PERASHAT HASHABUA: ¿Perdonar o no perdonar?

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MISHNE TORA, HILJOT TESHUBA: Capitulo 2, Halajá 10.
«Está prohibido que un Yehudi sea cruel y se niegue a perdonar. Más bien, uno debe ser fácil para perdonar y difícil de enojarse. Y cuándo la persona que lo agravió le pide perdón, debe perdonarlo con un corazón completo y un espíritu dispuesto….no debe buscar venganza ni guardar  rencor.  Este es el camino de los hijos de Israel y su espíritu recto.»
PERASHAT KI TETSE. Capitulo 25:17-19
17 Recuerda lo que te hicieron los Amalequitas en el camino, cuando salisteis de Egipto. 18 Cuando te agredió en el camino, atacando a todos los que estaban rezagados…. y no tuvieron temor de Dios. 19 Cuando HaShem tu Dios te dé descanso de todos los enemigos a tu alrededor, en la tierra que te da en posesión como herencia, borrarás el nombre de Amaleq de debajo del cielo. ¡Nunca lo olvides!
Estos dos textos presentan dos ideas distintas, opuestas, respecto al perdón. Por un lado, como estamos aprendiendo en estos días dedicados a la Teshubá, debemos perdonar y olvidar. Por otro lado, en la Perashá de esta semana, se nos prohibe «olvidar». No podemos perdonar lo que hizo Amaleq. ¿Cómo se explica esta contradicción? ¿Qué tenemos que hacer, perdonar y olvidar o no perdonar y recordar?

 

Somos una nación que, lamentablemente, fue, es y será perseguida. Los «motivos» de esas eternas persecuciones son más excusas que motivos.  La persecución antisemita siempre fue  una cuestión de odio gratuito, injustificado.
El primer ejemplo, el arquetipo, de este odio gratuito fue Amaleq. Amaleq atacó a Israel sin motivo alguno. El pueblo de Israel, recién salido de Egipto, no era una amenaza para Amaleq. No pretendía conquistar sus tierras o quitarle sus posesiones. El ataque de Amaleq no fue provocado por Israel. Además, Amaleq no libró una guerra frontal contra Israel: atacó por atrás. Atacó a los que caminaban más lento: a los civiles, a los ancianos, a los débiles y enfermos. En otras palabras: atacó a los que no se podían defender. No fue una guerra convencional. Fue un ataque terrorista cobarde. Como el atentado a la pizzeria Sbarro en Jerusalem, o el ataque contra la AMIA en 1994.
Amaleq es sinónimo de «enemigo nacional» del pueblo judío.
Amaleq, desgraciadamente (e increíblemente!), no desapareció. Cambia de piel y de nombre pero su esencia judeofóbica no se modifica.
Cuando los reyes católicos echaron a casi medio millón de judíos de España en 1492, dirigiéndolos a una muerte segura, lo justificaron diciendo que era para proteger a los «conversos», para que éstos, a quienes también acabaron persiguiendo, no perdieran su nueva fe Cristiana. Pero, si así fuera, ¿Por que se ensañaron también contra los 120.000 judíos de Portugal? ¿Por qué los españoles persiguieron también a los judíos cuando conquistaron el norte de Africa o el continente americano? ¿A qué conversos molestaban los judíos allí?
¿Qué amenaza presentaban los judíos de Alemania a su país?  Eran profesionales, intelectuales, científicos muy preparados, o comerciantes exitosos que contribuían a la economía de Alemana. ¿Y qué amenaza presentaban para Alemania los judíos de Polonia o de Hungría? La Shoá fue una manifestación más, la peor en toda la historia, de la filosofía de odio de Amaleq.
Irán amenaza con borrar a Israel del mapa. Pero ¿Por qué quiere Irán eliminar a Israel? ¿Cuál fue la provocación de Israel a Irán?   ¿Existe acaso un conflicto territorial entre Irán e Israel?  Israel e Irán están bastante lejos uno del otro. Hay dos países que separan a Israel de Iran: Siria, o Jordania, e Irak. No hay fronteras en común. Están tan separados uno del otro, como Argentina de Colombia.  Es increíble que tan poco se hable de esto, y que tan poco «sorprenda» la falta de justificación del odio de Irán hacia Israel.  Irán no es otra cosa que una nueva versión de Amaleq
Los ejemplos, lamentablemente, son muchos más de los que recién mencionamos. Pero creo que alcanzan para establecer la diferencia entre dos tipos de «enemigos, y aclarar así la aparente contradicción de los dos textos señalados
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El judaísmo distingue entre el enemigo «personal» y el «nacional».
El enemigo personal sólo puede ser temporario: enojarse es, digamos, natural, pero no puedo permanecer enojado con mis amigos, colegas, familiares, etc. Si estamos peleados, ofendidos, «enemistados», debemos tener buena disposición para deja pasar, perdonar, no guardar rencor y olvidar. En estos casos hay que dar vuelta la página.  Siempre.
En cuanto el enemigo nacional,  aquel gentil que se comporta como Amaleq, la Torá nos exige en la Perashá de esta semana exactamente lo contrario. «Recordad y no olvidar». Porque Amaleq no cambia cuando lo  perdonamos. Se hacer más fuerte. Interpreta nuestro perdón como debilidad y se envalentona aún más. Olvidar a Amaleq nos puede costar la vida. Es nuestro deber como nación nunca bajar la guardia con Amaleq.  Mientras no olvidemos a Amaleq, estaremos alerta.  El resto depende de HaShem.
Shabbat Shalom!