¿Qué es la Septuaginta?

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El 8 de Tebet, aproximadamente en el año 260 aec, en Alejandría, Egipto, el rey Ptolomeo ordenó a 72 eruditos judíos, seis por cada tribu de Israel,  traducir la Torá al Griego. El Rey Ptolomeo intentaba demostrar la inexistencia de una interpretación judía unificada de la Torá, y por lo tanto tener una excusa para delegitimizar la tradición judía y humillar al pueblo de Israel. Para este efecto, los sabios judíos fueron colocados en cuartos de trabajo separados. Así, pensó el monarca griego, sería imposible que todos tradujeran de la misma forma el texto bíblico. Sin embargo, milagrosamente, todos los sabios tradujeron cada palabra de la Tora de la misma forma.
Esta traducción de la Torá es conocida como la Septuaginta (en latín, «setenta»). A pesar de que fue hecha por destacados Sabios de Israel, la Septuaginta no se considera una traducción que sigue necesariamente la tradición rabínica (La única traducción judía oficial de la Torá es el la traducción aramea «Targum Onqelos», targum didán, hecha ca. 100 de la era común). Como se explica en el Talmud Yerushalmí (Meguilá 9), en muchos casos los autores de la Septuaginta se desviaron deliberadamente de la interpretación tradicional de la Tora y adaptaron el texto bíblico a la mentalidad griega y sus sensibilidades para evitar una situación de peligro para los judíos. Un ejemplo: En lugar de traducir: «En el principio creó Dios…», tradujeron: «Dios creó en el principio». ¿Por qué? Porque para la mentalidad griega, la primera palabra de esta frase se consideraría el sujeto principal de la oración. Si hubieran traducido «En el principio creó Dios», los griegos hubieron entendido «En el principio creo a Dios». Es decir,   como si un dios mitológico llamado «Bereshit», («En el principio», es decir, un dios que gobierna el tiempo, como el mitológico «Cronos» o su hijo «Zeus») fue el que engendró a Eloqim ח»ו.
En su conjunto, la traducción de la Torá al griego fue considerada por la historiografía judía como un evento negativo. ¿Por qué? Porque la Biblia hebrea pasó a ser de ahora en más un libro que cualquiera se jactaba de comprender plenamente, incluso los gentiles que ignoraban por completo el idioma original de la Tora: el hebreo.
Además, en los tiempos de los Jashmonaim,  la Septuaginta fue ampliamente utilizada por los judíos asimilacionistas para avanzar sus planes de sincretizar los valores griegos y los judíos.
Tres siglos más tarde, la Septuaginta allanó el camino para el avance de las religiones «bíblicas» no-judías.   A diferencia de la idolatría pagana, que era claramente antagónica a la Torá, estas nuevas religiones estaban supuestamente basadas en la Torá de Am Israel. Irónica y cínicamente, la Biblia ahora se interpretaba a voluntad y capricho para justificar ideas o creencias no-judías o incluso anti-judías ¡»en el nombre de la Biblia»! Toda esta nueva tendencia causó tragedias incontables para el pueblo judío durante siglos o milenios. Como lo explica Timothy McLay, «las Escrituras judías como fueron estudiadas, leídas e interpretadas en la lengua griega, fueron la base de gran parte, si no de la mayoría, del contexto interpretativo del Nuevo Testamento.»