algodón o tabaco (los hacían trabajar 18 horas por día!) pero también cuidaban de ellos. Si un esclavo se lastimaba o se enfermaba el amo se preocupaba por él y lo hacía ver por un doctor.  Esto no lo hacían por compasión sino por conveniencia. Para cuidar de “suss bienes”. En algún sentido, los amos trataban a estos esclavos “tan bien” como trataban a sus animales. 

Pero el caso de los prisioneros esclavizados era diferente.  En los campos de concentración no había enfermerías para atender a los prisioneros enfermos o heridos.  El tratamiento hacia estos individuos era mucho pero que el tratamiento a los animales. Cuando se enfermaban se los dejaba morir, o los se los mataba. Eran mano de obra absolutamente descartable. Los prisioneros eran tratado con animosidad. Y eran “aprovechados” como mano de obra gratuita para el beneficio de fábricas y empresas hasta que morían de hambre, enfermedad o extenuación. Y luego se los reemplazaba por el siguiente prisionero, que nunca faltaban. Se los sometía deliberadamente a los trabajos más peligrosos e insalubres, como la extracción del lodo del Nilo o del carbón en las minas de Mauthausen, porque el propósito no era el producto del trabajo sino la solución final.    

Extermination through labour (or «extermination through work», Vernichtung durch Arbeit) was the practice of concentration camps in Nazi Germany to kill prisoners by means of forced labour.

וימררו את חייהם בעבודה קשה בחומר ובלבינים ובכל עבודה בשדה את כל עבודתם אשר עבדו בהם בפרך 

“Y [los egipcios] amargaron la vida [de los hijos e Israel, obligándolos a hacer] los  trabajos más duros, [como la extracción del] lodo y [la fabricación de] los ladrillos….. ”Éxodo 1: 14

LOS DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO 
Durante varias décadas, desde la época de Yosef hasta la nueva dinastía egipcia (la XVIII?) que gobernó Egipto, los judíos tuvieron una vida privilegiada. Vivían en una zona segura y fértil, Goshen, y disfrutaban de prosperidad y buena salud. No les faltaba comida. Y este bienestar material se refleja más de una vez en la Tora al mencionar la excepcional alta tasa de natalidad de los hijos de Israel.
El nuevo faraón buscó frenar el poder de los judíos, y su crecimiento demográfico, imponiendo impuestos laborales excesivos para empobrecerlos y debilitarlos. Pero no tuvo éxito.
Luego, el Faraón pasó a la segunda etapa de su plan. Declarar a los judíos oficialmente como “enemigos o prisioneros”, y asignarlos como «los esclavos del pueblo». Visualizar este escenario es muy difícil desde nuestras cómodas residencias. Solo puede volverse más real, y aterrador, si pensamos en la Shoah. Dicho sea de paso, la más profunda comparación que leí entre lo que sucedió en Egipto y lo que sucedió en Europa 1939-1945 fue en el libro de Elie Wiesel, «Job: Ou Dieu dans la tempête» (francés). Siguiendo la línea de pensamiento de Wiesel, imagino que en este punto las casas, las propiedades y los bienes de los judíos fueron confiscados por el gobierno y entregados al Faraón o a la aristocracia egipcia. Los hombres, mujeres y niños judíos, deben haber sido sacados a la fuerza de sus hogares y llevados a «guetos» o fortificaciones, donde fueron encadenados, y luego entregados a los ciudadanos egipcios como mano de obra gratuita. Este punto poco conocido, que los judíos fueron entregados a la gente común como esclavos, es mencionado entre otros por el rabino Wisser, el Malbim (Rusia, 1809 – 1879) que escribe «los judíos fueron tomados como esclavos permanentes, pero ya no trabajaban para el monarca [el gobierno], sino para la población en general. Los judíos eran ahora los esclavos de los esclavos [del Faraón] y estaban obligados a hacer cualquier trabajo que cualquier egipcio les pidiera».
Nuestro versículo describe la forma que los egipcios trataron a sus esclavos judíos.
«Y los egipcios amargaron sus vidas con duros trabajos». Había algo personal en este maltrato a los judíos. Animosidad. Resentimiento. ¿Cómo sucedió esto? El nuevo faraón, un calculado revisionista, cambió la narrativa y demonizó a Yosef y sus descendientes como los nazis demonizaron a los judíos. Los hebreos fueron clasificados como «Persona no grata», «Los enemigos del pueblo». El Faraón seguramente re-presentó a Yosef, no como el héroe que salvó a Egipto de la hambruna, sino como el villano que aprovechó la hambruna egipcia a favor de un faraón extranjero (¿un hicso?) y de su propia familia.
Algo más. Los judíos eran prósperos. En lugar de mirar y admirar los esfuerzos que los judíos habían hecho para ganarse su prosperidad, o los sacrificios que hicieron para no derrochar sus ganancias, los egipcios acusaron a los judíos de deshonestidad y abuso. Este resentimiento ahora se tradujo en la más terrible venganza: los judíos «ricos» eran ahora absolutamente vulnerables, mano de obra gratis en manos de los resentidos egipcios, que disfrutaban de tenerlos bajo sus pies.


