YEHUDA MACABI Y EL CUARTO MILAGRO DE JANUCA

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EL COMIENZO DE LA REBELION JUDIA
En el año 167 a.e.c, Matitiyahu y sus hijos El’azar, Yehudá, Shimón, Yojanán y Yehonatán lanzaron lo que se conoce como Mered haJashmonayim, la rebelión armada que una familia judía lideró contra el ejército griego seléucida de Antiojus Epifanes, quien, desde 175 a.e.c., había prohibido las prácticas judías bajo pena de muerte. La rebelión de Matitiyahu no consistió en una confrontación frontal contra los griegos en el campo de batalla. Los guerreros judíos, a pesar de ser muy valientes, eran muy pocos comparados con los griegos y no tenían ni armas ni preparación militar. Los Jashmonayim se veían obligados a atacar de sorpresa a pequeños grupos de soldados seléucidas y luego huir a las montañas o al desierto, ya que los enemigos habían puesto precio a sus cabezas.

DE MATITYAHU A YEHUDA
Yehudá era el tercer hijo de Matitiyahu. Y después de la muerte de su padre, Yehudá tomó el mando de la resistencia judía y comenzó a planear una revuelta armada organizada con un objetivo final muy preciso: liberar Jerusalem y recuperar el Bet haMiqdash, el gran Templo de Yerushalayim. Yehudá era muy consciente de la superioridad numérica de las fuerzas seléucidas. Su primera misión fue reclutar al mayor número posible de judíos fieles a la Torá para unirse a su ejército.

Los ataques de Yehudá tenían lugar generalmente por la noche. En su primera batalla, Yehudá emboscó a las fuerzas griegas dirigidas por Apolonio. Apolonio había sido enviado por Antiojus con instrucciones muy claras: sofocar la incipiente rebelión de los judíos y no dejar sobrevivientes. Pero el ataque de Yehudá los tomó por sorpresa y los griegos fueron derrotados fácilmente. Se cuenta que Yehudá tomó la espada de Apolonio y luchó con ella por el resto de su vida, como lo hizo el rey David con la espada de Goliat.

LA BATALLA DE BET HORON
Cuando Antiojus se enteró de la derrota de Apolonio, decidió enviar al general Serón, que llegó desde Siria con un ejército significativamente más grande que el de Apolonio. Serón se dirigió a las montañas del desierto de Judea para capturar a Yehudá y derrotar a los rebeldes judíos.
Cuando los hombres de Yehudá vieron el gran ejército seléucida, se asustaron y se desmoralizaron. Yehudá les dijo que Dios no necesita un gran ejército para otorgar la victoria. Lo que necesitamos, dijo Yehudá, es tener fe en Él y luchar con gran coraje. “Luchamos por nuestro pueblo y por nuestra Ley (la Torá), mientras que ellos están aquí movidos solo por sus ambiciones materiales [el botín de guerra] y su orgullo excesivo. El Dios de nuestros padres no nos abandonará. Él hará caer a nuestros enemigos derrotados ante nosotros”. Inspirados por las palabras de su líder, los soldados de Yehudá lucharon con un valor increíble. Atacaron a Serón por sorpresa y eliminaron a unos 800 de sus soldados.

LA BATALLA DE EMAUS
Después de la derrota de Serón, Antiojus Epífanes convocó a Lisias, su hombre de mayor confianza, y le asignó la destrucción de Judea. Para esta misión, Lisias tomó a casi la mitad del ejército del Imperio seléucida: 40,000 soldados y 7,000 jinetes altamente entrenados. Tenía a su disposición a tres de los mejores generales seléucidas: Nicanor, Ptolomeo y Gorgias. Nicanor mostró su excesivo orgullo y confianza invitando a varios compradores de esclavos a que lo acompañaran en la campaña militar, para ocuparse de capturar y vender a las mujeres y los niños judíos que iban a ser tomado como cautivos, una vez que mataran a los hombres. 

La campaña militar comenzó en 166 a.e.c. Los seléucidas acamparon en Emaús. Los judíos se escondieron en Mitzpah, la ciudad del profeta Shemuel. Allí ayunaron, leyeron la Torá, tocaron el Shofar y rezaron durante todo el día. Esa noche, Yehudá recibió una información muy importante de sus espías: Gorgias había salido de su campamento con 5,000 soldados y 1,000 jinetes para intentar atrapar a Yehudá y a sus hombres. Esto significaba que el campamento militar de Emaús se había quedado con menos soldados y Yehudá entendió que era la oportunidad perfecta para atacarlos por sorpresa. Reunió a todo sus guerreros, unos 3.000 hombres, y los dividió en cuatro batallones. Al amanecer atacó Emaús desde los cuatro flancos mientras los soldados griegos dormían. Los seléucidas fueron presa del pánico, al ver la extraordinaria valentía de los guerreros judíos. Yehudá y sus hombres lograron eliminar a cerca de 9,000 soldados y los sobrevivientes escaparon a las ciudades. Pero cuando Gorgias regresó a su campamento y vio que estaba destruido y en llamas escapó junto con sus soldados.

EL MEJOR SHABBAT DE LA HISTORIA
Después de esta heroica batalla, los judíos regresaron a sus escondites secretos en el desierto. Era viernes por la tarde y ese Shabbat fue celebrado de una manera muy especial con oraciones y cantos de agradecimiento a Dios por el gran milagro de haber obtenido la victoria contra el ejército más poderoso de aquellos tiempos. Inspirados por Yehudá, todos los presentes expresaron su gratitud al Todopoderoso, lloraron de alegría y le rogaron a Dios que los ayudara a alcanzar el próximo objetivo: liberar Yerushalayim y volver a dedicar el Bet haMiqdash nuevamente al servicio Divino.