Agradecer a Dios por la lluvia

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La Mishná explica que en Rosh haShaná el Creador examina nuestras acciones y determina, en base a nuestros méritos, si merecemos otro año de vida. Tenemos una ventana de oportunidad desde Rosh haShaná a Yom Kipur para admitir nuestros errores y apelar un eventual decreto negativo, confesar, pedir perdón, etc. En el momento del Neilá, el decreto queda sellado y nuestro destino en esa área específica, queda determinado.

En Sucot, dijeron nuestros rabinos, se determina nuestro sustento bajag nidonim al hamayim. En otras palabras, asumiendo que se nos haya otorgado buena salud para llegar al próximo año (obsérvese que cada año, en un gesto de humildad, solamente le pedimos a Dios que nos conceda «un año más de vida») el tema que queda es esperar que Dios nos otorgue los medios económicos necesarios para mantener una vida lo más digna posible.

El concepto clave que representa nuestra solicitud de un medio de vida digno, es la palabra «lluvia».

¿Por qué?

La lluvia es esencial para saciar nuestra sed y la de nuestros animales. Pero en los tiempos bíblicos y talmúdicos la lluvia era el elemento más importante para la supervivencia. El granjero judío araba la tierra, sembraba las semillas y cuidaba su campo protegiéndolo de plagas, animales dañinos y enfermedades. Pero el factor más determinante que finalmente determinaría el éxito de su cosecha es la «lluvia». La lluvia es necesaria para una cosecha exitosa y tener lo qué comer. La sequía mataba a humanos y animales y era considerada una de las peores y más dañinas tragedias naturales… La lluvia es el requisito más importante para el sustento (parnasá) del agricultor.

Al final de Sucot, a partir de la oración de Musaf de Shemini Atseret cambiamos las palabras «Morid haTal» (Tú Haces descender el rocío) por “Mashib haRuaj uMorid haGeshem” (Tú Haces que sople el viento y descienda la lluvia) para alabar a HaShem por la creación de la lluvia. Este texto se introduce en la segunda bendición de la Amida.

Es importante notar que en este punto específico no estamos realmente “pidiéndole” a Dios que traiga lluvia. Como sabemos, durante las tres primeras bendiciones de la Amidá no le pedimos a Dios por nuestras necesidades, sino que lo alabamos por su poder y bondad. Así al decir Mashib haRuaj estamos alabando (no pidiendo) a Dios, ya que por Su voluntad se activa el mecanismo de la lluvia, y estamos reconociendo implícitamente que nuestro sustento depende de Él.

מי ששכח להזכיר “משיב הרוח ומוריד הגשם”, ונזכר לאחר שסיים את ברכת מחיה המתים, אם אמר “מוריד הטל” במקום “משיב הרוח ומוריד הגשם”, כפי מנהג הספרדים בימות הקיץ, אינו חוזר לראש התפלה כיון שאמר מוריד הטל

El tercer día Dios creó los vegetales. Árboles frutales, verduras, legumbres, hierbas y pasto. Mucho pasto. Los vegetales tienen una función muy específica: servir de comida para los seres vivos: los animales y los hombres. Al principio, durante las primeras 10 generaciones, Dios indicó al hombre una dieta exclusivamente vegetariana (“vegan”). A partir de Noaj (Noé) al hombre le fue permitido, con ciertas restricciones, comer carne animal. Pero aun cuando la dieta del hombre pueda incluir el consumo de ciertos animales, las plantas siguen siendo la comida por excelencia. Y las plantas, la cosecha de trigo, frutas, y el mismo pasto para los animales, depende casi exclusivamente de la lluvia. Y la llegada de las nubes que cargan llueva depende del viento. Y los vientos que traen la lluvia dependen del Creador. Y es por este motivo que una de las expresiones más importantes de alabanza al Creador es mashib haruaj morid hagueshem, que Él hace que soplen los vientos que traen las lluvias.