EL PEOR TRABAJO
Los trabajos asignados a los judíos eran, por supuesto, los peores. Los más insalubres y riesgosos, que nadie más en Egipto estaba dispuesto a hacer. El primer ejemplo mencionado en la Torá es el «jomer ulbenim», barro y ladrillos. Al parecer, de todos los arduos trabajos que había que hacer en Egipto, el más humillante, agotador y letal era el de producir los ladrillos.
Los ladrillos de Egipto estaban hechos de dos materiales: barro, o lodo y paja. Esta forma de hacer ladrillos es universal. Los ladrillos de barro y paja todavía se producen hasta el día de hoy en las áreas pobres en casi todo el planeta (en castellano se llaman “adobe”).
Los esclavos judíos tenían que extraer el lodo del Nilo, que era rico en minerales. Transportarlo , mezclarlo con estiércol y revolverlo con los pies y manos durante 4 o 5 días, hasta que el lodo alcance el punto de fermentación. Luego, se introducía la paja en ese lodo para hacerlo más fuerte, sólido y duradero. Todo este trabajo se realizaba en los pantanos del Nilo, un río infestado de cocodrilos, hipopótamos y mosquitos, y bajo el sol abrasador del desierto que quemaba la piel.


EL JAROSET

Maimónides explica que los Sabios introdujeron la Mitsva del Jaroset para recordar estos tiempos terribles. La pasta marrón recuerda el color y la textura del barro. El vinagre, el sabor de la amargura. Y los tebalín, las hierbas comestibles (o pedazos finos y largos de hierbas o especias) que se introducen en el Jaroset nos recuerdan la paja. La extracción del barro y la fabricación de los ladrillos con paja fue el trabajo más duro, más humillante y más letal que los esclavos judíos tuvieron que realizar durante generaciones. En el Seder, cuando vemos el Jaroset, la imagen de lo pero de la esclavitud se despierta en nuestra memoria colectiva, como un trauma nacional que no podemos olvidar.

Por varias décadas, desde los tiempos de Yosef hasta la nueva dinastía egipcia (la XVIII?) los judíos tuvieron un pasar privilegiado en Egipto. Vivían en una zona segura y fértil, Goshen, y llevaban una vida próspera. En esos tiempos la comida no faltaba para los judíos. Y esa realidad material está reflejada más de una vez por la Torá al mencionar el excepcional índice de natalidad de los hijos de Israel. 

El nuevo Faraón se propuso frenar el poder de los judíos —así como su crecimiento demográfico—imponiéndoles impuestos excesivos y tributos laborales para empobrecerlos y debilitarlos. Pero no logró. 

