JANUCÁ y la Tefilá ‘al haNisim

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«Al final del año 167 a.e.c, aproximadamente en diciembre, por orden de Antiojus IV Epífanes, rey de Siria, y gobernante de los judíos, el Templo de Sión fue profanado y entregado a los usos de la idolatría. Al mismo tiempo, la ley de Moisés fue anulada por un decreto del Rey. La observancia de los mandamientos de la Torá, como la circuncisión y la santificación del Sábado y Rosh Jodesh, pasó a ser una ofensa capital. Además, los judíos fueron obligados a adorar a los dioses de los gentiles. En cada localidad de Judea fueron erigidos altares a estos dioses, y al pueblo se le mandó ofrecer sacrificios a estas nuevas deidades. Era el cerdo, precisamente el animal considerado por los judíos como más impuro, la ofrenda más aceptable para estos dioses …. nunca antes y nunca después la existencia espiritual de Israel estuvo en tal peligro.»

Del libro: «De Ezrá al último Macabeo», por Elias Bickerman. p. 93.

Antiojus saqueó el Templo y atacó Jerusalén. Más de 40.000 judíos que resistieron las nuevas leyes (estos judíos eran llamados «jasidim») fueron asesinados por el ejército sirio-griego. Miles de mujeres y niños judíos fueron tomados como esclavos.

Durante los ocho días de Janucá recitamos la Tefilá ‘al hanisim, («por los milagros’) en la ‘amida (= principal oración diaria) y en birkat hamazón (= oración de agradecimiento después de una comida completa). En ‘al hanisim mencionamos maljut yavan harish’a, el cruel Imperio Griego-seléucida y sus decretos para abolir nuestra Torá. En esta oración agradecemos a HaShem por las maravillas y milagros que hizo a nuestros antepasados, evitando que caigan en manos del enemigo. Teniendo en cuenta que el ejército Seléucida derrotado, fue uno de los ejércitos más sofisticados y mejor organizados de la antigüedad, mientras que los judíos nunca sobresalieron por sus talentos militares.

En esta Tefilá también se menciona que los judíos que estaban dispuestos a sacrificar sus vidas por defender la Tora, encabezados por Yehuda el Macabeo, salieron victoriosos en la lucha contra los judíos que estaban dispuestos a asimilarse y reformar el judaísmo. Esto es lo que Bickerman describe como la amenaza más peligrosa para «la existencia espiritual de Israel», la guerra civil. Muchos judíos, especialmente la aristocracia y aquellos en posiciones de poder, estaban dispuestos a reformar las «viejas leyes de Moshe» e integrarse en la nueva cultura universal, la civilización helénica. Tentados por estos nuevos vientos, muchos judíos no veían ningún problema en el matrimonio mixto o en la adopción de otros ritos o prácticas paganas combinadas con prácticas judías (= sincretismo, como si alguien hoy celebrara Jánuca junto con Navidad ח»ו). En la Tefilá ‘al hanisim llamamos a estos Yehudim apóstatas resha’im y zedim, rebeldes y pecadores. Y damos las gracias a HaShem por su ayuda en esta lucha, porque estamos conscientes de que era (y sigue siendo) mucho más difícil luchar contra nuestra propios hermanos, que contra el enemigo.

La Tefilá ‘al hanisim

«En los días de Matitiahu, hijo de Yojanán el Sumo Sacerdote, el Jasmoneo y sus hijos, cuando el malvado gobierno Seleucida se levantó contra Tu pueblo Israel para hacerles olvidar Tu Torá y violar los decretos de Tu voluntad. Pero Tú, en Tu misericordia que abunda, estuviste junto a ellos en el momento de su angustia. Libraste sus batallas, los defendiste y reivindicaste todo el mal que sufrieron. Entregaste a los poderosos en manos de los débiles, a los muchos en manos de los pocos, a los impuros en manos de los puros, a los malvados en manos de los justos y a los pecadores en las manos de los que se ocupan de Tu Tora. Hiciste que Tu gran nombre se engrandeciera en Tu mundo, y brindaste una gran liberación y redención a Tu pueblo Israel, en este mismo día. Entonces Tus hijos entraron en la Santidad de Tu casa [el Bet haMiqdash] , limpiaron Tu Templo, purificaron Tu Santuario, y encendieron las luces en Tus Santos patios, e instituyeron estos ocho días de Janucá para dar gracias y alabar Tu gran Nombre «.