17 de Tamuz: La destrucción de las murallas de Jerusalem

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Hoy jueves 9 de Julio de 2020 conmemoramos el 17 de Tamuz, un día de ayuno público, en memoria de las 5 tragedias que acontecieron en ese día.  Previamente mencionamos dos de estas tragedias (ver abajo) y hoy mencionaremos las tres últimas

APOSTOMUS QUEMÓ UN SEFER TORÁ

Un comando judío atacó una expedición de romanos que traían armas y suministros al ejercito invasor.   El gobernador Romano, Komanos, sitió la ciudad de Bet Horón desde donde el ataque judío había sido organizado y ordenó que apresaran y le trajeran a los atacantes.   Los soldados romanos cumplieron con las órdenes del gobernador y se excedieron.  Un militar romano llamado Apostomus tomó un Sefer Torá y lo quemó públicamente. Esto ocurrió el 17 de Tamuz.  Los Yehudim escucharon esta gran tragedia, que fue la primera vez que ocurrió (pero lamentablemente no fue la última) y comenzaron una gran revuelta, que sólo fue aplacada cuando ejecutaron al soldado que había cometido esta aberración.

EL SACRIFICIO DIARIO FUE ANULADO

Cada día en el Bet haMiqdash se ofrecían 2 sacrificios, uno por la  mañana y otro por la tarde. El sacrifico diario era tan importante que también se ofrecía en Shabbat y hasta en Yom Kippur. Esta Mitsvá fue cumplida ininterrumpidamente desde el momento que fue ordenada a Moshé Rabbenu hasta el día 17 de tamuz del año 586 AEC,  es decir, por alrededor de 700 años.

En los tiempos del primer Bet haMiqdash, el ejército de Babilonia invadió Jerusalem. La muralla de contención de la ciudad fue destruida en el día 9 de Tamuz. Pero el Bet haMiqdash, que estaba protegido por otros muros internos, siguió operando y el sacrificio diario era la mejor prueba de ello.   La Guemará cuenta que el día 13 de Tamuz los Cohanim, los sacerdotes que estaban a cargo de los sacrificios públicos, comenzaron a quedarse sin animales.  Los Cohanim trataron de sobornar a los soldados del ejército invasor y tratar de conseguir animales a cualquier precio. Esto funcionó por 4 días , hasta el 17 de Tamuz. Ese día, por primera vez en 700 años, el sacrificio diario no fue realizado. Y así, el Bet haMiqdash, aunque todavía siguió en pie por tres semanas más, dejó virtualmente de funcionar como tal.

SE ABRIÓ UNA BRECHA EN LA MURALLA

La rebelión de los Yehudim contra los romanos no prosperó. Y los romanos terminaron destruyendo el Bet haMiqdash. Los judíos en Yerushalayim se defendían detrás de sus fuertes murallas que habían sido construidas originalmente en los tiempos del rey Salomón, algunas de las cuales se pueden ver hasta el día de hoy en el área del Kotel haMa’arabí, el muro de los lamentos, a través de unas aperturas, como “ventanas”, en el piso donde se puede observar la profundidad de estas murallas.

Las murallas del segundo Bet haMiqdash fueron construidas por Nejemiá, siglo 5 antes de la era común. Estas murallas se construían  para mantener a los enemigos fuera de la ciudad y eran especialmente fuertes. El pueblo luchaba con toda su fuerza e ingenio para sobrevivir y repeler a los poderosos enemigos y sabían que mientras las murallas estuvieran en pie, podrían estar seguros.

Los romanos, la más poderosa potencia mundial en esa época, contaban con tecnología militar muy avanzada. Utilizaban catapultas con las que tiraban rocas muy pesadas de hasta 25 kilogramos que impactaban y rompían las piedras de las murallas.

También usaban torres a través de las cuales los soldados subían por las murallas y trataban de atacar a las defensas judías. Los soldados enemigos atacaban con arietes “de cabeza de carnero”, un enorme tronco con una terminación de hierro con la figura de la cabeza de un carnero para azotar y derribar las murallas y las puertas de la ciudad.

El día 17 de Tamuz uno de los muros de Yerushalayim, la fortaleza de Antonia, construida por Herodes 40 años atrás en honor al emperador Marco Antonio,  cedió, y una brecha se abrió por la cual los soldados romanos comenzaron a entrar en la ciudad.  Este fue el comienzo del final de la ciudad de Yerushalayim.

Los judíos lucharon valientemente desde el interior de las murallas, pero como explicaron nuestros Sabios, no estaban unidos sino separados y enemistados unos con otros.  Y cuando esto sucede HaShem no está con nosotros. Nuestra fuerza y supervivencia depende de HaShem y Él está con nosotros cuando estamos unidos.  Esto no quiere decir que todos los judíos del mundo debemos pensar igual (eso es imposible!) pero SÍ que debemos hacer el máximo esfuerzo posible para aceptarnos unos a otros y sentirnos no sólo como parte de un mismo pueblo sino como parte de una misma familia.