Luego, el Faraón pasó a la segunda etapa de su plan. Declarar a los judíos como el enemigo público y asignarlos como los esclavos del pueblo.  Imaginar esta situación es muy difícil desde nuestras cómodas residencias. Solo se hace más real –y más estremecedor–cuando pienso en la Shoá. Vale la pena aclarar que la primera vez que leí una comparación entre lo ocurrido en Egipto y lo ocurrido en la Shoá fue en el comienzo de libro de Elie Wiesel, “Job : Ou Dieu dans la tempête” (francés). Siguiendo la misma línea de Wiesel, yo imagino que las casas, los bienes y las propiedades de los judíos fueron confiscadas por el gobierno y entregadas a la aristocracia egipcia. Los judíos, hombres , mujeres y niños, tienen que haber sido sacados a la fuerza de sus casas y llevados a «guetos» o fortificaciones, donde eran encadenados y luego ofrecidos a los ciudadanos egipcios como mano de obra gratis. Este punto poco conocido, que los judíos fueron entregados al pueblo como esclavos, es mencionado entre otros por el Rab Wisser, el Malbim (Rusia, 1809 – 1879) quien escribe “ los judíos fueron esclavizados de manera permanente, pero ya no trabajaban para el monarca [el gobierno] , sino para la población en general.  Los judíos eran ahora los esclavos de los esclavos [del Faraón] y tenían que hacer cualquier trabajo que cualquier egipcio les pidiera.“

Nuestro versículo describe cómo trataban los egipcios a sus esclavos judíos. 

“Y los egipcios amargaban sus vidas con duros trabajos”.  En este maltrato hacia los judíos había algo personal. Animosidad. Resentimiento. ¿Cómo oucrrió esto?  El nuevo Faraón cambió la historia y declaró a Yosef y a sus descendientes “personas non gratas”, enemigos del pueblo. Seguramente habrá usado la propaganda y los medios a su disposición para presentar a Yosef no como el héroe que salvó a Egipto de la hambruna, sino como el villano que se aprovechó de la hambruna de los egipcios en favor de un Faraón extranjero (hicso?) y de su propia familia. 

Seguramente había algo más. Propaganda que creaba resentimiento y envidia hacia los judíos, que eran prósperos. Los egipcios no mencionaban el esfuerzo que los judíos habían hecho para ganar su dinero, o los sacrificios que hacían para no malgastarlo. Lo más fácil era acusar a los judíos de deshonestos y estafadores, y así demonizarlos. Este resentimiento popular ahora se traducía en la más terrible venganza: los “ricos” judíos eran ahora absolutamente vulnerables, mano de obra gratuita» de los resentidos egipcios, que disfrutaban de tenerlos vencidos a sus pies.

LOS TRABAJOS MAS DUROS 

Los trabajos asignados a los judíos eran, por supuesto, los peores. Los mas insalubres y arriesgados. Los trabajos que en Egipto nadie más quería hacer. El primer ejemplo que menciona la Torá es el de «jomer ulbenim» , lodo y ladrillos. Al parecer, de todos los trabajos que había para hacer en Egipto, el mas humillante, agotador y letal era el de los ladrillos. 

Los ladrillos de Egipto estaban hechos de dos materiales: barro, o lodo, y paja. Esta forma de hacer ladrillos es universal. Estos ladrillos de barro y paja se siguen produciendo hasta el día de hoy y se los llama en español “adobe”, ver aquí ). 

Los esclavos judíos seguramente tenían que extraer el lodo del Nilo, que era rico en minerales. Transportarlo, mezclarlo con estiércol y removerlo sin parar con los pies y con las manos durante 4 o 5 días, hasta alcanzar el punto de fermentación.  Luego, se introducía la paja en este barro para hacerlo mas sólido y duradero.  Todo este trabajo se hacia en los pantanales del Nilo, en un rio infestado de cocodrilos, hipopótamos, mosquitos, y bajo un sol desértico abrasador que quemaba la piel. 

Maimónides explica que los Sabios introdujeron la Mitsvá del jaroset para recordar estas terribles tareas. La pasta amaromada recuerda el color y la textura del lodo. El vinagre, el sabor de la amargura. Y los tebalín, unas hierbas (o ramitas de hierbas o de especias) comestibles que se introducen en el Jaroset nos recuerda la paja. Estos eran los trabajos más duros y humillantes que los judíos tuvimos que realizar en nuestro terrible cautiverio, por generaciones.