Rab Jayim Abulafia (1660-1744) y la reconstrucción de la ciudad de Tiberias

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La familia Abulafia es considerada una de las familias Sefaradíes más famosas de Castilla, España, y según sus propias tradiciones son descendientes de David haMelej. Uno de los Rabinos más conocidos de esta familia fue el Rab Jayim Abulafia quien nació en Jebrón, Israel, en 1660. La familia del Rab Abulafia se trasladó a Yerushalayim y allí Rabbí Jayim  estudió con las grandes luminarias de la época, el Rab Shelomo Algazi y el Rab Abraham Amigo. De Yerushalayim fue enviado a Turquía, para incentivar a la floreciente comunidad local a apoyar materialmente a los Yehudim de Erets Israel.  Allí en Izmir (Esmirna) conoció al Rab de la ciudad, Israel Benveniste, quien quedó tan impresionado con el Rab Abulafia que dijo que era uno de los grandes genios de su generación.
El Rab Abulafia vivió también por casi diez años en Tsefat, donde ejerció como rabino de esa comunidad. El decía de si mismo que «tuvo el gran mérito de haber nacido en Jebrón, haberse criado en Yerushalayim, y haber ejercido en Tsefat», tres de las cuatro ciudades consideradas «santas» en Israel (ya hablaremos de la cuarta). En el año 1705 falleció el rab de Izmir, Israel Benveniste, y la comunidad local invito al Rab Abulafia a que ocupara su lugar. El Rab Abulafia aceptó y dirigió por varios años esa comunidad que contaba con más de 15,000 familias (sic). Era respetado y admirado por Yehudim y gentiles. Y tenía una excelente relación con el Sultán, quien se aconsejaba con el Rab Jayim por todo tipo de temas.
Aunque estaba en Turquía el Rab Abulafia no dejaba de extrañar y preocuparse por Erets Israel. El Rab Abulafia entendió que su paso por Turquía podría haber sido providencial, no para él personalmente sino para el futuro de Erets Israel. Así fue como concibió su ambicioso plan: reconstruir la ciudad de Tiberias. Tiberias fue el sitio donde estuvo el último Sanhedrín, luego de la destrucción del Segundo Bet haMiqdash.  Desde esos días, la ciudad quedó destruida y a pesar de los esfuerzos de Don Yosef Nasí y Doña Gracia Mendes casi cien años atrás, nunca fue restablecida.

Encontró un momento políticamente propicio, cuando el Imperio Turco era muy influyente en medio oriente. E inspiró a la pudiente y muy generosa comunidad judía de Izmir a que apoyara su misión. Cuando cumplió 80 años el Rab Abulafia viajó con su familia a Israel y comenzó a reconstruir la ciudad de Tiberias.   Se ocupó de crear puestos de trabajo para estimular a los Yehudim a establecerse en la ciudad. Y también fundó escuelas y Yeshibot donde se estudiara Torá.  También fundó la Sinagoga «Ets HaJayim», que existe hasta el día de hoy, en el lugar de la antigua Sinagoga del Ari haQadosh.
El Rab Abulafia z»l falleció y fue enterrado en Tiberias en 1744.
Su libro mas famoso es «Ets haJayim» un profundo comentario sobre la Torá.   Según el Rab Jidá, el libro «ets hajayim» no puede ser entendido a partir de una lectura superficial, su mayor beneficio está en descubrir su gran profundidad.

Hacer click  aquí  para descargarlo.

También escribió:  «Miqrae Qodesh», sobre algunos textos del Talmud.  «Yosef lemad» otro comentario sobre la Torá. «Shebut ya’aqob» un comentario sobre el famoso libro «‘en ya’aqob».

LA REBELION DE KORAJ

Kóraj, primo hermano de Moisés, planea una rebelión contra Moshé y Aharón. Reúne a 250 líderes y acusa a Moshé de ejercer el liderazgo para acumular poder.   «Toda la congregación es santa, y el Eterno está en con ellos. Entonces, ¿por qué os eleváis por encima de la asamblea de Dios?» Se opusieron específicamente al nombramiento de Aharón como Sumo Sacerdote, insinuando que Moises –y no Dios– le asignó el cargo. Moshé propone que  la mañana siguiente todos participen en una prueba que determinaría quién es realmente digno del cargo de Sumo Sacerdote. Todos deberán traer una ofrenda al Tabernáculo, y Dios , de laguna manera, daría a conocer Su elección. Moshé trata de apaciguar a los rebeldes  pero no lo logra.   Koraj pasa la noche tratando de reclutar más adeptos contra Moisés y los reúne a todos a la entrada del Tabernáculo para presenciar el gran espectáculo. Moisés le ruega a Dios no aceptar la ofrenda de los rebeldes. Dios castiga a Kóraj y a sus seguidores. La tierra se abre y se traga a Kóraj y un fuego celestial consume al resto de los rebeldes.  Al día siguiente, la comunidad se queja y culpa a Moshé y Aharón por la muerte de Koraj, y el «pueblo de Dis».Dios interviene y les pide a Moisés y Aharón que se separen de la comunidad. Una plaga azota al pueblo y miles mueren.  Moshé le pide a Aharón que tome rápidamente la ofrenda del incienso y expíe a la congregación de su pecado. Cuando Aharón lo hace, la plaga se detiene.

LA VARA DE AHARON

Dios le dice a Moshé que tome un bastón de cada una de las doce tribus, con el nombre del líder de cada tribu escrito en la vara. Tamnien hay un bastón para representar a la tribu de Leví, y el nombre de Aharón estaba escrito en esa vara. Estos bastones fueron colocados durante la noche en el lugar mas sagrado del Tabernáculo. A la mañana siguiente fueron retirados, y providencialmente la vara de Aharón había florecido con flores y frutos de almendras. Esta fue una prueba más de que Aharón fue elegido por Dios .Dios le indica a Moshé que devuelva la «vara de Aharón» al interior del Tabernaculo donde permanecería a perpetuidad.

AREAS RESTRINGIDAS

El pueblo le expresa a Moshé su temor de entrar por error en un área restringida del Tabernáculo y morir como resultado. En respuesta, Dios ordena a los Sacerdotes y Levitas que protejan cuidadosamente el Tabernáculo, para evitar la entrada no autorizada de personas que no sean sacerdotes. Luego, la Torá enumera las diversas ofendas a las que tenían derecho los sacerdotes. Estas incluyen el privilegio de comer ciertos sacrificios, así como porciones selectas de otros sacrificios; recibiendo los cinco shequel para la redención de los hijos primogénitos de Israel; una parte de todos los cultivos de cereales, aceite y vino; el «primer fruto» (bikkurim); y más.

LA HERENCIA DE AHARON

A Aharón se le informa que sus descendientes no recibirán una porción en la tierra de Israel, sino que Dios es su herencia y porción.Los Levitas tampoco recibirán una parte de la tierra de Israel. Pero tienen derecho a una décima parte de todas las cosechas de los israelitas,  a cambio de los servicios que prestan en el Tabernáculo y en el Templo.